Sin darme cuenta, se me han rodado una casilla los días de la semana. Juraba que hoy era miércoles y resulta que ya es jueves. Cosas de habérmela pasado en tránsito el lunes entero. Como que desconté el día y me salí de secuencia. Disculpen ustedes, amigos. Tardía pero segura, aquí tienen la miniencuesta de La otra botella.
Durante mi breve ausencia, un hilo de discusión que ha generado actividad inesperada fue el “Cositas y cosotas” del pasado viernes, que trataba sobre el triunfo de un puñado de vinos chilenos en los Decanter World Wine Awards. Esto me ha puesto a pensar en lo mucho que el marketing actual del vino depende de “competiciones”. Que si cuchucientos puntos para el caberlot tal, o medalla de platino con diamantitos para el chardovaina cual… Parece haber una obsesión con “victorias” y con vendernos los vinos como “ganadores”.
Es algo fácil de interpretar (y sobreinterpretar) a varios niveles, este fenómeno. Podemos enfocarnos en quien organiza la competición, o en quien más se beneficia por ella, o en quienes aceptan o desafían su validez… En todos los casos parecería haber mucha tela de análisis. Yo prefiero quedarme en el plano de las reacciones viscerales y preguntar, ante la pegatina con la puntuación y/o la medallita de oro que se me aparece en aquella botella, en aquella tienda, lo siguiente…