Archivo diario: septiembre 16, 2009

Götzen-Dämmerung: La encuesta de la semana

Podríamos explorar el potencial nietzscheano de mi pregunta de esta semana y probablemente sacaríamos mucho en cuanto a valoradores y valores. Pero pretendo quedarme más cerca de lo real y prosaico en la cultureta del vino.

Allá a finales de los ochenta, cuando yo me iniciaba como enómano, todavía los nombres de Robert M. Parker Jr., el Wine Spectator, etc. no estaban en boca de toda la industria del vino. Se tomaba en cuenta a los críticos, pero los puntos distaban de serlo todo y en realidad a pocos se les ocurría deificar a algún crítico en específico. Uno recopilaba la información que la pasión le motivase a recopilar, oyendo y leyendo distintas opiniones, probando vino y estableciendo su propio gusto. Parker, pues, ocurría de vez en cuando en el discurso. Pero no se le confería la autoridad absoluta y el poder de sanación que algunos en la industria le han venido atribuyendo en los últimos años.

En los últimos diez años hemos vivido el apogeo del guruismo en cuanto a vino se refiere. Así de sencillo.

Pero como todo intento de divinizar seres humanos en nuestro mundo de quimeras y fetiches, siempre llega el momento de reconocer las cosas por lo que son. En los últimos tiempos hemos visto la seriedad del Wine Spectator seriamente cuestionada. El mismo Robert Parker no la ha tenido muy fácil últimamente, cuestionándose el código ético de su Wine Advocate en cuanto a la forma en que no lo obedecen algunos de los “empleados” parkerianos. Igualmente, cuestionamientos han surgido en cuanto a las valoraciones de vinos por parte de al menos uno de los colaboradores del Wine Advocate (Sierra Carche, anyone?). Incluso ha ocurrido que el otrora activísimo foro de erobertparker.com ha perdido a muchos de sus más apasionados participantes, ocurriendo un éxodo masivo hacia el nuevo sitio wineberserkers.com, todo a causa de los antedichos cuestionamientos (al menos eso es lo que me han dicho unos cuantos amigos, ex-parkeristas de factura reciente que han lapsado en su fe).

Incluso si uno se suscribía a gurús de menos poderío que los norteamericanos puede haberse encontrado problemas serios. Por ejemplo, yo que tanta admiración sentía hacia Michael Broadbent no puedo menos que lamentar el desprestigio que ha supuesto para él el asunto de las “botellas Jefferson” falsas y Hardy Rodenstock. Igualmente, ahora está lo de la orden de busca y captura de Interpol contra Pancho Campo, director de la Spanish Wine Academy y organizador de una conferencia que muchos miran como tabla de salvación para la Rioja (aunque otros, como yo, la vemos como un empujón más de lo que Juan Carlos Somalo brillantemente designase como “marketing onanista”).

Entonces, llego a mi pregunta. La ilusión de infalibilidad y rectitud a toda prueba se desvanece. Comenzamos a ver a los gurús de los últimos años como los grandes autopromotores que son, como fuerzas represivas y estupidizantes de la cultura del vino, o meramente como herramientas de una industria que considera a los consumidores que la mantienen como punto menos que idiotas perdidos. El lustre de los grandes creadores de opinión se pierde rápidamente y la propagación de información y opinión sobre vino comienza a discurrir por canales en los que el guruismo encuentra severos obstáculos. Entonces…

Otra cosita, que se me olvidaba: Ahora La otra botella tiene su propio grupo en Facebook. Les invito a unirse y seguir allí mucho material adicional que iré colgando frecuentemente. Además, el grupo tiene su propio foro de debate en el que podemos ventilar cositas que no se estén ventilando aquí. Responderé a preguntas más básicas, daré tips a nivel local, etc. Les espero…