Cositas y cosotas: 18.09.2009

Tal parecería que el ocaso de los ídolos viene más sangriento de lo que pensábamos…

La noticia apareció por primera vez el viernes pasado en la página libre de Jancis Robinson: Bill Koch va a por Rudy Kurniawan. Ya luego l historia se ha esparcido por foros en la red, blogs y revistas.

Para los enómanos que hayan vivido debajo de una piedra los pasados tres años, ésta va de vino falso. Bill Koch es un multibillonario norteamericano que ha presentado demandas contra el alemán Hardy Rodenstock y alguna que otra casa de subastas en Estados Unidos, alegando fraude por la venta de vino falsificado. Todo comenzó en los ochentas con aquellas “botellas Jefferson” y hasta ahora el caso nos ha dado un excelente artículo de Patrick Radden Keefe  en The New Yorker , un igualmente excelente libro de Benjamin Wallace (The Billionaire’s Vinegar; si no se lo han leido aún, hagan el favor de leerlo de una buena vez, que no se arrepentirán…), alguna demandita por parte de Michael Broadbent a causa de dicho libro, y un montón de comidilla para bloguear y forear sin descanso. Yo personalmente siento iguales medidas de genuina indignación por lo que todo este tejemaneje con falsificaciones de vinos de prestigio implica para la verdadera cultura del vino en el futuro y de Schadenfreude por lo que implica para la horterada neorriquista que hoy día es instrumental para la cultureta del vino, la propulsada por caras duras y el marketing onanista ése que dice Juan Carlos Somalo.

Koch versus Kurniawan no está mal como inicio de una segunda parte de la saga The Billionaire’s Vinegar. El indonesio Kurniawan es un “megacoleccionista” superrico cuyas pujas en subastas dieron mucho de que hablar en su tiempo. Recientemente hemos podido ver su nombre conectado a aquellas botellas de Domaine Ponsot que el propio Domaine declaró falsas, pero que la casa de subastas Acker, Merrall & Condit rehusó retirar de subasta.  La subasta en cuestión, agresivísimamente promocionada por Acker, resultó ser de vinos consignados por Kurniawan. Debo decir que cuando me leí por primera vez el catálogo me pareció improbable la colección, si no imposible. Pero la gente fue y compró, aún con bajo la sombra del escándalo. Ahora se descubren, con la demanda de Koch, transacciones sospechosas entre Acker, Merrall & Condit y todo un intrigante tinglado digno de novela de suspenso. Incidentalmente, en un interesante hilo de Wine Disorder mi buen amigo SFJoe ha proporcionado el texto íntegro  en PDF de la demanda judicial de Bill Koch. Como bien lo describe Joe, “It’s a page turner…”

Se ha escrito mucho más sobre este tema esta semana. La internet angloparlante del vino vibra ante las complicaciones e implicaciones de la trama. Busquen ustedes por su cuenta los escritos de Eric Asimov en The Pour y hasta éntrenle si se animan al iluminante hilo de debate que se ha generado en torno a este demanda-que-te-demandaré en el foro de erobertparker.com. Caso complicado, mucha lectura…

No es que sienta yo gran pena por Bill Koch. En un principio me gustaba pensar en sus némesis como especie de Fantômas (o Arsène Lupin, quizás) pos-posmodernos, timando a marcapaquetes del lujo neorriquista a base de elaborados montajes ilusionísticos—lo de “La amenaza elegante” me atraía como concepto. Pero luego me lo fuí pensando mejor…  Más dinero que sentido común parece haber sido el mal que lo aquejaba cuando se dejó timar como se dejó timar. Pero ahora admiro lo que hace, pues quiere ajusticiar a sus timadores a como dé lugar. En este caso, quizás eso de “más dinero” sea lo que logre resultados, pues fondos sí que parece tener Mr. Koch para llevar sus litigios contra presuntos falsificadores y sus agentes a sus últimas consecuencias legales.

Hablando de “últimas consecuencias legales”: No parece haber mucho aún en los medios hispanos habituales acerca del affaire Pancho Campo. Se recicla en diversos sitios la noticia original, pero sin llevar la investigación más lejos. Entre tanto, siguen llegándome chismes sobre detenciones de Campo evitadas por tener doble nacionalidad, oraciones vagas supuestamente extraidas de la querella original en Dubai y un montón de especulaciones sobre si Campo esto y Campo lo otro. Pero voluntad de periodismo investigativo entre los profesionales de esas cosas parece haber muy poca. ¿Qué estará pasando? Mi propia esposa, periodista de profesión, dice que si estuviese ejerciendo ahora mismo esta historia sería irresistible. ¿Quién le va a entrar de verdad? ¿O será que no hay nadie interesado en llegar al fondo del tema? Estoy peliculero hoy y no puedo parar de llamar a unos Woodward y Bernstein españoles que agarren esta pelota y corran con ella lo que haya que correr.

En otra onda, diversos sectores de la internet del vino han hecho llamados a la acción en cuanto a un proyecto de autovía-puente que podría ser nefasto para algunos de los viñedos más preciados del Mosela. Piezas de Mike Steinberger en Slate y Dr. Vino (en esta última ha comentado ya nuestro amigo Felipe Méndez de un modo que considero francamente preocupante, a menos que lo hiciera en el más irónico de los planes…) me motivan a unir mi propia voz a la oposición a ese terrible plan. Estamos hablando de una de las regiones vinícolas más bellas del mundo. Y de un puente que, vistas las propuestas gráficas para el mismo, es una verdadera mierda. Ya he utilizado el formulario con que enlaza Dr. Vino para enviar mis opiniones a la oficina de la Canciller. Sigo buscando maneras de expresar una desaprobación intensa. Hagamos que esto quede simplemente en una terrible idea. Lidiar luego con la abismal realidad en que podría convertirse será sumamente doloroso.

Pensando en voces comunitarias, les recuerdo que ya La otra botella tiene su propio grupo en Facebook. Poco a poco iré alimentando esa página con materiales auxiliares a este blog y bonus beats vínico-musicales para el disfrute de los amigos que allí se me unan. Pero han de unirse primero. Les espero.

Bueno, éste ha sido un “Cositas y cosotas” un poquito pesado. Un momentito musical para alegrar el ambiente es lo que puedo ofrecerles antes de cerrar. La letra de ésta de Maximo Park como que me parece muy à propos de todo lo que hemos platicado hoy, ¿no? “I’d like to wait/and see how things turn out/if you apply some pressure…

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3 Respuestas a “Cositas y cosotas: 18.09.2009

  1. Es imposible defender a nadie que no quiera ser defendido. De esta manera se intuye que ninguna empresa de medios va a arriesgar su cuenta por enfocar un asunto en el que las partes, HASTA AHORA están de acuerdo con sus respectivos timos.
    La discrepancia que podría venir, por ejemplo, de la ausencia de vinos riojanos en el show-cata de Riojaforum, podría despertar cierto interés por llegar al fondo del asunto.

    Mientras, las contibuciones y promesas para compensar módulos y banneres, callan y hacen callar.

  2. Por qué preocupante , Manuel?

    A mí, a priori, tampoco me gusta la idea, pero estaba tratando de asegurarme de que la idea no fuera rechazada de plano por razones meramente románticas. El “porque se ve feo” me parece cuando menos arbitrario.

    ¿Alguien ha oído los argumentos a favor? ¿No hay, tal vez, alguna disminución de la marca de carbono al ahorrar tiempo de transporte de ciertas materias? ¿No es posible que el puente disminuya emisiones al ahorrar tiempo en desplazamientos? ¿No habrá gente viviendo en situación de algún modo desmejorada que lleva años esperando el puente para progresar? ¿Sabemos si todos estos supuestos son falsos?

    Si en Chile, por poner mi ejemplo más a la mano, no se hubieran construido todas las hidroeléctricas a las que los verdes se opusieron de plano, y que ciertamente se ubican en bellos parajes cordilleranos, nos estaríamos hoy calentando e iluminando con carbón, con las consecuencias que todos sabemos que ello acarrea.

    O sea, pensemos con la cabeza.

  3. Oye, que yo pienso con lo que me dé la gana, que todo aquí es de muy alta calidad… :-)

    Aparte de las objeciones estéticas, está el hecho de que este puente afectaría a una buena cantidad de viñedos importantes en el Mosel. Los beneficios, por lo menos como los he visto presentados, no me tienen mucho sentido. Si lo que se busca es reducir la huella carbónica, hay mejores maneras de lograrlo. Huele a maniobra para adjudicar fondos.

    Claro, para mí que no vayan a cargarse el vino es lo primero. No estamos hablando de un proyecto que vaya a ser “neutro” en su efecto ambiental.

    ¿Qué quieres que te diga? Tu posición me preocupa porque cualquier amante del vino debiera estar opuesto a esta porquería.

    M.

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