Archivo diario: septiembre 29, 2009

Más celebratorias…

La semana pasada fue muy activa en La otra botella. Aunque dominó el tema más candente del momento, o sea, los alegatos y la notificación roja de Interpol contra Pancho Campo, también tocaba celebrar el primer aniversario de esta versión de mi blog. Se bebió bien chez Camblor. Les cuento de tres más que cayeron…

Primero, una segunda botella de la más reciente versión de un ya casi viejo favorito, el Blanco Nieva, Verdejo “Pie Franco”, Rueda 2008. Ya, ya… Es que la primera me intrigó y decidí ventilarme la otra, cuidándome de ordenar más a mi tienda favorita en Nueva York. Porque esto no te lo traen los importadores de Santo Domingo ni de casualidad. Lo que es una inmensa pena.

No sé a ustedes, pero a mí no me cabe la menor duda de que Pepe Herrero es un artista del verdejo, trabajando con material excepcional. Si alguien me pide una referencia obligatoria en Rueda, siempre señalo este magnífico vino. Mi primera añada fue la del 2004 y desde entonces estoy enganchado. Guardadas tengo botellas de cada cosecha que he probado, pues sé que mi paciencia se verá recompensada con una evolución positiva del vino en el tiempo. Pero no es pequeño el placer que este verdejo también da en su primera juventud.

Aromas cítricos de vuelo ligerito, con notas de té blanco, un deje tropical de guayaba verde y mineralidad que se mueve entre recuerdos de arena, tiza y talco. En boca tiene un sutil toquecito de aguja. Cítricos pronunciados, con énfasis en los agudos ahora mismo. Mucho nervio aquí. Un vino compacto y tenso, con posgusto largo en que el disfrute para mí es igualmente  textural que de sabor y estructura.

Promete para el futuro.

Otra deliciosa cosita española que me abrí, imaginándome que hacía homenaje a este espacio con el nombre del vino, fue el Gutiérrez Colosía, Oloroso “Sangre y Trabajadero”, Jerez NV. Este en realidad estaba un poquito tímido y reductivo recién abierto (viene en botellita con tapón de rosca). Pero como a los tres días después de la primera copita comenzó a cantar.

Aroma profundo y complejo de humo, caramelo, especias chinas, nuez de pacana tostada, romero, chocolate amargo y naranja rubí. En boca es redondo, seco y muy pulido. Chocolate, carne ahumada, especias y nueces en capas, en un posgusto largo, con excelente garra cítrica.

He tenido excelentes experiencias recientemente con beaujolais del 2004. No parece ser una añada de larga guarda—o al menos sí parece ser una añada que está teniendo una deliciosa ventana de consumo ahora mismo. Todo lo que he probado en tiempos recientes me ha resultado muy sabroso, estructurado, perfumado y vivaz.

Lo que es definitivamente el caso con uno que ha sido favorito mío durante por lo menos el doble de añadas que el maravilloso “Pie Franco” del que les conté arriba. Abrí el Marcel Lapierre, Morgon 2004 formando el habitual regajero de cera roja en la cocina. Necios son esos revestimientos de cera que te tapan el acceso al corcho como si fueran un cinturón de castidad. No he encontrado aún la manera de romper el sello sin dejar perdida de boronilla roja  la superficie sobre la que lo hago…

Pero bueno, son gajes del oficio. A lo que iba: Preciosa nariz térrea, con fresas frescas, heno, rosas y una maxidosis de mineralidad granítica. En boca es jugoso, con sus taninos ya bastante resueltos, pero aún así erguido y con agarre. Puro y largo, con esa mineralidad que se te queda sobre la lengua, cálida y provocadora. Un excelente acompañante con sencillos linguini a la cebolla, ajo, romero, hongos porcini y aceite de trufas blancas.

A veces me lo paso muy bien.

Queda más de esta celebración. Pero lo dejo para luego. Parece que movimientos en torno al tema caliente que ya ustedes saben van a reclamar mi atención esta tarde.

¿Un momentito musical con los hijitos bastardos de The Clash?