La otra botella

¿Por qué importa? La encuesta de la semana

Septiembre 30, 2009 · 68 comentarios

Me quedé yo pensando después de colocar aquí un enlace al artículo de Charlie Hamilton acerca del “Affaire Campo” en The National, un periódico de Dubai. La espinita que tenía pinchándome eran  las dos líneas que cierran el reportaje. Traduzco:

[Amna Jallaf, abogada de Jackie Wartanian, la ex-socia de Pancho Campo] dijo estar en contacto con los abogados de Campo, quienes “buscaban resolver asuntos en conexión con el caso”.

El lenguaje me sugiere que puede estarse cociendo una solución a este caso fuera de los tribunales, quizás. Pero noten que digo quizás. Pura especulación de mi parte en torno a un fragmento citado por un periodista. Plausible, sí, pero no debe tomarse ni remotamente como certeza. Sólo es una idea.  Seria lo más práctico para evitar el escándalo, etc. Ya veremos si me equivoco.

He estado siguiendo las tribulaciones de Pancho Campo más de cerca de lo que hubiese deseado, la verdad. Tengo una mente muy inquisitiva y cuando algo me despierta curiosidad tiendo a investigar e investigar hasta llegar lo más cerca posible de alguna verdad. Creo que no soy el único al que le ha pasado esto ante este nuevo follón de la cultureta del vino. Ahora mismo puedo imaginar el extremadamente plurivalente curriculum vitae de Pancho Campo MW siendo sometido a un escrutinio profundo y riguroso. Incómodo debe ser eso para el Sr. Campo. Porque, como les gusta decir a los americanos, “el diablo está en los detalles”.

Y nada que decir sobre los múltiples linchamientos públicos a los que ha sido sometido este señor desde que surgió lo de la notificación roja de Interpol. Yo insisto en mantener la ecuanimidad en mi búsqueda de respuestas, aunque a decir verdad me desespero un poco ante la continuada falta de argumentos sólidos por parte de acusado y acusadores.

Vuelvo sobre mis pasos, releo noticias y opiniones. En el blog de Subhash Arora, presidente de la Indian Wine Academy, veo un airado ataque a la revista Decanter por supuestamente “apurar” la noticia sobre la orden internacional de arresto contra Pancho Campo. Jim Budd, co-autor de la pieza original en Decanter, responde lúcida y elocuentemente al Se. Arora. Traduzco:

Dices que “los alegatos [contra Campo] no tienen nada que ver con vino”. Es verdad que el tema es distinto, pero el alegado fraude también concierne la organización de un evento—probablemente un concierto del cantante Enrique Iglesias en el Aviation Club de Dubai, el domingo 1ro de octubre del 2000—no muy diferente de la organización de una conferencia internacional en la Rioja.

Luego responde el veterano crítico de vinos Robert Joseph, un autoproclamado apoyador de Pancho Campo en todo esto. Escribe:

…Como otros ponentes en el evento WineFuture de Pancho Campo, he decidido brindarle a él todo mi apoyo. No obstante, diferiría fuertemente de Subhash en cuanto a su creencia en que la reputación de una persona debe justificar el no publicar un artículo noticioso sobre una alegada falta por parte de dicha persona. Han habido demasiadas caidas en desgracia muy dramáticas como para permitirnos tal reticencia.

“Dramáticas caidas en desgracia”. Eso es, concretamente, lo que más me provoca. ¿Qué más se puede decir de las megaestafas en el ámbito de las finanzas? Difícil que no se le calienten a uno las orejas ante nombres como Madoff y Stanford.

Y la cultureta del vino no se queda corta en cuanto a estrepitosas caidas en desgracia. ¿Se acuerdan del Wine Spectator y su premio a la Osteria l’Intrepido, un restaurante inexistente? ¿O de Hardy Rodenstock (no su verdadero nombre) y la trama de The Billionaire’s Vinegar? ¿O de los conspicuos conflictos de interés de “empleados” de Robert M. Parker Jr. (concretamente Jay Miller y Mark Squires), ese tan cacareado baluarte de ética en la crítica de vinos? ¿Y de lo de Sierra Carche? ¿Y de Rudy Kurniawan? Y ahra tenemos este asunto con Pancho Campo. Su pasado viene e irrumpe en su presente. Fea palabra, “fraude”. Aunque algunos pretenden aislarla en una pretérita burbuja que “nada tiene que ver con vino”, se las arregla para ponernos a todos en duda sobre las actividades actuales de alguien que se ha constituido meteóricamente en una “autoridad” del vino español. Hay que recordar, reitero, que todo individuo en nuestras sociedades occidentales es inocente en un caso judicial hasta no ser demostrada su culpabilidad. Eso aplica tanto a Campo como a los demás de la cultureta que aún tienen alegatos sin demostrar en su contra.

Pero, aún en este intento de ecuanimidad, ¿podemos olvidar el mal sabor de boca que nos deja tanta sospecha y tanto alegato (abierto o velado) de tráfico de influencias, conflicto de intereses, por-debajo-de-la-mesismos, choriceos y estafas? Lo que me lleva a nuestra encuestica de la semana…

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