La otra botella

Entradas de Octubre 2009

Ocupen su localidad… La encuesta freestyle de la semana

Octubre 28, 2009 · 1 comentario

Pues resulta que no me va a dar el tiempo ni para componer una encuesta propiamente dicha para este miércoles. Son las seis de la mañana y en un rato me voy de viaje. Pero vale dejar alguito y que el sondeo tome su propia forma alrededor.

He estado escuchando todo tipo de rumores sobre “invitaciones” a Wine Future Rioja que flotan por ahí, incluso entradas a la “cata magistral” con Robert Parker que de repente no encuentran dueño, etc. Esos rumores son extrañísimos, considerando que la web del evento declara las inscripciones cerradas y las entradas “agotadas” desde hace tiempo. Pensar que el evento estaba ya a capacidad y se declaraba desde hace semanas su “rotundo ‘exito” en términos taquilleros no cuadra particularmente con eso de que a miembros de la prensa con “acuerdo de cooperación” se les ha invitado de cachete ahora. Particularmente considerando que aquellos “pases VIP” costaban una pasta.

La encuesta esta semana viene “freestyle”. Que conteste quien quiera, o quien pueda: ¿Qué es lo que está pasando? ¿Hay algo de verdad en esos rumores? Y, si de verdad andan regalando entradas a este “megaevento, ÷cómo le sentará eso a quienes pagaron la tarifa de admisión completa? ¿Alguien de los que me lee se entera de algo?

Que conste, estas preguntas las hago con toda honestidad. Se leen muchas cosas en esta internet del vino y es el interés de La otra botella separar la verdad del mero chisme infundado, el proverbial trigo de la paja, vamos…

Commentez et discutez. Y ahora, si me disculpan, mi adorada Nueva York me espera. Me merezco un reencuentro con ella.

Categorías: Encuestas de La Otra Botella
Etiquetado: , ,

Alguna noción sobre lo que pide mi mercado (personal)

Octubre 27, 2009 · 15 comentarios

Desde hace un año y medio vivo en la República Dominicana. Vine aquí, como saben quienes me conocen un poquito, desde Nueva York. Nueva York: Epicentro del consumo vínico, donde hay absolutamente de todo, por más “esotérico” que sea, y absolutamente todo encuentra demanda. Yo crecí en Santo Domingo. Aquí viví entre los 7 y los 18 años, cuando me marché a estudiar en Estados Unidos. En el tiempo transcurrido entre aquella partida al extranjero y ahora se ha desarrollado lo que cariñosamente llamo mi “enomanización”. Una inmensa parte de mi educación, pragmática y sentimental, la compusieron la gastronomía y el vino. Casi un cuarto de siglo se ha ido volando y yo he visto muchas cosas, a nivel personal y a nivel de los diversos mundos que me apasionan, particularmente el del vino.

No ha sido fácil la adaptación a Santo Domingo. Digamos que vine “dañado” por la hiperdisponibilidad en Manhattan de todo lo que se me antojase. Aquí he tenido que “relajar” un poco mis estándares en cuanto a vino: He bebido cosas que hace dos años ni remotamente hubiese considerado tocar, he revisado mi presupuesto, he aprendido a encontrar algún placer aún cuando tengo objeciones éticas y estéticas a algo–quizás placer dentro de las mismas objeciones… No estoy seguro de que esto me haya hecho una mejor persona. De hecho, quizás me esté perjudicando, minando poquito a poco mis facultades críticas y haciéndome olvidar lo que antes tenía claro.

Disculpen ustedes. Que me pongo un tanto sentimental. Un tanto deprimente. Y otro incomprensible.

La cuestión es que no ha sido fácil. Pero creo que contemplar el presente y el futuro d la cultureta actual del vino y, más importante, de la verdadera cultura del vino, desde este microcosmos caribeño me ha ver ángulos que antes hubiesen pasado desapercibidos en esto del vino. No deja de sorprenderme que en este país en que ahora habito haya la cantidad de vinos que hay. Si bien la mayoría proviene de un relativo puñado de entidades corporativas grandes (ojo, no me tomen lo de “entidades corporativas grandes” literlamente, hablo lo mismo de Concha y Toro o Kendall-Jackson que de una semimaginaria “Ribera del Duero, Inc” p “Albariñokaslimón International Corporation”). Que hasta aquí se haya extendido la cultureta, o sea, la moda global del vino es testimonio del poder de la cosa. Arqueo la ceja derecha cada vez que veo como reclamo comercial de algún “nuevo” producto vínico argentino los puntos de Robert Parker, el Wine Spectator o el Wine Enthusiast, ese esperanto espeluznante de la cultureta. Y sin embargo también me digo a mí mismo burlonamente: “¡Hay que joderse!”

Claro, estos enoproductos corporativos siguen siéndome tan repelentes como lo han sido siempre. La vasta mayoría tiene muy poco que ver con lo que verdaderamente disfruto en un vino: Elaboración natural, compatibilidad con una buena comida, honestidad y transparencia a su terruño, capacidad de ser refrescantes y de invitarlo a uno al próximo trago, capacidad de estimular mi intelecto más allá del más simple agrado o el más directo asco… Pero la presencia de estos facsímiles de vino aquí me hace pensar en otras posibilidades. E incluso en otras realidades.

He tenido la suerte de encontrarme un par de mportadores pequeñitos en Santo Domingo que tienen portafolios en los que aparece alguna que otra semblanza de vino de verdad. Intentando apoyarlos, les compro frecuentemente y los recomiendo a amigos y conocidos. Invariablemente, paladares acostumbrados a chilenitos químicos y riberones tabloneros tienen una revelación ante algún lagrein del Südtirol o un barberita piemontés que, sin ser tan-tan, sin embargo provocan a beber de una forma para muchos aquí otrora desconocida.

Lo que me lleva a una pregunta crucial para el futuro del vino, ya que tanto hablamos de eso últimamente: ¿Será que la expansión global del vino sólo puede ser lograda eficientemente en los mentecatificantes términos de la cultureta, o existirá una manera de expandir el alcance global del vino de verdad?

Estoy consciente de que es antitético a la naturaleza del vino artesanal el querer que exista a escala suficiente para cubrir el mundo entero. Una de las peores patologías de la cultureta actual del vino es que promueve un deseo en el entusiasta de “haberlo probado todo”, un imposible a nivel mundial aún con el vino de mayor producción. Anda por ahí el comentario mordaz de que en Las Vegas cada año se consume más Château Pétrus del 82 que lo que jamás fuese producido de esa añada en esa dirección. Extrapolen ustedes a su gusto.

Se habla mucho de “conquistar mercados” (adjuntar gentilicio que más les guste) y del “consumidor” en el abstracto, pensando en números mucho más que en individuos o grupos de individuos consumiendo vino, creando fidelidad al vino. Se habla de “conquistar” mercados y se apela a consignas del tipo “la unión hace la fuerza”, aunque dicha unión luego se compruebe que no es en el interés de quien en un principio se creía. Y tenemos lo que tenemos. Les ruego la paciencia para tirarnos un videoclip (disculpen, queridos amigos, que no pueda insertarlo, pero Vimeo no es tan generoso como YouTube para esos menesteres, así que hay que ir al sitio) muy ilustrativo de ciertas patologías de la cultureta actual del vino. Es un video que propone “soluciones” especiosas, basadas en un modelo bastante paternalista-proxenetista de las cosas, a decir verdad. Y ya sabemos como acaban las pobres putas que no traen al chulo el billete esperado… Pero quizás me queda un poco exagerada esa imagen. Lo dejo a juicio de ustedes.

No que en ese video sea todo desperdicio. Muy bien está lo de hacer un esfuerzo comunitario para sacar a flote una comarca, una denominación, un país productor, incluso. Pero ya es hora de comenzar a darse cuenta de que ciertos modelos están un poquito gastados. “Consolidad marcas” en el portafolio de un megaimportador sólo rinde beneficios para el pequeño elaborador de vino hasta un punto. Y el sacrificio en cuanto a las idiosincrasias de la tierra y el elaborador mismo pueden ser grandes. Muy grandes. “Acuérdate del alma dijo el gordo vendedor de carne”, iba una canción del gran Sabina. Eso.

La internet del vino ha tenido un efecto muy salutario en la medida en que ha abierto la posibilidad de disentir de los gurús, los hacedores de gusto, los marketeros y tantos otros entes prepotentes y deprimentes de la cultureta. Cada día surgen blogs como setas después de un incendio. Se hacen contactos entre individuos que discuten sobre aquello de que supuestamente no se discutía, sus gustos, que establecen micromercados a los que elaboradores, importadores y otros comerciantes del vino pueden y deben apelar, sin tanto mediador, sin tanto filtro, sin tanta dictadura.Cada quien ha de evaluar, siendo profunda e implacablemente realista, lo que le conviene.

A propósito de nada y todo, un par de notas de un vinito sabroso que compré y bebí aquí en Santo Domingo recientemente. Uno de esos importadores pequeños  de los que les hablaba más arriba trae cositas interesantes (si bien no de productores tan artesanales como quisiera yo, en la muchos casos). Lo que le compro queda testimoniado por la cantidad de etiquetas italianas que aparecen retratadas en estas páginas. Vinos de diversos puntos de Italia se han vuelto la opción para aquellos en este pequeño mercado participante en la dinámica global que necesitamos salirnos un poco del mismismo riberesco-napachilenista.

Es casi cómico: Aquí decir “vino español”, por ejemplo,  es decir una tremenda cantidad de vinos perfectamente intercambiables, comprados “en paquete” a megabodegas multirregionales. O a bodegas que aspirarían a serlo y siguen el modelo “trajeado” del “wine business”. Hay sus honrosas excepciones, pero no muchas. Si uno busca algo de originalidad y autenticidad, hay que inclinarse a italianos. Irónico, ¿no? Antigua colonia española, donde el castellano tiene ventaja implícita por herencia y por pura conveniencia. Y sin embargo…

En fin, que una botellita del Nino Negri, Rosso di Valtellina DOC 2007 me pareció un soplo de aire fresco. Color fresa-granate transparente, brillante. Aromas de hojas secas, azúcar prieta, fresa, cereza y ciruela frescas y humo. Limpio, sencillo y alegre, con muy buena persistencia en un posgusto de acidez viva que me recuerda a naranja rubí. La cuvée es de nebbiolo, prugnola, rossola y pignola, envejecida en inox y en roble de formato grande. Un tintito de buen precio, ideal para una tarde tropical desenfadada con amigos. No es para tirar cohetes ni tampoco algo que pondría yo como ejemplo irrefutable de mis ideales vínicos, pero en realidad no es que la cosa aquí esté para ponerse demasiado exigentes en cuanto a motivos de alegría. Uno al que recurriré de nuevo en el futuro, conociéndome.

¿Tengo que decirles que esto es una metalección en los orígenes de la demanda?

He intentado hacer hoy una de esas entradas nutritivas. Me voy a Nueva York mañana temprano y lo único que publicaré en los próximos seis o siete días será esto y la encuesta de la semana mañana. Les dejo hoy con música. Una de The Faint, cuyo título, con suerte, será lo que los libros de historia dirán sobre nosotros…

Categorías: Bebienda doméstica · Catástrofes del mundo del vino · Música de la buena · Para considerar... · Remedios para la depresión · ¡Lo que hay que oir!
Etiquetado: , , , , , ,

Cositas y cosotas: 23.10.2009

Octubre 23, 2009 · 13 comentarios

Voy a intentar no decir nada sobre Pancho Campo y el Wine Future Rioja 09 en esta entrega noticiosa. De verdad. Cero. ¿Que no fastidie? ¿Que ya lo puse sobre la mesa y va a ser como el proverbial elefante en la habitación?

Bueno, la intención es lo que cuenta.

Estaba leyendo hace unos días en Decanter.com, siempre generosa fuente tanto de noticias de verdad como de tonterías, que el Hunter Valley Wine Industry Climate Change Case Study ha arrojado ciertas hipótesis bastante duras para esa región vinícola australiana. Aparentemente, a causa del cambio climático, los australianos del Hunter deberán plantearse la utilización de nuevas variedades de uva más resistentes al calor si insisten en seguir con lo de la viticultura. Es interesante eso. ¿Variedades de uva más adecuadas al calor como el tomate, ciertos chiles, el melón o el aguacate quizás?

Años ya llevamos algunos diciendo que muchas regiones debieran plantearse reorientaciones del cultivar. Y no sólo en Australia. Económicamente, la cosa anda muy jodida. Si a eso sumamos los efectos del cambio climático… Ya, ya, dije que no iba a permitirme momentos de todo conecta. Que hablar de “cambio climático y vino” no tiene por qué sugerirnos el tema de Panch…

¡Que no!

Pero quizás de verdad todo conecta. Otra historia en Decanter.com va de como los productores de Burdeos ahora se preocupan por satisfacer las expectativas–creadas a base de pura hipérbole por los habituales prescriptores–en torno a la cosecha 2009. Aunque se ha venido hablando de una “añada excepcional”, e incluso de otra de tantísimas “añadas del siglo” que han habido en tiempos recientes, Aunque se cacarea sobre una “cosecha perfecta”, aparentemente muchos châteaux enfrentan un reto a la hora de mantener controlados los alcoholes en los vinos, pues la añada ha salido, digamos, un tanto madurilla.

A ver, tomemos el siguiente parrafito:

Noemi Ruelloux, gerente de comunicaciones de Château Haut-Bailly, declaró a Decanter.com que uno de los más grandes retos que encaran a los enólogos es mantener el equilibrio en los vinos después de una “cosecha perfecta. (Mi traducción)

¿Seré yo el único que me encuentro una nada fina ironía en eso de reconciliar falta de equilibrio natural (porque si hay que hacer trapisondas enológicas para lograrlo creo que muy “natural”, lo que se dice “natural” no puede ser) con una “cosecha perfecta”? ¡Ay, merlot a 15%! ¡Ay, la humanidad!

Y después algunos se quejan de las trompetillas que tiendo a soltar cuando me vienen a hablar en serio del Burdeos actual.

Ya que hace un momento mencioné la palabra “hipérbole”, siguen en la internet del vino los cuestionamientos en torno a la credibilidad del hiperbolista-en-jefe de la cultureta actual del vino (e inventor de la hipérbole numérica), Robert M. Parker Jr. Dr. Vino devuelve al candelero el tema de cierta reciente cata a ciegas de burdeos de la “fenomenal” añada 2005 en la que Mr. Parker, por decirlo brevemente, no puso una. Aparentemente, ahora Parker ha publicado sus notas numéricas de los vinos catados en la noche en cuestión y no son para nada consistentes con las impresiones que diese durante la cata, según confirman asistentes a la misma, con todo y audio. Ante las insistentes preguntas de los participantes en el foro de discusión de erobertparker.com sobre sus serias inconsistencias, el gurú norteamericano acusó a “algunos” de “querer quitarle al vino todo lo que tenga que ver con diversión” (mi traducción).

Me susurran al oido que la palabra equivalente a  “diversión” en ciertas lenguas aborígenes de América del Norte se traduce literalmente al castellano como “mentecatez”. Para que sepan.

Una línea argumental esta de la “diversión” que bien podía ser parienta no muy lejana de la de Mr. Parker fue la esgrimida por Pedro Sanz, presidente del Gobierno de la Rioja, en un debate hace un par de días. Según la noticia de Rioja2.com:

“Ojalá vengan más Ferias como éstas y más catas de Robert Parker” ha dicho Sanz, al tiempo que ha cargado tintas contra el anterior presidente de la DOC Rioja, Ángel Jaime Baró, miembro del Partido Riojano. “Lo que ocurre es que al señor Jaime Baró le molesta que durante su mandato no pudo conseguir traer una feria como ésta” y ha concluido, “lo mejor que le ha podido pasar a la DOC es que Jaime Baró se fuera de ella”.

Pero que no… ¡Que no iba a hablar de eso, carajo!

Una para el commentez et discutez: El Chicago Tribune sacó recientemente un artículo con el listado de “Las 10 peores modas gastronómicas de esta década”. Entre las tendencias citadas están la ostentación vínica, la gastronomía molecular, los platos principales de cuarenta dólares, las espumas, la “deconstrucción” culinaria y  los chefs como putones mediáticos. Mayormente de acuerdo por aquí. Pero saquen ustedes sus propias conclusiones.

Del departamento de noticias felices, les anuncio que la semana que viene vuelvo con Josie a Nueva York. Algo de trabajo y el coñazo de las visitas médicas de siempre, pero también la celebración de nuestro aniversario de bodas, la gran cata del portafolio de Louis/Dressner (ocasión magnífica para probar vinos naturales excepcionales y hablar con la gente buena que los elabora), cierto evento en el que se vertirá una cantidad nunca vista de vinos envejecidos en ánfora y algún par de asuntillos interesantes más. Ya les contaré.

Ahora, videito. No se por qué, pero viernes por la mañana estoy de un humor algo ochentero. La voz de Richard Butler en esta versión acústica de “Love My Way” me recuerda una trompeta con sordina que bien podría ser de Miles Davis en uno de sus períodos eléctricos.  O me recuerda una queja de amante somnoliento. O una frase sabia de un borrachín a la más maldita de las horas, cuando le cierran el bar.  The Psychedelic Furs, una gran banda…

Categorías: Cositas y cosotas de la semana · Uncategorized
Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

¡Guain Fiuchur Espéin y olé!: La encuesta de la semana

Octubre 21, 2009 · 20 comentarios

Cuando llegué a aquella importante universidad en el noreste de los Estados Unidos para iniciar mis estudios doctorales en literatura comparada, me encontré con algo muy raro. Aunque la inmensa mayoría de mi experiencia universitaria anterior había sido en literatura inglesa, norteamericana y francesa, los poderes del departamento al que ingresaba estaban empecinados en hacer de mi su latinoamericanista. Nada me disponía particularmente a ello. Aunque tenía sólidos conocimientos sobre muchos importantes libros en lengua española, distaba mucho de poder llamarme especialista. ¡Pero soy cubano, qué carajos! Eso les bastaba a mis profesores-en-jefe.

Una sobredeterminación-a-partir-del-exterior muy similar me ocurrió en el tema del vino cuando me iniciaba en aquellos primeros foros de debate de mediados-finales de los noventas. Entraba un tipo con nombre latino y automáticamente a preguntarle de vino español o chileno (los vinos argentinos, uruguayos, etc. aún no se llevaban mucho en aquel entonces).

Ahí mi suerte fue que de verdad tenía experiencia. Cuando comencé a apasionarme intensa y profundamente por el vino era un estudiante universitario, con todas las trabas presupuestarias que ello implica.Corría 1986-1987, No había mucho money. Aunque de vez en cuando ahorraba mi platica y me daba el lujo de un gran burdeos (en aquellos tiempos comprabas un buen cru de Pauillac o Margaux por veinte dólares) , por fuerza mi consumo diario–y, consecuentemente mi educación–se vió orientado a vinos de Rioja y otras zonas españolas que en aquel momento comenzaban a darse a conocer. España me daba muchos vinos de verdadero placer a precios excepcionales. Yo exploraba y exploraba, descubriendo maravillas que no tenían nada que envidiar a vinos franceses del doble o el triple del precio. Aunque la imitación bodeguera ocurría y había gente intentando hacer reservas riojanos en, digamos, Extremadura, te ibas de una región a otra en España y los vinos tenían identidad, tenían duende propio. En mi esfera juvenil de hedonismo realista ajustado a la verdad de un presupuesto de chico de diecinueve, España era una maravilla.

Le damos a fast-forward y aparecemos veintipocos años después, en el clima actual. Hay una inmensa, devastadora crisis económica global. El vino español que tan interesante y atractivo era, por su carácter, su diversidad y su buen precio, ya no lo es. Lo que antes creí conocer, ya me resulta completamente ajeno. Ahora vivimos en la era de los puntos, de la ostentación bodeguera, de marcas “ultrapremium” basadas más en morro puro que en calidad intrínseca del vino, de blanquitos que son poco más que Kas Limón con alcohol y tintazos fofos, hiperalcohólicos y enmaderados que pesan más y cautivan menos que una losa funeraria. Miras en las listas de precios de una gran tienda de vinos en Nueva York, Miami, Houston, Chicago, Los Angeles o San Francisco y te das cuenta de que los precios de los diversos vinos españoles ahora andan promediando en la treintena dolarina. Y eso jode. Encima, jode más que hay tanto vino idéntico. Y que te encuentras las mismas marcas grandes donde quiera, o sea que del igualismo no te saca ni ese “Dios” que dicen. ¿Tu guía para negociar tanto vino caro con tan poca diferencia? Los cartelitos con los puntos, porque esa es la estrategia genial de marketing que hay. 99 puntos es diferente a 97. Y claro, 95…

Pero otra cosa que no nos la quita nadie, al menos por el momento, es la crisis. El tema, señoras y señores, está mal. Todos los días leemos más reportes sobre bajas en el consumo, en las exportaciones, etc. Los viticultores y bodegueros de muchas zonas del mundo—no sólo España—se las ven feas. Porque no debe hacer mucha gracia vivir bajo el peso de paletas y paletas de un ribera que sacaste al mercado a 70 dólares la botella y que sencillamente se rehusa a moverse, a pesar de sus noventa y tantos en el Wine Advocate.

Me consta que España tiene mucho de muy excitante que dar en términos de vino. Me he emocionado ante varios tintos, blancos y rosados  artesanales gallegos o vascos que he probado en los últimos años, cuyos precios no andan tan mal. Vinos distintivos, con terroir. Igualmente, alguna que otra bodeguita en Rioja ha tomado conciencia de qué es que y de repente vuelve a respetar más su terruño que lo que dice el “crítico” prescriptor de turno. En Cataluña igual. Y no digamos nada del Sur. Creo que donde único puede uno tener revelaciones transcendentes a precios modestos en el mundo actual del vino es entre generosos andaluces. Prefiero pensar eso de “generoso”, en el caso de esos vinos, igualmente como sustantivo identificativo y como adjetivo designador de una feliz disposición de carácter.

Como bien hemos dicho muchos aquí en los últimos meses, la única manera sana de plantearse el futuro es con conciencia del pasado. En algún momento de los noventas a alguien le pareció que todo lo de los puntos, el vino hecho a la medida y a precios cada vez más escandalosos era una estrategia de mercado viable, que en el extranjero hay billete y siempre comprarán. Pero las cosas son como son y ahora vemos lo que vemos. La “idea genial” de 1999 se ve, de repente, en 2009, como una evidente gilipollez. Puede que venga alguno con el pueril sonsonete de que lo que digo me hace un reaccionario con nostalgia de un pasado perdido, pero no. Más bien me gustaría verme como un realista que reconoce que en algún momento de la ruta, algún golpe de timón puso al vino en la dirección equivocada, pero hay aún oportunidad de rectificar el curso.

Todo trance en este mundo tiene salida. La idea de la pregunta de hoy es que nos planteemos qué diablos ha pasado, clara y lúcidamente, para luego plantearnos lo que, como consumidores habituales de vino que somos (señores mercadólogos, aquí tienen un buen focus group donde los haya), necesitamos ver. La “industria grande”, ésa de los megagrupos bodegueros, los superstands en Vinexpo y los ejecutivos trajeados que no han puesto sus lustrosos zapaticos de Ferragamo en un viñedo jamás probablemente pase olímpicamente de lo que aquí se ventile. Pero eso no quita que se ventile…

Categorías: Encuestas de La Otra Botella
Etiquetado: , , ,

Ponle tú el nombre…

Octubre 20, 2009 · 5 comentarios

Lo que son las cosas… Cuando dije que ya iba a abandonar los diversos temas en torno a Pancho Campo MW y Wine Future Rioja 09, comenzaron a surgirme interesantes consideraciones respecto a ambos. Pero de verdad que ya estoy cansado. La única conclusión a la que he podido llegar es que todo esto es un reflejo bastante claro del estado actual de la gran industria del vino, movida a base de pretensiones, la locura del dinero virtual, trapicheos de dudosa índole, vanidad, desinformación y la mentecatez de tantos, entre muchas otras cosas. Personalmente, he llegado a ver eso que llamo “la cultureta actual del vino” como un compendio de sordideces mejor mirado como una página de 13 Rue del Percebe o, si uno anda más grandilocuente y apocalíptico, como un paño pintado por Hieronymous Bosch.

Resultaría frustrante ponerse a buscar el “macroescándalo” en todo lo que ha pasado alrededor de Wine Future Rioja 09. No creo, francamente, que encontremos ahí un cataclismo político watergatiano. Por ello quizás los medios han preferido dejar esto sin cubrir, lavarse las manos entre murmullos de “A Dios que reparta suerte…” y “Ya se arreglarán entre ellos y todo seguirá igual, así que uno a quedarse en buenas…” De que la historia vendería si alguno se dedicara a trabajarla como debe, vendería. Pero hay que ver si vale la pena ponerse a trabajar mucho cuando hay un “acuerdo de colaboración” y se entra de cachete al sarao por no trabajarse la historia precisamente como se debe. Por cierto y dicho sea de paso, me provocó una carcajada ver como Jancis Robinson describía los problemas legales de Pancho Campo en Dubai como “a Biz tiff”. Los angloparlantes con cierto sentido del humor encontrarán una deliciosa ironía en la frase.

En principio, la imagen de la izquierda es uno de los paños del tríptico El jardín de las delicias terrenales, que todos ustedes saben bien donde encontrar para verlo “en vivo”. Es una obra siempre fascinante para mí, precursora de muchos genios de diversas disciplinas, entre ellas la comedia negra y la más acérbica sátira política. Les invito hoy, que es martes, a idear un calce nuevo para esta imagen, considerando que el Bosco quizás la vuelve a pintar ahora, tantos siglos después, pensando en la cultureta actual del vino.

Categorías: El Affaire Campo
Etiquetado: , , , ,

Una reflexión con alvarinho y albariños

Octubre 17, 2009 · 16 comentarios

Esta nota iba a titularse “De cuatro, uno”, pero luego me lo pensé mejor. Es que va de cuatro vinos de una misma variedad, de los cuales… Bueno, you get the picture.

En realidad, tres de los vinos me dejaron que ni fu ni fa. Clásicos del enotedio donde los haya. Las inmortales palabras de mi mujer definen igualmente a los tres: “No me voy a poner a decir nada malo. No tengo nada malo que decir. Pero tampoco tengo nada bueno.”

Tres albariños comprados localmente en Santo Domingo. Tres vinos técnicamente correctísimos, estériles, anónimamente refrescantes, con el mínimo imaginable de aquella distintividad de la que les hablaba el otro día. Los comparo con un Santa Rita, Sauvignon Blanc “120″ que utilicé anoche en un risotto de langosta y chanterelles y sale ganando el Santa Rita en virtud de costar entre la mitad y una tercera parte de lo que tee piden aquí por esos tres albariños.

Esperen, que luego les digo cuales son. Pero antes hay que pensar en lo caro que sale aburrirse en la cultureta actual del vino. Aún en el menos hiperinflado de los mercados de exportación del albariño gallego, los vinos tienden a tener como precio mínimo aproximadamente US$16-20, sean de productores relativamente pequeños o conglomerados industriales. Con los precios comenzando a ese nivel, uno esperaría algo de auténtico, de bonito, de especial. Pero…

Tomemos el caso, por ejemplo, del Pazo Pondal, Albariño, Rías Baixas 2007. O no lo tomemos, porque no hay mucho de que asirse. La nota de cata es minimalista: Cítricomanzanita y otra fruta de identidad indefinida que quisiera parecerse a melocotón blanco, pero… Suave y ligero. Inocuo.

La misma nota de cata aplica a un Pazo Pondal, Albariño “Leira”, Rías Baixas 2007. Literalmente. En mi libreta se repiten casi exactamente las palabras sobre ambos vinos, consumidos el primero a varios días del segundo. Ninguno de los dos ofende en lo absoluto a la nariz o paladar. Aunque, cuando te das cuenta de que estas botellas de nada blanca te costaron US$20 cada una, el mosqueo conjunto de la billetera y el cerebro está casi garantizado.

Por cierto, este “Leira” lo había visto de añadas anteriores en la tienda del importador con una pegatina circular que decía que había ganado “90 puntos” de Parker. El 2007 no la tiene.

El tercer gallego fue un Fillaboa, Albariño, Rías Baixas 2007. En este espacio he declarado en unas cuantas ocasiones que el “Selección Finca Monte Alto” de Fillaboa es lo más cercano a un albariño decente que puede uno comprar en Santo Domingo. Su “hermanito” más “básico” es, pensando en lo dicho sobre aquel, un desencanto. Cítricos y un toquecito tropical que recuerda esa frutita medio prima del litchi que se llama quenepa en Puerto Rico, limoncillo en Santo Domingo y mamoncillo (mi versión favorita) en Cuba. Hay sutil salinidad. Pero el efecto total, aunque carilimpio,  es plano, sin dimensionalidad ni largo. Aquí la falta de excitación es más grave, pues el precio sobrepasa los US$27.

Me gustaría no descartar que esta insulsez sea cosa de la añada. Aún entre lo que he probado de algunos productores favoritos de albariño (Do Ferreiro, Palacio de Fefiñanes), los vinos me parecieron menos que completamente convincentes. Sin embargo, no sé… Sospecho que en el caso de estos tres la elaboración también tiene lo suyo que ver. Me asaltan muchas preguntas. ¿A estos precios, no deberían estos vinos dar más que lo que te da cualquier blanquito industrial? ¿Acaso la “perfección técnica” elimina las señas distintivas y nos deja en esto? ¿Cómo diablos puede eso ser deseable? Y en estos tiempos de crisis económica, ¿cómo se les quedará el mercado?

Yo siempre tiendo a pensar en lo que me da el vino de suyo, de realmente único, de intelectualmente estimulante. Un vino—particularmente un vino que compro por encima de los US$20—necesita ser mucho más que un lavagaznates correcto para ganarse mi estima. Estos tienen problemas en ese aspecto.

Llego a otro par de preguntas clave: Y si esto es la única experiencia de albariño que tiene un enoneófito, ¿volverá? Además, porque recuerdo claramente haber recomendado a los principales importadores en Santo Domingo bodegas con albariños infinitamente más originales y expresivos que estos, ¿qué será lo que motiva a tener el portafolio lleno de vinos tan idénticos? ¿No les excita la diversidad?

Pero bueno, para sacarme del tedio me fui a la neverita de emergencia, la que contiene los vinos importados a mano por mí. Saqué una botella del Quinta do Feital, “Dorado” Alvarinho Superior, Subregião de Moncão, Vinho Verde 2005.

Quienes llevan un tiempecito conociéndome saben que me he manifestado como  fan de la labor vitivinícola de Marcial Dorado, un gallego transplantado al otro lado del Miño que hace este blanco maravilloso con sus vides viejas. O bueno, no me queda claro si lo seguirá haciendo. Recientemente alguien llamó mi atención a una noticia de Europa Press que implicaba a los Dorado y a Quinta do Feital en actividades de narcotráfico. Es que les digo que ni entre los que uno cree como “buenos…” Hay un dichito dominicano muy aplicable: “De debajo de cualquier yagua vieja te sale tremendo alacrán.”

Tal parecería que no voy a poder volver a escribir una entrada de este blog sin anexos policiales. En este caso, ungran vino se ve embarrado de chorizo. Pero bueno, no deja de ser un gran vino…

Al salir al mercado hace un par de años, este Dorado era un alvarinho bastante angular, muy centrado en su mineralidad y con acidez cortante. Ha adquirido amplitud con el paso del tiempo. Bellos aromas de toronja blanca, jengibre, té verde, lirio, jazmín y mirabelle con un fondo de mineralidad blanca que parecería pulsante. Lo mismo en boca. Vibrantes cítricos sobre mineralidad profunda con una cierta carnosidad de cereza blanca que resulta muy rieslinguesca. Posgusto largo y complejo, especiado y mineral, muy textural.

Pude ver, por el precio que aún llevaba sobre la cápsula, que la botella me costó poquito más de US$20 en una tienda de Puerto Rico. Así pos sí. Qué pena de gran vino a buen precio. Esa conexión con el narco hace que no pueda menos que verlo con otros ojos.

Y ahora, para acabar como me gusta acabar, Frankel con la pista titular de un disco que estoy poniendo mucho aquí, Anonymity Is the New Fame:

Categorías: Bebienda doméstica · Cosas que les pasan a otros · Crítica · Danza macabra · Música de la buena · Para considerar...
Etiquetado: , , , , , , ,

Cositas y cosotas: 16.10.2009

Octubre 16, 2009 · 12 comentarios

La noticia me llegó a principios de semana por canales “extraoficiales”. Random House había decidido solucionar fuera de corte la demanda interpuesta por Michael Broadbent a causa del libro The Billionaire’s Vinegar, de Benjamin Wallace.

Decanter.com anunciaba en sus titulares del martes:  ”MIchael Broadbent gana caso de libelo por las ‘Botellas Jefferson’”.

Pues sí, el caso quedó a favor el veterano autor y subastador a quien yo he profesado gran respeto y admiración en otras épocas de mi vida, cuando era más impresionable. Pero en realidad hablar de “victorias”–y mucho más de “victorias aplastantes”–me parece un poquito cuestionable. Random House tomó una decisión de negocios y cedió para evitar tener que ir a las cortes. Cuestión de evaluar costos y optar por lo más barato. Ofrecieron disculpas a Michael Broadbent por cualquier inconveniente causado y se acordó que The Billionaire’s Vinegar no se publicará en el Reino Unido, donde fue radicada la demanda original de Broadbent.

La abogada de Broadbent explicó la naturaleza de las alegadas injurias a su cliente del siguiente modo:

El libro hace alegatos que sugieren que el Sr. Broadbent se comportó  de manera no profesional en la forma en que subastó algunas de esas botellas, y que su relación y negocios con Hardy Rodenstock, quien descubrió la colección original [que contenía las famosas "Botellas Jefferson" falsas] se sospechaba que podía ser impropia.” (De Decanter.com; mi traducción)

Por su parte, Benjamis Wallace, autor del libro, publicó en exclusiva en Dr. Vino una carta explicando su posición sobre el caso. “Nunca fuí demandado personalmente por el Sr. Broadbent y no tomé parte del acuerdo y las disculpas negociadas por ‘este y Random House”, dice (mi traducción).

¿Yo qué les voy a contar? En realidad sigo estando de parte de Benjamin Wallace y considero excepcional su libro. The Billionaire’s Vinegar se lee como uan trama detectivesca, pero al final es una profunda reflexión sobre algunos de los aspectos más terribles de la cultureta del vino en el último par de décadas. Como lo hiciera alguien en un comentario al post de Dr. Vino, sinceramente le deseo suerte al Sr. Broadbent en la misión de rescatar lo que quede de su legado. No creo que tenga culpa alguna Benjamin Wallace, quien solamente narraba magistralmente los hechos. Los negocios con Hardy Rodenstock, aunque Broadbent los hiciese con toda la inocencia y buena fe del mundo, al final lo embarraron. Y el embarre, tristemente siempre e injustamente a veces, trae su factura.

Michael Broadbent es posible que se dejara llevar por el entusiasmo cuando lo de las “Botellas Jefferson”. Es posible que fuese engañado en un timo elaboradísimo. Uno puede especular en cualquier dirección. Para mí la lección que queda es que en la cultureta del vino, esta fulgurante hoguera de vanidades, aspiraciones sociales, chulería, cogebobos y mentecatez, hay que andar muy al loro. La ingenuidad y su prima la credulidad son mala compañía en este medio, especialmente para el amante honesto del vino. Hemos llegado a un punto en el que más vale, para que no le pase a uno lo que a Michael Broadbent con Hardy Rodenstock (por poner sólo uno de montones de ejemplos posibles), no fiarse de nada ni nadie hasta verificar exactamente de que va.

¿El futuro del vino? Ni idea. Pero el pasado reciente y el presente son un asquito. Cada día surge un fraude nuevo, se levanta una nueva nube de especulación y sospecha sobre tal o cual escarceo o choriceo. Los medios especializados en este tema que tanto nos apasiona parecen todos estar vendidos al mejor postor. A los que no estamos aquí siguiendo ninguna frívola moda, ni pretendiendo lucrarnos, ni buscando nada más que no sea el disfrute profundo de una cultura rica y milenaria, todo esto nos parte el alma.

Lo que me lleva al tema que tanto tiempo nos ha estado ocupando en recientes semanas. Sí, ha sido responsable de un aumento en el tráfico de este blog la cobertura que he dado al “Affaire Campo” y a los tejemanejes en torno a Wine Future Rioja 09. Hay mucha gente fascinada por el asunto, aunque pocos se atreven a derramar sus opiniones sobre él en público. Menos aún son los dispuestos a investigar el caso a fondo, buscando la verdad, sea cual sea. Y algunos te dicen tener evidencia, pero se la guardan “para defender el pellejo y no cerrarse puertas, que la cosa está muy mala”.

Mierda.

Yo ya llevo tiempo con una retahila de preguntas sin respuesta (comenzando por aquella sincera pregunta a Javier Arauz sobre los estudios médicos de Pancho Campo, que sigue sin responder; buscas “Dr. Francisco Campo” en Google y no te sale mucho más que alguna cuasialmodovaresca coincidencia pretérita del nombre, publicada en El País en 1983 con relación a algún anestesiólogo chileno con Mercedes Benz en Barcelona). Llevo tiempo manteniendo toda la ecuanimidad que me es posible, dejando que vaya cayendo la evidencia por sí sola y encendiendo sobre ella la luz que tengo a mi disposición. Pero todo esto parece ser un caso de empeñarse en alumbrar a quienes insisten en andar a oscuras, tenga eso las consecuencias que tenga. Labor quijotesca. Cosa de locos.

Es por eso que he decidido finalmente decir “A otra cosa, mariposa”. Si surge evidencia concreta que inculpe o exculpe a alguien, que me llamen, me la enseñen y entonces comentaré, pero mientras tanto quisiera que estas páginas recobrasen un ritmo menos frenético. Quisiera, fuera de la industria del vino y sus trapicheos (que, dicho sea de paso, rarísimas veces han creado nada que yo remotamente desee beber, pero sí dan mucho de que hablar con lo que pretenden llamar “vino”), encontrar otro ritmo, otro flow.

¿Les conté que la gente detrás de Twitter va a sacar un vino?  El vino “Marca Twitter” se elaborará en asociación con Crushpad, una firma vinificadora de San Francisco. Ayer en CNN comentaban que costaría US$20 la botella, una sustancial porción de lo cual irá a beneficio de Room to Read, un fondo de alfabetización infantil. La presentadora del programa añadió, de repente, “Por US$20 deberá ser bueno, ¿no?” Su compañero en cámara se encogió de hombros.

La otra botella aún no está en Twitter. Me basta con esto y con Facebook, la verdad. Pero el diablo son las cosas. Va y un día me tientan. No creo que sea con vino…

Y ya, Final feliz con videito musical de Lambchop, que va muy bien con el discurrir de este viernes:

Categorías: Cositas y cosotas de la semana · El Affaire Campo
Etiquetado: , , , , , , , , , , , ,

¿Qué ha pasado con el periodismo? La encuesta de la semana

Octubre 14, 2009 · 36 comentarios

Agradezco a mi amigo Laureano Serres este enlace a noticias de  ”última hora” sobre el tema que (desafortunadamente) aún sigue ocupándonos más tiempo y espacio. Por lo de no hacerlos dar muchas vueltas, les resumo lo que dice el articulito: La Federación Internacional de Periodistas del Vino y su capítulo español brindan públicamente su apoyo al evento Wine Future Rioja 09. “Todos los miembros de esta Asociación podrán asistir a este congreso, disfrutar de las conferencias y mesas redondas que ofrece el programa, así como cubrir el evento para sus respectivos medios gracias al acuerdo de colaboración alcanzado”, dice la nota.

“Acuerdo de colaboración”. No sé por qué se me hace un tanto curiosa

Podemos también mirar, en la misma web de Wine Future Rioja, la abundante lista de “Media Partners (perdonen ustedes, pero el sitio está originalmente en Spanglish y así aparece el encabezado) con que cuenta el evento. Con la notable excepción de Alberto Gil en El Diario de la Rioja, esos medios han guardado silencio sobre la infinidad de preguntas que circulan en torno a Pancho Campo, su Wine Academy of Spain, Wine Future Rioja, Robert Parker y los patrocinadores públicos de la conferencia. Bueno, han guardado silencio, o han servido como canales de publicidad para el evento.

Dichosa palabrita, “colaboración”.

Pero las preguntas sobre el Wine Future Rioja, su creador, sus patrocinadores, los alegatos de clientelismo,  las cosillas sombrías que no huelen bien… Todo eso sigue igual. Y debiera ser precisamente lo que alimentara la curiosidad y el acerbo investigativo de cualquier periodista que se precie. Pero no. Sólo unos poquísimos verdaderos profesionales con integridad y gónadas de acero han abordado este tema. Los otros, pues, no sabemos en qué quedarán, pero de seguro no enaltecen su profesión. ¿Tendrá Wine Future Rioja 09, como conferencia ponderadora del futuro del vino, algún panel sobre ética periodística en agenda al que vayan a asistir todos esos “colaboradores” invitados?

Y ahí la pregunta de esta semana:

Categorías: El Affaire Campo · Encuestas de La Otra Botella

Distintividad

Octubre 13, 2009 · 9 comentarios

No sé por que será, pero los mejores importadores norteamericanos de vino—los que se dedican al vino de verdad, natural y de producción artesanal—son en su mayoría excelentes escritores. Está el caso clásico de Kermit Lynch. Y ese confeso “escritor frustrado” convertido en gran bloguero que es mi amigo Joe Dressner. Hasta Neal Rosenthal tiene un libro que, aunque fallido, se deja leer. Y claro, está Terry Theise, cuyo catálogo anual de vinos alemanes, austriacos y champañas es edificante delicia de tantos de nosotros.¿Habrá una conexión entre la imaginación del escritor y la del buen seleccionador de vinos? ¿Será que el vino de verdad, al tener siempre una importante historia que contar, despierta por contagio el talento literario de estos hombres?

Recientemente, Theise publicó un interesante artículo en The World of Fine Wine donde predicaba la necesidad de un “código de valores” a la hora de apreciar el vino. Enumeraba unas cuantas cualidades cruciales en el vino, de entre las cuales se me quedaron las siguientes líneas zumbando en la cabeza:

La distintividad confiere validez. David Schildknecht ha escrito: “Los vinos con distinción son vinos de distintividad”. La razón por la cual algunos permanecemos fríos a la escuela de hacer vino en plan “consultor internacional” es que sentimos que los vinos que produce, pese a su origen, pese a su origen, son estampados con una cierta receta, sin importar los ingredientes en las diversas alacenas, de manera que nos encontramos vinos grandes, de fruta muy madura y envejecidos en roble de tal uva aquí y cual región allá—muy mucho de una muchedad. Míralo así: Tú o yo podríamos desear parecernos a Jake Gylenhaal, ¿pero desearíamos que todos los hombres se parecieran a Jake Gylenhaal? ¿Cómo los diferenciaríamos? Ni siquiera creo que sea posible considerar la cuestión de la “grandeza” en el vino hasta que se establece lo que un vino tiene de único. No es suficiente que el vino tenga pasaporte, debe tener certificado de nacimiento. Prefiero beber algo que sepa a algo y no a todo. Cualquier cosa puede saber a todo—y frecuentemente así es, y me resulta un coñazo.

-Terry Theise, “Values In Wine” en The World of Fine Wine No. 23, p. 112 (Mi traducción)

He estado oyendo mucho en estos últimos días las frases “educadores del vino” y “educar al consumidor”. Paradójicamente, esas frases tienden a venir de gente que aboga por un estilo de vino evaluable numéricamente, hecho por receta, todo igual. La labor del “educador del vino”, cuando la materia que enseña se reduce al absurdo es… ¿Qué?

Hace muchos años, cuando a mí comenzaron a explicarme el vino, todo era distintividad, diferencias que identificaban a individuos, identidad, diversidad. Hoy día parecería que los poderes del mundo del vino van a lograr eliminar eso. Lo que importará, si triunfan, es el fetiche adherido a potingues idénticos con branding artificioso.

Pero quedan vinos de distintividad. Quedan vinos que te hacen vibrar por lo que son en sí y no lo que pretenderían ser.

Así, por ejemplo, un tintito digno de celebración, el Stéphane Tissot, Trousseau “Singulier”, Arbois 2006. “Digno de celebración”, digo, por ser una de esas botellitas que me traigo yo en el equipaje cada vez que vuelvo a este país donde ahora vivo. Las guardo para cuando quiero sentirme extra-bien y recordar que el mundo puede aún dar cosas bellas.

La trousseau es autóctona de esa región de maravillas vínicas que es el Jura. Por alguno de esos misterios de la naturaleza, también se da en Portugal, donde vive bajo el peculiar nombre de bastardo. Es una uva que me ha fascinado desde la primera vez que la probé (era un trousseau de Domaine Ganeval, recuerdo)  y de la cual no me canso de probar ejemplares, todos expresivos y deliciosos. A Stéphane Tissot le conocía más bien por los vinos blancos—particularmente un divino chardonnay sumamente elegante y mineral—que hace en la bodega de su familia. No había probado tintos. Hasta ahora.

Inicialmente, la nariz de este “Singulier” es tímida. Toma como una hora y media  de aire para comenzar a desplegar sus bondades, pero la espera vale la pena. Aromas muy vivos y puros de fresa y arándano frescos, heno, jazmín, humo y pimienta blanca, con una poderosa onda mineral detrás que por momentos me sugiere tonos entre talco y tierra.

Huele rico. Huele a que quiere que lo bebas.

Ligero y firme al paladar, replicandon los aromas con impresiones frutales, especiadas y minerales muy precisas. Largo, etéreo,  con notas de té verde y piel de ciruela. Un vino con muchísimo nervio que a la vez acaricia delicadamente. Mi descripción no puede hacerle justicia, pero la huella que me deja en la memoria es lo que es, singular, distintiva. Lo que importa no son los aromas y sabores análogos a algo, sino las relaciones entre una cosa y otra, entre elementos de superficie y estructura, de lo que provoca a los sentidos y lo que provoca al intelecto. Alguna vez, educar sobre vino era darle a uno las herramientas para negociar lo inefable.

Categorías: Bebienda doméstica · Lecturas · Para considerar...
Etiquetado: , , , , ,

Repeticiones útiles…

Octubre 12, 2009 · 6 comentarios

Esta manana, respondiendo comentarios a la última entrada de este blog me vino a la mente algo que publiqué ya hace casi dos años, en la otra Otra botella. Se trata de mi reseña de un libro menos que satisfactorio (por ser innecesariamente amable). Las lecciones sacadas de esa lectura creo que nos servirían de mucho al evaluar todo el rollo de Pancho Campo y Wine Future Rioja 09.

El artículo original aparece aquí, pero lo copio a continuación íntegro con alguna que otra ligera corrección. Es que el viejo formato era muy chungo y no me gusta ver mis textos viejos así cuando los visito. No se me escapa en lo absoluto que el título que le puse a esa reseña coincide con el de una entrada dedicada al “código ético” de Robert M. Parker Jr.  Es que Nietzsche da mucho kilometraje.

Decía yo en diciembre de 2007…

Recién acabo de leerme un libro malo, malísimo…

Ordené Robert Parker: Anatomie d’un Mythe en Amazon.fr el día que salió al mercado, esperando encontrar una buena sacada de trapos al sol, siendo los trapos los de Robert M. Parker, Jr., el crítico de vinos más poderoso del mundo, y la sacadora de los mismos Hanna Agostini, la otrora traductora y representante en Burdeos de Parker.

Todo el que me ha leido y conoce mínimamente sabe que considero la influencia de Parker sobre el mundo del vino tan positiva como, digamos, la del TCA o la filoxera—y estoy seguro de no ser el único que piensa de esta forma. Creo en aquel famoso y sapientísimo cliché atribuido a Lord Acton: “El poder tiende a corromper. El poder absoluto corrompe absolutamente” Pero una cosa es acusar a alguien de corrupción y otra es demostrar la corrupción de alguien. Son multitud las historias de tráfico de influencias, conflictos de interés e hipocresía que se cuentan desde hace tiempo sobre Robert Parker. Cuando alguien adquiere el nivel el poder que ha adquirido él sobre una industria, es inevitable que circulen rumores sobre lo que hace, como lo hace y si lo hace a favor o en contra de alguien en particular. Algunos quisiéramos saber de una buena vez si hay algo detrás de tanto chisme, si existe evidencia que respalde tanta acusación (y si no existe, se sobreentiende que preferimos infinitamente concentrarnos en el vino y no en este o aquel crítico…) Hanna Agostini parecía, desde su perspectiva de “insider” de la organización Parker, que podía dar esa evidencia, de haberla—mostrar la realidad (o irrealidad) oculta detrás del “mito” que da título a su libro . Pero, al menos en lo que yo leí, no lo hace.

Un poco de trasfondo ayuda a entender por qué esta señora escribe este libro. De 1995 al 2003, Hanna Agostini, como comencé a decirles arriba, fue la traductora al francés de la obra de Robert Parker y su representante en Burdeos, encargada de organizar catas de muestras durante las visitas del gurú a la región. En el 2003, Agostini se vió envuelta en una investigación de fraude por parte de los negociantes belgas de vino Geens. Esta firma contrataba los servicios como “cosultora” de Agostini y durante la pesquisa se descubrieron facturas supuestamente expedidas por ella en papel timbrado de The Wine Advocate, la revista bimestral de Robert Parker. Tal descubrimiento amenazaba con implicar al gurú mismo en el chanchullo. Parker, aunque inicialmente defendiera la “integridad profesional” de Agostini, se apresuró a desligarse de ella según progresó el caso. Agostini quedaba abandonada a su suerte ante un proceso judicial que ahora la acusaba a ella de fraude. Perdonen que resuma un tema bastante complejo en tan pocas líneas, pero quiero avanzar y contarles sobre el libro. Si desean más detalles, las noticias originales aparecen aquí, aquí y aquí.

Una ex-abogada convertida en “consultora enológica” sin tener credenciales algunas en esto último más allá de ser la “mano derecha” de Robert Parker en Burdeos… No es tan difícil ver como algún cliente la contrataría buscando acceso directo al gurú. El que Agostini capitalizara o no de esta situación es, a este punto, pura especulación en torno a un proceso judicial pendiente. Eso sí, acusada de fraude, su credibilidad al acusar a los demás de “falta de ética” es, en el mejor de los casos, cuestionable y en el peor, precaria.

Claro, si las acusaciones de conducta impropia que presenta sobre su antiguo empleador una ex-empleada—despedida en turbias circunstancias y con claras rencillas—vienen con pruebas detrás y ésta ofrece abiertamente dichas pruebas, puedo yo ver la utilidad de un librito vengativo contra el patrono que alegadamente la perjudicara. Pero en Anatomie d’un Mythe, al menos al nivel de imputaciones de conflictos de interés y fallas de ética, los embates de Agostini contra Parker son pusilánimes y desordenados.

Lee uno las mismas acusaciones sobre si Parker favorece los vinos comercializados por sus amigos bordeleses, sobre si recibe de dichos (poderosos) amigos algo a cambio, sobre la hipocresía de proclamarse fieramente independiente de; negocio del vino mientras goza de relaciones muy cercanas en él, sobre si bodegueros hacen cuvées especiales para obtener el favor del gurú y el tipo de maniobras que hacen para que estas cuvées sean catadas y puntuadas por el mismo. Son acusaciones que ya llevan mucho tiempo circulando. El elenco de las historias nos es familair a quienes llevamos algo de tiempo inmersos en esto que pasa actualmente por “cultura del vino”: Michel Rolland, Alain Raynaud (éste, propietario de Château Quinault-L’Enclos y productor de un vino muy puntuado por Parker, recientemente demandó en las cortes de Burdeos para suprimir ciertos pasajes del libro de Agostini y perdió la demanda; más detalles en http://www.decanter.com/news/151885.html), Dominique Renard, Jeffrey Davies, Archibald Johnston, Bill Blatch… Nada ni nadie nuevo que haga especialmente interesante lo que pretende aportar Hanna Agostini. Nos quedamos en el mismo—ya tedioso—nivel de guiños, puyas, preguntas cargadas y cizaña, pero sin evidencia contundente. Y a mí que vengan a decirme que fulano está en la cama con emngano me aburre y molesta si no me traen a la vez las fotos que les hicieron tomar a los acusados en pleno acto coital.

Agostini no se ayuda en su labor como cuestionadora de la ética parkeriana “desde dentro” por otras razones. Para mí una de las peores es que cofirma el libro con Marie-Françoise Guichard y, por algún arcaismo estilístico u otra razón que dejaré a los psicoanalistas, ambas se refieren a sí mismas en tercera persona mientras una voz narradora introduce los planteamientos del libro.

Tal cuadro elimina la posibilidad de algún tipo de empatía con Agostini y su coautora, poniéndome a la defensiva en vez de absorberme en la trama.

Y la trama… Agostini se preocupa—no sé por qué diablos—de perpetuar la leyenda de Robert Parker como supercatador dotado de una energía, perceptividad sensorial y claridad mental muy por encima del común de los mortales. Inicia el libro como una biografía cronológica de Parker que reproduce un número de episodios ya muy trillados en los medios y narrados infinitamente mejor pro Elin McCoy en su libro The Emperor of Wine—libro que, aparentemente, fue una de las fuentes más importantes para la obra de Agostini, la “insider” valiéndose demasiado de textos de alguien externo al círculo de Parker.

Tras la narración de la juventud del gurú, Agostini prescinde de cronologías, dando saltos para nada lógicos entre los setentas, los ochentas y los noventas que a veces harían pensar que episodios que ocurrieron a veinte años uno de otro fueron casi simultáneos. Para enredar más la pita, la tercerapersonista interpola largos capítulos especulatorios entre momentos de narración biográfica con los que no conectan claramente. Mantenerse fijo en qué es qué y cuándo es una labor ardua con Agostini. Yo me partí de la risa en el momento en que, a cien páginas del final del libro, la voz narradora declara “¡Pero retomemos la cronología!” ¿Cómo, si el punto en el que el libro se convierte en un repetitivo caos quedó tan atrás que es difícil recordarlo?

Tanto en Anatomie d’un Mythe como en entrevistas que ha realizado para promocionarlo, Agostini repite que Parker, el gran gurú del vino en los últimos veinticinco años, el “Emperador del Vino” y “Papa de las Viñas”, el tan temido hacedor y deshacedor de reputaciones vinícolas, “se tambalea en su pedestal”. Irónicamente, uno de los más obvios y potentes motores de sismos en el universo parkeriano es el que los consumidores que alguna vez eran enófitos inseguros ahora ya son consumidores educados, que no enochalados obsesivos, y no se tragan sin reservas toda la mitología y los dictámenes del crítico. Hay cada día más gente receptiva a críticas de la hegemonía ejercida por Parker sobre el mundo del vino en los últimos años—ahí la primera vibracióm, el primer movimiento, la primera brecha…Ojo, el mismo Parker parece.estarse dando cuenta de que los días de imperio absoluto están pasando y ya el mundo del vino comienza a rebelarse contra el “pensamiento único” que lo ha dominado durante buen tiempo ya; cambios en el personal del Wine Advocate, con la introducción de opiniones radicalmente distintas de las de Parker como lo son las de David Schildknecht y Neal Martin, me parecen una buena señal. Pero no creo que Agostini lo vea de la misma forma.

En alimentar la duda de los consumidores que alguna vez siguieran ciegamente a Parker es en lo que Agostini hubiese podido hacerse realmente útil. Como traductora de los textos del gurú, su análisis de los mismos es necesariamente minucioso. Agostini puede, en base a ese análisis, revelar cosas que–al menos en mi opinión–condenan mucho más a Parker que cualquier sórdido cuento de simonías amiguistas en Burdeos o Napa. La pérdida de tiempo en esos menesteres chismográficos se hace particularmente insultante cuando entramos con Agostini a examinar la gran cantidad de chapuzas de copy-paste, refritos, erratas garrafales, inconsistencias y otras tonterías que pueblan los libros de Parker.

Revisar los libros de Parker con las referencias de erratas, barbaridades y desastres dadas por Agostini en la mano revela muchas cosas sobre la labor de este gurú y suscita muchos cuestionamientos, particularmente porque muchos de los problemas con los libros se repiten de una edición a otra sin corrección. Darnos cuenta de que lo citado por Agostini es solamente la punta de un iceberg inmenso de chapucería autorial y editorial pone en vergüenza a mucha gente que leyó y siguió esos libros sin haberse dado cuenta de esto antes.

Ante cada una de las largas disertaciones de Agostini sobre los errores y la desinformación contenida en los libros de Parker (el catálogo es largo y abarca desde datos erróneos sobre châteaux y vinos hasta vinos cuyas notas de cata se repiten idénticas de uan añada a la otra hasta vinos reseñados que Parker posteriormente dijo “no conocer”, pasando, entre muchas otras cosas, por inconsistencias entre las apreciaciones de un château y las puntuaciones dadas a los vinos) me preguntaba yo por qué insistía ella en reiterar lo de que Parker es un catador superdotado, etc., etc. Primero que nada, su “guruismo” le viene de haberse constituido en un “paladín de los consumidores” y una “autoridad” en cuanto a vino. Pero, ¿de qué sirve un supercatador que, en su papel como comunicador y educador es tan poco prolijo y cuidadoso con los datos que publica?

Si hay tanto error, tanto de refutable y desmentible en los libros de Parker como alega Agostini (y si, como también alega, ella llamó la atención tanto de Parker como de sus editores, Simon & Schuster y nadie quiso hacer nada para rectificar), creo que por ahí se atacaría mejor la credibilidad del gurú—particularmente con citas fácilmente verificables delante—que con dimes-y-diretes insustanciados sobre tráfico de influencias. El continuar repiqueteando la leyenda del “supercatador”, cuando la utilidad del mismo al consumidor que él profesa proteger es claramente cuestionable, es hacerse parte del problema, no de la solución.

Trato de encontrar lo bueno, aún en un libro que considero tan fallido como el de Agostini. Su labor no se enfoca donde debiera y desperdicia tiempo y espacio en intentar quemar y cortar a gente a la que acaba sin hacer verdadero daño. Logró asquearme aún más con Burdeos y sus negocios (la región con la que me eduqué en el vino, de la que me enamoré perdidamente hace más de veinte años, ha traicionado todos mis ideales, ya saben…), pero eso es llover sobre mojado.

¿Que qué más encontré de bueno en Anatomie d’un Mythe? Pues hay algunos pedacitos de textos parkerianos analizados por Agostini que son, francamente, de desternillarse. Y yo valoro mucho la risa. Les paso dos a los que solamente puedo responder: “Priceless!”.

À propos de la ignorancia de Parker sobre historia y cultura, Agostini cita la reseña del crítico del shiraz “Amon-Ra” de Glaetzer, en Barossa. Parker dice que el vino recibe su nombre “en homenaje a la familai poseedora de los más grandes viñedos del antiguo Egipto” Robert Parker: Anatomie d’un Mythe, p. 32). Je, je, je, digo yo.

Otra… Sabemos que Parker reitera constante y muy apasionadamente que no tiene nada que ver con el negocio del vino. Pues en su libro The World’s Greatest Wine Estates: A Modern Perspective, un error de “copy/paste” ofrece una contradicción de esto en lo que, para quien no sabe, parecería ser la propia voz del independentísimo. Hablando de un riesling de Helmut Dönnhoff, el libro dice lo siguiente: “Siendo comerciante y crítico de vinos, tengo ocasión de probar cada año los mejores vinos del mundo”. Lo que Agostini explica es que la nota de cata en cuestión fue escrita por Pierre-Antoine Rovani, ex-asistente de Parker, que sí fue comerciante antes de hacerse crítico (y ha vuelto al comercio tras dejar su puesto en el Wine Advocate), aunque en el libro no se le atribuye en ningún lugar, apareciendo como único autor del mismo “Robert M. Parker, Jr.” (Robert Parker; Anatomie d’un Mythe, p. 328).

Aún así, el libro de Hanna Agostini sigue siendo malo, malísimo. Noté, mientras leía, que Agostini repite ciertas frasecitas hechas con suma frecuencia. Una, que en francés es un coloquialismo más o menos inocente, pero cuya palabra principal tiene implicaciones muy psicoanalizables, es “en revanche”. Podría leerse, reitero, meramente como “por contra”. Pero la naturaleza del libro me lleva a leerla más literalmente, pues esta obra, escrita “en revancha”, fracasa precisamente por ello. Me acuerdo de aquel inmortal refrán, favorito del Chavo del 8: “La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena”. El alma humana y la del vino, me parece, particularmente cuando el vino se convierte en cuestión de puro ego, lucro y poder.

Ahora me estoy leyendo otro libro, de alguien sabio y elocuente. Una sentencia en él la voy a recordar siempre. La cito aquí por lo mucho que instruye sobre el peculiarísimo contexto del vino que nos ha dado fenómenos como Robert Parker y Hanna Agostini: “”El vino es una verdad fundamental, la sangre de la tierra, pero también es un eminente agente de pretensiones, de esnobismos y de estafas.”

Mejores lecturas. Eso me hace falta…

Categorías: Para considerar...
Etiquetado: , , , , , ,