Esta manana, respondiendo comentarios a la última entrada de este blog me vino a la mente algo que publiqué ya hace casi dos años, en la otra Otra botella. Se trata de mi reseña de un libro menos que satisfactorio (por ser innecesariamente amable). Las lecciones sacadas de esa lectura creo que nos servirían de mucho al evaluar todo el rollo de Pancho Campo y Wine Future Rioja 09.
El artículo original aparece aquí, pero lo copio a continuación íntegro con alguna que otra ligera corrección. Es que el viejo formato era muy chungo y no me gusta ver mis textos viejos así cuando los visito. No se me escapa en lo absoluto que el título que le puse a esa reseña coincide con el de una entrada dedicada al “código ético” de Robert M. Parker Jr. Es que Nietzsche da mucho kilometraje.
Decía yo en diciembre de 2007…
Recién acabo de leerme un libro malo, malísimo…
Ordené Robert Parker: Anatomie d’un Mythe en Amazon.fr el día que salió al mercado, esperando encontrar una buena sacada de trapos al sol, siendo los trapos los de Robert M. Parker, Jr., el crítico de vinos más poderoso del mundo, y la sacadora de los mismos Hanna Agostini, la otrora traductora y representante en Burdeos de Parker.
Todo el que me ha leido y conoce mínimamente sabe que considero la influencia de Parker sobre el mundo del vino tan positiva como, digamos, la del TCA o la filoxera—y estoy seguro de no ser el único que piensa de esta forma. Creo en aquel famoso y sapientísimo cliché atribuido a Lord Acton: “El poder tiende a corromper. El poder absoluto corrompe absolutamente” Pero una cosa es acusar a alguien de corrupción y otra es demostrar la corrupción de alguien. Son multitud las historias de tráfico de influencias, conflictos de interés e hipocresía que se cuentan desde hace tiempo sobre Robert Parker. Cuando alguien adquiere el nivel el poder que ha adquirido él sobre una industria, es inevitable que circulen rumores sobre lo que hace, como lo hace y si lo hace a favor o en contra de alguien en particular. Algunos quisiéramos saber de una buena vez si hay algo detrás de tanto chisme, si existe evidencia que respalde tanta acusación (y si no existe, se sobreentiende que preferimos infinitamente concentrarnos en el vino y no en este o aquel crítico…) Hanna Agostini parecía, desde su perspectiva de “insider” de la organización Parker, que podía dar esa evidencia, de haberla—mostrar la realidad (o irrealidad) oculta detrás del “mito” que da título a su libro . Pero, al menos en lo que yo leí, no lo hace.
Un poco de trasfondo ayuda a entender por qué esta señora escribe este libro. De 1995 al 2003, Hanna Agostini, como comencé a decirles arriba, fue la traductora al francés de la obra de Robert Parker y su representante en Burdeos, encargada de organizar catas de muestras durante las visitas del gurú a la región. En el 2003, Agostini se vió envuelta en una investigación de fraude por parte de los negociantes belgas de vino Geens. Esta firma contrataba los servicios como “cosultora” de Agostini y durante la pesquisa se descubrieron facturas supuestamente expedidas por ella en papel timbrado de The Wine Advocate, la revista bimestral de Robert Parker. Tal descubrimiento amenazaba con implicar al gurú mismo en el chanchullo. Parker, aunque inicialmente defendiera la “integridad profesional” de Agostini, se apresuró a desligarse de ella según progresó el caso. Agostini quedaba abandonada a su suerte ante un proceso judicial que ahora la acusaba a ella de fraude. Perdonen que resuma un tema bastante complejo en tan pocas líneas, pero quiero avanzar y contarles sobre el libro. Si desean más detalles, las noticias originales aparecen aquí, aquí y aquí.
Una ex-abogada convertida en “consultora enológica” sin tener credenciales algunas en esto último más allá de ser la “mano derecha” de Robert Parker en Burdeos… No es tan difícil ver como algún cliente la contrataría buscando acceso directo al gurú. El que Agostini capitalizara o no de esta situación es, a este punto, pura especulación en torno a un proceso judicial pendiente. Eso sí, acusada de fraude, su credibilidad al acusar a los demás de “falta de ética” es, en el mejor de los casos, cuestionable y en el peor, precaria.
Claro, si las acusaciones de conducta impropia que presenta sobre su antiguo empleador una ex-empleada—despedida en turbias circunstancias y con claras rencillas—vienen con pruebas detrás y ésta ofrece abiertamente dichas pruebas, puedo yo ver la utilidad de un librito vengativo contra el patrono que alegadamente la perjudicara. Pero en Anatomie d’un Mythe, al menos al nivel de imputaciones de conflictos de interés y fallas de ética, los embates de Agostini contra Parker son pusilánimes y desordenados.
Lee uno las mismas acusaciones sobre si Parker favorece los vinos comercializados por sus amigos bordeleses, sobre si recibe de dichos (poderosos) amigos algo a cambio, sobre la hipocresía de proclamarse fieramente independiente de; negocio del vino mientras goza de relaciones muy cercanas en él, sobre si bodegueros hacen cuvées especiales para obtener el favor del gurú y el tipo de maniobras que hacen para que estas cuvées sean catadas y puntuadas por el mismo. Son acusaciones que ya llevan mucho tiempo circulando. El elenco de las historias nos es familair a quienes llevamos algo de tiempo inmersos en esto que pasa actualmente por “cultura del vino”: Michel Rolland, Alain Raynaud (éste, propietario de Château Quinault-L’Enclos y productor de un vino muy puntuado por Parker, recientemente demandó en las cortes de Burdeos para suprimir ciertos pasajes del libro de Agostini y perdió la demanda; más detalles en http://www.decanter.com/news/151885.html), Dominique Renard, Jeffrey Davies, Archibald Johnston, Bill Blatch… Nada ni nadie nuevo que haga especialmente interesante lo que pretende aportar Hanna Agostini. Nos quedamos en el mismo—ya tedioso—nivel de guiños, puyas, preguntas cargadas y cizaña, pero sin evidencia contundente. Y a mí que vengan a decirme que fulano está en la cama con emngano me aburre y molesta si no me traen a la vez las fotos que les hicieron tomar a los acusados en pleno acto coital.
Agostini no se ayuda en su labor como cuestionadora de la ética parkeriana “desde dentro” por otras razones. Para mí una de las peores es que cofirma el libro con Marie-Françoise Guichard y, por algún arcaismo estilístico u otra razón que dejaré a los psicoanalistas, ambas se refieren a sí mismas en tercera persona mientras una voz narradora introduce los planteamientos del libro.
Tal cuadro elimina la posibilidad de algún tipo de empatía con Agostini y su coautora, poniéndome a la defensiva en vez de absorberme en la trama.
Y la trama… Agostini se preocupa—no sé por qué diablos—de perpetuar la leyenda de Robert Parker como supercatador dotado de una energía, perceptividad sensorial y claridad mental muy por encima del común de los mortales. Inicia el libro como una biografía cronológica de Parker que reproduce un número de episodios ya muy trillados en los medios y narrados infinitamente mejor pro Elin McCoy en su libro The Emperor of Wine—libro que, aparentemente, fue una de las fuentes más importantes para la obra de Agostini, la “insider” valiéndose demasiado de textos de alguien externo al círculo de Parker.
Tras la narración de la juventud del gurú, Agostini prescinde de cronologías, dando saltos para nada lógicos entre los setentas, los ochentas y los noventas que a veces harían pensar que episodios que ocurrieron a veinte años uno de otro fueron casi simultáneos. Para enredar más la pita, la tercerapersonista interpola largos capítulos especulatorios entre momentos de narración biográfica con los que no conectan claramente. Mantenerse fijo en qué es qué y cuándo es una labor ardua con Agostini. Yo me partí de la risa en el momento en que, a cien páginas del final del libro, la voz narradora declara “¡Pero retomemos la cronología!” ¿Cómo, si el punto en el que el libro se convierte en un repetitivo caos quedó tan atrás que es difícil recordarlo?
Tanto en Anatomie d’un Mythe como en entrevistas que ha realizado para promocionarlo, Agostini repite que Parker, el gran gurú del vino en los últimos veinticinco años, el “Emperador del Vino” y “Papa de las Viñas”, el tan temido hacedor y deshacedor de reputaciones vinícolas, “se tambalea en su pedestal”. Irónicamente, uno de los más obvios y potentes motores de sismos en el universo parkeriano es el que los consumidores que alguna vez eran enófitos inseguros ahora ya son consumidores educados, que no enochalados obsesivos, y no se tragan sin reservas toda la mitología y los dictámenes del crítico. Hay cada día más gente receptiva a críticas de la hegemonía ejercida por Parker sobre el mundo del vino en los últimos años—ahí la primera vibracióm, el primer movimiento, la primera brecha…Ojo, el mismo Parker parece.estarse dando cuenta de que los días de imperio absoluto están pasando y ya el mundo del vino comienza a rebelarse contra el “pensamiento único” que lo ha dominado durante buen tiempo ya; cambios en el personal del Wine Advocate, con la introducción de opiniones radicalmente distintas de las de Parker como lo son las de David Schildknecht y Neal Martin, me parecen una buena señal. Pero no creo que Agostini lo vea de la misma forma.
En alimentar la duda de los consumidores que alguna vez siguieran ciegamente a Parker es en lo que Agostini hubiese podido hacerse realmente útil. Como traductora de los textos del gurú, su análisis de los mismos es necesariamente minucioso. Agostini puede, en base a ese análisis, revelar cosas que–al menos en mi opinión–condenan mucho más a Parker que cualquier sórdido cuento de simonías amiguistas en Burdeos o Napa. La pérdida de tiempo en esos menesteres chismográficos se hace particularmente insultante cuando entramos con Agostini a examinar la gran cantidad de chapuzas de copy-paste, refritos, erratas garrafales, inconsistencias y otras tonterías que pueblan los libros de Parker.
Revisar los libros de Parker con las referencias de erratas, barbaridades y desastres dadas por Agostini en la mano revela muchas cosas sobre la labor de este gurú y suscita muchos cuestionamientos, particularmente porque muchos de los problemas con los libros se repiten de una edición a otra sin corrección. Darnos cuenta de que lo citado por Agostini es solamente la punta de un iceberg inmenso de chapucería autorial y editorial pone en vergüenza a mucha gente que leyó y siguió esos libros sin haberse dado cuenta de esto antes.
Ante cada una de las largas disertaciones de Agostini sobre los errores y la desinformación contenida en los libros de Parker (el catálogo es largo y abarca desde datos erróneos sobre châteaux y vinos hasta vinos cuyas notas de cata se repiten idénticas de uan añada a la otra hasta vinos reseñados que Parker posteriormente dijo “no conocer”, pasando, entre muchas otras cosas, por inconsistencias entre las apreciaciones de un château y las puntuaciones dadas a los vinos) me preguntaba yo por qué insistía ella en reiterar lo de que Parker es un catador superdotado, etc., etc. Primero que nada, su “guruismo” le viene de haberse constituido en un “paladín de los consumidores” y una “autoridad” en cuanto a vino. Pero, ¿de qué sirve un supercatador que, en su papel como comunicador y educador es tan poco prolijo y cuidadoso con los datos que publica?
Si hay tanto error, tanto de refutable y desmentible en los libros de Parker como alega Agostini (y si, como también alega, ella llamó la atención tanto de Parker como de sus editores, Simon & Schuster y nadie quiso hacer nada para rectificar), creo que por ahí se atacaría mejor la credibilidad del gurú—particularmente con citas fácilmente verificables delante—que con dimes-y-diretes insustanciados sobre tráfico de influencias. El continuar repiqueteando la leyenda del “supercatador”, cuando la utilidad del mismo al consumidor que él profesa proteger es claramente cuestionable, es hacerse parte del problema, no de la solución.
Trato de encontrar lo bueno, aún en un libro que considero tan fallido como el de Agostini. Su labor no se enfoca donde debiera y desperdicia tiempo y espacio en intentar quemar y cortar a gente a la que acaba sin hacer verdadero daño. Logró asquearme aún más con Burdeos y sus negocios (la región con la que me eduqué en el vino, de la que me enamoré perdidamente hace más de veinte años, ha traicionado todos mis ideales, ya saben…), pero eso es llover sobre mojado.
¿Que qué más encontré de bueno en Anatomie d’un Mythe? Pues hay algunos pedacitos de textos parkerianos analizados por Agostini que son, francamente, de desternillarse. Y yo valoro mucho la risa. Les paso dos a los que solamente puedo responder: “Priceless!”.
À propos de la ignorancia de Parker sobre historia y cultura, Agostini cita la reseña del crítico del shiraz “Amon-Ra” de Glaetzer, en Barossa. Parker dice que el vino recibe su nombre “en homenaje a la familai poseedora de los más grandes viñedos del antiguo Egipto” Robert Parker: Anatomie d’un Mythe, p. 32). Je, je, je, digo yo.
Otra… Sabemos que Parker reitera constante y muy apasionadamente que no tiene nada que ver con el negocio del vino. Pues en su libro The World’s Greatest Wine Estates: A Modern Perspective, un error de “copy/paste” ofrece una contradicción de esto en lo que, para quien no sabe, parecería ser la propia voz del independentísimo. Hablando de un riesling de Helmut Dönnhoff, el libro dice lo siguiente: “Siendo comerciante y crítico de vinos, tengo ocasión de probar cada año los mejores vinos del mundo”. Lo que Agostini explica es que la nota de cata en cuestión fue escrita por Pierre-Antoine Rovani, ex-asistente de Parker, que sí fue comerciante antes de hacerse crítico (y ha vuelto al comercio tras dejar su puesto en el Wine Advocate), aunque en el libro no se le atribuye en ningún lugar, apareciendo como único autor del mismo “Robert M. Parker, Jr.” (Robert Parker; Anatomie d’un Mythe, p. 328).
Aún así, el libro de Hanna Agostini sigue siendo malo, malísimo. Noté, mientras leía, que Agostini repite ciertas frasecitas hechas con suma frecuencia. Una, que en francés es un coloquialismo más o menos inocente, pero cuya palabra principal tiene implicaciones muy psicoanalizables, es “en revanche”. Podría leerse, reitero, meramente como “por contra”. Pero la naturaleza del libro me lleva a leerla más literalmente, pues esta obra, escrita “en revancha”, fracasa precisamente por ello. Me acuerdo de aquel inmortal refrán, favorito del Chavo del 8: “La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena”. El alma humana y la del vino, me parece, particularmente cuando el vino se convierte en cuestión de puro ego, lucro y poder.
Ahora me estoy leyendo otro libro, de alguien sabio y elocuente. Una sentencia en él la voy a recordar siempre. La cito aquí por lo mucho que instruye sobre el peculiarísimo contexto del vino que nos ha dado fenómenos como Robert Parker y Hanna Agostini: “”El vino es una verdad fundamental, la sangre de la tierra, pero también es un eminente agente de pretensiones, de esnobismos y de estafas.”
Mejores lecturas. Eso me hace falta…
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Amigo camblor, sin ánimo de criticar sino de dar mi opinión, me aburre Robert parker y sus tejemanejes….
No, si es un coñazo. Ya quisiera yo que no estuviese tan omnipresente en el mundo del vino, Jorge.
El propósito de re-colgar esta vieja entrada era mostrar la irónica similitud entre los escándalos de hace un par de años y los de ahora. Es triste como no acaba la gente de abrir los ojos.
M.
Vosotros que llevais una pila de años debeis estar mas asqueados aún. Yo empiezo a estarlo y eso q me empezé a interesar por el vino hará como dos años. En aquella época vi el documental Mondo Vino y me dije, otro negocio lleno de mierda.
Cansan muchos estas situaciones y/o intrigas
Jorge,
Parker ha estado presente desde uque yo comencé en esto de la pasión por el vino. A finales de los ochentas, aunque ya era una figura controversial, no era tan influyente como para preocuparlo a uno demasiado. Era un crítico más, que te leías o no, según…
Pero después de mediados de los noventas la cosa fue evolucionando y creciendo hasta niveles otrora insoñables. sí, muchos nos hartamos ya desde entonces. Pero el problema era que el tipo seguía creciendo; Aquellos que le veíamos las costuras teníamos que decir lo que veíamos.
Hoy por hoy puedo decirte (y creo que unas cuantas voces muy respetables me harán coro) que Parker ha sido lo peor que pudo pasarle al vino después de la filoxera. Aunque quizás bien intencionado en un principio, su labor no ha hecho más que fetichizar el producto y mentecatizar el mercado al punto en que… Bueno, al punto de lo que vivimos hoy.
Me dices que te entusiasmaste por el vino hace sólo un par de años. Créeme que desearía que hubieras estado en esto hace veinte, cuando a mí me picó el bichito. Era otra cosa. La comparación con el presente es algo que me entristece mucho.
Y encima esta gente que tanto han idiotizado el vino resulta que, dándoselas como se las daban de “paladines de la moral y la ética”, son tremendos puntos. Los que insistimos en escribir sobre esto lo hacemos porque no queremos dejar que los malos ganen y acaben de destruir el vino.
M.
Lo de Parker y como si un critico de musica tuviera como criterio Hard Rock o Hip-Hop y se puso a utilzar el mismo criterio para juzgar musica clasica, jazz, folk, good ole time rock n’ roll, etc. Caso todo la musica empieza, por cuestiones de dinero puro, a sonar igual y pesado.