La noticia me llegó a principios de semana por canales “extraoficiales”. Random House había decidido solucionar fuera de corte la demanda interpuesta por Michael Broadbent a causa del libro The Billionaire’s Vinegar, de Benjamin Wallace.
Decanter.com anunciaba en sus titulares del martes: ”MIchael Broadbent gana caso de libelo por las ‘Botellas Jefferson’”.
Pues sí, el caso quedó a favor el veterano autor y subastador a quien yo he profesado gran respeto y admiración en otras épocas de mi vida, cuando era más impresionable. Pero en realidad hablar de “victorias”–y mucho más de “victorias aplastantes”–me parece un poquito cuestionable. Random House tomó una decisión de negocios y cedió para evitar tener que ir a las cortes. Cuestión de evaluar costos y optar por lo más barato. Ofrecieron disculpas a Michael Broadbent por cualquier inconveniente causado y se acordó que The Billionaire’s Vinegar no se publicará en el Reino Unido, donde fue radicada la demanda original de Broadbent.
La abogada de Broadbent explicó la naturaleza de las alegadas injurias a su cliente del siguiente modo:
El libro hace alegatos que sugieren que el Sr. Broadbent se comportó de manera no profesional en la forma en que subastó algunas de esas botellas, y que su relación y negocios con Hardy Rodenstock, quien descubrió la colección original [que contenía las famosas "Botellas Jefferson" falsas] se sospechaba que podía ser impropia.” (De Decanter.com; mi traducción)
Por su parte, Benjamis Wallace, autor del libro, publicó en exclusiva en Dr. Vino una carta explicando su posición sobre el caso. “Nunca fuí demandado personalmente por el Sr. Broadbent y no tomé parte del acuerdo y las disculpas negociadas por ‘este y Random House”, dice (mi traducción).
¿Yo qué les voy a contar? En realidad sigo estando de parte de Benjamin Wallace y considero excepcional su libro. The Billionaire’s Vinegar se lee como uan trama detectivesca, pero al final es una profunda reflexión sobre algunos de los aspectos más terribles de la cultureta del vino en el último par de décadas. Como lo hiciera alguien en un comentario al post de Dr. Vino, sinceramente le deseo suerte al Sr. Broadbent en la misión de rescatar lo que quede de su legado. No creo que tenga culpa alguna Benjamin Wallace, quien solamente narraba magistralmente los hechos. Los negocios con Hardy Rodenstock, aunque Broadbent los hiciese con toda la inocencia y buena fe del mundo, al final lo embarraron. Y el embarre, tristemente siempre e injustamente a veces, trae su factura.
Michael Broadbent es posible que se dejara llevar por el entusiasmo cuando lo de las “Botellas Jefferson”. Es posible que fuese engañado en un timo elaboradísimo. Uno puede especular en cualquier dirección. Para mí la lección que queda es que en la cultureta del vino, esta fulgurante hoguera de vanidades, aspiraciones sociales, chulería, cogebobos y mentecatez, hay que andar muy al loro. La ingenuidad y su prima la credulidad son mala compañía en este medio, especialmente para el amante honesto del vino. Hemos llegado a un punto en el que más vale, para que no le pase a uno lo que a Michael Broadbent con Hardy Rodenstock (por poner sólo uno de montones de ejemplos posibles), no fiarse de nada ni nadie hasta verificar exactamente de que va.
¿El futuro del vino? Ni idea. Pero el pasado reciente y el presente son un asquito. Cada día surge un fraude nuevo, se levanta una nueva nube de especulación y sospecha sobre tal o cual escarceo o choriceo. Los medios especializados en este tema que tanto nos apasiona parecen todos estar vendidos al mejor postor. A los que no estamos aquí siguiendo ninguna frívola moda, ni pretendiendo lucrarnos, ni buscando nada más que no sea el disfrute profundo de una cultura rica y milenaria, todo esto nos parte el alma.
Lo que me lleva al tema que tanto tiempo nos ha estado ocupando en recientes semanas. Sí, ha sido responsable de un aumento en el tráfico de este blog la cobertura que he dado al “Affaire Campo” y a los tejemanejes en torno a Wine Future Rioja 09. Hay mucha gente fascinada por el asunto, aunque pocos se atreven a derramar sus opiniones sobre él en público. Menos aún son los dispuestos a investigar el caso a fondo, buscando la verdad, sea cual sea. Y algunos te dicen tener evidencia, pero se la guardan “para defender el pellejo y no cerrarse puertas, que la cosa está muy mala”.
Mierda.
Yo ya llevo tiempo con una retahila de preguntas sin respuesta (comenzando por aquella sincera pregunta a Javier Arauz sobre los estudios médicos de Pancho Campo, que sigue sin responder; buscas “Dr. Francisco Campo” en Google y no te sale mucho más que alguna cuasialmodovaresca coincidencia pretérita del nombre, publicada en El País en 1983 con relación a algún anestesiólogo chileno con Mercedes Benz en Barcelona). Llevo tiempo manteniendo toda la ecuanimidad que me es posible, dejando que vaya cayendo la evidencia por sí sola y encendiendo sobre ella la luz que tengo a mi disposición. Pero todo esto parece ser un caso de empeñarse en alumbrar a quienes insisten en andar a oscuras, tenga eso las consecuencias que tenga. Labor quijotesca. Cosa de locos.
Es por eso que he decidido finalmente decir “A otra cosa, mariposa”. Si surge evidencia concreta que inculpe o exculpe a alguien, que me llamen, me la enseñen y entonces comentaré, pero mientras tanto quisiera que estas páginas recobrasen un ritmo menos frenético. Quisiera, fuera de la industria del vino y sus trapicheos (que, dicho sea de paso, rarísimas veces han creado nada que yo remotamente desee beber, pero sí dan mucho de que hablar con lo que pretenden llamar “vino”), encontrar otro ritmo, otro flow.
¿Les conté que la gente detrás de Twitter va a sacar un vino? El vino “Marca Twitter” se elaborará en asociación con Crushpad, una firma vinificadora de San Francisco. Ayer en CNN comentaban que costaría US$20 la botella, una sustancial porción de lo cual irá a beneficio de Room to Read, un fondo de alfabetización infantil. La presentadora del programa añadió, de repente, “Por US$20 deberá ser bueno, ¿no?” Su compañero en cámara se encogió de hombros.
La otra botella aún no está en Twitter. Me basta con esto y con Facebook, la verdad. Pero el diablo son las cosas. Va y un día me tientan. No creo que sea con vino…
Y ya, Final feliz con videito musical de Lambchop, que va muy bien con el discurrir de este viernes: