Archivo diario: octubre 17, 2009

Una reflexión con alvarinho y albariños

Esta nota iba a titularse “De cuatro, uno”, pero luego me lo pensé mejor. Es que va de cuatro vinos de una misma variedad, de los cuales… Bueno, you get the picture.

En realidad, tres de los vinos me dejaron que ni fu ni fa. Clásicos del enotedio donde los haya. Las inmortales palabras de mi mujer definen igualmente a los tres: “No me voy a poner a decir nada malo. No tengo nada malo que decir. Pero tampoco tengo nada bueno.”

Tres albariños comprados localmente en Santo Domingo. Tres vinos técnicamente correctísimos, estériles, anónimamente refrescantes, con el mínimo imaginable de aquella distintividad de la que les hablaba el otro día. Los comparo con un Santa Rita, Sauvignon Blanc “120″ que utilicé anoche en un risotto de langosta y chanterelles y sale ganando el Santa Rita en virtud de costar entre la mitad y una tercera parte de lo que tee piden aquí por esos tres albariños.

Esperen, que luego les digo cuales son. Pero antes hay que pensar en lo caro que sale aburrirse en la cultureta actual del vino. Aún en el menos hiperinflado de los mercados de exportación del albariño gallego, los vinos tienden a tener como precio mínimo aproximadamente US$16-20, sean de productores relativamente pequeños o conglomerados industriales. Con los precios comenzando a ese nivel, uno esperaría algo de auténtico, de bonito, de especial. Pero…

Tomemos el caso, por ejemplo, del Pazo Pondal, Albariño, Rías Baixas 2007. O no lo tomemos, porque no hay mucho de que asirse. La nota de cata es minimalista: Cítricomanzanita y otra fruta de identidad indefinida que quisiera parecerse a melocotón blanco, pero… Suave y ligero. Inocuo.

La misma nota de cata aplica a un Pazo Pondal, Albariño “Leira”, Rías Baixas 2007. Literalmente. En mi libreta se repiten casi exactamente las palabras sobre ambos vinos, consumidos el primero a varios días del segundo. Ninguno de los dos ofende en lo absoluto a la nariz o paladar. Aunque, cuando te das cuenta de que estas botellas de nada blanca te costaron US$20 cada una, el mosqueo conjunto de la billetera y el cerebro está casi garantizado.

Por cierto, este “Leira” lo había visto de añadas anteriores en la tienda del importador con una pegatina circular que decía que había ganado “90 puntos” de Parker. El 2007 no la tiene.

El tercer gallego fue un Fillaboa, Albariño, Rías Baixas 2007. En este espacio he declarado en unas cuantas ocasiones que el “Selección Finca Monte Alto” de Fillaboa es lo más cercano a un albariño decente que puede uno comprar en Santo Domingo. Su “hermanito” más “básico” es, pensando en lo dicho sobre aquel, un desencanto. Cítricos y un toquecito tropical que recuerda esa frutita medio prima del litchi que se llama quenepa en Puerto Rico, limoncillo en Santo Domingo y mamoncillo (mi versión favorita) en Cuba. Hay sutil salinidad. Pero el efecto total, aunque carilimpio,  es plano, sin dimensionalidad ni largo. Aquí la falta de excitación es más grave, pues el precio sobrepasa los US$27.

Me gustaría no descartar que esta insulsez sea cosa de la añada. Aún entre lo que he probado de algunos productores favoritos de albariño (Do Ferreiro, Palacio de Fefiñanes), los vinos me parecieron menos que completamente convincentes. Sin embargo, no sé… Sospecho que en el caso de estos tres la elaboración también tiene lo suyo que ver. Me asaltan muchas preguntas. ¿A estos precios, no deberían estos vinos dar más que lo que te da cualquier blanquito industrial? ¿Acaso la “perfección técnica” elimina las señas distintivas y nos deja en esto? ¿Cómo diablos puede eso ser deseable? Y en estos tiempos de crisis económica, ¿cómo se les quedará el mercado?

Yo siempre tiendo a pensar en lo que me da el vino de suyo, de realmente único, de intelectualmente estimulante. Un vino—particularmente un vino que compro por encima de los US$20—necesita ser mucho más que un lavagaznates correcto para ganarse mi estima. Estos tienen problemas en ese aspecto.

Llego a otro par de preguntas clave: Y si esto es la única experiencia de albariño que tiene un enoneófito, ¿volverá? Además, porque recuerdo claramente haber recomendado a los principales importadores en Santo Domingo bodegas con albariños infinitamente más originales y expresivos que estos, ¿qué será lo que motiva a tener el portafolio lleno de vinos tan idénticos? ¿No les excita la diversidad?

Pero bueno, para sacarme del tedio me fui a la neverita de emergencia, la que contiene los vinos importados a mano por mí. Saqué una botella del Quinta do Feital, “Dorado” Alvarinho Superior, Subregião de Moncão, Vinho Verde 2005.

Quienes llevan un tiempecito conociéndome saben que me he manifestado como  fan de la labor vitivinícola de Marcial Dorado, un gallego transplantado al otro lado del Miño que hace este blanco maravilloso con sus vides viejas. O bueno, no me queda claro si lo seguirá haciendo. Recientemente alguien llamó mi atención a una noticia de Europa Press que implicaba a los Dorado y a Quinta do Feital en actividades de narcotráfico. Es que les digo que ni entre los que uno cree como “buenos…” Hay un dichito dominicano muy aplicable: “De debajo de cualquier yagua vieja te sale tremendo alacrán.”

Tal parecería que no voy a poder volver a escribir una entrada de este blog sin anexos policiales. En este caso, ungran vino se ve embarrado de chorizo. Pero bueno, no deja de ser un gran vino…

Al salir al mercado hace un par de años, este Dorado era un alvarinho bastante angular, muy centrado en su mineralidad y con acidez cortante. Ha adquirido amplitud con el paso del tiempo. Bellos aromas de toronja blanca, jengibre, té verde, lirio, jazmín y mirabelle con un fondo de mineralidad blanca que parecería pulsante. Lo mismo en boca. Vibrantes cítricos sobre mineralidad profunda con una cierta carnosidad de cereza blanca que resulta muy rieslinguesca. Posgusto largo y complejo, especiado y mineral, muy textural.

Pude ver, por el precio que aún llevaba sobre la cápsula, que la botella me costó poquito más de US$20 en una tienda de Puerto Rico. Así pos sí. Qué pena de gran vino a buen precio. Esa conexión con el narco hace que no pueda menos que verlo con otros ojos.

Y ahora, para acabar como me gusta acabar, Frankel con la pista titular de un disco que estoy poniendo mucho aquí, Anonymity Is the New Fame: