La otra botella

Alguna noción sobre lo que pide mi mercado (personal)

Octubre 27, 2009 · 15 comentarios

Desde hace un año y medio vivo en la República Dominicana. Vine aquí, como saben quienes me conocen un poquito, desde Nueva York. Nueva York: Epicentro del consumo vínico, donde hay absolutamente de todo, por más “esotérico” que sea, y absolutamente todo encuentra demanda. Yo crecí en Santo Domingo. Aquí viví entre los 7 y los 18 años, cuando me marché a estudiar en Estados Unidos. En el tiempo transcurrido entre aquella partida al extranjero y ahora se ha desarrollado lo que cariñosamente llamo mi “enomanización”. Una inmensa parte de mi educación, pragmática y sentimental, la compusieron la gastronomía y el vino. Casi un cuarto de siglo se ha ido volando y yo he visto muchas cosas, a nivel personal y a nivel de los diversos mundos que me apasionan, particularmente el del vino.

No ha sido fácil la adaptación a Santo Domingo. Digamos que vine “dañado” por la hiperdisponibilidad en Manhattan de todo lo que se me antojase. Aquí he tenido que “relajar” un poco mis estándares en cuanto a vino: He bebido cosas que hace dos años ni remotamente hubiese considerado tocar, he revisado mi presupuesto, he aprendido a encontrar algún placer aún cuando tengo objeciones éticas y estéticas a algo–quizás placer dentro de las mismas objeciones… No estoy seguro de que esto me haya hecho una mejor persona. De hecho, quizás me esté perjudicando, minando poquito a poco mis facultades críticas y haciéndome olvidar lo que antes tenía claro.

Disculpen ustedes. Que me pongo un tanto sentimental. Un tanto deprimente. Y otro incomprensible.

La cuestión es que no ha sido fácil. Pero creo que contemplar el presente y el futuro d la cultureta actual del vino y, más importante, de la verdadera cultura del vino, desde este microcosmos caribeño me ha ver ángulos que antes hubiesen pasado desapercibidos en esto del vino. No deja de sorprenderme que en este país en que ahora habito haya la cantidad de vinos que hay. Si bien la mayoría proviene de un relativo puñado de entidades corporativas grandes (ojo, no me tomen lo de “entidades corporativas grandes” literlamente, hablo lo mismo de Concha y Toro o Kendall-Jackson que de una semimaginaria “Ribera del Duero, Inc” p “Albariñokaslimón International Corporation”). Que hasta aquí se haya extendido la cultureta, o sea, la moda global del vino es testimonio del poder de la cosa. Arqueo la ceja derecha cada vez que veo como reclamo comercial de algún “nuevo” producto vínico argentino los puntos de Robert Parker, el Wine Spectator o el Wine Enthusiast, ese esperanto espeluznante de la cultureta. Y sin embargo también me digo a mí mismo burlonamente: “¡Hay que joderse!”

Claro, estos enoproductos corporativos siguen siéndome tan repelentes como lo han sido siempre. La vasta mayoría tiene muy poco que ver con lo que verdaderamente disfruto en un vino: Elaboración natural, compatibilidad con una buena comida, honestidad y transparencia a su terruño, capacidad de ser refrescantes y de invitarlo a uno al próximo trago, capacidad de estimular mi intelecto más allá del más simple agrado o el más directo asco… Pero la presencia de estos facsímiles de vino aquí me hace pensar en otras posibilidades. E incluso en otras realidades.

He tenido la suerte de encontrarme un par de mportadores pequeñitos en Santo Domingo que tienen portafolios en los que aparece alguna que otra semblanza de vino de verdad. Intentando apoyarlos, les compro frecuentemente y los recomiendo a amigos y conocidos. Invariablemente, paladares acostumbrados a chilenitos químicos y riberones tabloneros tienen una revelación ante algún lagrein del Südtirol o un barberita piemontés que, sin ser tan-tan, sin embargo provocan a beber de una forma para muchos aquí otrora desconocida.

Lo que me lleva a una pregunta crucial para el futuro del vino, ya que tanto hablamos de eso últimamente: ¿Será que la expansión global del vino sólo puede ser lograda eficientemente en los mentecatificantes términos de la cultureta, o existirá una manera de expandir el alcance global del vino de verdad?

Estoy consciente de que es antitético a la naturaleza del vino artesanal el querer que exista a escala suficiente para cubrir el mundo entero. Una de las peores patologías de la cultureta actual del vino es que promueve un deseo en el entusiasta de “haberlo probado todo”, un imposible a nivel mundial aún con el vino de mayor producción. Anda por ahí el comentario mordaz de que en Las Vegas cada año se consume más Château Pétrus del 82 que lo que jamás fuese producido de esa añada en esa dirección. Extrapolen ustedes a su gusto.

Se habla mucho de “conquistar mercados” (adjuntar gentilicio que más les guste) y del “consumidor” en el abstracto, pensando en números mucho más que en individuos o grupos de individuos consumiendo vino, creando fidelidad al vino. Se habla de “conquistar” mercados y se apela a consignas del tipo “la unión hace la fuerza”, aunque dicha unión luego se compruebe que no es en el interés de quien en un principio se creía. Y tenemos lo que tenemos. Les ruego la paciencia para tirarnos un videoclip (disculpen, queridos amigos, que no pueda insertarlo, pero Vimeo no es tan generoso como YouTube para esos menesteres, así que hay que ir al sitio) muy ilustrativo de ciertas patologías de la cultureta actual del vino. Es un video que propone “soluciones” especiosas, basadas en un modelo bastante paternalista-proxenetista de las cosas, a decir verdad. Y ya sabemos como acaban las pobres putas que no traen al chulo el billete esperado… Pero quizás me queda un poco exagerada esa imagen. Lo dejo a juicio de ustedes.

No que en ese video sea todo desperdicio. Muy bien está lo de hacer un esfuerzo comunitario para sacar a flote una comarca, una denominación, un país productor, incluso. Pero ya es hora de comenzar a darse cuenta de que ciertos modelos están un poquito gastados. “Consolidad marcas” en el portafolio de un megaimportador sólo rinde beneficios para el pequeño elaborador de vino hasta un punto. Y el sacrificio en cuanto a las idiosincrasias de la tierra y el elaborador mismo pueden ser grandes. Muy grandes. “Acuérdate del alma dijo el gordo vendedor de carne”, iba una canción del gran Sabina. Eso.

La internet del vino ha tenido un efecto muy salutario en la medida en que ha abierto la posibilidad de disentir de los gurús, los hacedores de gusto, los marketeros y tantos otros entes prepotentes y deprimentes de la cultureta. Cada día surgen blogs como setas después de un incendio. Se hacen contactos entre individuos que discuten sobre aquello de que supuestamente no se discutía, sus gustos, que establecen micromercados a los que elaboradores, importadores y otros comerciantes del vino pueden y deben apelar, sin tanto mediador, sin tanto filtro, sin tanta dictadura.Cada quien ha de evaluar, siendo profunda e implacablemente realista, lo que le conviene.

A propósito de nada y todo, un par de notas de un vinito sabroso que compré y bebí aquí en Santo Domingo recientemente. Uno de esos importadores pequeños  de los que les hablaba más arriba trae cositas interesantes (si bien no de productores tan artesanales como quisiera yo, en la muchos casos). Lo que le compro queda testimoniado por la cantidad de etiquetas italianas que aparecen retratadas en estas páginas. Vinos de diversos puntos de Italia se han vuelto la opción para aquellos en este pequeño mercado participante en la dinámica global que necesitamos salirnos un poco del mismismo riberesco-napachilenista.

Es casi cómico: Aquí decir “vino español”, por ejemplo,  es decir una tremenda cantidad de vinos perfectamente intercambiables, comprados “en paquete” a megabodegas multirregionales. O a bodegas que aspirarían a serlo y siguen el modelo “trajeado” del “wine business”. Hay sus honrosas excepciones, pero no muchas. Si uno busca algo de originalidad y autenticidad, hay que inclinarse a italianos. Irónico, ¿no? Antigua colonia española, donde el castellano tiene ventaja implícita por herencia y por pura conveniencia. Y sin embargo…

En fin, que una botellita del Nino Negri, Rosso di Valtellina DOC 2007 me pareció un soplo de aire fresco. Color fresa-granate transparente, brillante. Aromas de hojas secas, azúcar prieta, fresa, cereza y ciruela frescas y humo. Limpio, sencillo y alegre, con muy buena persistencia en un posgusto de acidez viva que me recuerda a naranja rubí. La cuvée es de nebbiolo, prugnola, rossola y pignola, envejecida en inox y en roble de formato grande. Un tintito de buen precio, ideal para una tarde tropical desenfadada con amigos. No es para tirar cohetes ni tampoco algo que pondría yo como ejemplo irrefutable de mis ideales vínicos, pero en realidad no es que la cosa aquí esté para ponerse demasiado exigentes en cuanto a motivos de alegría. Uno al que recurriré de nuevo en el futuro, conociéndome.

¿Tengo que decirles que esto es una metalección en los orígenes de la demanda?

He intentado hacer hoy una de esas entradas nutritivas. Me voy a Nueva York mañana temprano y lo único que publicaré en los próximos seis o siete días será esto y la encuesta de la semana mañana. Les dejo hoy con música. Una de The Faint, cuyo título, con suerte, será lo que los libros de historia dirán sobre nosotros…


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15 respuestas hasta el momento ↓

  • Alguna noción sobre lo que pide mi mercado (personal) « La otra … - Sobre Vinos // Octubre 27, 2009 a 2:33 pm

    [...] No deja de sorprenderme que en este país en que ahora habito haya la cantidad de vinos que hay. Si bien la mayoría proviene de un relativo puñado de entidades corporativas grandes (ojo, no me tomen lo de “entidades corporativas grandes” … Original post:  Alguna noción sobre lo que pide mi mercado (personal) « La otra … [...]

  • javier // Octubre 27, 2009 a 3:32 pm

    Sr. Camblor, usted me debe 9 minutos y 18 segundos de mi vida. No sé si alguna vez lo podré perdonar. De aquí en adelante por favor tratémosnos de Usted. No quiero ni pensar cómo me sentiría si hubiera viajado y pagado quichicientos Euros para asistir a esa conferencia vínica que revela las oportunidades que tiena la industria vitivinícola (Española).
    Es muy preocupante ver en qué manos está algún sector de la industria (sic) vitivinícola. Y nosotros estamos más fritos aún si la industria les hace caso.

  • Manuel Camblor // Octubre 27, 2009 a 4:25 pm

    Estimado Sr. Márquez,

    En La Otra Botella, la satisfacción de nuestros clientes es lo primero. Aunque nos resulta imposible reponerle exactamente los mismos nueve minutos y diecocho segundos invertidos por Vd. en el videoclip arriba presentado, podemos ofrecerle un crédito de tienda a redimirse en los próximos nueve minutos y dieciocho segundos. Si se pasa usted por aquí le brindaremos además un amigable cafecito y unas magdalenas cojonudas. Porque en lo del mejor tiempo perdido, nadie nos supera.

    Ahora, fuera de bromas y entrando en ellas: ¿No está buenísimo lo del Pancho trajeado con la cabeza entre las sombras? Ni mandado a hacer… :-)

  • javier // Octubre 27, 2009 a 5:15 pm

    Yo estoy por entrar en el negocio del vino, así que me anoté lo siguiente
    1. Conocen a Nadal, Bardén, P.Cruz y los toros? Efectivamente, significa que nuestros vinos están de moda. Así que pues…aprovechemos y vendámosle a EUA lo que sea.
    2. Y atenti, lo que sea, que sea barato, y de buena relación calidad precio. Se los digo porque mi mujer es Norteamericana, y de esto sabe (Y por ende, yo sé también)
    3. En esta crisis varios se van a quedar en el camino, así que hagan sus deberes. Idealmente fusionarse y ser grande. A no ser que uno sea un productor que produce vinos de calidad. A esos productores NO está dirigido este mensaje. Este mensaje es para los otros productores, los que NO producen vino de calidad. Prestar atención.
    4. Donde haya tapas, que haya vinos. Paren las rotativas, que hemos reinventado la rueda.
    5. Los 100 puntos Parker son una bendición y le debemos agradecer día y noche. Entregarle nuestro primogénito sería encomiable. A falta de hijo, 100 mil Euros lo resuelve.

    Acepto las disculpas, el cafecito y las magdalenas. Mientras tanto voy tomando el tecito de hierbas para el dolor de estómago.

  • Manuel Camblor // Octubre 27, 2009 a 5:26 pm

    Hombre, por lo menos el videito musical estaba bueno, Javier, ¿no? Y breve.

    Lo de “una bodega pequeñita como Opus One” no tiene precio. Estas cosas hay que verlas por el lado de comedia. Si te imaginas muchas de estas cosas dichas por Dr. Evil en la próxima de Austin Powers, a que te ríes un montón.

    M.

  • Gerry Dawes // Octubre 27, 2009 a 5:33 pm

    !Que cabrones sois! Por mi cuenta me da mucha alegria que voy a poder beber una copita de vino de 100 puntos de Parker con mi hamburgesa en Burger King. !Esnobs!

  • Manuel Camblor // Octubre 27, 2009 a 5:35 pm

    No creas, que no es mala idea… Yo no entro en un Burger King desde hace como veinticinco años (la última vez que lo hice fue para ir al baño). Sería un buen repositorio para ese tipo de producto.

    M.

  • Olaf // Octubre 28, 2009 a 6:48 am

    Por fin escucho al Campos este. ¿Para decir esas cosillas hace falta ser el master of wine? Es que me ha parecido un discurso sumamente infantilón. Y de vino… como que ha hablado poco. Pero al menos reconoce algo, los eventos se crean para promocionar el los vinos de los amigos o los vinos propios.
    Saludos

    Olaf

  • Manuel Camblor // Octubre 28, 2009 a 8:51 am

    Recuerda, Olaf: El curso se llama “Vino para mentecatos”.

  • regaliz // Octubre 29, 2009 a 6:21 am

    Creo que se preguntó alguna vez qué había sido de Torroxal, pues el martes me encontré en un stand de un Salón de Vinos aquí en Málaga a Valmiñor y fuí directo al tajo. Torroxal tenía 24 hectáreas únicamente de uva tinta, de las cuales han dejado 14 de Brancellao, Souson y Caiño Tinto, y han cogido 10 y las han reinjertado con Loureiro. Con las 14 que han dejado han sacado un rosado de Souson y Brancellao y un tinto de Caiño Tinto. Y con las 10 reinjertadas quieren sacar algo parecido a Dávila L-100, que es Loureiro 100%. Lo que sí nos dejó claro en todo momento es que habían dado un giro de 180º a todo lo que se estaba haciendo anteriormente…..

  • German // Noviembre 3, 2009 a 4:01 pm

    Vimeo si deja insertar videos… En este caso:
    Pancho Campo’s Wine Future presentation (in Spanish), pt 2 from Zev Robinson on Vimeo.

  • Manuel Camblor // Noviembre 4, 2009 a 7:03 am

    HOla Germán,

    Uno puede insertar enlace a video, obviamente, pero al menos a mí no me permitió hacer embedding. Quizás el editor de WordPress no reconoció el código o algo por el estilo. No sé. Pero me hubiera gustado tener la pantallita, que invita más a ver cuando te sale en el texto.

    M.

  • German // Noviembre 4, 2009 a 11:19 am

    Perdona Manuel, no puse comillas (tienes que quitarlas) y aparece ese link que ves. A mi con WordPress no me da ningún problema. Has probado con lo que te adjunto a continuación?? “Pancho Campo’s Wine Future presentation (in Spanish), pt 2 from Zev Robinson on Vimeo.”

  • German // Noviembre 4, 2009 a 11:22 am

    Ni caso… al ponerlo como comentario me transforma el código en un link….

  • Observatorio de vino » Naturala Vinis 2: lo que hay y lo que falta // Noviembre 16, 2009 a 8:33 am

    [...] Desde aquí lo que falta: pongámonos en el pellejo de las más de 200 personas que pasaron por Naturala Vinis y de los que no vinieron pero se enterarán porque los amigos se lo van a contar. ¿Qué oportunidad tienen de comprar estos vinos que alimentan su sed? Por ahí pasaron amantes del vino que viven repartidos en los cuatro puntos cardinales de Barcelona y créanme era difícil por no decir imposible comprar alguna botella en medio de la bacanal. No había el espacio de tranquilidad que hace falta para hacer una buena compra. Cada uno vuelve a su casa sintiéndose bien, habiendo descubierto vinos y viticultores, habiendo compartido la alegría y la sed de beber y por lo tanto abriendo un espacio espiritual y monetario para comenzar a crear una cierta bodeguita con estos vinos. ¿En dónde comprarlos? Pues si no estás por Gràcia estás rematadamente frito. No hay otro lugar en toda la ciudad en donde encontrarlos. Tengo la sensación que la oferta de estos vinos está dispersa, difuminada entre algunos pocos restaurantes y algunas tiendas y en muy bajas cantidades en cada sitio, lo que puede hacer que mientras que el viticultor siente que vende lo poco que hace y de aquella manera se va pagando las cuentas, su vino, su marca y su esfuerzo se pierden en los océanos de vino de todo tipo que aparecen en las cartas de los restaurantes y en las estanterías de las tiendas, en general sin mucha posibilidad de establecer una conversación con el consumidor. [...]

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