Archivo mensual: noviembre 2009

De como un libro bueno se convierte en uno malo…

Hagan el favor, amigos y amigas, de verificar que sus cinturones de seguridad estén debidamente abrochados. Además, si encuentran algo de que agarrarse, agárrense. Estamos a punto de dar un giro de 180 grados que puede que no siente nada bien a los de ideas fijas y estómago delicado.

Les voy a hablar de un libro. Es un libro del que he hablado antes. De hecho, es un libro que mereció el Premio El Botellazo ™ 2007 al “Libro del Año”, por no decir nada de un montón de loas adicionales. Lo que tengo que decir es definitivamente conflictivo. De hecho, jode lo suyo. Ese libro que en el 2007 era tan excelente, tan original y provocador, ahora es…

Una plasta.

Pero antes de pasar a la turbulencia, recordemos aquel momento hace dos años, cuando Le goût et le pouvoir, de Jonathan Nossiter, me tenía cautivado. Dije…

Pues volvamos al presente. Hace poco menos de un mes apareció un libro en inglés de Jonathan Nossiter titulado Liquid Memory: Why Wine Matters. Ha recibido un buen número de reseñas negativas y algunas positivas. La más notoria entre las negativas fue de Mike Steinberger en Slate.com. El bueno de Mike levanta objeciones contra el tono del libro (“pretencioso”, “seudointelectualoide” y otras cosas así se lo encuentra), la politización polarista que hace Nossiter y un determinado medalaganismo en cuanto a quien considera Nossiter  “bueno” o no. Aunque no comparto enteramente los problemas de “tono” o de referencias cinematográfico-literario-filosóficas esotéricas (recordemos, yo fuí académico especializado en teoría cultural y, encima, un cinéfilo de cuidado en mi tiempo; eso te marca de por vida y tiendes a disfrutar todo tipo de cosas), en general estoy de acuerdo con Mike.

Mucho más sosegado, pero no menos devastador en su crítica es Eric Asimov, en su siempre magnífico blog para el New York Times. Asimov se concentra en los inmensos problemas que presenta la visión maníquea de Nossiter del mundo del vino. Sombreros blancos versus sombreros negros, opresores versus oprimidos, etc., dejando Nossiter perderse todo tipo de sutilezas históricas, sociales, políticas, etc.

Las críticas de Steinberger y Asimov ambas me parecen muy acertadas. Sin embargo, solamente rozan el problema más serio de Jonathan Nossiter y Liquid Memory.

Habiendo leido y releido Liquid Memory un par de veces antes de sentarme a escribir esta reseña, puedo anunciarles que el lío se ve ya desde la página del ISBN. Pone:  ”Originalmente publicado de forma diferente por Bernard Grasset, París, como Le goût et le pouvoir“.  Una noticia legal “inocente” parece. Pero encierra algo que pica, que da vergüenza. Este libro es meramente una traducción al inglés de Le goût et le pouvoir, con alguno que otro pasaje autopromocional añadido por Nossiter en preparación para el lanzamiento del estuche de diez DVDs de Mondovino. O bueno, va y me equivoco y no es promoción de eso, sino que a Jonathan Nossiter le gusta mucho repetir los pormenores de su CV para beneficio del universo.

Esto de publicar una traducción dos años después del original no debería suscitar quejas mayores. Pero cuando se convierte en una marca del desfase del autor y solamente sirve para minar unos argumentos otrora convincentes, pues, otro gallo nos canta.

A ver si me explico.

Vivimos en un mundo donde la información fluye y se transforma  a velocidad tremebunda. La increible facilidad de transmitir datos y opiniones motiva en la gente una sed constante de más, más, más (ojo, hablo de cantidad estrictamente, la calidad siendo otros veinte pesos…) Esa sed llega a permitir la coexistencia en un mismo espacio de ideas otrora mutuamente exclusionarias. Los que tenemos suerte y un poquito de apertura mental ahora podemos ver, como resultado de dicha coexistencia de ideas adversarias, muchos matices que antes, en un mundo ideológicamente polarizado, éramos incapaces de apreciar. Y así nos hemos ido enrriqueciendo.

Además, la sed de marras también motiva a opinar a gente que en otro momento se quedaba calladita. Eso resulta en nuevas maneras de ver las cosas, inesperados cuestionamientos del poder y la autoridad. De repente, no solamente es imposible para el emperador transitar encueros por la vía pública, sino que tienes un montón de opiniones profesionales en cuanto a posibles sicopatologías causantes de su situación y prospectos sartoriales para solucionarla. Y si no que se lo cuenten a Robert M. Parker, Jr. Porque no creo que hayamos olvidado aún el rol de Dr. Vino y del propio Mike Steinberger en sacar a la luz ciertas cosillas que han dejado bastante maltrecha la credibilidad del comunicador sobre garnacha aragonesa más influyente del mundo.

En resumidas cuentas, que esta versión inglesa del libro de Jonathan Nossiter, explicando los mismos principios y narrando las mismas batallitas que narraba el libro en francés del 2007 como que se siente… No sé… ¿Anacronístico? ¿Divorciadillo de la realidad?

Hablar de una lucha contra el poder absoluto, de un “público” irremediablemente subyugado por fuerzas siniestras, de una “conspiración masónico-mafiosa” para embrutecer a la gente a base de un lenguaje del vino infantilizado me parece, a estas alturas, ridículo. Alguien debe explicarle a Nossiter que la maldad del día a día, aquella “banal” que explicaba Hannah Arendt, es mucho más perniciosa que la de Darth Vader. Los némesis que presenta en Liquid Memory–Parker, mi antiguo amigo Víctor de la Serna, etc.–no horripilan tanto como hace dos años. Además, los terroiristas heroicos que presenta siguen siendo los mismos de Le goût et le pouvoir y, francamente, resultan ya hasta un poquito establishment y finolis. Si me vas a hablar de actividad subersiva en defensa de la memoria histórica, la naturaleza y el vino de verdad, háblame de una nueva generación que anda por ahí haciendo cosas bonitas. Ellos saben quienes son. Yo los vivo nombrando en estas páginas. Pero, ¿Dominique Lafon? ¡No jooooooooodaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas!

O sea que ahí está: Lo que me molesta de Liquid Memory es que Nossiter ni siquera se molestase en considerar que en dos años las cosas pueden cambiar mucho y la pugna que él vió una vez en blanco y negro ahora incorporar otras tonalidades. Puedo estar de acuerdo a un nivel básico con muchas de las ideas que expone el Liquid Memory, tal y como lo estaba cuando las leí en Le goût et le pouvoir. Pero no por ello voy a perdonar la chambonería que representa venderle a uno el mismo panfletillo político de antes de la revolución cuando ya la revolución hace rato que comenzó y las líneas de pelea son distintas.

Bueno, va y es que Nossiter, entre tanto andar detrás de Charlotte Rampling o recordando comidas de hace cuatro años, ya no tiene acceso a la internet del vino, no ha visto nada de lo que pasa. Todo es posible.

Ya puestos, les diré alguito más que me molestó de este Liquid Memory: Jonathan Nossiter es de los que usa “varietal” como sustantivo para designar una variedad de uva. ¡Urgh! O como diría mi hijita Sabina: ¡Wákala! Además, aquella biógrafa de Robert Parker que escribió The Emperor of Wine, que sale citada en Liquid Memory como “Ellen McCoy” se llama Elin McCoy. Un cineasta meticuloso no dejaría pasar un error así en una cinta. Espero el mismo cuidado de un escritor y sus editores…

Pero espérense, que me voy en minucias y quería concluir con cosas más graves, más importantes. Nossiter dedica buen rato a discutir la “conspiración masónico-mafiosa” para la mentecatización del consumidor a base de un lenguaje del vino infantilista, usado notoriamente en la rimbombantemente ridícula antiprosa de su archienemigo, Robert M. Parker, Jr. Mi respuesta a Mr. Nossiter es que se deje de tonterías, que ese lenguaje tontificado no tiene tanto de siniestro. Parker, en el mejor y el peor de los casos, dió con una veta intocada de imbecilidad humana y supo hacerse rico explotándola. Otros siguieron su ejemplo y también. Lo peor que tiene el marketing es que funciona y, cuando funciona, tiende a probar lo cretina que puede ser la raza humana. Deje ustedquietosa los masones, que no le han hecho nada. Bueno, y con la mafia se mete si le da la gana, pero no diga que no le advertimos.

Aunque el Botellazo™ otorgado en el 2007 a Le goût et le pouvoir se queda como está, no puedo evitar sentir una cierta incomodidad ante mi propia falta de previsión. Unos argumentos que sonaban subversivos, atrevidamente bellos y cortantes hace dos años ahora no se paran ni con Viagra™. Liquid Memory recicla un documento de protesta sin refrescarlo, sin ponerlo al día. Aquellos momentos más elocuentes de Nossiter, vistos con la óptica actual, se leen más como berrinche de abuelo que vitupera a un enemigo de guerras pasadas. Las viejas vendettas me dan vergüenza ajena y Nossiter  cae, visto para sentencia, entre lo patético y lo cómico, pero con la balanza inclinándose más hacia lo primero. Da cosas ser quien tenga que decirle al vejete que cambie el chip, que ya Hitler y Franco murieron, no hay Unión Soviética y Parker no es tan infalible ni divino como se le pensaba.

No obstante, creo que mejor cierro con un párrafo que suvrayé casi al final de Liquid Memory, que quizás hubiese sido el principio del libro que yo esperaba leer. Escribe Nossiter:

El malcaracterizado “vino moderno” es justamente ese tipo de portal ["hacia el fin de miles de años de civilización comunal"], desde su versión española de alta expresión hasta la variante francesa del burdeos californizado, pasando por su encarnación argentina a 16% de alcohol. Es una construcción que pregunta únicamente: ¿Qué puede gustarme sin tener que pensar y qué quiero yo ahora mismo?” Esto donde un vino de terroir te requiere maravillarte ante él–y sobre ti mismo. “¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Qué puede narrarse de una tierra, de la historia, de la naturaleza?” Aquellos que abogan por el mítico “mercado libre” y por vino u otra expresión cultural como ex nihilo son narcisistas. La defensa de vinos mayores que el yo, de vinos de terroir es la expresión de un gusto adulto comunal. La otra es infantil. (p. 231, mi traducción)

¿Verdad que hubiese dado un excelente punto de partida para una discusión seria sobre la importancia de la comunidad y la memoria histórica? Porque eso debió ser Liquid Memory. Una pena.

Cositas y cosotas; 27.11.2009

Lo primero es lo primero. Lyle Fass, que siempre está a la vanguardia de todo, me llevó el otro día a descubrir el futuro de la divulgación y  crítica de vinos. Olvídense de Parker y el Wine Spectator. ¿Gary Vaynerchuk? ¡Eso está tan passé! Les presento, amigos y amigas, a la nueva ola, el último batacazo que darse contra el árbol de la sabiduría, el… Bueno, les presento a Sadat X:

Figura principal de Brand Nubian, una excelente banda de hip hop de los noventas, Sadat X ha hecho una de las labores de reciclaje profesional más brillantes que jamás he visto. Lo veo y me identifico a un nivel visceral.

Hagan reverencia ante el porvenir.He recibido noticias de que se está negociando un contrato con Gerry Dawes para servir como cicerone de Sadat X durante una primera triunfal gira por España.

Esta y más imágenes del profundo recuerdo enochalado viven ahora en las galerías de la página de La Otra Botella en Facebook.

En un orden de ideas relacionado, pues fue allí donde me enteré de este nuevo proyecto de Sadat X, ahora la página de La otra botella en Facebook tiene una nueva dirección abreviada, fácil de recordar y sin tanto numerito confuso. Es http://www.facebook.com/laotrabotella. Si me leen aquí y no se han hecho fans allá, no sé a qué esperan. Está muy sabrosa la página, con mucha interacción desde todas partes del mundo, mucho contenido nuevo que no aparece aquí, musiquitas y otras cositas. Les espero por allá.

Tirando para temáticas más aburridonas y en un cegador encontronazo con lo obvio, en su reporte anual sobre el estado de la industria del vino, el Silicon Valley Bank exhortó a “una nueva normalidad de reducido poder adquisitivo entre los mismos consumidores que han motivado el reciente crecimiento del mercado.” El nuevo “tope” de precio sugerido por el reporte es de US$50 por botella.

Daría que pensar si no llevásemos tanto tiempo discutiendo sobre eso ya. Y creo que el consejo va igual por la industria norteamericana del vino que por la europea. Es más, de aquel lado del charco debieran hacer más caso, porque con el euro tan poderoso que tienen y la cosa como está, la gente no está tan en las de tirar para arriba la plata.

Aparte de esto, no tengo mucho más que comentarles este viernes. A veces la vida se porta así.

Aunque Brand Nubian, el grupo de Sadat X tuvo lo suyo de controvertido en su tiempo y aún no les perdono unas cuantas letras, The True Wine Connoisseur me hace dar otra oportunidad y pongo una cancioncita de ellos a sonar. Funky. De tiempos en que el hip hop me ponía las venas a zumbar…

Otras voces: La encuesta de la semana

Uno inicia un blog por cualquier número de razones bastante dudosas, Si el blog tiene como tema central el vino, las razones son más dudosas todavía.

Bloguear, en sí, es una actividad que la mayoría no hace por lucro. No he conocido todavía a nadie que se gane la vida escribiendo un blog. De hecho, si presionas un poquito sale a relucir que, de tener un blog cierto éxito, comienza a invadir la actividad profesional de su autor en la vida real. El hobby enrrolla y luego, pues, ya ves, la productividad sufre en cosas que cuentan.

Quizás es porque yo duermo muy poco. O por mi naturaleza obsesiva. O porque escribo rápido. El asunto es que hasta ahora me ha dado casi perfectamente el tiempo y he podido mantener un cierto equilibrio entre esta actividad , mi trabajo de verdad y la familia. Pero comienza a resultar un poco preocupante algo. De repente no basta con el blog. Ahora tiene uno que tener presencia en Facebook, Twitter y el resto de los medios sociales para así “potenciar” el alcance a X audiencia, blablabla. Todo esto, claro está, en pro de una actividad que no te ha producido nunca ni un centavo. De hecho, los que hacen como yo y compran su propio dominio o hacen “mejoras” saben que sus costillos los tiene.

Pues ayer una conocida mía que es “fan” de este blog en Facebook me decía que no entendía cómo lo hacía y, más importante, cómo iba a seguir, si la cosa seguía creciendo. Me pasaría el día entero tecleando entradas, comentarios, anuncios, encuestas, el diablo y su hermana… Me sugirió que considerase incorporar “otras voces” a este espacio. Yo le dije que muchas voces había, con opiniones muy diversas, en las secciones de comentarios de cada entrega. Pero ella se refería a que fuese más de uno el generador de contenido principal. La otra botella como blog de autoría múltiple.

Fíjense, a mí nunca se me había ocurrido.

Claro, a veces he propuesto a amigos entendidos que escriban una colaboración aquí o allá. Pero nunca había pensado en un compromiso fijo de alguien que quizás pueda tener un estilo y una visión diferentes de mi peculiar manera de acercarme al vino y al mundo.

La pregunta de esta semana es sencilla. Como hay que estar en todas y la cantidad de contenido que uno se ve produciendo asume proporciones que rayan en lo ridículo, va y resulta positivo trabajar en cooperativa. O sea…

Los visitantes 3: Viernes social, con carnitas

Algunas crónicas de veladas con amigos enómanos bien podrían limitarse a las fotos, dejando enteramente redundantes mis textos. Esta bien podría ser una de ésas. O no.

Cuando SFJoe te invita a su casa, si tiens claras tus prioridades lo prudente cancelar lo que tuvieras en agenda y comparecer. Siempre le esperan a uno vinos extraordinarios para acompañar la espectacular cocina de mi amigo, uno de los cocineros no profesionales a los que más admiro.

Pero esta vez la invitación era a probar la cocina de una chef invitada. Joe no cede su cocina a todo el mundo, o sea que algo tremendo tendría que ser. Y resultó que Josefa Concannon, aparte de crear sublimes platillos, es una persona encantadora—de las que te vivifican doblemente, a base de arte culinario y personalidad. Después del jueves más deliciosamente largo de mi vida enochalada, el viernes venía con mucho, mucho de generoso.

Todo fue perfecto, desde los impecables crudités con limón y sal, las salsas y unas carnitas históricas y unos frijoles inolvidables (descubrí la hoja de aguacate como ingrediente para frijoles negros; en mi receta cubana de siempre he usado laurel, pero ha llegado la hora de experimentar, hibridizar, mexicanizar…)  Ah, bueno, y no diré nada del chicharrón. Nunca experimenté tanto placer jugando con mi colesterol.

Las imágenes cuentan la historia mejor que nada. A ellas nos remitiré. Y al final les cuento de los vinos, que fueron muchos y fascinantes.

Josefa hace magia con carne de cerdo mientras Josie y Catherine Roussel observan.

El Bâtard-Montrachet 1992 de Pernot.

Cerdo hecho felicidad. Carnitas.

Josie explica los secretos del éxito de la relación en pareja a la latina mientras João Roseira escucha, absorto.

Vino, mucho vino...

Brad Kane y yo tenemos nuestras diferencias sobre el uso que debe hacerse de la charcuteria.

Pero el Dr. K tiene maneras de conciliar hasta los más divergentes puntos de vista y al final todos felices.

Y más vino...

El primer vino que pruebo de la tierra de mi abuelo, Asturias. Y uno que me hizo cambiar radicalmente de idea sobre Ramos Pinto.

Según progresa la velada, a la cámara se le van olvidando sus puntos de enfoque automático y nada más piensa en vino, olvidándose de inmovilizar a Joe y João. ¿O se estarían desenfocando ellos solitos?

Y ahora, mis apuntes peregrinos sobre los vinos que cayeron…

André-Pierre Brégeon, “Gorgeois”, Muscadet-de-Sèvre-et-Maine Sur Lie 2000: Enloquecedora mineralidad. Te pone a dar vueltas mentales buscando asociaciones para la cantidad de tonalidades minerales que presenta y eso es lo que me cautiva de plano. Entre las notas marinas se cuela algo más oscuro, no sé… Un muscadet compacto, firme, tenso, con buena fruta y excelente estructura.

Quinta do Feital, “Auratus” Alvarinho-Trajadura, Vinho Regional do Minho 2008: Este lo traje yo. Hay que beber lo más posible de Dorado, ahora que—según cuentan por ahí—los problemas con la justicia de Dorado père podrían poner en peligro el futuro de la bodega (que regentea Marcial Dorado, Hijo). Hubiese preferido el alvarinho “insignia” de la casa, pero hubo que apañarse con lo que apareció esa tarde en Crush. Un Auratus jugoso y afrutado, pero con un espinazo mineral-acídico de cuidado. Fresco y limpio, con un posgusto muy textural.

Eminence Road Farm Winery, Chardonnay, Finger Lakes, New York 2008: Un vino elaborado por un querido amigo que un buen día decidió dejar Manhattan y marcharse al campo… Aroma dulce de piña, tomatillo (no era la influencia de la maravillosa salsa verde de Josefa, lo juro), manzana y madreselva. Lo mismo en la boca. Limpio y fresco, con un ligero deje sidresco en el paladar medio. Posgusto larguito, especiado. El Mâconnais en los Finger Lakes, cortesía de Andrew Scott.

M. Barthod, Chambolle-Musigny 1990: Una interrupción tinta en la secuencia de blancos. Suele ocurrir… El aroma parece ,ás de barolo viejo que de Chambolle. De hecho, ya puestos, parece más de barolo viejo estropeado que nada. Caldo de carne y un amasijo de extrañezas térreo-salinas, sin nada en particular que lo saque del hoyo. Este es un vino de Domaine Barthod hecho por el padre de Ghislaine antes de que ésta asumiera el mando en los noventas.

Lauer, Rieslint Untersteinhersch “Ig 312″, Saar 2008: Otra contribuci´øn mía. Es que no he probado suficientes alemanes del 2008 aún… Ancho de hombros y muy primario, pero sugiere tremenda complejidad. Suculento, con albaricoque adornado por notas de fresa, toronja, mandarina y maíz asado (¿serían las tortillas calentitas influyendo sobre mi percepción?). Cítricos profundos en boca, con  sustancial mineralidad. Firme de carnes y fenomenalmente largo, con mucho nervio y agarre.

Paul Pernot, Bâtard-Montrachet Grand Cru 1992: Color dorado intenso en el decantador. Nariz compacta, cremosa, especiada y mineral. Elegante, pero huele a apretado. Flan, azahar, cera, anís y conserva de melocotón de la buena, cardamomo, salvia y varias capas cítricas. Todo está ahí en un vinazo sorprendentemente primario, que apenas comienza a desperezarse para abrirse.

Radikon, “Oslavje”, Venezia0Giulia 2003: Hará ya más de año y medio asistí a una de esas divinas catas del portafolio de Louis/Dressner. Fue en un restaurante del bajo Manhattan donde después cenamos con los vignerons. Recuerdo que éste fue uno de los vinos que se quedó conmigo. Salí al otro día a hacerme con varias botellas. No lo había vuelto a probar desde entonces, me parece. Turbio y anaranjado como para hacer salir corriendo a los tecnologistas del “vino sin fallas”, pero para mí una maravilla. Volatilidad, pera, litchi, flores, cera, salinidad y miel. Ola dulce en la boca, seguida por taninos de grano fino. Cálido, amable y muy bonito a su manera.

Dona María, Vinho Regional Alentejano 2004: Uno de dos tintos secos portugueses que nos trajera para probar  el genial João Roseira, de Quinta do Infantado. Este es un vino de sol, agradable por su rusticidad musculosa y barbuda, que la lleva rebién. Cuero y romero con una sutil nota fecal, fresa y ciruela fresca. Alguito distante de comino y piedra caliente. Entra sedoso en boca, con muy buena presencia de fruta roja pura, acentuada por hierbas secas y elementos térreos. Mantiene una admirable ligereza todo el camino, lo que lo deja a uno en choc cuando ve que la etiqueta pone “14.5% alcohol por volumen”. Uno de esos excepcionales vinos que se cargan mis prejuicios sobre la imposibilidad de llevar mucho alcohol con gracia.

Ramos Pinto, “Adriano”, Douro 2005: Mea culpa. Soy un prejuiciado terrible. Tenía a Ramos Pinto injustamente marginalizada como casa de oportos por culpa de cierto afiche de principios del siglo veinte  muy difundido por el mundo entero. No es la estética del afiche lo que motiva ese prejuicio  mío, sino que el jodido poster invariablemente aparece en toda venduta de horteraditas para adornar el hogar del “entusiasta del vino”. Ya saben, es el de la parejita vestida de gala, chocando copitas. Pues fíjense ustedes que sencillamente por ese afiche y un par de botellitas cuestionables de oporto LBV abiertas en Puerto Rico hace una pila de años tenía yo relegada al ghetto a esa respetable casa, cuyas prácticas viticulturales y enológicas, según las explicara João, serían de mi más absoluto agrado. Este Adriano es un tintito ligero, sencillo y limpio. Ciruela fresca, tierra y humo. Fresco y de mediana persistencia, con acidez refrescante.

Prager, Riesling Smaragd,  Weissenkirchen Steinriegl, Wachau 1989: Ya ven, en cuanto a colores ya la cosa iba tendiendo a la anarquía cuando apareció esto. Bella nariz de polen, pino, talco, cítricos, ginseng y piedras. En boca un toronjazo penetrante que deja reverberaciones florales y minerales por todos lados. Muy largo. Muy delicioso.

Monasterio de Corias, Tinto Joven Selección “Seis Octavos”, Vino de la Tierra de Cangas 2008: Esto es mencía y albarín negro (la contraetiqueta pone que es “mencía, verdejo negro y carresquén, un error que nos ha corregido Juan Redondo, de la bodega) y asturiano como mi abuelo. Además, es un recordatorio tremendo de lo mucho que extraño a Nueva York, ciudad donde si lo quieres, lo encuentras… Aparentemente el importador de este vino es José Pastor, a quien acababa de conocer la tarde anterior y cuyo acercamiento a la selección de elaboradores que representar he celebrado en este espacio. Interesante aroma, no por las notas de base, que son de fresa, cereza y arándano, sino por los matices que emergen con el escrutinio. La fruta tiene por un lado una dulce jugosidad veraniega de sandía, por otro una nota salina que me recuerda ostras, además de un je ne sais quoi de lluvia y campo mojado que luego pasa a hacerse sotobosque. Bueno, y su toquecito de establo que seguramente lo convertirá en motivo de gran curiosidad para mi amigo Patricio Tapia (que no se diga que dejo de tener en mente tus idiosincrasias, compañero). Sabroso y fresco tinto que, aparte de todo lo que me deja pensando sobre el dudoso juicio que exhibí abandonando esta prodigiosa ciudad, me reconfirma que si uno quiere encontrar cosas interesantes a nivel de vino español hay que mirar hacia el Atlántico.

Robert & Bernard Plageoles, “Le Duras”, Gaillac 2006: Alguien me describió alguna vez a Robert Plageoles como el equivalente en la zona sudoccidental francesa de Gaillac de ciertas hermanas amigas mías del riojano Barrio de la Estación cuyos vinos son estrellas de cine. Se le atribuye una cita que tiendo yo a repetir mucho por ahí: “¿La oxidación es un defecto? Pues la estupidez también”. Sus esfuerzos por preservar la tradición vitivinicultural de su histórica zona son legendarios y siempre me ha dado tremenda curiosidad el personaje. Quizás algún día pueda conocerle. Pero bueno, este vino… Es monovarietal de duras, una de las uvas tintas autóctonas de Gaillac y está francamente interesantísimo. En la nariz un aspecto herbáceo flora etéreo sobre fruta negra densa y viva. Notas balsámicas. Las hierbas repentinamente se transforman en lavanda. Cuero. Polvo. Un tinto recio, erguido y muy suyo, con tonos salinos y amargos decididamente “para adultos”. Musculoso y largo, con fuerte agarre.

Kalin Cellars, Sémillon, Livermore Valley, California 1997: No es ningún secreto que muchos de mis amigos, ahora eurocentristas donde los haya en cuanto a sus compras de vino, en algún momento adquirían significativas cantidades de vino californiano. Es más, les diré sin que me quede nada por dentro que yo mismo compraba y guardaba montones de vinos de esa región. Eso acabó más o menos hacia 1996-1999. Es en algún punto de ese trienio cuando ocurrió el paso al lado oscuro de la mayoría de California. Y cuando yo perdí el interés. He de mirar atrás de vez en cuando y recordar lo que California fue antes del tiempo de los putones vínicos descerebradamente puntistas. Había mucho de precioso. Tomemos, por ejemplo, este s’emillon de Kalin. Huele a panal de abejas, casquitos de guayaba, piel de pera, jalea de naranja, heno y humo. Un sémillon bien estructurado, con profundidad y frescura a partes iguales. Largo y vivaz. Muy buen vino para los quesos al final de una cena memorable.

Diré que en mi libreta hay alguna apreciación de vino cuyo nombre no anoté, descuidado o idiota que a veces soy. Tan animada era la conversación (incluyendo un interludio sumamente risqué en que mi mujer reveló sus “secretos latinos” para el éxito en la relación de pareja…  Claro, si Josie quiere escribir una disertación sobre ese tema, lamentaré tener que indicarle que se haga su propio blog, que esto, al fin y al cabo, es un espacio familiar) que eso ese olvido puede hasta ser perdonable. A ver, los que estaban atentos, ¿qué vinos me faltaron?

Posicionamiento de producto…

Interrumpo el fluir de mis crónicas neoyorquinas para traerles un momentillo curioso de mi cotidianeidad.

Resulta que el sábado en la noche después de cenar,  estábamos Josie y yo viendo el DVD de Tapas, la comedia dramática de José Corbacho y Juan Cruz. Nada mal, la peli. Se mantiene a una escala pequeñe e íntima, aunque hilvana múltiples historias de personajes complejos. Simpática y con buen equilibrio, vamos, como ciertos vinos que me gustan para el diario.

Cuál no sería mi sorpresa cuando, en una secuencia importante de la película veo una instancia de posicionamiento de producto que… Bueno, digamos que era lo último que me esperaba. Atención al detallito, que si parpadeas…

Mentira, gente. Si parpadean no pasa nada, porque es como aquella lata de Coca-Cola y los Levi’s 501 de Michael Keaton en la primera Batman. Imposible no captar. Eso sí, esta icónica etiqueta de un vino por mí bien amado es la última que me hubiese esperado en esa posición.

Ocurre constantemente en el cine, la colocación de marcas en escena que envíen un mensaje a veces no especialmente sutil a la audiencia. Normalmente tiendo a criticar ese tipo de cosa, pero en este caso hago excepción. ¿Será parte de la estrategia de dominación mundial de las hermanas López de Heredia? ¿O será un guiño amaroso de los realizadores del film al Tondonia?

He sonreido por buen rato con esto.

Hazte fan…

Gary Vaynerchuk me ha convencido. Ahora La otra botella tiene su página en Facebook. Ya sé, ya sé… Antes creé un grupo, pero aparentemente eso no es estar en la cosa y tener página es lo que va. Desafortunadamente, mis conocimientos sobre la tramoya de estas cosas no son suficientes como para figurarme la inserción de un panel lateral en este blog para que la gente conozca la existencia de esa página de Facebook apenas llega. Aparentemente, la plataforma de WordPress no permite JavaScript por motivos de seguridad, y el panel prefabricado que ofrece Facebook para anunciar la página aquí, ¿en qué más pudo estar escrito? Ni siquiera funcionó con un widget de texto.

En fin, he visto que algunos blogs amigos de éste tienen el dichoso panel anunciando su presencia en Facebook y Twitter. Tal parecería que esos blogs habitan en la misma plataforma que éste. ¿Cómo lo han hecho? Echenme una manita, por favor…

Entre tanto, visiten la página de La otra botella en Facebook y háganse fans. Habrá mucho contenido adicional a mis frecuentes entradas de blog, chismes, fotos comprometedoras de figuras prominentes de la internet del vino, sorteos semanales de camisetas de “I ♥ Pancho” y muchísimo más. Vamos, y si el morbo no los motiva, ¡vayan porque a Camblor le hace ilusión, hombre!

Cositas y cosotas: 20.11.2009

Algún historiador en el futuro seguro que llegará a la conclusión de que lo de la escala de cien puntos para “evaluar” el vino con “precisión científuca” fue la tomadura de pelo colectiva más grande de la historia de esta venerable bebida.

Hace un par de días un amigo me envió un enlace a este interesante ensayo de Leonard Mlodinow en el Wall Street Journal. En él se confirma algo que en este espacio venimos discutiendo desde hace mucho: Lo de los puntos es una fatuería estúpida sin el más mínimo valor como sistema para calificar la calidad del vino. Son entera y absolutamente subjetivos. Que un vino obtenga X puntos del Wine Advocate, Wine Spectator o la revista que nos dé la gana es más indicativo de las proclividades y disposición del catador/puntuador en un momento determinado que de cualquier calidad intrínseca del vino.

Hay gente muy ingenua por ahí, sin embargo, quetodavía insiste en guairse por los puntos a la hora de comprar vino.

Perdón, un momento… Dice mi madre que “nadie escarmienta en cabeza ajena”. Pues eso. Los ingenuos que sigan en lo suyo. Pero luego que protesten. Hicieron el primo.

Interesantísima en el artículo de Mlodinow es la confesión de Joshua Green, editor de Wine & Spirits (revista puntuadora en cuyo panel de cata una vez participé, invitado por Patricio Tapia; me rehusé a puntuar nada, prefiriendo dar mis impresiones verbal y detalladamente). Green declara: “Es absurdo que la gente espere consistencia de las calificaciones que dan los catadores. No somos robots”.

Ustedes dirán donde archivamos eso.

A mí lo que me resulta particularmente digno de consideración son las implicaciones de todo esto para el crítico puntuador más influyente del mundo, el “Emperador del Vino” que hace y deshace las fortunas de bodegas a base de puntos. Porque  Robert M. Parker, Jr. como que no la está pasando muy bien últimamente. Hace un par de años, su ex-traductora y ayudante en Burdeos sacó un libro en que lo acusaba de un montón de conflictos de interés con respecto a grandes nombres de Burdeos. Luego explotó aquello de que sus asociados aceptaban viajes de lujo de ciertos grupos de la industria del vino, que puso en duda si Parker en realidad aplicabal código de ética que él mismo estableciera para su propia publicacón. Las diversas controversias en torno al “affaire Campo” y la participación de Parker en Wine Future Rioja 09 por un honorario desconocido, pero rumorado como altísimo, tampoco ayudaron. Y encima la reputación de Parker como “supercatador” se ha visto en tela de juicio por aquella cata de burdeos del 2005 para Executive Wine Seminars en la que Mr. Parker, por así decirlo, no puso una.

Debe ser muy jodido ser Robert Parker en estos tiempos, digo yo.

Hablando de reputaciones que pasan por turbulencia, una noticia en Decanter.com me llamó la atención esta semana: “Matt Skinner: ‘Sí, he recomendado vinos que no he catado’” ponía el titular. Skinner es el director de vino de los restaurantes del famoso chef televisivo británico Jamie Oliver y el autor (ahora me entero) de una popular guía de vinos titulada The Juice. Aparentemente, Skinner publicó “notas de cata” favorables de la más reciente añada de ciertos vinos neozelandeses, añada que, según reveló una investigación, aún no estaba hecha cuando Skinner tuvo que entregar su libro para publicación.

Ya me dirán ustedes si la falta es tan gorda o no. En su defensa, Skinner explica: “Incluyo notas de cata no específicas basadas en la añada actual y añadas anteriores, enfocándome más en sabores básicos y en compatibilidad con comida.”

Rara explicación, considerando el uso de la frase “nota de cata”. ¿No se refiere eso a algo particularmente específico, o sea, el registro de las impresiones sobre un vino catado? Claro, seguro que podrá agarrarse de alguna ramita semántica y escabullirse, pero a mí, al menos, no me convence. Aparte está que Skinner habla de vinos perfectamente consistentes de una añada a la siguiente, donde el carácter de la cosecha importa poco. ¿Qué dice eso del tipo de producto que recomienda, si nos vamos a poner a analizar?

¡Ah, la cultureta actual del vino!

Escuchado en una tienda de vinos en Santo Domingo, porque no había más remedio, ya que el interpelado era yo: “Caballero, tenemos 10% de descuento en todos nuestros riojas. Es que el público como que no los toma en cuenta…”

Para terminar una semana de mucho escribir, algo que descubrí recientemente en eMusic. El grupo se llama The New Amsterdams, la canción “Fountain of Youth”; y yo necesito darme un chapuzón rejuvenecedor, francamente…

Los visitantes 2.3: El día más (deliciosamente) largo, final anaranjado

Difícil de creer que eran apenas las seis de la tarde. Yo iba caminando hacia Tudor City, ese curioso enclave residencial  manhattaniano donde queda Convivio, el restaurante en que nos habían citado a los participantes en el evento.

La convocatoria la hizo el gran Levi D, estelar sumiller de Convivio y vanguardista vínico por excelencia, no digamos nada de adepto de la enoesoteria. La Sociedad de Apreciación del Vino Anaranjado se reuniría ese 29 de octubre para probar la más amplia selección de vinos envejecidos en ánfora de barro jamás recopilada en un solo sitio. Básicamente estarían todos los que son y serían todos los que estaban.

Yo no podía perderme eso.

Esencialmente, planeé mi viaje de visitas médicas y trabajo alrededor de la cata del portafolio de Dressner y de esta cena. Mi orden de prioridades es claro. Clarísimo.

Por suerte, en la puerta de Convivio estaba el propio Levi, por lo que no tuve que ponerme a decir la contraseña y ejecutar el apretón de manos secreto de esta secretísima cofradía naranjista. La contraseña queda muy mal con mi acento cubano. Parece una mala palabra. Y el apretón de manos requiere un meneito de caderas nada decoroso en un hombre de mi edad y masa corporal.

Creo que será necesario explicar un poco lo del “vino anaranjado”. Se dice por el color que presentan algunos de estos vinos envejecidos bien a la antigua, en ánforas de barro soterradas. Son vinos oxidativos, raros, a veces sublimes, a veces difíciles—a su medida parece estar hecha la oración  “Eso no es para todo el mundo”.

Como yo no soy todo el mundo…

Las copas del vitovska de Vodopivec nos esperaban al entrar al comedor en Convivio.

Tras que la recepcionista se quedase con mi abrigo y gorro, Levi mismo me dirigió a la primera copa de la noche. Era el Vodopivec, Vitovska “Amphora”, Friuli 2005 (un interesante artículo sobre este elaborador aparece en el excelente blog Live Wine, que acabo de descubrir). O hace un tiempo me tocó una botella necia, o la mejoría en la primera impresión de este vino desde la primera vez que lo probé es notable. Ha embellecido que no veas… Luminoso en la copa.  C;alido, con cuerpo, tánico, cremoso y salino.  Cirios de iglesia, melón, jamón horneado, orejones, hongos desecados, algo de incienso y esa encantadora salinidad… Muy interesante. Es un vino grande y oxidativo que mantiene admirablemente su frescura.

El local de Convivio se iba llenando rápidamente. Por ahí ví aparecer a SFJoe, Eric Texier, el Vulgar Little Monkey, Alice Feiring, el verdadero Jay Miller, Jeff Grossman, un par de periodistas del vino cuyos nombres no recuerdo, aquel chico de Crush, la otra de otra tienda cuyo nombre tampoco recuerdo. Esto de ponerse viejo es un desastre… Voy a tener que comenzar a tomar pastillitas para la memoria.

Gravité hacia una mesa con mis amigos SFJoe, Jeff Connell, Alice Feiring y Mike Steinberger, a quien llevo años leyendo y había conocido esa tarde en lo de Louis/Dressner. Un buen grupo con el que compartir esta singular experiencia y alguna que otra idea conspiratoria sobre el futuro del vino.

En sus diversos comunicados sobre esta cena, Levi D había mencionado que el chef Michael White diseñaría un menú especial “to enhance amphora mojo“. En particular unas croqueticas de risotto que sirvieron entre los amuse bouches cumplíó eminentemente con el vitovska.  Igualmente, un entrante de pulpo a la parrilla con panissa de garbanzos, aceituna y pimientos le dió cariño al Castello de Lispida, Bianco  “Amphora”, Veneto 2006.

La nariz de este vino de tocai friulano es de intensidad media, con notas de pasta de membrillo, melocotón desecado, incienso y miel. Redondo, amplio y especiado en boca, con un amarguito de piel de cereza y marcada salinidad. Quizás un poquito más texturalmente pulido y ligero de paso que el vitovska.  Posgusto largo, cálido y palpitante en el que se siente bastante mineralidad.

No tarda mucho el personal del restaurante en comenzar a servir dos verticales que nos ocuparían buena parte de la velada. Comenzaron con el Gravner, Ribolla Gialla “Amphora”, Friuli de las añadas 2001, 2002 y 2003. Luego pasaron a servir el Gravner, “Breg Amphora”, Friuli de las mismas tres añadas. Tremenda oportunidad de comparar el comportamiento de un monovarietal criado en ánfora vis à vis una cuvée plurivarietal (el Breg es sauvignon, chardonnay, ribolla gialla y riesling) con el mismo tratamiento.

Un ribolla de Gravner y, de fondo, los deliciosos gnocchetti con cangrejo y erizo de mar.

El plato que acompañó a los vinos de Gravner no solamente intentaba complementarlos en cuanto a aromas y sabores. Creo que la foto de la derecha habla por sí sola en cuanto a espectro cromático. Consideré el plato de gnocchetti al azafr;an sardo, cangrejo y erizo de mar no solamente un plato excelente por sí solo, sino el más feliz intento de maridaje de la noche para un blanco de ánfora.

Alice Feiring y Mike Steinberger, conspirando...

Los temas de conversación en nuestra mesa fueron diversos, aunque en realidad tal vez no tan inesperados. Parker y los diversos escandalitos que han puesto su ética profesional en entredicho en tiempos recientes—teníamos entre nosotros, después de todo, a Mike, cuya labor periodística tuvo mucho que ver en dar a conocer los alegados conflictos de interés de los asociados del Wine Advocate… Pancho Campo y los diversos escandalitos que… Bueno, eso. Ninguno de nosotros iba a Wine Future Rioja 09 y no parecía haber muchas ganas de seguir investigando la cantidad de chismes que pululaban y pululan sobre el ex-presidente de la Wine Academy of Spain y su conflictuado megaevento en Logroño… Los defectos del “nuevo” libro de Jonathan Nossiter, Liquid Memory: Ahí más bien éramos Steinberger y yo los enrrollados; nuestra discusión continuó por e-mail durante semanas después de esa cena… Los vinos que nos estaban sirviendo: De eso también charlamos bastante… ¿Son estos vins de terroir, o vinos “hechos” en los que predomina la idiosincrasa enológica sobre cualquier expresión de variedad, suelo, etc.? ¿Qué cara pondría fulano o mengano si probara esto? ¿Sólo ánfora, o ánfora primero y después un tiempo en tonel?

Los vinos: El ribolla 2001 me sorprendió por su transparencia. Nada de materia sólida enturbiando el bonito color cobrizo con sobretonos rosados. La nariz es hasta ahora la más discreta. Notas de alcanfor, rocas trituradas, florecillas silvestres y miel. En mi apreciación, un ribolla lineal. Quizás falta un poco de profundidad, aunque tiene muy buen largo y textura y en el posgusto abre con todo tipo de notas umamieras.

El ribolla 2002 presenta una nariz de tono más alto, con cierta voluptuosidad. Los componentes volátiles y oxidativos por un momento me recuerdan a un buen oloroso seco. Notas de toronja rubí, lilas y jazmín. En la boca comienza con un feeling como de té verde, pero casi inmediatamente  los taninos y ácidos van haciéndose demasiado protagonísticos. El problema con eso es que permanecen inamovibles ahí, en medio de elementos perfumados que bailan incómodamente en derredor, como desconectados. El armazón en este caso parece pesar demasiado para un vino esencialmente ligero de carnes. Tiene buena persistencia, aunque cada elemento parece determinado a coger por el lado que le da la gana.

El ribolla 2003 es precisamente eso, muy 2003. El más afrutado del trio, con aspectos de sultanas, melón, melocotón y almendra. También el de más flojo hilvanaje de los tres. Voluminoso y carente de vivacidad. Posgusto largo y granuloso, con un cierto aspecto de caldo de pollo ocultando la mineralidad.

Si no me equivoco, este triángulo es la verticalita de Breg. Los colores otoñales son para enamorarse.

La mesa estaba descontenta con los dos últimos ribollas. El Breg 2001 nos devolvió un módicum de alegría con una nariz exuberante de flores, mazapán, piel de naranja, melocotón, té y especias. Oliéndolo te parece mordible. Amplio en boca sin ser pesado en lo absoluto, con una deliciosa mordida cítrica y notas salinas en el posgusto. Muy bonita textura, cremosa, pero con sutil agarre tánico.

Desafortunadamente, la felicidad fue breve, pues parecía querer establecerse con los breg 2002 y 2003 el mismo patrón de los ribollas. El Breg 2002 tiene un perfil aromático similar al del 2001, pero con  acidez volátil que raya en lo molesto. Menor amplitud en boca, con mayor salinidad que el anterior. El posgusto es un poquito difuso aparte de esa salinidad.

Al Breg 2003 le pasa lo mismo que al ribolla. La añada lo domina. Aparatosillo de cuerpo y granuloso, con los taninos sosteniendo el posgusto. Vamos, no que esté mal logrado. Esta nota dice mucho más de mi actitud hacia la añada que otra cosa.

Definitivamente, esto no es para todo el mundo. Puedo imaginar mucha gente horrorizada ante estos “blancos” cobrizos, densos y tánicos. Yo mismo no estaba satisfecho con las dos terceras partes de los vinos de Gravner, criterio que la mesa entera parecía compartir. “Los anaranjados de ánfora son una tómbola, tom-tom-tómbolaaaaa”, oigo al joven Rubén Blades cantando en mi mente mientras escribo.

Pechuga de pato con acelgas alla romana y vin santo para acompañar los primeros tintos de ánfora.

Tocaban tintos, que acompañarían una pechuga de pato sobre acelga alla romana y calabaza al vin santo. Primero el COS, “Pithos”, Cerasuolo di Vittoria 2006. Ya saben que ese nombre a mí me pone de un contento… Los vinos de la cantina del tío de Arianna Occhipinti me encantan y esta cuvée de nero d’avola y frappato criada en ánfora  es todo un premio.

Una nariz dulce, ligeramente volátil y vibrante de ciruela fresca, cereza y fresa con acentos de cardamomo, agua de rosas y té negro. Alguito de caballo sudado también. Firmemente carnoso en boca, pero de una ligereza sublime. Larguísimo y juguetón de posgusto. Una delicia.

A la mesa llegó repentinamente una botella “extracurricular”. Levi D había abierto el evento a aportaciones de sobaquillo por parte de los asistentes y alguien muy bueno trajo el Cos, “Pithos”, Cerasuolo di Vittoria 2005. ¡Doble premio! ¡Verticalidad inesperada!

El 2005 es más musculoso y tenso que el 2006, pero presenta una divina acuosidad en boca. Larguísimo. Su complejidad, por ser sutil resulta doblemente deliciosa.

Desde la izquierda: Mike Steinberger, Levi D (de pie, el organizador de este evento) y SF Joe.

Tocaba después el Guttarolo, Primitivo “Anfora”, Gioia del Colle DOC de dos añadas, 2006 y 2007. El 2996 ya lo he reseñado aquí muy positivamente hace unos meses. Creo que mi nota anterior sigue siendo válida. Un vino sabroso, cálido, perfumado, con capas de fresa, tierra, lavanda y mucho más. Maravilloso. Un vino para gozar pensando y pensar gozando.

El Guttarolo 2007 lo probé después y quizás fue un poquito anticlimáctico al estar cerrado y ser más denso que su hermano más viejo. El color es más oscuro y los elementos florales andan ocultos detrás de notas cárnicas. Este necesita tiempo, creo.

Peculiar hipótesis circulante junto con los tintos: Si los ejemplares de esta noche son evidencia, a los tintos les va mejor que a los blancos con la crianza en ánforas de barro, al menos en cuanto a encantos obvios se refiere.

El propio Levi D sacó una “extracurricular” después de los quesos, cuando ya la concurrencia se pasaba alegremente de mesa en mesa. La botella, nos dijo, era regalo de Sharon Bowman, enviada desde París. Muy poco tenía que ver con el tema oficial de la noche. Pero esas cosas pasan. De repente, uno se va a otro plano existencial… El vino era el Jean Foillard, “Cuvée 3.14″, Morgon 2005. Se me escapó la explicación del nombre de este vino, pero la referencia a π causó gran hilaridad entre el contingente científico que nos acompañaba (se sorprenderían ustedes de cuanta gente de ciencias hay entre la enochaladura neoyorquina hardcore). Lo más fácil sería una referencia a “Côte du Pÿ”, la parte de Morgon donde están los viñedos de Jean Foillard. Capturo de ladito que se trata de una cuvée sin sulfuroso proveniente de las vides más viejas de Foillard.

Decir que este vino tiene “notas herbáceas” sería una injusticia imperdoable. De que huele a yerba, huele a yerba. De la buena. El aroma a cannabis es clarísimo, de una definición a-c-o-j-o-n-a-n-t-e. Después del literal porrazo hay fresa, pulpa de naranja y una cantera de granito. Purísimo, con una precisión de aromas y sabores admirable. Pero es un vino muy joven, A medio paladar, aunque te deja un agradable dulzor frutal, aprieta implacablemente. Donde la estructura del ribolla 2002 de Gravner le pesaba demasiado, este morgon lleva la suya como si fuese de titanio, ligerísima pero hipersólida. Posgusto largo, tenso.

Oía hablar de que el Vulgar Little Monkey, Eric Texier, Alice Feiring y otros más estaban considerando irse a esa meca de los enómanos naturaleros que es Ten Bells, a remachar las festividades. Pero ya yo estaba muy cansado. Aparte, no había visto a mi mujer desde temprano en la mañana. Quería contarle de todo lo que había visto, oido y degustado. Caminando hacia el hotel me paré en un colmadito a comprar un litro de Volvic. Lo bebí de un solo golpe ante la mirada sorprendida de dos muchachas que salían de un bar en Segunda Avenida.

¡Qué noche la de aquel día! ¡Y qué día el de aquella noche!

Costuras, plumeros, logística, la gloria de mi padre, éxito: La encuesta de la semana

Aunque siempre digo que estoy cansado del tema Pancho Campo-Wine Future Rioja 09, siempre surgen consideraciones adicionales sobre él que me llevan a retomarlo. Esta persistencia del tema quizás es señal de la importancia de lo que indica sobre la cultureta del vino en los últimos quince años. No que lo que indica sean cosas claras. Más bien señala preguntas incómodas, pero necesarias.

En fin, que ya pasó Wine Future Rioja 09. Dependiendo de quien te cuente el cuento, fue un “éxito rotundo” o una “magnífica porquería” (ambas frases que he leido por ahí). Hay rumores de que se repartían entradas gratuitas la víspera del evento, lo que contradice aquella propaganda de que estaba “sobrevendido” semanas antes de ocurrir. Aunque se habla de la “impresionante labor” de los organizadores en un evento que pareció discurrir sobre rieles, también se habla de tremendos fallos técnicos a la hora de facilitar las comunicaciones a los nuevos medios (WiFi que iba cuando le daba la gana, redes “secretas” a las que no tenían acceso todos los asistentes, falta de enchufes donde renovar una carguita para el portátil o el iPhone, etc.). Y de como la hora de la comida era un ejercicio de “caza y recolecta extrema” cuando los asistentes debieron tener sus almuerzos un poquito más f’áciles. Además, está lo de que la vasta mayoría de las ponencias iban de lo que placiera a los ponentes, que tendió hacia la cínica autopromoción (o el autobombo sordo y ciego del dinosaurio que no ve venir el asteroide…)  más que al “futuro del vino”. Incluso, podemos encontrarnos reportes que agrupan las albricias a The Wine Academy of Spain por un trabajo de cracks con quejas y críticas a chapucillas menores o mayores. Así, las conclusiones de Gabriella Opaz sobre Wine Future Rioja 09 en CataVino.

Ojo, no quiero aquí criticar a Gabriella ni a nadie en el resto del equipo de CataVino, porque si alguien merece felicitaciones por un trabajo superlativo, son ellos. El “live blogging” en el sitio fue una fuente magnífica de información casi en tiempo real. Como estar en el RiojaForum. Casi. En fin, que ver eso inspira en cuanto al potencial de la blogosfera vínica.

No obstante, quedan muchas preguntas. Lo escrito por Gabriella Opaz en su artículo me ha dejado pensando. Entre las loas a un  ”evento  impecablemente ejecutado” y los de boleta gratis que se alegraban por no haber pagado para asistir a un evento que dejó mucho que desear debe residir la verdad sobre Wine Future Rioja. La encuesta que les propongo esta semana es en realidad un ejercicio especulatorio para los que no estábamos en Logroño el jueves y viernes pasado, los que tenemos que basar nuestra opinión sobre Wine Future Rioja 09  en reportes de prensa, la blogosfera y lo que dicen los amigos “con conexiones”. Así, les propongo la siguiente pregunta (he intentado, dentro d mi estilito particular, imaginar una buena cantidad de respuestas posibles, pero he dejado también foro libre para que cada quien personalice según su parecer):

Los visitantes 2.2: El día más (deliciosamente) largo sigue…

Llega más y más gente a la gran cata del portafolio de Louis Dressner y yo sigo a mi paso, aunque permanezco siempre consciente de la necesidad de acelerar. Cata contra reloj. O contra impaciencia del prójimo. O simplemente queriendo quitarte de en medio por pura decencia, para que otros puedan también disfrutar de algo bueno que encontraste.

En fin, que me asaltan ciertos pensamientos. En un día común, cualquiera de esos prescriptores puntistas que tanto molan entre los enomentecatos cata muchísimos vinos. A veces hasta te dicen que el tiempo promedio que pasan con un vino es menos de un minuto. Y eso les basta para determinar la valía de dicho vino en una escala numérica absoluta. Yo me pongo a pensar si sería capaz, aunque fuera en broma, de adjudicar un valor numérico a las diversas experiencias que he tenido hasta ahora en esta tarde, en este salón.

Absolutamente no. Y no es por apuro, o bulla de la gente, o interrupciones de conocidos y amigos para saludar al Latin Liquidator que no veían desde hacía meses, sino años. Ni por ningún elemento que reste rigor a mi juicio, que puede tomar en cuenta mis circunstancias antes de establecer una opinión.

Puedo intentar dibujar viñetas. Pero los números me eluden. No entiendo ni entenderé nunca como tanta gente puede ser tan tonta de querer “fijar” numéricamente algo que por su naturaleza fluye.

Figúrense ustedes.

John Gilman se me ha adelantado y ya está en la mesa 3. yoyi;sfs “Loir-et-Cher –The Balkanization of Clos Roche Blanche and Mareuil-sur-Cher: Meet Loir-et-Cheriennes Noëlla Morantin and Catherine Roussel“. Como los vinos de Catherine me son muy familiares, voy primero a Noëlla Morantin, a quien no conocía en lo absoluto. Gilman ya está catando sus vinos, sonriente, y la somete a un sagaz interrogatorio. Según el panfleto de Louis/Dressner, Noëlla asumirá la mitad de los viñedos de Clos Roche Blanche con la cosecha del 2009. Las uvas para el 2008 las compró, dándose tiempo para instalarse en su parte del Clos Roche Blanche. Su filosofía viticultural es muy similar a la de Catherine Roussel y Didier Barrouillet, quines hasta ahora trabajaran la totalidad de esos viñedos. Cultivo orgánico, cuidadoso, y ya. A ver los 2008…

Noëlla Morantin, Sauvignon, Touraine 2008: Sorprendente densidad, pero con excelente definición. Anisado. Melocotón y naranja. Crujiente mineralidad sobre un espinazo acídico respetable. Un sauvignon opulento.

Noëlla Morantin, Menu Pineau, Touraine 2008: Toronja rosa y gresitas silvestres amargas. Cremoso. Purísimo. Erguido. De movimiento elegantemente preciso.  ¡Vístemelo de dril blanco, que me lo llevo a pasear!

Noëlla Morantin, Gamay, Touraine 2008: Muy transparente, casi etéreo. En boca es pura frambuesa con taninos masticables. Fresco y sencillo. Un vino de sed donde los haya.

Noëlla Morantin, Gamay “Mon Cher”, Touraine 2008: Capas vibrantes de cereza y frambuesa dulce. Puro, suculento y muy vivo. Creo que con un tiempecito soltará más complejidad, pues ahora mismo me parece un tanto compacto. Lo que no le quita ni pizca de delicioso.

Noëlla Morantin, “Côt-à-Côt”, Touraine 2008: Cada vez que alguien viene a tratar de convencerme de las virtudes del malbec argentino, es en esto en lo que estoy pensando cuando le digo que se vaya a joder a otra parte. Bella fruta roja, de expresión clara y viva. Alegremente especiado y con un interesante fondo salino. Sabroso, con un paso de boca muy ligero y refrescante.

Impresionado quedé con los vinos de la Morantin. Los viñedos que adquirió en Clos Roche Blanche son maravillosos y si su labor continúa así se convertirá en otra referencia obligada para mí. Como lo es Clos Roche Blanche propiamente dicho. Sigo a donde Catherine Roussel, que está sirviendo solamente sus tintos. Y yo que quería probar el rosado de pineau…

Clos Roche Blanche, Gamay, Touraine 2008: Este vino no te cautiva por su complejidad, sino por su elocuente pureza de fruta y su transparencia al suelo, el clima y el cariño de quienes lo hacen. Especiado, suculento, de centro crujiente. Eminentemente delicioso.

Clos Roche Blanche, “Pif”, Touraine 2008: Otro para Patricio Tapia. Hasta me dan ganas de mandarle un SMS, pero me lo pienso dos veces, porque mi móvil ya ha vivido demasiado cerca del peligro. El sutil elemento fecal da una encantadora rusticidad a esta cuvée multivarietal vibrante, crujientemente mineral. Aspectos de flores secas también. Muy rico. Taninos potenitllos. Pide comida.

Clos Roche Blanche, Rouge Côt, Touraine 2008: Bueno, ya dije lo de los argentinos… Oféndase quien quiera allá en el Sur, pero si quieren ver la verdad del malbec, es ésta y no otra. Sorprende aquí la ligereza. Se mueve como el aire, con notas de violetas y agua de rosas sobre frambuesa y cereza. Más que acidez, parecería tener cafeina de como me despierta entero. Es algo que muchos de los vinos que cato aquí tienen, que en vez de adormilarme con sobredecoración y pesadeces, me despiertan. Me hace gracia cuando algunos hablan de los peligros de la llamada “fatiga palatal”. Eso que les pasa a los catamonstruos puntistas. Que les pasa precisamente por lo que se meten a la boca. Aquí el cansancio vendrá, pero probablemente no será el paladar lo que sufra. Mis pies, no te digo…

Detrás de la mesa siguiente está Thierry Puzelat, bronceado y con el pelo corto. De repente casí ni le reconocí. Lo veo tan rodeado de fans que decido saludarlo después, cosa que eventualmente olvido y me quedo sin darle la mano ni probar sus vinos de Clos du Tue-Boeuf. De hecho, me pasa lo mismo con un montón de elaboradores del Loira, que están muy en demanda y dejo dizque “para después”. Así me pierdo a Olivier Lemasson, Hervé Villemade, René Mosse y quizás alguien más.

Hay un pequeño claro al lado de Alice Feiring y allí voy a plantarme, para reorientarme un poco y ajustar las prioridades. Queda, casualmente, frente a la mesa en que están los riojas de Olivier Rivière y algo nuevo que está trayendo Dressner.

¿Vinos de Madrid?

Por mi mente pasa un castizo “¡Jo-Derrrr!”, aunque lo que me sale por la boca es el esperablemente cubano “¡Ñó!”

El "Gabacho" y el "Ganko" de Olivier Rivière.

Ya había yo alucinado hace meses con el “Rayos Uva” 2007 de Olivier Rivière, tanto por el vino en sí como por el hecho de que Dressner tuviese un vigneron en Rioja. La expansión del contingente español de su portafolio era algo que no me esperaba tan pronto. Me pomgo a buscar a José Pastor para preguntarle su opinión, pero no le veo. Le pregunto a Alice si ya ha probado los españoles y me dice de los de Rivière que se encuentra confusa, pues “no le saben a Rioja”.

Yo inmediatamente le digo que el problema es que ahí está viendo rioja biodinámico en un estado inesperado de desnudez. Usualmente la idea de “rioja” envuelve algún tipo de “vestimenta” para el vino. Tienes los riojas tradicionales, vestidos a una usanza antigua que, aunque en muchos casos encantadora, no deja de colorear las cosas. Tienes también los riojas “modernos” esperpentificados: Negruzcos, alcohólicos, enmaderados,,, El equivalente vínico del putón verbenero sobremaquillado y vestido de marca.

Los de Rivière no son ni una cosa ni la otra. En estos vinos biodinámicos me parece que lo que se busca es transparencia, expresión de uva y terruño con lo menos posible de por medio.

¿La belleza del rioja en pelotas? Podrían ocurrírseme peores cosas…

Olivier Rivière, Tinto “Rayos Uva”, Rioja 2008: Aunque aquí la fruta tiene excelente definición (ahí tienes, Laureano Serres, que el término va cementándose) pese a tonitos pasificados, aquí echo en falta la marcada presencia mineral que recuerdo del 2007. La impresi´øn mineral se me queda en “fondo térreo” y me quedo extrañando los detalles. Sin embargo, es un vino que invita a beber. Buena estructura y persistencia.

Olivier Rivière, Tinto “Gabacho”, Rioja 2008: El nombre de este vino demuestra un muy particular sentido del humor por parte de Rivière. No puedo imaginarme a un elaborador mexicano-americano en California poniéndole a su vino por nombre algún término derogatorio utilizado contra los latinos en Estados Unidos. Vamos, que a mí también me hace gracia lo de “Gabacho”, pero este mundo de lo políticamente correcto puede ser muy necio. El vino es una cuvée de 60% graciano y 40% tempranillo, más oscuro que el Rayos Uva de color, con las notas de hierbas secas y anís esperables en buen graciano sobre fruta generosa, limpia, con taninos firmes y acidez marcada. Interesante vino. Me gustaría saber más sobre su envejecimiento en la bodega y ver como evoluciona en la botella.

Olivier Rivière, Tinto “Ganko”, Rioja 2007: Explica útilmente el panfleto que en japonés “Ganko” significa “de piel gruesa e implacable”. El vino es 85% tempranillo de vides viejas, 12% graciano y el resto garnacha y cariñena. Compacto. Pongo en mis notas que es “carnoso” por carne cruda y por fruta de hueso. Tánico y un tanto rústico. Es el que más se adapta a los arquetipos de rioja tradicional en el trio. Posgusto largo, apretado.

A por los madrileños, que están al lado…

Bodegas Marañones, Albillo “Picarana”, Vinos de Madrid 2008: Un blanco limpio y uvoso. No sé si la botella ya lleva demasiado tiempo abierta, porque me lo encuentro un poquito plano y cansado . No aparece nadie que abra una botella fresca, o sea que tengo que diferir mi juicio, particularmente porque otras personas a mi alrededor lo han celebrado y me han recomendado que lo pruebe.

Bodegas Marañones, Tinto “30,000 Maravedíes”, Vinos de Madrid 2008: Es que el panfletico es una joya de lo informativo. Pone que lo de los maravedíes es porque eso fue lo que costó el viñedo en su momento… Es garnacha y syrah. Hay en la nariz un elemento de palomitas de maíz recién hechas que me distrae, pero no acaba por desagradarme. Buena fruta negra, bien enfocada. Muy buen agarre.

Con los españoles hay también un craota, fíjense. No quiero ni especular sobre lo que lleva a encontrarme esas dos nacionalidades juntas. Pero bueno…

Clai Bijele Zemlje, Rosso “Ottocento”, Istria 2007: El panfleto dice que “bijele Zemlje” significa “tierra blanca”. Pero no dice nada de uvas. Esto es un tinto denso, con furta negra muy pura y mineralidad respetabilísima. Largo, con mucho agarre. Notas salinas y de hierbas secas al final. Interesante. Ya indagaré más.

Casi las tres de la tarde y pica el hambre. Además, tengo que pasar por Guitar Center en la 14 a ver cierta Epiphone Casino rubia natural que me interesa. Voy a tener que resignarme a no catarlo todo ni de lejitos. Pero bueno, es la vida. Pero algunas cosas no las voy a dejar. Al lado tengo una mesa que se anuncia como “The Superb Wines of Rocco Spagnardi“. Allí encuentro…

Arianna Occhipinti, Rosso “SP68″, Sicilia IGT 2007: Mi última nota laudatoria sobre este magnífico vino sigue vigente. Eso, magnífico. Un vino de felicidad.

Arianna Occhipinti, Frappato, Sicilia IGT 2007: una gota de Sangre sobre fresas frescas y naranja rubí. Puro y enérgico, salino y sabroso.

Arianna Occhipinti, Nero d’Avola “Siccagno”, Sicilia IGT 2006: Cereza y un aspecto especiado-salino que me lleva a pensar en curry. Vivaz y masticable. Cálido y térreo de temperamento.

Una pena que no estuviese ahí la propia Arianna para agradecerle su labor. Sus vinos me fascinan, ¿les he contado? Pero detrás de la mesa hay alguien cuya presencia me alegraba igual. Sirviendo vino está nada más y nada menos que mi querido amigo Jeff Connell, probablemente reclutado impromptu por alguno de los asociados de Dressner que tenía que ir al baño o a fumarse un pitillo.

Siempre me trae una sonrisa ver a Jeff.

Seguimos en ese sector italiano con vinos de otro productor cuya memoria siempre está cerca de mi corazón…

Cappellano, “Pie Rupestris”, Barolo 2004: Uno seguramente beneficiado por llevar abierto un rato. De perfil oxidativo, con notas de rosas secas, cuero y piedra caliente sobre fruta vivaz y especiada. Sorprendentemente accesible. Bello.

Cappellano, “Pie Rupestris”, Barolo 2003: Más redondo y goloso que el 2004, con un cierto toque rostizado y notas de tabaco. Interesante armonía aquí.

Cappellano, “Pie Franco”, Barolo 2004: Apretadísimo. Casi impenetrable. En la superficie hay flores y notas cárnicas. La fruta es muy pura. Los taninos son francamente acojonantes. Un bebé prometedorísimo  que necesita décadas de botella.

Este ha sido un año de demasiados escándalos. Los diversos desprestigios de Robert Parker y sus asociados. Pancho Campo. Y no se nos puede olvidar el  Brunellopoli. Como suele ocurrir cuando hay un pedo fuerte en la cultureta del vino, aparecen “autoridades” a decir que “borrón y cuenta nueva”, “concentrémonos en seguir adelante” y otras vacuidades. Sin embargo, lo de los brunellos de “legalidad dudosa” (para tomarle prestada y sacarle de contexto una frase a Antonio Heraldo) nos dejaron a muchos un muy mal sabor de boca. Por eso quizás es que mi próxima parada es una mesa con brunello. Si lo trae Louis/Dressner, sé que puedo fiarme.

Bueno, al brunello llegué, topándome con otras cosas interesantes por el camino…

Cascina degli Ulivi, Gavi 2007: Cortese envejecida mitad en acero inoxidable mitad en tonel de roble. Polen, membrillo y tamarindo con notas salinas en un vino cremoso con acidez vibrante. Muy rico. Uno que, si lo tuviese disponible en Santo Domingo, lo compraría en partidas multicajas.

Cascina degli Ulivi, “Filagnotti”, Gavi 2007: Lástima que los importadores en República Dominicana no se interesan por gavi biodinámico de este calibre. Mi vida aquí sería mucho más feliz, se los aseguro. Mismo perfil que el gavi “básico”, pero más especiado, estructurado y con la mineralidad mucho más presente y definida. Otro vino del que jamás cansarse.

Otro desvío más haciaApulia…

Cristiano Guttarollo,Primitivo, Gioia del Colle DOC 2007: Primitivo con crianza en inox. Un ligero aroma de tierra negra recién removida, como cuando iba uno a buscar gusanos de carnada para pescar en el río. Un vino profundamente térreo donde los haya. Fruta negra especiada, con un feeling exótico muy masculino. Corpulento, pero de movimiento grácil y razgos bien delineados.

Cristiano Guttarollo, Primitivo “Antello delle Murghe”, Gioia del Colle DOC 2005: Diez meses de crianza en barricas de roble usadas. El perfil es muy similar al anterior, pero un poco más cremoso y con taninos de grano fino. Muy buena persistencia. Pero creo que prefiero el de inox.

Y al final, a Montalcino…

Campi di Fonterenza, Rosso di Montalcino 2006: Muy puro. Humo, cuero, barro cocido y flores silvestres sobre fruta roja suculenta. Los taninos piden comida. Mi estómago también.

Campi di Fonterenza, Brunello di Montalcino 2005: Mejor traducirles directamente lo del panfleto, que dice “Este es el primer brunello de la bodega. Ganó algunos premios en alguna parte. No contiene ni nunca contendrá nada de cabernet”. ¿E capito? Poderío y finura a montones aquí. Deliciosos aspectos florales, de cuero, especias y de fruta roja prísima. Incienso. Primario y tremendamente tánico. Uno que compraré para guardar, si el precio me lo permite.

Eric Texier: "Este es un condrieu inusual..."

Okey, una mesa más y me marcho, fálteme lo que me falte por catar. Mi estómago comienza a gruñuir audiblemente y hoy la cena es temprano, o sea que no vale almorzar a las cinco de la tarde. Veo en el otro extremo de la sala a Gilman junto a Mike Steinberger. Están delante de la mesa que regentean Eric y Laurence Texier. ¿Qué mejor conclusión?

Eric Texier, Rousanne “Domaine du Pergault” Vieilles Vignes, Brézème 2007: Los blancos del Ródano y yo tenemos una relación un tanto dificultosa. Son muy especiales los que de verdad me gustan. Y resulta que Eric hace un buen número de esos especiales. Una nariz discretamente perfumada. Madreselva con un deje de harina de maíz, manzana y té blanco. Mineralidad muy fina. Un vino sumamente elegante.

Eric Texier, “Janrode”, Condrieu 2007: Eric nos repite varias veces que esto “no es un condrieu común”, instándonos a no esperar melocotones ni vainillas guigalescas. Lo que uno encuentra es jazmín, dulce de limón y piedras trituradas en un vino elegantísimo que ahora mismo está demasiado apretado. Necesita tiempo.

Eric Texier, Châteauneuf du Pape Blanc 2006: Un vino puro y elegante,  muy primario y aún más  cerrado que el Condrieu. Carnoso, con frutas amarillas y toques de cúrcuma. Delicado. Muy marcada mineralidad y buena acidez. Demasiado joven aún.

Eric Texier, Côtes du Rhône 2007: El tinto “básico” de Eric, cuya etiqueta es una de mis favoritas en el mercado actual (literalmente, me encanta el diseño). Otro para el Tapia. Anota, Patricio, qu aquí hay una buena dosis de caballeriza con fruta pura y precisa. Fresco, especiado y de trago fácil.

Eric Texier, Syrah, Brézème 2007: No sé por qué, pero mi nota de este vno consiste en una cita del más grande hit de Rick James. “She’s got incense, wine and candles…” Saque la audiencia sus propias conclusiones.

Eric Texier, Syrah Vieilles Vignes “Domaine du Pergault”, Brézème 2006: Fruta vibrante, rocas y especias. Ahora mismo los taninos están muy presentes, pero es un vino precioso.

Eric Texier, Côte Rôtie 2007: Violetas con tocino. ¡Qué maravilla!

Eric Texier, Chusclan, Côtes du Rhône Villages 2006: No sé qué hacer con él. Un poco inexpresivo. Térreo, con notas de aceituna. Buena estructura, pero no quiere decirme mucho.

Eric Texier, Rasteau, Côtes du Rjône Villages 2007: Nariz perfumada, con un cierto deje de chicle bomba, pero no mucho. Solamente lo suficiente como para distraer levemente. Vivaracho, con taninos masticables.

Eric Texier, Châteauneuf du Pape Rouge 2006: Un châteauneuf de los que sí me convencen, puro y sin excesos. Frambuesa, rocas, canela, dulce de naranja, heno y un toquecito de amargor guayabesco. Largo. Primario. Pide un maridaje cuidado en la mesa.

Mesa… Me pongo el abrigo y salgo del salón. En el pasillo me topo con José Pastor y charlamos un rato más, quedando yo aún más convencido de que es uno cuyo progreso no quiero perder de vista.

Acabo comiéndome unos taquitos enfrente a Guitar Center. La Epiphone Casino que tenían resultó no ser rubia como la de John Lennon, sino sunburst marrón como la de Paul Weller. Y demasiado cara. Eso me pasa por tirarme para la sección de instrumentos vintage. Tendré que buscar otras opciones.

Pero eso es otra historia. Igual que lo que venía en la noche.

(Continuará)