Acabo de regresar de Nueva York para encontrarme una cantidad desmoderada de asuntillos exigiendo mi atención en la oficina. Cosas que nada tienen que ver con La otra botella si nos hacemos de la vista gorda ante el muy gordo hecho de que son las que me pagan los vicios y virtudes aquí descritos.
Pero un momentillo puedo sacar para una encuesta crucial…
Resulta que hace un par de días comencé a leer chismes en Facebook sobre movimientos en la Twitterósfera que podían resultar—dependiendo, claro está, del ángulo de observación—alarmantes o hilarantes.
Reportaba una amiga muy informada sobre esas cosas que James Suckling, el mismísimo “Mister Supertoscano” del Wine Spectator que vimos haciendo el tonto hace unos años en Mondovino, anda ahora proclamando su admiración por los vinos naturales.
Se ha puesto de moda que principales figuras del lado más oscuro de la enocultureta hagan proclamas de este orden. Incluso, de un tiempo a esta parte, ya se ven muchos productores naturales recibiendo el cuestionable “premio” que es una puntuación alta de tal o cual influyente publicación norteamericana.
De ser real el pronunciamiento atribuido a Suckling… ¿Será que los miratendencias de repente se han enfocado en el “vino natural” como la mejor próxima opción de marketing a gran escala? ¿Habrá sencillamente ocurrido una toma de conciencia muy loable entre los más famosos apoyadores de la esperpentificación tecnovínica? ¿Qué diablos pasa?
En fin, que me pareció interesante preguntar.