La otra botella

Los visitantes 1: Llegadas, cumpleaños, aniversarios…

Noviembre 5, 2009 · 4 comentarios

Ya saben ustedes. Me pasé un ratitp en mi adorada Nueva York con Josie. Varias visitas médicas y un par de gestioncitas de trabajo me robaron buena parte de los días. Pero, como dijera alguna vez el inmenso Sabina, las noches no.

Llegamos en un momento muy particular del año. Parecían estar en la ciudad todos los que son y ser todos los que estaban. Había mucho de esto por un lado y de aquello por el otro, lo que hacía todo un evento de casi cualquier conversación que a uno se le ocurriese sostener.

Nada, que llegábamos mi mujer y yo muy necesitados de revivificarnos con la energía de Nueva York en una semana de un enérgico que no veas.

Encima, llegamos el día de nuestro tercer aniversario de bodas. Ojo, Josie y yo vivimos diez años juntos pero no legalmente revueltos antes de decidir matrimoniarnos, cosa que hicimos porque mi hermano no quería tener “sobrinos bastardos”, o algo así. Ah, también llegábamos el día del cumpleaños de Michel Abood.

A las siete de la noche de ese último miércoles de octubre nos bajamos del Subway en Delancey y caminamos desorientados un rato por Chinatown, intentando hallar el camino a The Ten Bells, donde festejaba el antedicho un año más de vida. Pasaríamos meteóricamente por el festejo en cuestión, pues lo del aniversario de bodas iba en serio y teníamos reservaciones en un lugar de Tribeca. Pero sobre eso, luego.

The Ten Bells es un garito que se ha convertido en destino obligado para toda la comunidad amante, hacedora y/o mercadeadora de vinos naturales y biodinámicos en Nueva York. En más de una ocasión durante esta vuelta por la ciudad, el grito de guerra del after hours enochalado fue “¡Nos vemos en The Ten Bells!” Allí se estaba dando cita casi todas las noches la tribu de vignerons naturales que invadía Nueva York… Pero sobre eso, luego.

La cuestión es que llegamos a The Ten Bells, un bar pequeño, con paredes de ladrillo y decorado rústico, muy acogedor, muy suyo. Allí estaban algunos de los sospechosos habituales: Brad Kane, el verdadero Jay Miller y, por supuesto, Michel. Ya me habían anunciado que la cocina en The Ten Bells era buena, pero mi mujer y yo no íbamos a probarla. Comeríamos solitos, romantiquitos, etc. Luego.

Tenía muchísimas ganas de pillar a alguien que me aclarase una duda sobre esa cocina, eso sí. El menú era más o menos el de un bar de tapas de orientación definitivamente españolista. Sin embargo, la carta de vinos es muy mayormente francesa e italiana, compuesta por el tipo de vino natural que da su atractivo al sitio. Como todo conecta en esta vida, no pude evitar una caprichosa conexión intergaláctica al fiasco aquel de la “cata magistral” en Wine Future Rioja  donde no iba a servirse ningún rioja hasta que se formó el pedo que se formó. Un bar de tapas casi sin vino español: ¿Concepto novedoso? ¿Justicia poética? ¿Agravio? Vaya usted a saber…

Veníamos del trópico a una fría y lluviosa noche manhattaniana. Sin embargo, debo confesar que lo que menos me apetecía como primera copa de la noche era un tinto robusto. Hubiese preferido una champañita bien seca y precisa, para afinar las cuerdas de mi mente. Pero copa de tinto robusto fue lo que Brad Kane me puso en la mano. Un Léon Barral, “Jadis-Didier Barral”, Faugères 2006 térreo, sutilmente animal y arromerado, musculoso, “Tremendo macho de vino” fue lo que puse en mi libreta. Vaya usted a saber.

Aunque parezca mentira, hasta aquí esta parte de la historia. En el cumpleaños de Michel duramos escasamente media hora, en la cual yo me bebí esa única copita. Incluso podía haber omitido la narración. Pero no quería dejar de alertarles sobre la existencia de otro gran bar de vinos neoyorquino. Ya lo saben.

Para la cenita de aniversario a mi señora y a mí nos apetecía pescado fresquísimo, aunque no particularmente sushi. No sé si les he contado que vivo en una isla del Caribe donde es casi imposible encontrar pescado de calidad que no te lo vendan hipercongelado. En realidad no sé a que se debe semejante abominación. Existen múltiples hipótesis al respecto, que abarcan desde la venta de toda la buena pesca en alta mar hasta “la ausencia de un gusto por el pescado” entre la población local.

No creo que tenga que explicarles mucho lo que ese fenómeno jode, sea cual sea su explicación.

Basados en una recomendación de Javier M., amigo de este blog, y en una reseña sumamente positiva de la Time Out New York que mi mujer estuvo hojeando en el avión, nos decidimos por Thalassa, un griego ultrachic frente a Tribeca Grill en Franklin Street. Javier me había dicho que no me perdiese al sumiller del sitio, personaje generoso y pintoresco del que debía hacer fotos que se verían muy chulas en el blog, etc.

Pero dicho sumiller no apareció durante toda nuestra cena, que, para decirlo de plano, se quedó muy corta en cuanto a nuestras expectativas.

Sería porque era la noche del primer juego de la Serie Mundial de béisbol entre los Yankees de Nueva York y los Phillies de Filadelfia. Probablemente nos tocó una noche en la que Thalassa sencillamente  ”no estaba en lo que tenía que estar”. De plano, al entrar al restaurante nos sorprendió lo vacío que estaba. Parece ser un patrón de nuestras visitas recientes a Nueva York: Local inmenso, poquísimos comensales (ver lo que nos pasó en Rouge Tomate, en plena Restaurant Week, en el viaje pasado). Con nuestra mesa hacíamos tres ocupadas. Eso sí, las otras dos tenían en ellas gente de muy alto calibre. CEO de megabanco (que hasta hace poco fuese CEO de conglomerado de medios) junto a diversos patricios neoyorquinos.

En cuanto a la comida yo iba a ser un cliente fácil. Quería pescado impecablemente preparado como plato principal y eso obtuve con la dorada que ordené. El acompañante de coles de bruselas perfectas también me resultó muy satisfactorio. El servicio fue preciso y amable. Pero hasta ahí llegamos con lo inequívocamente positivo.

A Josie se le ocurrió pedir una preparación más “creativa” con turbot a la sartén sobre puerro ancho y alcachofas con fricasé de hierbas. Aunque suena atractivo, la ejecución de los diferentes elementos y la presentación del todo dejaba mucho que desear en cuanto a equilibrio y armonía.  Y yo, de entrante, me pedí un plato de vieiras de Maine envueltas en kataifi crujiente con reducción de balsámico y aceitunas kalamata y una cantidad de mantequilla de oveja que hubiera hecho pensar que estábamos en los sesenta. Ya saben, antes de que se inventaran lo del colesterol… Este plato venía mencionado en la reseña de Time Out con adjetivos como “pillowy” y “delicate” que no podían distar más de la realidad. A saber en que consistirá la dieta diaria de la persona que compuso esa nota.  Estos dos que menciono resultaron ser platos inesperadamente aparatosos que debieron ser ejecutados con mano mucho más ligera. Echémosle la culpa a la Serie Mundial. Probablemente en la cocina se distrajeron con el juego de pelota.

La carta de vinos se me había anunciado como “interesante”. Yo esperé encontrarme una amplia gama de vinos griegos con que mojar la cena, pero la selección, considerando el calibre del restaurante, era bastante modesta y, encima, se orientaba mucho hacia vinos griegos internacionalizados. Lo que no me hizo muy feliz.

En lo que sí es fuerte la lista, paradójicamente, es en chardonnay. Muchísimas referencias de California. Y una buena tajada de borgoñas de diversas estirpes, algunos de ellos efectivamente interesantes, pero quizás para otro contexto. En lo que tomaba mi decisión sobre una botella nos pedí un par de copas del Papaioannau, Assyrtiko “St. Elias”, Vino Regional de Corinto 2008. A decir verdad, no me fijé que era de Corinto y lo probé inicialmente creyéndolo de Santorini. Fruta amarilla pulidita, sutiles florales y un fondo mineral inesperadamente… ¿Blanco? Encima, hay una cremosidad que me hace pensar en madera. Inmediatamente dí para atrás en la carta y fue así que me percaté de la realidad. No está mal. Sencillito. Olvidable.

Para la cena pedí el Spyros Hatzyiannis, Assyrtiko, Santorini 2008, no por particular preferencia inter pares, sino porque era el único vino que aparecía en la carta de esa uva y esa isla que tanto me fascinan. ¿Chardonnay de California? Todo el que quieras. ¿Assyrtiko puro y mineral de Santorini? Puesssssssssssssssss… Este, hay que decirlo, dista mucho de los más atractivos que he probado. Ligero, con lo justo de marinidad, pero sin ese aspecto volcánico que da a los mejores assyrtikos su gran profundidad. Seco. Notitas herbáceas. Texturalmente sobrepulido. Anodino. Es triste que, teniendo variedades ancestrales que dan vinos de muchísimo carácter, tantos productores griegos decidan sumarse a las filas globalistas. Como si eso condujera a alguna parte.

Me pasé la noche entera repitiendo el gusto a mantequilla de las vieiras. Quizás en ese desafortunado plato esté la clave de tanto chardonnay californiano en la carta de vinos. Les gusta la mantequilla a los de Thalassa.

No se preocupen, que aunque no comenzamos tan bien, la cosa mejoró inmediatamente.

(Continuará)

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4 respuestas hasta el momento ↓

  • vinosextraordinarios // Noviembre 5, 2009 a 4:52 pm

    Por aquí en España (verema) nos van “cerrando” los hilos de todo lo del Wine Future y creo que es por cosas que comentas, jeje, era broma Manuel, y lo del pescado es de delito, pero no ahí en el caribe, aquí en el mediterráneo también pasa, cola de rape china a 3€, pero no es porque a la gente no le guste el pescado, lo que no les gusta es pagar por él…

  • Antonio Heraldo // Noviembre 6, 2009 a 7:56 am

    No sabes cómo te envidio Manuel. Me gustaría estar en Nueva York, pero hace poco he estado en la República Domincana y me lo he pasado muy bien… sólo que no he podido visitarte porque no me diste tu dirección.

    Pues sí, al hilo de lo que comentas me ha escrito Pablo (Mi Vinoy Yo) con el e-mail que le han enviado los de Verema e incluso ya le han “prohibdo” a él la entrada. El correo de Verema que le han enviado a Pablo dice así:

    De: Moderador Verema
    Fecha: 5 de noviembre de 2009 21:45
    Asunto: Participar en Verema.com
    Para: mivinoyyo@gmail.com

    Desgraciadamente hemos tenido que darte de baja de nuestra por infringir varias normas de participación en Verema.com

    Para empezar has publicado un correo privado en un lugar público como es foro de Verema y para continuar cuestionas de nuevo la labor del equipo de moderación.

    Por todo ello, además de no tener tus datos en nuestra web, cosa que nos resultaría sumamente perniciosa en caso de que se tomaran diligencias legales contra ti por calumnias por parte de terceros, Verema.com sería la responsable por albergar dichos comentarios sin tener identificado al usuario.

    Así pues, viendo que las únicas aportaciones que vas a dar a nuestra web van en la misma línea, cuestionas nuestra forma de moderar e ignoras las condiciones que firmaste, no nos queda otro remedio que banearte definitivamente.


    Un cordial saludo,
    Equipo de Verema.com

    Este hombre era el que más documentado estaba en refrencia al caso Campo y a sus eventos: Wine Future Rioja 09 y Vinoble… ¡curiososo!, ¿verdad?.

    Un saludo.

  • Manuel Camblor // Noviembre 6, 2009 a 8:43 am

    Pero Antoniooooo… Si cuando me lo pediste te mandé un mensaje con mi número de móvil y coordenadas inmediatamente. ¡No me digas que no lo recibiste! Hubiera sido tremendo conocerte y compartir un rato.

    Estuvimos en Nueva York hasta el martes. Ya estamos de vuelta en la faena en Santo Domingo.

    La verdad que una pena que vinieras y no pudiésemos conocernos en directo. No entiendo lo que puede haber pasado.

    M.

  • javier // Noviembre 6, 2009 a 11:59 am

    Cómo aún te fías de Time Out. Es que no aprendes…..

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