Archivo diario: noviembre 9, 2009

Cuando te hablen de amor…

Acabo de llegar de un fin de semana largo en nuestro refugio semiplayero. Por purísima casualidad, este fin de semana el resort de Casa de Campo (donde está ubicado el antedicho refugio) estaba atestado de gente. Había el sábado un concierto de unos tales Il Divo, al que aparentemente muchos deseaban ir.

He de decir que no tenía la más mínima idea de a que sonaban los muchachos que aparecían en los afiches. Debo haber visto algún disco suyo en alguna tienda de discos, en otra época, cuando aún existía ese tipo de tiendas. Pero no les presté particular atención. Cuando alguien me habló por primera vez de “Il Divo” creí que quienes tocaban este fin de semana en el Anfiteatro de Altos de Chavón eran…

Pero no. Poco costó transmitirle mi intriga sobre estos “Il Divo” a mi mujer. Al final encontramos una entrada en la Wikipedia sobre el grupo que lo revelaba como una de las nociones más repugnantes con que me he encontrado en buen tiempo. Aparentemente son unos posturitas que hacen versiones de canciones populares en plan seudo-bel canto. Creados por Simon Cowell, el de American Idol, la mera mención de cuyo nombre tiende a llenarme de un asco violento.

La cosa es que en algo que leí o escuché sobre el concierto se mencionaba la frase “cualquier amante de la música”. Yo había estado leyendo Liquid Memory: Why Wine Matters, de Jonathan Nossiter, al borde de la piscina de casa. Nossiter en algún momento utiliza la oración “I am a wine lover“: “Spy un amante del vino”. Recordando que todo conecta, ocurrió en mí lo inevitable.

Me dí cuenta de lo mucho que me joden expresiones como “amante del vino” o, peor, “enófilo”. Igual que “amante de la música” para los efectos.

Pensémoslas bien.

¿Qué demonios indican?

¿Un amor intelectualmente ciego, tan polimorfamente perverso que no hace distinción alguna y es capaz de abarcar totalidades absolutasen términos de especie?

Perturbadora idea.

¿Podría yo reconciliar en mi mente y corazón a Haydn, Tchaikovsky, Robert Johnson, David Bowie, Gilbert y Sullivan, The Monkees, Britney Spears, Chavela Vargas, David Bisbal, The Clash, los Stones, Vicente Fernández, Kanye West, Barry White. Eric B. y Rakim, José Luis Perales, AC/DC, Rammstein, Smokey Robinson, Julio Iglesias, Gang of Four, Black Flag, Air Supply, Sabina, Celia Cruz, Biz Markie, Marc Anthony, The Buzzcocks, Talking Heads, Ladysmith Black Mambazo, Milli Vanilli, la vieja aquella de “Britain’s Got Talent”, María Dolores Pradera, Olga Guillot, Black Sabbath, Earth, Wind  & Fire, Pavarotti, The Who, Peret, Michael Jackson, The Cure, Sandro, Alice In Chains, Toña la Negra, Psychedelic Furs, Johnny Ventura, Snoop Dogg, Willie Colón, Timbaland,  Anthrax, Alicia Keys, Beirut, la nefastamente horrible Gloria Estefan, U2, Manolo García, Loquillo, Ojos de Brujo, Camarón y los mismísimos puñeteros Il Divo que me iniciaron en esta ruta meditativa? ÷Verdad que está difícil?

Pues piensenlo bien: ¿Podría uno embarcarse en ese absurdo ejercicio con respecto al infinitamente diverso mundo del vino de verdad? ¿Podría uno reconciliar dicho infinitamente diverso mundo con la porquería homogenizada y puerilizada quepretende vender la industria globalista como “vino”?

Es ridículo pensar en uno mismo como “amante del vino” o “amante de la música” sin particularizar sobre preferencias, sobre gustos particulares que definen nuestra personalidad. Simplificar el amor que siento hacia ciertos tipos de vino o de música, o la repulsión que me provocan otros, es pretender reducir mi intelecto a una mínima expresión que resulta intolerable. El de ustedes también.

Así que desde ahora rechazo esas frases hechas. Que no hablen de mí como “amante del vino”. Las generalizaciones apestan, francamente. Cuando te hablen de amor, que te digan por quien exactamente. Amor, después de todo, es la capacidad de distinguir y apreciar al extremo una identidad muy específica, que toca al amante de forma muy personal y profunda. Entrarle a cualquier cosa que venga, sin discernir, es patológico. El “amante del vino” que no es capaz pensar, de discriminar, es meramente un borracho.

Todavía no me he atrevido a buscar una pista de Il Divo para escucharla. La descripción de la Wikipedia daba náuseas. Más o menos lo mismo que me pasa cuando leo algunas descripciones de algunos vinos esperpentificados y siento ganas de salir corriendo.

Llueve sobre Santo Domingo este lunes festivo en la tarde. Buen momento para recordar una cancioncita que fue para mí amor a primera escucha. No hay otra forma de definirla. “He’s a part-time punk” dice en un momento y es como el brillito de los ojos, o el puntito de ironía en la sonrisa, o la curvatura de la espalda, o eso que identificas de repente como granito entre las fresas y que te seduce.