La otra botella

Cuando te hablen de amor…

Noviembre 9, 2009 · 13 comentarios

Acabo de llegar de un fin de semana largo en nuestro refugio semiplayero. Por purísima casualidad, este fin de semana el resort de Casa de Campo (donde está ubicado el antedicho refugio) estaba atestado de gente. Había el sábado un concierto de unos tales Il Divo, al que aparentemente muchos deseaban ir.

He de decir que no tenía la más mínima idea de a que sonaban los muchachos que aparecían en los afiches. Debo haber visto algún disco suyo en alguna tienda de discos, en otra época, cuando aún existía ese tipo de tiendas. Pero no les presté particular atención. Cuando alguien me habló por primera vez de “Il Divo” creí que quienes tocaban este fin de semana en el Anfiteatro de Altos de Chavón eran…

Pero no. Poco costó transmitirle mi intriga sobre estos “Il Divo” a mi mujer. Al final encontramos una entrada en la Wikipedia sobre el grupo que lo revelaba como una de las nociones más repugnantes con que me he encontrado en buen tiempo. Aparentemente son unos posturitas que hacen versiones de canciones populares en plan seudo-bel canto. Creados por Simon Cowell, el de American Idol, la mera mención de cuyo nombre tiende a llenarme de un asco violento.

La cosa es que en algo que leí o escuché sobre el concierto se mencionaba la frase “cualquier amante de la música”. Yo había estado leyendo Liquid Memory: Why Wine Matters, de Jonathan Nossiter, al borde de la piscina de casa. Nossiter en algún momento utiliza la oración “I am a wine lover“: “Spy un amante del vino”. Recordando que todo conecta, ocurrió en mí lo inevitable.

Me dí cuenta de lo mucho que me joden expresiones como “amante del vino” o, peor, “enófilo”. Igual que “amante de la música” para los efectos.

Pensémoslas bien.

¿Qué demonios indican?

¿Un amor intelectualmente ciego, tan polimorfamente perverso que no hace distinción alguna y es capaz de abarcar totalidades absolutasen términos de especie?

Perturbadora idea.

¿Podría yo reconciliar en mi mente y corazón a Haydn, Tchaikovsky, Robert Johnson, David Bowie, Gilbert y Sullivan, The Monkees, Britney Spears, Chavela Vargas, David Bisbal, The Clash, los Stones, Vicente Fernández, Kanye West, Barry White. Eric B. y Rakim, José Luis Perales, AC/DC, Rammstein, Smokey Robinson, Julio Iglesias, Gang of Four, Black Flag, Air Supply, Sabina, Celia Cruz, Biz Markie, Marc Anthony, The Buzzcocks, Talking Heads, Ladysmith Black Mambazo, Milli Vanilli, la vieja aquella de “Britain’s Got Talent”, María Dolores Pradera, Olga Guillot, Black Sabbath, Earth, Wind  & Fire, Pavarotti, The Who, Peret, Michael Jackson, The Cure, Sandro, Alice In Chains, Toña la Negra, Psychedelic Furs, Johnny Ventura, Snoop Dogg, Willie Colón, Timbaland,  Anthrax, Alicia Keys, Beirut, la nefastamente horrible Gloria Estefan, U2, Manolo García, Loquillo, Ojos de Brujo, Camarón y los mismísimos puñeteros Il Divo que me iniciaron en esta ruta meditativa? ÷Verdad que está difícil?

Pues piensenlo bien: ¿Podría uno embarcarse en ese absurdo ejercicio con respecto al infinitamente diverso mundo del vino de verdad? ¿Podría uno reconciliar dicho infinitamente diverso mundo con la porquería homogenizada y puerilizada quepretende vender la industria globalista como “vino”?

Es ridículo pensar en uno mismo como “amante del vino” o “amante de la música” sin particularizar sobre preferencias, sobre gustos particulares que definen nuestra personalidad. Simplificar el amor que siento hacia ciertos tipos de vino o de música, o la repulsión que me provocan otros, es pretender reducir mi intelecto a una mínima expresión que resulta intolerable. El de ustedes también.

Así que desde ahora rechazo esas frases hechas. Que no hablen de mí como “amante del vino”. Las generalizaciones apestan, francamente. Cuando te hablen de amor, que te digan por quien exactamente. Amor, después de todo, es la capacidad de distinguir y apreciar al extremo una identidad muy específica, que toca al amante de forma muy personal y profunda. Entrarle a cualquier cosa que venga, sin discernir, es patológico. El “amante del vino” que no es capaz pensar, de discriminar, es meramente un borracho.

Todavía no me he atrevido a buscar una pista de Il Divo para escucharla. La descripción de la Wikipedia daba náuseas. Más o menos lo mismo que me pasa cuando leo algunas descripciones de algunos vinos esperpentificados y siento ganas de salir corriendo.

Llueve sobre Santo Domingo este lunes festivo en la tarde. Buen momento para recordar una cancioncita que fue para mí amor a primera escucha. No hay otra forma de definirla. “He’s a part-time punk” dice en un momento y es como el brillito de los ojos, o el puntito de ironía en la sonrisa, o la curvatura de la espalda, o eso que identificas de repente como granito entre las fresas y que te seduce.


Categorías: 12 cosas que más joden a Camblor sobre la cultureta actual del vino · Música de la buena · Para considerar...
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13 respuestas hasta el momento ↓

  • errepe // Noviembre 10, 2009 a 4:59 am

    hola M,
    creo que alguna vez hemos hablado sobre la diferencia que existe entre hacer vinos, música y arte para todo el mundo… es decir, mundanizar y simplificar las cosas para que todo el mundo sea publico objetivo de todo. sobre la necesidad de exigir al amante del vino del arte o de la música un esfuerzo para poder disfrutar proactivamente. creo que lo hablamos muy recientemente.

    me encanta belle and sebastian. conoces “camera obscura”?

  • Julio // Noviembre 10, 2009 a 6:24 am

    Hola Manuel,
    he estado un poco liado estos dias, ya sabes la vendimia y demas me ocupapa una parte del tiempo. Otro, poco la verdad, lo he dedicado a ver desde lo lejos todo esto del Wine Future, que como sabes nos lo han colado de rondon en casa. Estoy “ansioso” por leer las conclusiones, ver las fotos de pechos fueras, los abrazos, etc… ya me entiendes.
    Bueno el comentario es por que leyendo tu post, hay dos palabras que me han llenanado de recuerdos. recuerdos de mi etapa de estudiante en Salamanca: Psychedelic Furs.
    No solo era la musica, era el ambiente, y el rollito qyue habia, que popiciaba un ambiente inigualable para mi. Gracias por haberme ayudado a trarlos de nuevo,
    un abrazo
    Julio

  • Manuel Camblor // Noviembre 10, 2009 a 7:03 am

    Erre,

    El problema es que estoy convencido de que es imposible “serlo todo para todos” o, sencillamente, gustar a todo el mundo. Los gustos personales tienden a forjarse en base a parámetros discrminatorios, pues si uno pudiese dejarse seducir por todo lo que encuentra, no sería más uno, sino que sería absorbido por ese todo. Hay una rumbita de principios de los noventas con una letra muy coqueta. La ponían en las discotecas de la Costa del Sol cuando me tocaba ir por allá. Decía: “Esta sí, ésta no; ésta me gusta, me la como yo…”

    Pues, helo ahí. Siempre alguien va a pasar de algún integrante del género.

    Ah, y sí, Lloyd, I’m ready to be heartbroken. And let’s get the hell out of this country, finally, coño. Firmado: French Navy. O sea que sigo a las chicas de Camera Obscura con mucho placer.

    Julio,

    A estas alturas ya todos estamos mal que bien esperando a ver qué pasa con Wine Future. Tendré algo más que decir sobre el significado del evento antes de que se acabe esta semana.

    En cuanto a The Psychedelic Furs, si te vas una decena de entradas hacia abajo en LOB encontrarás un regalito que te va a gustar. En efecto, otra época, otra onda.

    M.

  • Gabriel Haro // Noviembre 10, 2009 a 9:40 am

    Il Divo, es una especie de potaje para llevar el bell canto, a la música popular, en fin te ves un video del youtube, y ya te puedes imaginar, no se si aguantaras el video entero.

    La música, siempre ha tenido un nexo importante con la sociedad, de hecho nacia de ella y los cambios sociales, como la caida de viejos regimenes y la aparicion de nuevos, a la musica le afectaba enormemente. Por ejemplo que musicos que en su epoca no se apreciaron en su grandeza lo hicieron despues, por ejemplo Joseph Haydn.

    Quizas en el mundo del vino actual, estamos viendo en algunos lugares que en vez de nacer de una tierra y unos ambitos culturales, hacia la sociedad, parece que surge desde unos criticos, luegos pasa por las bodegas, para llegar finalmente a la sociedad, aunque tenemos una flecha tambien que va desde el critico a la sociedad.

    Gabriel Haro

  • errepe // Noviembre 10, 2009 a 12:57 pm

    M,
    ya me he dado cuenta de los gustos de cada uno, vienen a forjarse, a base de pequeños o grandes parámetros discriminatorios y por supuesto de las experiencias personales.

    además, me he dado cuenta de que es más fácil criticar al que se expone que al que no.
    gracias por exponerte, me encanta criticar con cierto cariño de vez en cuando. seguro que si yo me expusiera, te reirías de mí bastante a gusto de vez en cuando…

    saludos

  • Felipe Méndez // Noviembre 10, 2009 a 4:15 pm

    Interesante reflexión con la que no sé si estoy del todo de acuerdo.

    Con lo que sí estoy muy de acuerdo es con el videíto de B&S, que está muy bueno, tan bueno como la flaca de sombrero.

    Yo me considero un amante del vino, sí, aunque a la declaración haya que hacerle acápites.

    Resulta que no hay “amante” de nada que no tenga un juicio muy formado y clasificado de los qués y los porqués en su filia. O sea, no hay amante de nada que ame todas las formas de alguna materia incondicionalmente, sino, por el contrario, defiende y ensalza su pulida y muchas veces exclusiva visión de la cosa. Y, por lo mismo, a menudo considera execrables las manifestaciones más simplonas o reduccionistas que no hacen justicia a su propia visión más excelsa, digamos.

    Y finalmente el “ser amante” de algo, y aún más de alguien, no es una propiedad intrínseca de los sujetos, sino una proyección de éstos hacia el mundo, hacia la otredad. Amo al mundo a través del objeto amado, y en eso se nutre mi propia experiencia. En una vía de ida y vuelta. Así, el amante de la música la usa a ésta como vehículo de contemplación gozosa de la existencia.
    Aunque esa música sea Il Divo.

    Lo mismo con el vino. Así me pasa a mí, al menos.

  • Gabriel Haro // Noviembre 10, 2009 a 4:57 pm

    Felipe, me alegro bastante de leerte de nuevo, hace ya bastante tiempo que no leía tus reflexiones.

    Amar algo, el vino, la música, no se si estoy equivocado, pero no se puede quedar en un simple ornamento, creo que debe algo mas, en primer lugar debe haber humanismo hacia esto, debe haber un ambito filosofico amplico y bien imbricado en el aspecto social, sin esto me parece que se queda algo cojo.

    No se por ejemplo visionando el video de Devo, recuerdo auellos tiempos vividos cuando conoci este grupoa mediamos de los 80, y el primer vinilo que me compre de este grupo, creo que se titulaba “Oh no, it´s Devo!, y mi carpeta llena de fotos de este grupo como los Danmed y Siouxie and the Banhees.

    Gabriel

  • Manuel Camblor // Noviembre 10, 2009 a 6:20 pm

    A ver, Felipe, que creo que estás mucho más de acuerdo conmigo de lo que imaginas: Precisamente a ese mecanismo de autodefinición en base a otredad(es) me refería en cuanto a ese sistema de discriminación o, si se quiere, de “afinidades electivas” en las que basar cualquier “amor”.

    Mi crítica es de las etiquetas generalizadoras del orden de “el consumidor”. “Amante del vino” o “amante de la música” las veo igual de abusadas, sin el referente exacto al que siempre vuelve el verdadero y honesto amante de algo, o sea, aquello cuya individualidad provoca el flechazo y luego la relación a largo plazo.

    No sé por qué, pero me parecería que “amante del vino” como intentan usarlo muchos mercadólogos hoy día, me parece mucho más cosa de fetichismo que de nada.

    Me acuerdo de una cancioncita que ya ha salido aquí antes y que es una favorita de mis hijos:

    “I don’t wanna write a love song for the world/I just wanna write a love song ’bout a boy and a girl”, dice el maravilloso Michael Franti. Cada historia de amor ocurre en micro, no en macro, para sus protagonistas.

    M.

  • César E. // Noviembre 10, 2009 a 7:03 pm

    Manuel,

    Volviendo al tema que discutimos hace un rato, me parece que en la musica hay menos excusas para el producto masivo que en el vino. Al final del dia la musica es lo que los economistas llaman un bien n”No rival” que tu escuches un disco de Dylan no quiere decir que yo no pueda consumir la misma obra al mismo tiempo, sin embargo, cuando tu te bebes una botella de vino desafortunadamente yo no puedo disfrutar de la misma.

    Por tanto si nos fijamos en los detalles de produccion de los vinos que nos llevan a declarar nuestro amor por la bebida todos vienen de producciones super pequeñas dentro de lo que se requiriria para ofrecer vino de “verdad” a todo el mundo, al final del dia todo eso que miramos medio asqueados nos permite beber en un rango de precios moderados.

    Al final del dia te diria que un Concha y Toro tiene razon para existir y es permitir que los precios de los vinos no se disparen por falta de oferta, sin embargo en el caso de la musica es para rascarse la cabeza la existencia de grupos como Il Divo.

  • Manuel Camblor // Noviembre 10, 2009 a 7:56 pm

    César,

    Vale la pena aclarar que lo que discutíamos lo discutíamos en mi página de Facebook, porque si no lo hacemos sí que habrá mucha gente rascándose la cabeza… :-)

    El problema en este caso es que la gran industria actual del vino y su cultureta cómplice pretenden eliminar la distinción de bienes competitivos y bienes no competitivos, creando la ilusión de ubicuidad y disponibilidad ilimitada de producto fetiche para los “amantes del vino” que sean capaces de así designarse sin cuestionar exactamente qué es lo que aman.

    No discuto el derecho a la existencia de las megabodegas de este mundo. Pero sí lamento que hayan caido en “diseñar” vinos para grupos abstractos de “consumidores”, eliminando así toda posible seña de identidad más allá de blanco, rosado o tinto con una designación dizque “varietal” que acaba no significando absolutamente nada. Vamos, que Coke, Diet Coke, Cherry Coke, Coke Zero, Coke Lime, Vanilla Coke, etc.

    Cuando yo comencé en esto del vino, como ya te contaba, Concha y Toro producía vinitos muy dignos, que daban mucho placer y transmitían identidad propia. Eran baratitos, lo que los hacía un placer accesible a muchísima gente. Ahora los productos de ésa y tantas otras bodegas ya no tienen más virtudes que el bajo precio. Pero me resisto a considerarlos “vino” en la misma forma en que llamo vino a ese Morgon de Lapierre del que comentabas o, supongamos, un trousseau de Puffeney o un muscadet de Marc Ollivier.

    En la medida en que Il Divo es un producto diseñado por la organización de Simon Cowell (no los he oido todavía, pero me he informado sobre su origen y leido unas cuantas descripciones, cada una más repugnante que la otra) para apelar directamente a un ‘mercado” predeterminado, sin tomar en cuenta las prestaciones naturales de los participantes y utilizando un puñado de formulitas clichés que solamente pueden atraer a un nivel muy de mínimo común denominador, creo que hay muchas analogías trazables a la cultureta actual del vino y sus “targets” mercadológicos.

    M.

  • César E. // Noviembre 10, 2009 a 8:40 pm

    Manuel,

    Me parece que tienes razon en lo del objetivo que tienen de “blur the lines”, no hay mas que ver los tres puntos por los que te tratan de vender el vino en los medios masivos: color, varietal y puntuacion.

    En su concepcion se parecen mucho tambien a los grupos creados como el que mencionas: plantamos tal varietal que esta de moda, le metemos tal levadura que nos dan tales aromas y luego le filtramos el alma para que aguante 10 años en los stands del supermercado.

    Tal como decias es llevar algo a su minimo denominador de tal manera de que guste al maximo grupo de personas posibles. A mi a veces me cuesta interpretar que papel juegan estas cosas en el mercado porque cada vez que me empieza a gustar algo y me entero más pasa exactamente lo mismo que con el vino; una cantidad impresionante de basura y si sabes buscar un pequeño grupo de cosas que hacen que la vida valga la pena.

  • Manuel Camblor // Noviembre 11, 2009 a 8:09 am

    César,

    Digamos que es un “major no-no” en la etiqueta y protocolo camblorianos usar “varietal” como sustantivo para referirse a una variedad de uva. Una falta por la que aquí mandamos a la gente a arrodillarse con los brazos en cruz debajo de la escalera, un tomo de la Britannica en cada mano. Si insistes en ese uso, te mandamos a hacer lo mismo en la tarbia, en el medio del patio del colegio. :-)

    Ahora en serio: El peor problema de la cultureta del vino es que demasiados sectores subvaluaron los “mercados de nicho” y se intentó implantar la “moda del vino” a un nivel demasiado cocacolesco, ignorando que el vino, como la gente, tiende a la diversidad mucho más que a la homogeneidad.

    Digo yoooo…

    M.

  • César E. // Noviembre 11, 2009 a 9:46 am

    Manuel

    Acabo de ver donde esta mi error. La verdad que como es algo que practicamente no uso no había caído en la diferencia!

    Estoy contigo en que la diversidad es lo mas interesante de este mundo, porque si lo que quieres es estandarización para eso ya tenemos la Coca-Cola.

    Bueno, ya estamos a la puerta del winefuture y la cata de garnachas, a ver que tal acaba todo esto.

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