RCP: La encuesta de la semana

La crisis económica global ha creado una malaise nultipartes en el mundo del vino, tanto a nivel de los consumidores como de elaboradores y diversos comerciantes. Entre los bebedores rutinarios de vino, quien más y quien menos ha tenido que apretarse un poco el cinturón, pensando en lo inciertos que se han puesto de repente no sólo el futuro, sino el mismísimo presente. Y la industria del vino despierta a una realidad que es francamente inímica a los estándares del “boom” del vino fetiche en los últimos quince años.

De repente hay una gran cantidad de vino caro que resulta invendible, pónganle los gurús los puntos que le pongan. A varios niveles de la industria del vino esto causa una reevaluación radical de prioridades y, de golpe y porrazo, nos encontramos con noticias como ésta, que cambian el juego para muchos mercantes del “vino de lujo”. Muchos bebedores en norteamérica, si creemos no solamente a la prensa, sino a evidencia anecdótica, deciden bajar de rango de precios al comprar vinos para consumo diario. De hecho, no son pocos tampoco los que gastan menos incluso “para un día de fiesta”.

La cosa es que esta “bajada de rango” no parece estar ocurriendo de forma indiscriminada, ni llevando a los bebedores que desean ahorrarse unos pesitos en la bebienda a productos industriales. Anécdotas a montones vengo oyendo y leyendo sobre tiendas en las que están teniendo que reimaginar la oferta, pues mucha gente viene exigiendo vino cuya “relación calidad-precio” incluya personalidad y originalidad, así como también compatibilidad con la comida. O sea, un vino de buena relación calidad-precio para consumo habitual debe ser no solamente delicioso, sino también distintivo. Así, de repente, parece haber en las tiendas norteamericanas (el ejemplo que me queda más cerca) un florecimiento de etiquetas de Beaujolais, el Loira y otras regiones con abundante oferta artesanal de altísima originalidad y calidad a $20 o menos la botella.

Todo esto me hace pensar en que podemos estar viviendo un despertar del interés por la originalidad en el vino que bebemos, concomitantemente con una reconsideración del valor del dinero. Ya no está la vida como para pegar un tarjetazo por cualquier tintazo sobremaquillado que luego, en la intimidad y al desnudo, resulta más aburrido que ver pintura secarse. Los bebedores de mi lado del charco tenemos muchos factores en contra, desde la estupidez de una industria que no parece enterarse de las cosas ni aunque dichas cosas le muerdan vigorosamente las nalgas, hasta el montón de circunstancias político-económicas que están complicando tanto el presupuesto familiar. Encima, tenemos el euro en contra. O sea que debiera sernos crucial exigir lo máximo por los dolaritos que tenemos para dejar en la tienda de vinos. De manera que he aquí una pregunta de las grandotas y peludas:

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3 Respuestas a RCP: La encuesta de la semana

  1. Hombre Manuel, la verdad es que no das muchas opciones: la primera opción es como decir ¿de que color era el caballo blanco de santiago? La segunda y la tercera no son dignas de alguien que siga este blog habitualmente, y la última es para hacer la risa. Yo creo que hoy en día el consumidor tiene más acceso a información, y el que bucee un poco en foros y blogs puede hacerse una idea de que hay en el mercado y el caso que se le puede hacer a puntaciones y rankings, que en definitiva es lo que hace que un vino de x € se convierta en xxx €

  2. Nacho,

    Fue adrede lo de reducir las opciones de respuesta al mínimo, primero porque quisiera una respuesta instintiva, en iguales medidas proveniente del cerebro, de las vísceras y la billetera, y segundo porque… Bueno, para variar, que está bueno ya de andar dando el coñazo con un montón de posibles respuestas si de todas formas a alguien siempre le van a hacer falta opciones adicionales… :-)

    Lo que dices sobre la disponibilidad de información es cierto. Pero creo que conviene enfocar esta pregunta desde la óptica del bebedor que no se molesta en accesar esa información, por la razón que sea. Creo que existen gamas enteras de público que, sin llegar a la enochaladura nuestra, sale en busca de algo que le provoque, que lubrique una comida de forma más interesante que un botellón de Coca-Cola Light. Es una audiencia que busca lo justo de información y a la que la industria debía prestar mucha más atención, en vez de continuar imaginando al “consumidor” como una masa boba, mentecata, perfectamente maleable.

    Y no creas que no me causa ansiedad el que la demanda por ciertos crus del Beaujolais vaya a disparar los precios…

    M.

  3. Manuel, un menor poder adquisitivo seguramente está afectando ventas de vinos a partir de una cierta franja de precio al igual que los famosos super premium y cuvee abuelito fulano de tal, etc, muchos de los cuales se tornarán económicamente inviables (hasta el próximo esplendor económico). De la misma forma, esta crisis tal vez nos permite gastar menos que antes, pero posiblemente no han variado esencialmente los vinos que efectivamente compramos y bebemos.
    En todo caso sería muy bueno que todo esto sirviera para afinar la puntería y mejorar la calidad, pero no estoy seguro que éste sea un efecto inmediatamente asociable con la situación económica.

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