Algunos se preguntarán por qué me ha tomado tanto tiempo una segunda entrega en las crónicas de mi más reciente visita a Nueva York. Al llegar del viaje declaré que tenía muchas historias que contar. Pero se interpusieron montones de cosas, entre ellas una plasta dizque enofuturista en Logroño, un par de fines de semana en la playa y un libro. Sobre las primeras dos cosas no hay mucho más que añadir. Sobre el libro, ya hablaremos.
Hoy tengo ganas de recordar cosas bonitas.
Así nos pongo en la calle 4, discurriendo hacia el este. Bueno, me pongo, porque estoy solo. Josie se ha tomado el día para sus cosas y yo tengo mi propia agenda. Voy camino al edificio en que se encuentran las oficinas de Louis/Dressner, firma a la que bien ya podría llamar “The Only Importer that Matters” . Ya sabe, como se decía de The Clash a principios de los ochentas… Pero mejor no llamarles así, que hay otros importadores excleentes dedicados al vino de verdad y haciendo magnífico trabajo. Lo que pasa es que a Dressner le tengo especial cariño.
Me lo encuentro con cabello. Ya no nos parecemos como nos parecíamos la última vez que le ví. Me lo encuentro feliz, a Dressner. Se celebra la gran cata de su portafolio para la industria, la prensa y dos o tres amiguetes con suerte que no somos ni lo uno, ni lo otro. Sabes que tu portafolio ya es grandecito cuando tienes que dividir a los elaboradores que representas en dos días para poder presentarlos. Yo me perdí el primer día, en el que aparentemente había vinos estelares de Pacalet, Baudry, Maréchal y otros. Llego a la segunda sesión, que pronto me hace olvidarme de que hubo otra.
Mis apuntes los tomo directamente en el panfleto que me entregan a la entrada. Hasta me dan un bolígrafo. Esta gente piensa en todo.

El salón en cuestión, en uno de los momentos más tranquilos. No recuerdo haber tomado esta foto, pero bueno...
El salón está lleno de gente. Es el estudio que colinda con la oficina y, francamente, no me lo imaginaba tan grande. Sin embargo, hay que hacer un esfuerzo por adelantar entre la multitud. Quien crea que el interés en vinos naturales, biodinámicos o de otra forma vivos es algo limitado debe reconsiderar. Veo caras conocidas detrás de mesas, e incluso al lado mío. Aquí la autora pelirroja de cierto controversial libro cuyo título incluye la palabra “Parker”. Allá un par de celebrity chefs. Al otro lado del salón, Mike Steinberger, de Slate.com. Par de sumilleres de sitios “in“. Algún importador cuyos intereses no compiten (aún) con los de Dressner. Y al lado mío, mi querido amigo el profesor John Gilman… Gilman, siempre previsor, se ha traido algo en que apoyar el panfletillo. Debí pensar en eso. Es un coñazo tener que escribir al aire.
Pero les aburro con tanta minucia.
El panfletillo de marras describe la primera mesa como “Experience New Wines from the Yakima Valley“. Tradicional humor dressneriano. No importa ni distribuye ningún vino del estado de Washington y en la mesa lo que hay es…
Laurent Barth, Pinot d’Alsace, Alsace 2007: Purísima floralidad y cítricos amarguitos muy bien enfocados en un blanco de pequeña escala, refrescante, seco y muy mineral. Como darle un beso a una mejilla recién lavada.
Laurent Barth, Pinot Gris, Alsace 2007: La descripción habla de “uvas donadas, demasiado maduras para hacer un vino seco”. Fácil de entender. En el lado dulzón de abocado, fino y muy sabroso. Albaricoques, polen, humo y piedras. Esto a mi mujer le encantaría.
Laurent Barth, Riesling “Récoltes Nomades” Eguisheim, Alsace 2007: Firme. Galletas de soda, pino y cítricos y minerales cortantes. Tremendo nervio. Un vino que me despierta. Me lo siento en el cuero cabelludo.
Jean Manciat, Mâcon0Charnay Franclieu 2007: De Alsacia al Mâconnais sin respirar… Aquí es donde hablar en listillas de alacena me falla. Lirios marchitos, cera, tierra y hueso de melocotón no son descriptores que resultan particularmente titilantes. Sin embargo, esto es un chardonnay atractivísimo—puro, carnoso y estimulante.
Luneau-Papin, “Clos des Allées”, Muscadet de Sèvre et Maine Sur Lie 2008: Dulce carnosidad limono-marina. Tremenda garra. Notas de té blanco entre la salinidad final. Muy bonito en este momento.
François Cazin, Cour-Cheverny 2008: Tenso, con acidez muy viva. Intensa mineralidad y tonitos de aceituna verde. Bien seco. Hace agua la boca.
François Cazin, “Cuvée Renaissance”, Cour-Cheverny 2005: Más seco que de costumbre, considerando que se trata de romorantin con botritis. Exótico, con las notas de tamarindo que siempre espero de un buen romorantin natural. Largo. Excelente cuerpo. Se me antoja un vino maravilloso para sushi. Habrá que probar.
Alice et Olivier de Moor, Aligato-o, Vin de Table Français 2008: Obviamente, aligoté en el estilo habitual de los de Moor. Fruta grande y voluptuosa, exótica y atrevida, pero a la vez pura y perfectamente definida. Ah;í es que está el encanto. Fresa, melocotón y un deje de banana verde.
François Pinon, Vouvray Pétillant NV: Que es sumamente seco, firme, puro y mineral. Fresco y precisamente delineado, aunque quizás demasiado austero después del tamaño del Aligato-o.
François Pinon, “Cuvée Tradition”, Vouvray 2008: El mismo encanto de siempre. Un vino que nunca dejará de ser un chollazo, aunque su precio ha venido subiendo. Todavía recuerdo aquellas primeras botellas que compré, del 95, creo, que han evolucionado maravillosamente. Discreto dulzor conduce a una mordida cítrica fuerte, decidida. Mucha mineralidad y un toquecito de melón en un posgusto largo.
François Pinon, “Silex Noir”, Vouvray 2008: El 2007 me impresionó cuando lo probé un tiempo atrás, en Santo Domingo. Esta versión es más redonda y dulce que mi recuerdo del 2007. Pero redondez y dulzor no quieren decir que deje de tener un centro firme, vibrante. También generosísima mineralidad de tono un poco más oscuro que la del “Tradition”. Pinon se ha lucido de nuevo.
Apenas he terminado una mesa. Siento que debo apresurarme un poquito, porque veo que se forma cola detrás de mí cada vez que me paro a catar. Es que mi noción de catar es más sosegada, hombre… Me doy la vuelta y caigo en cuenta de que me quedan aún muchas mesas más. No sé como voy a hacer esto. “I’m from Nobu“, oigo a un distinguido caballero asiático decir a mi lado. Sigo. Mesa 2, titulada “Hermitage: Yesterday and Today“.
¿Acaba de pasarme por detrás Jeff Connell?
Todo ocurre muy velozmente.
Mis apuntes exploran nuevas fronteras de la economía lingüística.
Ulysse Collin, Blanc de Blancs Extra Brut, Champagne NV: “Otra muestra brillante, vibrante y tonificante del más puro amor mineral”, apunto. Dice el panfletillo que Olivier Collin cultiva una parcelita de 1.2 Ha. de chardonnay sobre suelo pedroso de tiza blanca y sílex carbonado. Tengo que buscarme un buen libro de mineralogía. Lo único que sé es que este blanc de blancs está riquísimo. Te acelera el corazón a la vez que te da ganas de saborearlo lentamente. Esta paradoja tiene que joder un poco a los que vienen detrás de mí en la fila.

El color del blanc de noirs de Olivier Collin.
Olivier Collin, Brut Blanc de Noirs, Champagne NV: Aunque la etiqueta lo declara “blanc de noirs“, el precioso color de este vino tira más a piel de cebolla, con un delicado brillo. Aunque no posee la misma profundidad que el blanc de blancs, huele y sabe delicioso. Cereza, jengibre y un aspecto talcoso. Buena persistencia. Pero el color es lo que me impacta. Lindo de verdad.
Paso a tintos de gamay. Primero…
Damien Coquelet, Chiroubles 2008: Etérea frambuesidad. Mineralidad honda, envolvente. Chiquelet es un muchacho muy joven. Trabaja sin sulfuroso. ¡Qué delicia! Recuerdo haber probado sus vinos en Chambers Street Wines, durante otra visita a Nueva York y sentido gran curiosidad. Reafirmada. Uno que hay que poner en el cuadro de honor.
Damien Chiquelet, “Vieilles Vignes”, Chiroubles 2008: “Estas vides tienen cuatro veces la edad de Damien Coquelet”, dice el panfleto. El perfil es indudablemente similar al vino anterior, pero más oscuro y suculento. Laaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaargoooo…
Luego sigo con…
Jean Maupertuism “La Guilhaume”, Vin de Table Français 2008: Sólo pongo en mis notas “Tenso, salino, magníficamente puro”. De Auvernia, donde, según el panfleto, “hubo alguna vez más gamay que en el Beaujolais”. Maupertuis es otro que trabaja sin sulfuroso.
Jean Maupertuis, “Pierres Noires”, Vin de Table Français 2008: Patricio Tapia, que no podía llegar a Nueva York para esta cata, me había pedido que estuviese al tanto de vinitos con puntito culero para recomendarle. Es que nuestro querido Patricio es un fan de cierto nivel de brett en los vinos. Me complace informarle que aquí tiene el primer descubrimiento de la tarde. Cuero, moderada fecalidad, fresa, frambuesa y una mineralidad muy marcada. Bien seco y con fenomenal nervio.
Repentinamente, estoy de nuevo en el Beaujolais…
Michel Tête, Juliénas 2008: Otro para Patricio. Bestia, fresas, especias y piedra. Primario, compacto y persistente.
Michel Tête, “Cuvée Prestige”, Juliénas 2007: El panfleto cuenta que las vides de las que proviene esta cuvée tienen cuatro veces la edad del benjamín de la familia Tête, que ahora estudia para ser sucesor de su padre en la bodega. Como tantos 2007, ligero, puro y preciso. Bonita fruta de tono alto, fresca, con taninos masticables. Muy bebestible en este momento. Un vino que me da hambre.
Inexplicablemente, me veo en Touraine…
Domaine le Briseau, “You Are So Fine”, Vouvray Pétillant NV: No estoy claro en cuanto a mis sentimientos hacia estos nombrecitos juguetones que están apareciendo en muchos vinos importados por Dressner. ¿Estará intentando crear el nuevo Yellowtail? Pero bueno, mejor no ponernos en especulaciones raras. Un espumante de chenin completamente seco, fresco y agudo. Otro que hace la boca agua. ¿O será que ya es hora de comer?

John Gilman, en acción.
Domaine le Briseau, “You Are So Cool” 2008: Que es sauvignon, asumo que de Touraine o algo así, aunque no dice el panfleto. Naranja, anís y piedras trituradas. Redondo y golosín, pero con excelente acidez. Otro para múltiples copas.
Domaine le Briseau, “You Are So Bubbly” 2008: Una cuvée de gamay, cabernet y cinsault provenientes del Ardèche (¿?). Huele un poquito a pedo, con notas de peluquería de señoras, fresa-limón y tierra. Firme. Vibrante. ¿Mr. Tapia?
De repente me llaman por teléfono y mi móvil por poco va a parar a una escupidera llena que está siendo diligentemente retirada de la mesa por un muchacho. A medio vuelo le asesto un puñetazo al Blackberry, desviando felizmente su trayectoria. Y es ahí cuando John Gilman me presenta a un joven con barba llamado José Pastor, importador de vinos dedicado a encontrar vinos de verdad en la península ibérica.
No se imaginan lo que me alegra conocer a alguien que le meta ganas a encontrar vinos naturales auténticos, expresivos en España. Quizás sea lo que hace falta para sacar a ese país del enomamarrachismo en la que ha sido sumida por la mano de cínicos rapaces que en las últimas dos décadas allí han hecho todo lo posible por eliminar el vino de verdad.
Estuvimos José y yo hablando sobre el futuro de Marcial Dorado, el hijo, quien ha estado a cargo de los maravillosos vinos de Quinta do Feital, tras los problemas de su padre con la ley. Es que a José también quiere entrarle a Portugal.Vamos a ver, porque sus ideas y el brillito de sus ojos me dicen que es de los buenos.
Claro, a todas estas hay que considerar que Joe Dressner ahora también está metido en España. Pero de eso hablamos luego…