Difícil de creer que eran apenas las seis de la tarde. Yo iba caminando hacia Tudor City, ese curioso enclave residencial manhattaniano donde queda Convivio, el restaurante en que nos habían citado a los participantes en el evento.
La convocatoria la hizo el gran Levi D, estelar sumiller de Convivio y vanguardista vínico por excelencia, no digamos nada de adepto de la enoesoteria. La Sociedad de Apreciación del Vino Anaranjado se reuniría ese 29 de octubre para probar la más amplia selección de vinos envejecidos en ánfora de barro jamás recopilada en un solo sitio. Básicamente estarían todos los que son y serían todos los que estaban.
Yo no podía perderme eso.
Esencialmente, planeé mi viaje de visitas médicas y trabajo alrededor de la cata del portafolio de Dressner y de esta cena. Mi orden de prioridades es claro. Clarísimo.
Por suerte, en la puerta de Convivio estaba el propio Levi, por lo que no tuve que ponerme a decir la contraseña y ejecutar el apretón de manos secreto de esta secretísima cofradía naranjista. La contraseña queda muy mal con mi acento cubano. Parece una mala palabra. Y el apretón de manos requiere un meneito de caderas nada decoroso en un hombre de mi edad y masa corporal.
Creo que será necesario explicar un poco lo del “vino anaranjado”. Se dice por el color que presentan algunos de estos vinos envejecidos bien a la antigua, en ánforas de barro soterradas. Son vinos oxidativos, raros, a veces sublimes, a veces difíciles—a su medida parece estar hecha la oración “Eso no es para todo el mundo”.
Como yo no soy todo el mundo…

Las copas del vitovska de Vodopivec nos esperaban al entrar al comedor en Convivio.
Tras que la recepcionista se quedase con mi abrigo y gorro, Levi mismo me dirigió a la primera copa de la noche. Era el Vodopivec, Vitovska “Amphora”, Friuli 2005 (un interesante artículo sobre este elaborador aparece en el excelente blog Live Wine, que acabo de descubrir). O hace un tiempo me tocó una botella necia, o la mejoría en la primera impresión de este vino desde la primera vez que lo probé es notable. Ha embellecido que no veas… Luminoso en la copa. C;alido, con cuerpo, tánico, cremoso y salino. Cirios de iglesia, melón, jamón horneado, orejones, hongos desecados, algo de incienso y esa encantadora salinidad… Muy interesante. Es un vino grande y oxidativo que mantiene admirablemente su frescura.
El local de Convivio se iba llenando rápidamente. Por ahí ví aparecer a SFJoe, Eric Texier, el Vulgar Little Monkey, Alice Feiring, el verdadero Jay Miller, Jeff Grossman, un par de periodistas del vino cuyos nombres no recuerdo, aquel chico de Crush, la otra de otra tienda cuyo nombre tampoco recuerdo. Esto de ponerse viejo es un desastre… Voy a tener que comenzar a tomar pastillitas para la memoria.
Gravité hacia una mesa con mis amigos SFJoe, Jeff Connell, Alice Feiring y Mike Steinberger, a quien llevo años leyendo y había conocido esa tarde en lo de Louis/Dressner. Un buen grupo con el que compartir esta singular experiencia y alguna que otra idea conspiratoria sobre el futuro del vino.
En sus diversos comunicados sobre esta cena, Levi D había mencionado que el chef Michael White diseñaría un menú especial “to enhance amphora mojo“. En particular unas croqueticas de risotto que sirvieron entre los amuse bouches cumplíó eminentemente con el vitovska. Igualmente, un entrante de pulpo a la parrilla con panissa de garbanzos, aceituna y pimientos le dió cariño al Castello de Lispida, Bianco “Amphora”, Veneto 2006.
La nariz de este vino de tocai friulano es de intensidad media, con notas de pasta de membrillo, melocotón desecado, incienso y miel. Redondo, amplio y especiado en boca, con un amarguito de piel de cereza y marcada salinidad. Quizás un poquito más texturalmente pulido y ligero de paso que el vitovska. Posgusto largo, cálido y palpitante en el que se siente bastante mineralidad.
No tarda mucho el personal del restaurante en comenzar a servir dos verticales que nos ocuparían buena parte de la velada. Comenzaron con el Gravner, Ribolla Gialla “Amphora”, Friuli de las añadas 2001, 2002 y 2003. Luego pasaron a servir el Gravner, “Breg Amphora”, Friuli de las mismas tres añadas. Tremenda oportunidad de comparar el comportamiento de un monovarietal criado en ánfora vis à vis una cuvée plurivarietal (el Breg es sauvignon, chardonnay, ribolla gialla y riesling) con el mismo tratamiento.

Un ribolla de Gravner y, de fondo, los deliciosos gnocchetti con cangrejo y erizo de mar.
El plato que acompañó a los vinos de Gravner no solamente intentaba complementarlos en cuanto a aromas y sabores. Creo que la foto de la derecha habla por sí sola en cuanto a espectro cromático. Consideré el plato de gnocchetti al azafr;an sardo, cangrejo y erizo de mar no solamente un plato excelente por sí solo, sino el más feliz intento de maridaje de la noche para un blanco de ánfora.

Alice Feiring y Mike Steinberger, conspirando...
Los temas de conversación en nuestra mesa fueron diversos, aunque en realidad tal vez no tan inesperados. Parker y los diversos escandalitos que han puesto su ética profesional en entredicho en tiempos recientes—teníamos entre nosotros, después de todo, a Mike, cuya labor periodística tuvo mucho que ver en dar a conocer los alegados conflictos de interés de los asociados del Wine Advocate… Pancho Campo y los diversos escandalitos que… Bueno, eso. Ninguno de nosotros iba a Wine Future Rioja 09 y no parecía haber muchas ganas de seguir investigando la cantidad de chismes que pululaban y pululan sobre el ex-presidente de la Wine Academy of Spain y su conflictuado megaevento en Logroño… Los defectos del “nuevo” libro de Jonathan Nossiter, Liquid Memory: Ahí más bien éramos Steinberger y yo los enrrollados; nuestra discusión continuó por e-mail durante semanas después de esa cena… Los vinos que nos estaban sirviendo: De eso también charlamos bastante… ¿Son estos vins de terroir, o vinos “hechos” en los que predomina la idiosincrasa enológica sobre cualquier expresión de variedad, suelo, etc.? ¿Qué cara pondría fulano o mengano si probara esto? ¿Sólo ánfora, o ánfora primero y después un tiempo en tonel?
Los vinos: El ribolla 2001 me sorprendió por su transparencia. Nada de materia sólida enturbiando el bonito color cobrizo con sobretonos rosados. La nariz es hasta ahora la más discreta. Notas de alcanfor, rocas trituradas, florecillas silvestres y miel. En mi apreciación, un ribolla lineal. Quizás falta un poco de profundidad, aunque tiene muy buen largo y textura y en el posgusto abre con todo tipo de notas umamieras.
El ribolla 2002 presenta una nariz de tono más alto, con cierta voluptuosidad. Los componentes volátiles y oxidativos por un momento me recuerdan a un buen oloroso seco. Notas de toronja rubí, lilas y jazmín. En la boca comienza con un feeling como de té verde, pero casi inmediatamente los taninos y ácidos van haciéndose demasiado protagonísticos. El problema con eso es que permanecen inamovibles ahí, en medio de elementos perfumados que bailan incómodamente en derredor, como desconectados. El armazón en este caso parece pesar demasiado para un vino esencialmente ligero de carnes. Tiene buena persistencia, aunque cada elemento parece determinado a coger por el lado que le da la gana.
El ribolla 2003 es precisamente eso, muy 2003. El más afrutado del trio, con aspectos de sultanas, melón, melocotón y almendra. También el de más flojo hilvanaje de los tres. Voluminoso y carente de vivacidad. Posgusto largo y granuloso, con un cierto aspecto de caldo de pollo ocultando la mineralidad.

Si no me equivoco, este triángulo es la verticalita de Breg. Los colores otoñales son para enamorarse.
La mesa estaba descontenta con los dos últimos ribollas. El Breg 2001 nos devolvió un módicum de alegría con una nariz exuberante de flores, mazapán, piel de naranja, melocotón, té y especias. Oliéndolo te parece mordible. Amplio en boca sin ser pesado en lo absoluto, con una deliciosa mordida cítrica y notas salinas en el posgusto. Muy bonita textura, cremosa, pero con sutil agarre tánico.
Desafortunadamente, la felicidad fue breve, pues parecía querer establecerse con los breg 2002 y 2003 el mismo patrón de los ribollas. El Breg 2002 tiene un perfil aromático similar al del 2001, pero con acidez volátil que raya en lo molesto. Menor amplitud en boca, con mayor salinidad que el anterior. El posgusto es un poquito difuso aparte de esa salinidad.
Al Breg 2003 le pasa lo mismo que al ribolla. La añada lo domina. Aparatosillo de cuerpo y granuloso, con los taninos sosteniendo el posgusto. Vamos, no que esté mal logrado. Esta nota dice mucho más de mi actitud hacia la añada que otra cosa.
Definitivamente, esto no es para todo el mundo. Puedo imaginar mucha gente horrorizada ante estos “blancos” cobrizos, densos y tánicos. Yo mismo no estaba satisfecho con las dos terceras partes de los vinos de Gravner, criterio que la mesa entera parecía compartir. “Los anaranjados de ánfora son una tómbola, tom-tom-tómbolaaaaa”, oigo al joven Rubén Blades cantando en mi mente mientras escribo.

Pechuga de pato con acelgas alla romana y vin santo para acompañar los primeros tintos de ánfora.
Tocaban tintos, que acompañarían una pechuga de pato sobre acelga alla romana y calabaza al vin santo. Primero el COS, “Pithos”, Cerasuolo di Vittoria 2006. Ya saben que ese nombre a mí me pone de un contento… Los vinos de la cantina del tío de Arianna Occhipinti me encantan y esta cuvée de nero d’avola y frappato criada en ánfora es todo un premio.
Una nariz dulce, ligeramente volátil y vibrante de ciruela fresca, cereza y fresa con acentos de cardamomo, agua de rosas y té negro. Alguito de caballo sudado también. Firmemente carnoso en boca, pero de una ligereza sublime. Larguísimo y juguetón de posgusto. Una delicia.
A la mesa llegó repentinamente una botella “extracurricular”. Levi D había abierto el evento a aportaciones de sobaquillo por parte de los asistentes y alguien muy bueno trajo el Cos, “Pithos”, Cerasuolo di Vittoria 2005. ¡Doble premio! ¡Verticalidad inesperada!
El 2005 es más musculoso y tenso que el 2006, pero presenta una divina acuosidad en boca. Larguísimo. Su complejidad, por ser sutil resulta doblemente deliciosa.

Desde la izquierda: Mike Steinberger, Levi D (de pie, el organizador de este evento) y SF Joe.
Tocaba después el Guttarolo, Primitivo “Anfora”, Gioia del Colle DOC de dos añadas, 2006 y 2007. El 2996 ya lo he reseñado aquí muy positivamente hace unos meses. Creo que mi nota anterior sigue siendo válida. Un vino sabroso, cálido, perfumado, con capas de fresa, tierra, lavanda y mucho más. Maravilloso. Un vino para gozar pensando y pensar gozando.
El Guttarolo 2007 lo probé después y quizás fue un poquito anticlimáctico al estar cerrado y ser más denso que su hermano más viejo. El color es más oscuro y los elementos florales andan ocultos detrás de notas cárnicas. Este necesita tiempo, creo.
Peculiar hipótesis circulante junto con los tintos: Si los ejemplares de esta noche son evidencia, a los tintos les va mejor que a los blancos con la crianza en ánforas de barro, al menos en cuanto a encantos obvios se refiere.
El propio Levi D sacó una “extracurricular” después de los quesos, cuando ya la concurrencia se pasaba alegremente de mesa en mesa. La botella, nos dijo, era regalo de Sharon Bowman, enviada desde París. Muy poco tenía que ver con el tema oficial de la noche. Pero esas cosas pasan. De repente, uno se va a otro plano existencial… El vino era el Jean Foillard, “Cuvée 3.14″, Morgon 2005. Se me escapó la explicación del nombre de este vino, pero la referencia a π causó gran hilaridad entre el contingente científico que nos acompañaba (se sorprenderían ustedes de cuanta gente de ciencias hay entre la enochaladura neoyorquina hardcore). Lo más fácil sería una referencia a “Côte du Pÿ”, la parte de Morgon donde están los viñedos de Jean Foillard. Capturo de ladito que se trata de una cuvée sin sulfuroso proveniente de las vides más viejas de Foillard.
Decir que este vino tiene “notas herbáceas” sería una injusticia imperdoable. De que huele a yerba, huele a yerba. De la buena. El aroma a cannabis es clarísimo, de una definición a-c-o-j-o-n-a-n-t-e. Después del literal porrazo hay fresa, pulpa de naranja y una cantera de granito. Purísimo, con una precisión de aromas y sabores admirable. Pero es un vino muy joven, A medio paladar, aunque te deja un agradable dulzor frutal, aprieta implacablemente. Donde la estructura del ribolla 2002 de Gravner le pesaba demasiado, este morgon lleva la suya como si fuese de titanio, ligerísima pero hipersólida. Posgusto largo, tenso.
Oía hablar de que el Vulgar Little Monkey, Eric Texier, Alice Feiring y otros más estaban considerando irse a esa meca de los enómanos naturaleros que es Ten Bells, a remachar las festividades. Pero ya yo estaba muy cansado. Aparte, no había visto a mi mujer desde temprano en la mañana. Quería contarle de todo lo que había visto, oido y degustado. Caminando hacia el hotel me paré en un colmadito a comprar un litro de Volvic. Lo bebí de un solo golpe ante la mirada sorprendida de dos muchachas que salían de un bar en Segunda Avenida.
¡Qué noche la de aquel día! ¡Y qué día el de aquella noche!