Archivo diario: noviembre 20, 2009

Hazte fan…

Gary Vaynerchuk me ha convencido. Ahora La otra botella tiene su página en Facebook. Ya sé, ya sé… Antes creé un grupo, pero aparentemente eso no es estar en la cosa y tener página es lo que va. Desafortunadamente, mis conocimientos sobre la tramoya de estas cosas no son suficientes como para figurarme la inserción de un panel lateral en este blog para que la gente conozca la existencia de esa página de Facebook apenas llega. Aparentemente, la plataforma de WordPress no permite JavaScript por motivos de seguridad, y el panel prefabricado que ofrece Facebook para anunciar la página aquí, ¿en qué más pudo estar escrito? Ni siquiera funcionó con un widget de texto.

En fin, he visto que algunos blogs amigos de éste tienen el dichoso panel anunciando su presencia en Facebook y Twitter. Tal parecería que esos blogs habitan en la misma plataforma que éste. ¿Cómo lo han hecho? Echenme una manita, por favor…

Entre tanto, visiten la página de La otra botella en Facebook y háganse fans. Habrá mucho contenido adicional a mis frecuentes entradas de blog, chismes, fotos comprometedoras de figuras prominentes de la internet del vino, sorteos semanales de camisetas de “I ♥ Pancho” y muchísimo más. Vamos, y si el morbo no los motiva, ¡vayan porque a Camblor le hace ilusión, hombre!

Cositas y cosotas: 20.11.2009

Algún historiador en el futuro seguro que llegará a la conclusión de que lo de la escala de cien puntos para “evaluar” el vino con “precisión científuca” fue la tomadura de pelo colectiva más grande de la historia de esta venerable bebida.

Hace un par de días un amigo me envió un enlace a este interesante ensayo de Leonard Mlodinow en el Wall Street Journal. En él se confirma algo que en este espacio venimos discutiendo desde hace mucho: Lo de los puntos es una fatuería estúpida sin el más mínimo valor como sistema para calificar la calidad del vino. Son entera y absolutamente subjetivos. Que un vino obtenga X puntos del Wine Advocate, Wine Spectator o la revista que nos dé la gana es más indicativo de las proclividades y disposición del catador/puntuador en un momento determinado que de cualquier calidad intrínseca del vino.

Hay gente muy ingenua por ahí, sin embargo, quetodavía insiste en guairse por los puntos a la hora de comprar vino.

Perdón, un momento… Dice mi madre que “nadie escarmienta en cabeza ajena”. Pues eso. Los ingenuos que sigan en lo suyo. Pero luego que protesten. Hicieron el primo.

Interesantísima en el artículo de Mlodinow es la confesión de Joshua Green, editor de Wine & Spirits (revista puntuadora en cuyo panel de cata una vez participé, invitado por Patricio Tapia; me rehusé a puntuar nada, prefiriendo dar mis impresiones verbal y detalladamente). Green declara: “Es absurdo que la gente espere consistencia de las calificaciones que dan los catadores. No somos robots”.

Ustedes dirán donde archivamos eso.

A mí lo que me resulta particularmente digno de consideración son las implicaciones de todo esto para el crítico puntuador más influyente del mundo, el “Emperador del Vino” que hace y deshace las fortunas de bodegas a base de puntos. Porque  Robert M. Parker, Jr. como que no la está pasando muy bien últimamente. Hace un par de años, su ex-traductora y ayudante en Burdeos sacó un libro en que lo acusaba de un montón de conflictos de interés con respecto a grandes nombres de Burdeos. Luego explotó aquello de que sus asociados aceptaban viajes de lujo de ciertos grupos de la industria del vino, que puso en duda si Parker en realidad aplicabal código de ética que él mismo estableciera para su propia publicacón. Las diversas controversias en torno al “affaire Campo” y la participación de Parker en Wine Future Rioja 09 por un honorario desconocido, pero rumorado como altísimo, tampoco ayudaron. Y encima la reputación de Parker como “supercatador” se ha visto en tela de juicio por aquella cata de burdeos del 2005 para Executive Wine Seminars en la que Mr. Parker, por así decirlo, no puso una.

Debe ser muy jodido ser Robert Parker en estos tiempos, digo yo.

Hablando de reputaciones que pasan por turbulencia, una noticia en Decanter.com me llamó la atención esta semana: “Matt Skinner: ‘Sí, he recomendado vinos que no he catado’” ponía el titular. Skinner es el director de vino de los restaurantes del famoso chef televisivo británico Jamie Oliver y el autor (ahora me entero) de una popular guía de vinos titulada The Juice. Aparentemente, Skinner publicó “notas de cata” favorables de la más reciente añada de ciertos vinos neozelandeses, añada que, según reveló una investigación, aún no estaba hecha cuando Skinner tuvo que entregar su libro para publicación.

Ya me dirán ustedes si la falta es tan gorda o no. En su defensa, Skinner explica: “Incluyo notas de cata no específicas basadas en la añada actual y añadas anteriores, enfocándome más en sabores básicos y en compatibilidad con comida.”

Rara explicación, considerando el uso de la frase “nota de cata”. ¿No se refiere eso a algo particularmente específico, o sea, el registro de las impresiones sobre un vino catado? Claro, seguro que podrá agarrarse de alguna ramita semántica y escabullirse, pero a mí, al menos, no me convence. Aparte está que Skinner habla de vinos perfectamente consistentes de una añada a la siguiente, donde el carácter de la cosecha importa poco. ¿Qué dice eso del tipo de producto que recomienda, si nos vamos a poner a analizar?

¡Ah, la cultureta actual del vino!

Escuchado en una tienda de vinos en Santo Domingo, porque no había más remedio, ya que el interpelado era yo: “Caballero, tenemos 10% de descuento en todos nuestros riojas. Es que el público como que no los toma en cuenta…”

Para terminar una semana de mucho escribir, algo que descubrí recientemente en eMusic. El grupo se llama The New Amsterdams, la canción “Fountain of Youth”; y yo necesito darme un chapuzón rejuvenecedor, francamente…