Cositas y cosotas: 20.11.2009

Algún historiador en el futuro seguro que llegará a la conclusión de que lo de la escala de cien puntos para “evaluar” el vino con “precisión científuca” fue la tomadura de pelo colectiva más grande de la historia de esta venerable bebida.

Hace un par de días un amigo me envió un enlace a este interesante ensayo de Leonard Mlodinow en el Wall Street Journal. En él se confirma algo que en este espacio venimos discutiendo desde hace mucho: Lo de los puntos es una fatuería estúpida sin el más mínimo valor como sistema para calificar la calidad del vino. Son entera y absolutamente subjetivos. Que un vino obtenga X puntos del Wine Advocate, Wine Spectator o la revista que nos dé la gana es más indicativo de las proclividades y disposición del catador/puntuador en un momento determinado que de cualquier calidad intrínseca del vino.

Hay gente muy ingenua por ahí, sin embargo, quetodavía insiste en guairse por los puntos a la hora de comprar vino.

Perdón, un momento… Dice mi madre que “nadie escarmienta en cabeza ajena”. Pues eso. Los ingenuos que sigan en lo suyo. Pero luego que protesten. Hicieron el primo.

Interesantísima en el artículo de Mlodinow es la confesión de Joshua Green, editor de Wine & Spirits (revista puntuadora en cuyo panel de cata una vez participé, invitado por Patricio Tapia; me rehusé a puntuar nada, prefiriendo dar mis impresiones verbal y detalladamente). Green declara: “Es absurdo que la gente espere consistencia de las calificaciones que dan los catadores. No somos robots”.

Ustedes dirán donde archivamos eso.

A mí lo que me resulta particularmente digno de consideración son las implicaciones de todo esto para el crítico puntuador más influyente del mundo, el “Emperador del Vino” que hace y deshace las fortunas de bodegas a base de puntos. Porque  Robert M. Parker, Jr. como que no la está pasando muy bien últimamente. Hace un par de años, su ex-traductora y ayudante en Burdeos sacó un libro en que lo acusaba de un montón de conflictos de interés con respecto a grandes nombres de Burdeos. Luego explotó aquello de que sus asociados aceptaban viajes de lujo de ciertos grupos de la industria del vino, que puso en duda si Parker en realidad aplicabal código de ética que él mismo estableciera para su propia publicacón. Las diversas controversias en torno al “affaire Campo” y la participación de Parker en Wine Future Rioja 09 por un honorario desconocido, pero rumorado como altísimo, tampoco ayudaron. Y encima la reputación de Parker como “supercatador” se ha visto en tela de juicio por aquella cata de burdeos del 2005 para Executive Wine Seminars en la que Mr. Parker, por así decirlo, no puso una.

Debe ser muy jodido ser Robert Parker en estos tiempos, digo yo.

Hablando de reputaciones que pasan por turbulencia, una noticia en Decanter.com me llamó la atención esta semana: “Matt Skinner: ‘Sí, he recomendado vinos que no he catado’” ponía el titular. Skinner es el director de vino de los restaurantes del famoso chef televisivo británico Jamie Oliver y el autor (ahora me entero) de una popular guía de vinos titulada The Juice. Aparentemente, Skinner publicó “notas de cata” favorables de la más reciente añada de ciertos vinos neozelandeses, añada que, según reveló una investigación, aún no estaba hecha cuando Skinner tuvo que entregar su libro para publicación.

Ya me dirán ustedes si la falta es tan gorda o no. En su defensa, Skinner explica: “Incluyo notas de cata no específicas basadas en la añada actual y añadas anteriores, enfocándome más en sabores básicos y en compatibilidad con comida.”

Rara explicación, considerando el uso de la frase “nota de cata”. ¿No se refiere eso a algo particularmente específico, o sea, el registro de las impresiones sobre un vino catado? Claro, seguro que podrá agarrarse de alguna ramita semántica y escabullirse, pero a mí, al menos, no me convence. Aparte está que Skinner habla de vinos perfectamente consistentes de una añada a la siguiente, donde el carácter de la cosecha importa poco. ¿Qué dice eso del tipo de producto que recomienda, si nos vamos a poner a analizar?

¡Ah, la cultureta actual del vino!

Escuchado en una tienda de vinos en Santo Domingo, porque no había más remedio, ya que el interpelado era yo: “Caballero, tenemos 10% de descuento en todos nuestros riojas. Es que el público como que no los toma en cuenta…”

Para terminar una semana de mucho escribir, algo que descubrí recientemente en eMusic. El grupo se llama The New Amsterdams, la canción “Fountain of Youth”; y yo necesito darme un chapuzón rejuvenecedor, francamente…

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2 Respuestas a “Cositas y cosotas: 20.11.2009

  1. Manuel:

    En definitiva nosotros cuando tomamos algo, y mantenemos un dialogo con un vino, también entrara en juego nuestras descriminaciones positivas y negativas, que estas vendran dads por nuestra educación y las diferentes polarizaciones culturales. Me imagino, que estas por muchas que queramos no se puede universalizar.

    Creó, que el vino nos evoca recuerdos incluso de la infancia y del resto de nuestra vida. Me imagino que aqui habra diferencias de lugares dentro de un país, como de continente. No se por ejemplo, quizas los recuerdos frutales, sea muy distinto de un país del Arco Mediterranero, que un a persona que vive en un pais tropical, o un asiatico. Como los recuerdos del campo o de incluso de nuestro hogar.

    Por todo esto a mi se me hace deficil entender, esto de los nuevos emperadores del vino, o que sus recuerdos, y su experiencia es la mejor y la que parece mas universal.

    Gabriel Haro

  2. Manuel Camblor

    Gabriel,

    En mi más honesta opinión, el peor fallo de todos los farfulleros emperadores del vino en los últimos veinte años es llevar demasiado lejos la estupidez ésa de que son “objetivos”, tienen una ética papalmente intachable y encima esa tontería de los puntos tiene legítimo valor “científico”. Para mí eso es una receta no solamente para darse un eventual estrallón con su propia humanidad, sino pasar una vergüenza mayúscula a la hora en que dicho estrallón ocurra.

    Lo que dice Joshua Green de que “no somos robots” es verdaderamnete tremendo. Porque si no son robots y los puntos son enteramente subjetivos, ¿no tenemos derecho a cuestionar cualquier reclamo de validez universal?

    M.

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