La otra botella

De como un libro bueno se convierte en uno malo…

Noviembre 30, 2009 · 20 comentarios

Hagan el favor, amigos y amigas, de verificar que sus cinturones de seguridad estén debidamente abrochados. Además, si encuentran algo de que agarrarse, agárrense. Estamos a punto de dar un giro de 180 grados que puede que no siente nada bien a los de ideas fijas y estómago delicado.

Les voy a hablar de un libro. Es un libro del que he hablado antes. De hecho, es un libro que mereció el Premio El Botellazo ™ 2007 al “Libro del Año”, por no decir nada de un montón de loas adicionales. Lo que tengo que decir es definitivamente conflictivo. De hecho, jode lo suyo. Ese libro que en el 2007 era tan excelente, tan original y provocador, ahora es…

Una plasta.

Pero antes de pasar a la turbulencia, recordemos aquel momento hace dos años, cuando Le goût et le pouvoir, de Jonathan Nossiter, me tenía cautivado. Dije…

Pues volvamos al presente. Hace poco menos de un mes apareció un libro en inglés de Jonathan Nossiter titulado Liquid Memory: Why Wine Matters. Ha recibido un buen número de reseñas negativas y algunas positivas. La más notoria entre las negativas fue de Mike Steinberger en Slate.com. El bueno de Mike levanta objeciones contra el tono del libro (“pretencioso”, “seudointelectualoide” y otras cosas así se lo encuentra), la politización polarista que hace Nossiter y un determinado medalaganismo en cuanto a quien considera Nossiter  “bueno” o no. Aunque no comparto enteramente los problemas de “tono” o de referencias cinematográfico-literario-filosóficas esotéricas (recordemos, yo fuí académico especializado en teoría cultural y, encima, un cinéfilo de cuidado en mi tiempo; eso te marca de por vida y tiendes a disfrutar todo tipo de cosas), en general estoy de acuerdo con Mike.

Mucho más sosegado, pero no menos devastador en su crítica es Eric Asimov, en su siempre magnífico blog para el New York Times. Asimov se concentra en los inmensos problemas que presenta la visión maníquea de Nossiter del mundo del vino. Sombreros blancos versus sombreros negros, opresores versus oprimidos, etc., dejando Nossiter perderse todo tipo de sutilezas históricas, sociales, políticas, etc.

Las críticas de Steinberger y Asimov ambas me parecen muy acertadas. Sin embargo, solamente rozan el problema más serio de Jonathan Nossiter y Liquid Memory.

Habiendo leido y releido Liquid Memory un par de veces antes de sentarme a escribir esta reseña, puedo anunciarles que el lío se ve ya desde la página del ISBN. Pone:  ”Originalmente publicado de forma diferente por Bernard Grasset, París, como Le goût et le pouvoir“.  Una noticia legal “inocente” parece. Pero encierra algo que pica, que da vergüenza. Este libro es meramente una traducción al inglés de Le goût et le pouvoir, con alguno que otro pasaje autopromocional añadido por Nossiter en preparación para el lanzamiento del estuche de diez DVDs de Mondovino. O bueno, va y me equivoco y no es promoción de eso, sino que a Jonathan Nossiter le gusta mucho repetir los pormenores de su CV para beneficio del universo.

Esto de publicar una traducción dos años después del original no debería suscitar quejas mayores. Pero cuando se convierte en una marca del desfase del autor y solamente sirve para minar unos argumentos otrora convincentes, pues, otro gallo nos canta.

A ver si me explico.

Vivimos en un mundo donde la información fluye y se transforma  a velocidad tremebunda. La increible facilidad de transmitir datos y opiniones motiva en la gente una sed constante de más, más, más (ojo, hablo de cantidad estrictamente, la calidad siendo otros veinte pesos…) Esa sed llega a permitir la coexistencia en un mismo espacio de ideas otrora mutuamente exclusionarias. Los que tenemos suerte y un poquito de apertura mental ahora podemos ver, como resultado de dicha coexistencia de ideas adversarias, muchos matices que antes, en un mundo ideológicamente polarizado, éramos incapaces de apreciar. Y así nos hemos ido enrriqueciendo.

Además, la sed de marras también motiva a opinar a gente que en otro momento se quedaba calladita. Eso resulta en nuevas maneras de ver las cosas, inesperados cuestionamientos del poder y la autoridad. De repente, no solamente es imposible para el emperador transitar encueros por la vía pública, sino que tienes un montón de opiniones profesionales en cuanto a posibles sicopatologías causantes de su situación y prospectos sartoriales para solucionarla. Y si no que se lo cuenten a Robert M. Parker, Jr. Porque no creo que hayamos olvidado aún el rol de Dr. Vino y del propio Mike Steinberger en sacar a la luz ciertas cosillas que han dejado bastante maltrecha la credibilidad del comunicador sobre garnacha aragonesa más influyente del mundo.

En resumidas cuentas, que esta versión inglesa del libro de Jonathan Nossiter, explicando los mismos principios y narrando las mismas batallitas que narraba el libro en francés del 2007 como que se siente… No sé… ¿Anacronístico? ¿Divorciadillo de la realidad?

Hablar de una lucha contra el poder absoluto, de un “público” irremediablemente subyugado por fuerzas siniestras, de una “conspiración masónico-mafiosa” para embrutecer a la gente a base de un lenguaje del vino infantilizado me parece, a estas alturas, ridículo. Alguien debe explicarle a Nossiter que la maldad del día a día, aquella “banal” que explicaba Hannah Arendt, es mucho más perniciosa que la de Darth Vader. Los némesis que presenta en Liquid Memory–Parker, mi antiguo amigo Víctor de la Serna, etc.–no horripilan tanto como hace dos años. Además, los terroiristas heroicos que presenta siguen siendo los mismos de Le goût et le pouvoir y, francamente, resultan ya hasta un poquito establishment y finolis. Si me vas a hablar de actividad subersiva en defensa de la memoria histórica, la naturaleza y el vino de verdad, háblame de una nueva generación que anda por ahí haciendo cosas bonitas. Ellos saben quienes son. Yo los vivo nombrando en estas páginas. Pero, ¿Dominique Lafon? ¡No jooooooooodaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas!

O sea que ahí está: Lo que me molesta de Liquid Memory es que Nossiter ni siquera se molestase en considerar que en dos años las cosas pueden cambiar mucho y la pugna que él vió una vez en blanco y negro ahora incorporar otras tonalidades. Puedo estar de acuerdo a un nivel básico con muchas de las ideas que expone el Liquid Memory, tal y como lo estaba cuando las leí en Le goût et le pouvoir. Pero no por ello voy a perdonar la chambonería que representa venderle a uno el mismo panfletillo político de antes de la revolución cuando ya la revolución hace rato que comenzó y las líneas de pelea son distintas.

Bueno, va y es que Nossiter, entre tanto andar detrás de Charlotte Rampling o recordando comidas de hace cuatro años, ya no tiene acceso a la internet del vino, no ha visto nada de lo que pasa. Todo es posible.

Ya puestos, les diré alguito más que me molestó de este Liquid Memory: Jonathan Nossiter es de los que usa “varietal” como sustantivo para designar una variedad de uva. ¡Urgh! O como diría mi hijita Sabina: ¡Wákala! Además, aquella biógrafa de Robert Parker que escribió The Emperor of Wine, que sale citada en Liquid Memory como “Ellen McCoy” se llama Elin McCoy. Un cineasta meticuloso no dejaría pasar un error así en una cinta. Espero el mismo cuidado de un escritor y sus editores…

Pero espérense, que me voy en minucias y quería concluir con cosas más graves, más importantes. Nossiter dedica buen rato a discutir la “conspiración masónico-mafiosa” para la mentecatización del consumidor a base de un lenguaje del vino infantilista, usado notoriamente en la rimbombantemente ridícula antiprosa de su archienemigo, Robert M. Parker, Jr. Mi respuesta a Mr. Nossiter es que se deje de tonterías, que ese lenguaje tontificado no tiene tanto de siniestro. Parker, en el mejor y el peor de los casos, dió con una veta intocada de imbecilidad humana y supo hacerse rico explotándola. Otros siguieron su ejemplo y también. Lo peor que tiene el marketing es que funciona y, cuando funciona, tiende a probar lo cretina que puede ser la raza humana. Deje ustedquietosa los masones, que no le han hecho nada. Bueno, y con la mafia se mete si le da la gana, pero no diga que no le advertimos.

Aunque el Botellazo™ otorgado en el 2007 a Le goût et le pouvoir se queda como está, no puedo evitar sentir una cierta incomodidad ante mi propia falta de previsión. Unos argumentos que sonaban subversivos, atrevidamente bellos y cortantes hace dos años ahora no se paran ni con Viagra™. Liquid Memory recicla un documento de protesta sin refrescarlo, sin ponerlo al día. Aquellos momentos más elocuentes de Nossiter, vistos con la óptica actual, se leen más como berrinche de abuelo que vitupera a un enemigo de guerras pasadas. Las viejas vendettas me dan vergüenza ajena y Nossiter  cae, visto para sentencia, entre lo patético y lo cómico, pero con la balanza inclinándose más hacia lo primero. Da cosas ser quien tenga que decirle al vejete que cambie el chip, que ya Hitler y Franco murieron, no hay Unión Soviética y Parker no es tan infalible ni divino como se le pensaba.

No obstante, creo que mejor cierro con un párrafo que suvrayé casi al final de Liquid Memory, que quizás hubiese sido el principio del libro que yo esperaba leer. Escribe Nossiter:

El malcaracterizado “vino moderno” es justamente ese tipo de portal ["hacia el fin de miles de años de civilización comunal"], desde su versión española de alta expresión hasta la variante francesa del burdeos californizado, pasando por su encarnación argentina a 16% de alcohol. Es una construcción que pregunta únicamente: ¿Qué puede gustarme sin tener que pensar y qué quiero yo ahora mismo?” Esto donde un vino de terroir te requiere maravillarte ante él–y sobre ti mismo. “¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Qué puede narrarse de una tierra, de la historia, de la naturaleza?” Aquellos que abogan por el mítico “mercado libre” y por vino u otra expresión cultural como ex nihilo son narcisistas. La defensa de vinos mayores que el yo, de vinos de terroir es la expresión de un gusto adulto comunal. La otra es infantil. (p. 231, mi traducción)

¿Verdad que hubiese dado un excelente punto de partida para una discusión seria sobre la importancia de la comunidad y la memoria histórica? Porque eso debió ser Liquid Memory. Una pena.

Categorías: Cosas que me pasan · Libros
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