La otra botella

Entradas de Diciembre 2009

Tango, hora cero: ¡Los Premios El Botellazo 2009! (y 6)

Diciembre 27, 2009 · 12 comentarios

No sé como pudo ocurrir.

Tras el rotundo éxito de El Botellazo 2008: Camblor on Broadway!, la edición de lujo en 12 DVDs con extras inéditos, los documentales The Making of El Botellazo™ y Camblor versus Camblor, así como un maravilloso álbum fotográfico con lo mejor de los Premios El Botellazo™ 2008, decidimos lanzar algo aún más ambicioso para esta versión 2009 del Botellazo™. Pero a último momento hemos decidido abortar dicho lanzamiento, pues llega a nosotros la lamentabérrima noticia de que todo el material que teníamos preparado ya está disponible en bit torrent en varios sitios de la red.

¡Puta interné, que va a acabar con todo! ¡Como pille yo al que me tumbó los archivos, que eran Top Secret!

Pero hemos de seguir con la frente en alto.

Pasamos ahora al Botellazo™ al Blanco del Año. Otro premio muy reñido, pues nada más en la cata multitudinaria del portafolio de Louis/Dressner en octubre surgieron por lo menos cinco candidatos perfectamente dignos del premio. Y no digo nada de unos cuantos rieslings recientes que han resultado electrizantes.

Llegó un momento en que me sentí confundido. El Botellazo™ parecía querer írseme de las manos si insistía en otorgarlo en base a mera sensación olfativo-gustatoria. Entonces recordé que mi criterio básico para el galardón era la felicidad causada por el vino, en la medida en que me regocijaba por que existiese algo así de maravilloso en el mundo. Y dí con la solución a mi predicamento.

El Botellazo™ 2009 al Blanco del Año lo doy, porque me da la gana, no a una añada en particular de un vino, sino a ese vino a través de su historia. Ya dirá alguno que eso es trampa, pero a mí me importa poco, que aquí las reglas… En fin, este Botellazo™ es para celebrar la continuada existencia de un vino regio aún ante el escándalo y la adversidad. Recibimos anonadados la noticia de los problemas con la ley de Marcial Dorado. Dicha noticia trataba de Dorado el padre, no Dorado el hijo, quien es el genial hacedor de los vinos de Quinta do Feital, en Portugal. Al verse mencionada con relación a este caso la bodega, cuyos alvarinhos han hecho mi alegría desde la primera vez que los probé, a principios de esta década, cualquier opinión mía sobre la sustancia del caso se vió desplazada por el temor a que los vinos de Quinta do Feital desapareciesen del mapa. Sería una pérdida terrible, devastadora para quienes reconocemos las virtudes de los grandes alvarinhos/albariños de este mundo.

Pero recientemente fui contactado por Marcial Dorado, hijo. Me informó que, pese a todo lo que estaba ocurriendo, seguiría produciendo sus vinos. Yo, dejando de lado todas las preguntas que tengo sobre el trasfondo del caso contra Dorado, el padre, me alegré muchísimo y con mucho placer propino un Botellazo™ vivificante al Quinta do Feital, “Dorado” Alvarinho Superior, Subregião de Moncão, Vinho Verde (del cual, gracias a una visita de mi suegra, me acaban de llegar dos botellas de la añada 2007: Fíjense ustedes por dónde iba yo a venir a alegrarme de que viniera a quedarse con nosotros la señora en cuestión…)

No me negarán que han estado de mucho nivel las intervenciones musicales de este año. A veces, ante la bulla que hacen los American Idol de este mundo y la bazofia que insisten en promover ad nauseam las moribundas grandes disqueras internacionales, se me olvida que hay mucha música excelente siendo creada por jóvenes (y no tan jóvenes) muy imaginativos. Se roban mi corazón en particular los veteranos que vuelven de sopetón con álbumes magistrales, profundos, generosos en cuanto a textura y significado. Ya sé que abotelleé a A.C. Newman y me da un poco de cargo de conciencia, pues quizás el premio que le dí debió compartirlo con este señor que les va a cantar ahora. Recuerden que en efecto, “no es muy lejos del azufre a la caña de azúcar” mientras disfrutan del gran Elvis Costello…

El 2009 ha sido un año pródigo en cuanto a escándalos en la cultureta global del vino. Un año de justificado Schadenfreude para algunos mientras veíamos el ocaso de múltiples ídolos. Un año en el que quizás al fin mucha gente se ha visto obligada a salir del estupor de credulidad y mentecatez en el que estuvo sumida en el momento del eno-boom de los noventas y primeros dosmiles. Proliferan en la internet nuevas voces iconoclastas que no le aguantan porquerías a nadie. Vamos, que vamos bien, me parece…

Y es así como llego a uno de los premios más importantes de esta velada: El Botellazo™ a la Personalidad del Año en el Mundo del Vino.

Este Botellazo™, si lo pensamos bien, desde agosto ya estaba “pillao”. Tenía un candidato cuyas “distinciones” eran tan jodidamente tremendas que no había nadie que se le acercase. Es un Botellazo™ que se otorgará en conjunción con otro galardón, la Medalla de Teflón® con Apliqués de Chorizo Ibérico  ”El Dioni” al Mérito en el årea de la Resbalosidad, que creo que se explica solita.

¿Cómo olvidar al “hombre del vino” que nos dió el material para entregas de La otra botella como ésta, ésta, ésta , ésta, ésta, ésta, ésta y por lo menos media docena más? ¿Cómo ignorar el tema responsable del más sustancial aumento de tráfico en la historia de La otra botella? ¿Cómo no reconocer a un tipo que levanta las pasiones que levanta éste? ¿Cómo obviar aquella “red notice” de Interpol que era una orden internacional de arresto o una mera “solicitud de información”, dependiendo de a quien le preguntaras? ¿Cómo no tener en cuenta la infinidad de preguntas que se iban suscitando sobre el curriculum vitae, los diversos casos legales, las influyentes conexiones, etc., de este señor? ¿Cómo hacerse de la vista gorda ante videos embarazosos que desaparecen de la red, evasivas, respuestas dadas a través de amiguitos, subalternos y testaferros? ¿Cómo, señoras y señores, pasar por alto esa inagotable fuente de escándalo que fue Wine Future Rioja 09? Hubo dimisiones simbólicas de cargos, hubo todo tipo de dimes y diretes, invitaciones a la Zarzuela rescindidas, pero al final lo de Interpol creo que sigue igualito, de lo de Dubai se sabe poco y las interrogantes que algunos teníamos siguen sin obtener la más mínima traza de una respuesta satisfactoria.

Pero siguen las investigaciones. La verdad está allá afuera y hay bastante gente interesada en descubrirla. Por ahora, el Botellazo™ 2009 a la Personalidad del Año y la Medalla “El Dioni” son para…. ⁄Paaaancho Caaampoooooo, Emedoblevéeeeee!

Otras cositas que nos intrigan a algunos: ¿Agradecerá este reconocimiento público al des-servicio  la página oficial de la Wine Academy of Spain? ¿Aceptará Pancho Campo, MW al fin mi solicitud de amistad en Facebook? ¿Comentará Enrique Iglesias sobre Pancho Campo? ¿Sabremos en qué universidad dominicana “cursó estudios de medicina” el primer MW español o chileno, dependiendo de a quien se le pregunte?

De cualquier manera, gracias Mr. Campo, por hacernos el 2009 tan divertido. Le he mandado a hacer a mi auto unas tablillas especiales (de esas “vanity plates” que el registro de vehículos te permite hacerte, por una tarifa módica) que ponen “Soy médico”.

Y ya que estamos reconociendo los dudosos méritos de Mr. Campo, vamos a adjudicar otro Botellazo™ conectado con él. El año pasado esta categoría se quedó para los “extras” de los DVDs, pero este año, como nos han birlado el contenido, hay que ser el ladrón que roba al ladrón y retomarlo. Por ello me complace incluir aquí el Botellazo™ al Marketingazo del Año. Añadiéndole sal a la vida, creo que este premio no debe ir a quienes orquestaron el guirigay marketinguiano, sino a los primos que de él participaron. Porque la evidencia del éxito en marketing no es lo que te dicen los marketeros, sino los incautos que caen… Así, este Botellazo™ es para… ¡Los que pagaron los mil euros por asistir a Wine Future Rioja 09!

El director de la orquesta me está haciendo señas de que como siga con el rollo voy a tenerle que pagar unas horas extras a su tribu que no veas… A ver, abreviando, que sólo nos queda ya una categoría que premiar: El Tinto del Año. Aquí sí volveré a la normalidad y otorgaré el Botellazo™ a una añada específica de un vino. El premio es por mérito extraordinario, particularmente en cuanto a relación calidad-precio y a como brilló este vino en comparación con otros mucho más alabados por la “crítica” internacional puntillista.

Una noche en Apiary junto a Josie y mis buenos amigos el Dr. K y Victor L, el Tinto del Año se  me reveló claramente. Escribí de él:

Absolutamente fabuloso…. Nariz vivaz, de vuelo ligero, con aromas de hoja de tabaco, lilas, una sutil nota de anís, agua de río, humo, arcilla y frambuesas y arándanos frescos. Es uno de esos clarets clásicos que se las arregla para ser austero y a la vez tremendamente seductor. En la boca es ligero, preciso y fresco, con esa deliciosa acuosidad en el medio que te invita a otro sorbo. Largo y estructurado. Tiene bastante vida por delante, aunque ahora mismo es una auténtica delicia.

Se sirvió junto a un Château Montrose, Saint-Estèphe 1990, caldo (palabra que uso adrede) poseedor de la dudosa distinción de los 100 puntos de Robert Parker. Y a la hora de la verdad es que no había duda alguna sobre cual era un vino indiscutiblemente delicioso y cual quizás no tanto. El Tinto del Año de La otra botella, por ser tan rico como es y aparecer por la vida a precios relativamente modestos para Burdeos, es el Château Beychevelle, Saint-Julien 1988. Los 100 puntos se los regalo si los quieren. A mí que me den Beychevelle.

Pero sería injusto dejar sin un reconocimiento especial al primer finalista para este Botellazo™, un vino con prestaciones muy similares a las del Beychevelle, o sea, una joyita que vuela bajo el radar y da unos niveles de placer por dólar que lo dejan a uno en puro écstasis. Este finalista es el Domaine Gonon Saint-Joseph “Les Oliviers” 1989. Varias ocasiones tuve de beber esta maravilla que cautivó a muchos entre la wine geekery neoyorquina en los últimos tiempos. Envidio a los que de él compraron en cantidad… La primera vez que lo probé, narré así la experiencia:

Josh Raynolds se acercó a mí con una botella en mano en la cual quedaba poquito vino. Me sirvió. Algo increiblemente fino. De primera intención se le entendía perfectamente como syrah, con sus tonos de tocino, cuero, polvo y violetas, pero a la vez quería ser borgoña. Perfumado, delicado, con una sedosidad aromática que me puso las rodillas a temblar. Mucho granito en la fragancia también. En boca hay fruta carnosa, purísima y de expresión clara. Posgusto largo y etéreo, verdaderamente delicioso. Puse en la libreta: “Una de esas chicas bellas a las que sería sacrilegio imaginarlas con maquillaje”. Josh me dijo: “Ahora la pregunta es quién habrá plantado syrah en Chambolle…”

Momento memorable. Otros momentos memorables que merecen mención antes de que los de la orquesta se me subleven y me pongan una demanda judicial por impago de servicios:

El Virtualazo: Cinco riojas catados por amigos de La otra botella en diversos rincones del planeta, en una misma semana. Irónicamente, el que dió la idea original no pudo participar…

Monte Real Gran Reserva 1964 en Apiary, en la ocasión del cumpleaños del Dr. K.

Los vinos hechos o embotellados por amigos enochalados de siempre. Los Scott de Eminence Road, Brad Kane, Eden Mylunsch.

La increible cena de los “vinos anaranjados” en Convivio en octubre, organizada por el genial Levi Dalton. La mayor aglomeración de vinos envejecidos en ánfora puesta en escena para un grupo selecto de enómanos.

Aquella ardua cata de Ribera del Duero para Wine & Spirits a la que me invitara Patricio Tapia. Uno se somete a cada cosa…

Aquella vertical de Contino en Tía Pol con los amigos neoyorquinos en febrero. Se bebieron riojas impresionantes esa noche.

La otra botella comienza a recibir menciones en medios que yo ni me hubiera imaginado. Así, en El Mercurio de Chile…

La puesta de sol sobre el Hudson en aquella barbacoa de Keith Levenberg en junio. Vino a visitarnos Jesús Barquín. Grandes vinos. Excelente comida. Buenos amigos.

Aquel cabernet californiano del 74 con la apología por su “alta graduación” de 13.7%. Una bonita e instructiva cata improvisada en Chelsea con el verdadero Jay Miller y Jeff Grossman.

Cenar con David J. Rodríguez en Puerto Rico. Varita fue un desastre, pero encontrarse con lectores amigos es algo grande siempre…

Lessona con el Errepé en Santo Domingo.

Las carnitas y los frijoles de Josefa Concannon en casa de SFJoe, con mucho vino bueno entre el cual estaba el primer vino que he probado de la tierra de mi abuelo paterno, Asturias.

Inolvidable todo. Ha dado mucho de sí el año. Camblor también. Es hora de tomarnos un descanso, de respirar hondo, comer lechón y abrir botellitas de champaña. La otra botella tendrá nuevas entregas en enero. Por el momento, les deseo un feliz año nuevo a todos y les agradezco la atención, el apoyo y el afecto que me brindan en esta laborcilla que hago por el puro gusto.

¡Nos vemos!

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Tango, hora cero: ¡Los Premios El Botellazo 2009! (5)

Diciembre 26, 2009 · Dejar un comentario

Los que leen La otra botella con regularidad saben que el Botellazo™ al Disco del Año se me ha vuelto problemático. Escribí con cierto sentimentalismo sobre la desaparición de las grandes tiendas de discos donde mucho rato pasaba y mucho dinero gastaba—en lo que parece ser otra vida. En comparación con aquellos viejos tiempos, ya casi no adquiero CDs. Ahora me limito a bajar canciones individuales de sitios dedicados a vender mp3. Como mucho, me bajo porciones de álbumes.

Quizás eso ha servido para limitar el número de candidatos a este premio en un año en el que he encontrado varios álbumes excelentes. Estuvo The Fountain de Echo & The Bunnymen y, si queremos otro gran retorno de un gran veterano, Who Was Changed and Who Was Dead, de John Wesley Harding. Del lado del hip hop tuvimos el monumental Blaqout, de DJ Quik y Kurupt y la británica Speech DeBelle, cuya vocecita infantil carga letras de un peso imponente. Y del lado pop estaban The xx con xx, The Noisettes, Metric, Phoenix, Passion Pit y algunos más. Incluso hasta estuve considerando el intrigante Secret, Profane and Sugarcane de Elvis Costello. Y ese álbum a duo de Pete Yorn y Scarlet Johansson, Break Up, que parecería absurdo como concepto, pero que es magnífico como realidad. Todos fueron discos que adquirí enteros, fuese en copia dura o en download.

Pero al final, el Disco del Año en La otra botella, el que ha sonado incesantemente y me ha intrigado por música y letra, es otro.

A.C. Newman es el principal compositor detrás de la superbanda de rock alternativo The New Pornographers. Ha sacado dos álbumes en solitario hasta el momento que a veces superan en calidad al trabajo que hace con New Pornographers. El Botellazo™ es para su Get Guilty, un álbum que a nivel de superficie es pop, pero que da mucho más de sí que mero entretenimiento auditorio de sus irresistibles melodías. Aquí hay ambigüedad lírica que da gran profundidad al material. El corito más feliz esconde algún sentimiento conflictuado, espinoso, oscuro, y te encuentras disfrutando del conflicto, de la espina, de la oscuridad que contradice los brillos alegres de la música. Eso me gusta. Es tensión. Vitaliza. Si he de decir que tengo pistas favoritas, entonces diré que son “Prophets”, “All of My Days and All of My Days Off”, “The Changeling (Get Guilty)”, “Submarines of Stockholm”, pero sobre todo ésta:

Es pop perfecto, pero es también muchas otras cosas. Como debe ser.

No puede olvidarse una de las categorías más divertidas en estos Premnios El Botellazo™. Es una categoría que incluye cariñosas curas de humildad para mí y para muchos amigos míos. Me refiero al Botellazo™ Especial Y No Estaba Muerto, No, No a Vinos de los Que No Se Esperaba y Dieron. Porque siempre aparece un vino que la gente cree “muerto”, o “estropeado”, o de otra forma “horrible”, pero que sorprende a todo el mundo al revivir y embellecerse con un poco de aire.

Este año, ese Botellazo™ Especial es para el Az. Agr. Cristiano Guttarolo, Primitivo “Anfora”, Gioia del Colle DOC, Puglia 2006. Imposible olvidar aquella noche con cuatro amigos en casa de Brad Kane en la que la mayoría vociferaba sobre “el pestazo” de esta botella. Se probó. Se escupió con gestos de asco, miedo, incredulidad—lo que quieran. Y se olvidó. Luego, al final de la noche, revisitada, nos dejó a todos alucinados por lo bello que se había puesto el patito feo con olor a muerte.

Pero así es la vida. Das algo por sentado y es muy probable que te lleves un susto cuando resulte ser de otro modo.

Hablando de cosas que uno da por sentado y que luego resultan ser… Bueno, ya ustedes saben. Iba a decirles que nos acercamos vertiginosamente a uno de los premios más importantes de la noche, el Botellazo™ a La personalidad del Año en el Mundo del Vino. Es una categoría en la que el ganador fue asunto de pocas dudas.

Pero antes de entrar en esa materia tengo que tomarme un momento para agradecer a todos aquellos entre ustedes que ya se han hecho fans de la página de La otra botella en Facebook. Espero que estén satisfechos con la cantidad y calidad de contenido que allí les presento, que quizás sirva para enriquecer la experiencia que pretende ser este blogcito. O al menos que sirva para divertirse y cotillear un poco, que también son finalidades muy loables.

Ahora mismo, la página cuenta con 191 fans. Me haría mucha ilusión comenzar el año nuevo superando los 200 y camino a los 300. Quienes ven esta transmisión en semidirecto y desnudo y no son fans aún, pues un poquito de por favó, que se me están perdiendo de algo muy bueno a lo que le doy mucho cariño. Digamos que me hace tanta ilusión como esa preciosa Electromatic Corvette (que tan bien suena, dicho sea de paso).

Con la venia del respetable, tendremos un par de momentos musicales consecutivos. Eso es porque me llaman de casa, que hay una gotera que resolver, o un acondicionador de aire estropeado en estas tierras de calorazos acojonantes 24/7/365. Entraré y saldré a ratos en lo que resuelvo este lío… Aquí tienen a Speech DeBelle, una de las finalistas para el Disco del Año de La otra botella. Como diría un amiguete mexicano que tengo, “chida la rola”, que se llama “Spinnin’”:

Otros magníficos finalistas en lo del Disco del Año fueron The xx. Su álbum epónimo lleva un par de meses en severa rotación en las oficinas de La otra botella. Pop de cámara, como le dicen los críticos. Mínimo. Preciso. “Islands”:

[En un momento volvemos con el desenlace de estos dramáticos Premios El Botellazo™ de La otra botella. Vayan a hacerse un bocadillo y fans en Facebook, hombre...)

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Tango, hora cero: ¡Los Premios El Botellazo 2009! (4)

Diciembre 26, 2009 · 8 comentarios

Disculpen la demora, pero es que estaba leyendo lo del intento de atentado terrorista en aquel vuelo Amsterdam Detroit. Menudo cretino.

Volvemos a lo nuestro, alegres de que la cosa haya quedado en tan poquito.

Estábamos a punto de entrarle al Botellazo™ en honor de Como Deberían Ser las Cosas/División Blancos. En éste la cosa no estuvo tan reñida y el ganador es reincidente en estos premios. Este Botellazo™ va por hacer las cosas bien, a un elaborador excelente que entiende que solamente se debe introducir un vino nuevo en el portafolio de su bodega si hay una razón verdaderamente legítima y un producto verdaderamente diferente al resto de los que ya hace. Esto lo deberían entender los que han saturado el mercado internacional con miles de  “marcas” de pacotilla que son reclamo de tecnovinos idénticos. El merecedor de este Botellazo™ es el François Pinon, “Silex Noir”, Vouvray 2007, un vino que viene a engrosar un conjunto estelar de vinos con verdadero carácter. Sobre él escribí hace unos meses:

La nariz…. me resulta muy agradable, con una fruta que me parece cruce entre grosella y litchi, seguida por toronja blanca, naranja y arena. Quizás me sugestiona la etiqueta, pero siento una “oscuridad” volcánica en ese aspecto mineral. Cosas… Hay también una gotita de miel y algo de talco en la mezcla. En boca es tendre, o sea, ligeramente dulce, pero firme de tono. Inmediatamente te convence de que va completamente en serio. Una panoplia de deliciosas frutas cítricas de diversos colores, dulzores y niveles de acidez. Intenso. Polifónico en su entrada, esto. Excelente persistencia, con tonos de anís y… ¿Zumaque? ¿Ruibarbo? Esas notas finales—tirando a un amargor placentero—resultan extremadamente exóticas y atractivas en estas latitudes caribeñas. Muy curioso y muy rico. Otra referencia más de un elaborador estelar en el Loira.

Bueno, porque hay mucha música interesante este año, ahora nos vamos a otro momentito de cosas buenas a cargo de un grupo que ha sufrido esa extraña transformación que los hace más comercialmente viables, pero sin sumirlos en la mediocridad del montón. Verdadero talento musical ayuda mucho en este caso. Aquí están The Noisettes…

No dejará nunca de sorprenderme la legitimidad que puede tener la onda retro si se sabe manejar. Artistas como Camera Obscura, Nikka Costa, Lucky Soul y estos Noisettes lo hacen a uno recordar otras épocas, otros sonidos, a la vez energizándolos y dándoles una indiscutible relevancia.

Hablando de retro… ¿No les dan ganas a veces de volver a los tiempos en que no teníamos ni móviles ni tanta comunicación? ¡Porque miren que jodeeeeeeeee! Es que el mío lleva rato vibrando y no lo tengo en el sitio donde esas vibraciones se aprecian. A ver, con permiso…

¡Coñóoooooo, la Academia! Que ya han decidido lo del Blog del Año/División España y Latinoamérica y me lo han mandado por SMS. Si no llego a interrumpir para fijarme, no nos enteramos.

Y el Botellazo™ es para un blog bastante nuevo, pero que ha demostrado tener tremendas espuelas. Su autor es otro de los que no han dejado pasar muchas en cuanto al Wine Future Rioja 09 y otras cosas así. Escrito desde una perspectiva riojana-universal por un querido amigo y compañero de muchas batallitas internáuticas, que traiga la cabeza www.ino, que el Botellazo es para… ¡Universal de vinos!

Bonito diseño que tiene, sí señor…

En tema de cosas no tan bonitas, pasamos ahora a un Botellazo™ al que voy a cambiarle el nombre. Antes era el premio a la Horterada Vínica del Año, pero dado lo entrañable que siempre me ha resultado el ganador, este año lo llamaremos el Botellazo™ al Peor Lapsus de Buen Gusto y Gallardía en el Mundo del Vino. El ganador de este galardón a tan dudoso logro es el venerable Michael Broadbent, por la demanda que le metió a Random House intentando impedir la publicación en el Reino Unido de The Billionaire’s Vinegar, el maravilloso libro de Benjamin Wallace sobre la falsificación de vinos y el tráfico en vinos falsificados. La demanda fue resuelta fuera de corte. Pero no creo que eso haya reestablecido mucho a Michael Broadbent.

Nada, que él quiso jugarla así.

Es un placer añadirle cola a este Botellazo™ que otrora fuese a la Horterada del Año. Premiaremos ahora a algo habitualmente hortera que, misteriosamente, tiene un arranque repentino de no sé qué y… Bueno, que el Botellazo™ 2009 al Arranque de Buen Gusto en Algo o Alguien que Creíamos Incapaz de Semejante Cosa es para… ¡El Wine Spectator, por incluir entre su “Top 100″ el R. López de Heredia, Viña Tondonia Blanco Reserva, Rioja 1990!

Repitan conmigo, a ver… Yo flipo, tú flipas, él flipa, nosotros flipamos…

Hora de otro interludio musical y de una pausa. Kristoffer Ragnstam es un cantante y compositor sueco que podría ser el hijo revirao e infinitamente más talentoso de alguien de Abba. Ya en algún momento ha aparecido en La otra botella con algo excelente y muy corporealmente meneante. Ahora viene con una de su nuevo disco. Lleva título de nota de cata mía, la canción, y es pegajosísima:

(Pronto, más…)

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Tango, hora cero: ¡Los Premios El Botellazo 2009! (3)

Diciembre 26, 2009 · 4 comentarios

Todo conecta, Suena un poco extraño como mantra, pero yo lo uso constantemente, con felicísimos resultados.

El Botellazo™ al Blog de Vino del Año/División Internacional podría comenzar a hacerse difícil de otorgar por la inmensa cantidad de blogs valiosos que hay en diversos idiomas que no son el nuestro. Un reconocimiento especial lo merecen maravillosas páginas como In Vino Veritas de Alice Feiring, Rockss & Fruit de Lyle Fass, Captain Tumorman de Joe Dressner, Le blog d’Olif, Jim’s Loire de Jim Budd, Wine-Wein-Vino-Vin de James Wright, o Vino al vino de Franco Zilliani. o Wine Tasting, Vineyards in France de Bertrand Celce. Algún par de ellos ya habrán recibido un Botellazo™ por su excepcional labor. Y no quiero que parezca que propongo una lista preferencial comprensiva. No señor. Ese puñadito es solamente un arañar de la superficie de la inmensidad blogosférica. Somos legión.

Pero a lo que íbamos. Todo conecta. Los que prestan atención habrán notado un patroncito que emerge al final del segmento anterior, en el resumen del Suceso del Año. Detrás de la historia hay un blog en particular que se ha destacado por una labor periodística excepcional—por plantear preguntas tan difíciles como cruciales a los implicados en los escándalos; por mantener un temple envidiable en discusiones que a veces amenazaban con agriarse mucho; por continuar la investigación hasta sus últimas consecuencias, siempre con sentido del humor… Por informarnos clara y honestamente. Este botellazo lo doy con admiración a… ¡Tyler Colman y su fenomenal Dr. Vino!

Digamos que sin los brillantes posts de Dr. Vino nuestro Suceso del Año hubiese sido mucho menos. Excelente investigación, excelente interpretación de lo investigado y excelente presentación de información. Tomarían los que se llaman a sí mismos “periodistas” en los medios tradicionales (la mayoría de los cuales no son más que desinformadores y publicistas baratos  para la industria global del vino) para un día de fiesta… Dr. Vino es un modelo a seguir y lo seguiré diciendo: Cuando sea mayor quiero ser tener un blog así.

Bueno, pero ya está bueno con las loas, que hay que continuar.

El Botellazo™ en la categoría Como Debieran Ser las Cosas/División Tintos es otro que ha salido dificilillo este año. Al final ha resultado en un empate, o sea que con una misma botella he de propinar dos botellazos a dos tintos distintos que me hicieron decirme para mis adentros: “¡Qué bien estaría el mundo si hubiese mucho más vino así!”

El primero de los dos medios Botellazos es para un vino emblemático de las posibilidades de presentar inequívocamente un terroir riojano. Con su impresionante transparencia y pureza, este vino me dejó ver facetas del tempranillo que o no había visto nunca, o sencillamente se me habían olvidado del todo en los diluvios chapapóticos de la alta expresión. Incluso en los riojas clásicos de las bodegas históricas que tanto respeto yo esas facetas eran invisibles. Pero vino un francés y…

La historia ya la conté. El vino es el Olivier Rivière, “Rayos Uva”, Rioja 2007 y sobre él me manifesté así:

Este “Rayos Uva” 2007 lo dice todo por sí solo. Sé que he dicho muchas veces que el tempranillo, vinificado monovarietalmente, no es particularmente excitante. Me trago esas palabras ante este vino. Es ahumado, especiado y muy afrutado, con tonos minerales por doquier. Se las arregla para entrar en boca sedosa y cálidamente, pero a la vez para mantener siempre un nivel de frescura y tensión que lo hacen sumamente estimulante al paladar. Largo y delicioso posgusto, con capas de sabor que acaban siendo una más cautivadora que la otra.

¿Les he dicho que esto me encantó?

No, por si acaso…

Claro, seguro que dentro de un rato viene alguno a decirme que si ese francés es esto o aquello, que si el vino no es lo que me imagino y que… Bueno, conocemos la canción. Me pongo gómezpallaresco y digo que lo que vale es lo que me bebí, que me lo bebí con un gustoooo…

El co-ganador del Botellazo™ en la división Como Debieran Ser las Cosas/División Tintos es un vino que para mí fue deseo a la primera olisqueada, amor al primer sorbo y posgusto de felicidad duradera. Recordemos:

Un vino de bonito color frambuesa con fondo violáceo, este SP68. El nombre le viene de la carretera que pasa delante de la casa de Arianna Occhipinti en Vittoria, la Strada Provinciale 68 Vittoria-Pedalino. No tengo el trasfondo exacto en cuanto a la decisión de ponerle así al vino, pero créanme, estoy haciendo mis pesquisas. De todos modos, si este vino es el que da la carretera en cuestión, noble vía es.

Aroma salino y vivaz, con fruta roja muy pura y abundante mineralidad. De fondo se siente un deje de naranja rubí y algo distante que me hace pensar en carne cruda y ajonjolí tostado. Suculento en boca, repitiendo las impresiones de la nariz en un vino ligero, jugoso, de acidez vibrante. Largo posgusto con bellas notas salinas realzando la fruta.

Pero esta descripción se queda corta con respecto a la experiencia, lo juro. Ayer le explicaba a un chico qué es lo que me cautiva tanto en un buen vino natural y el clarísimo ejemplo que me venía a la mente para ilustrar lo que quería decir del SP68. Muchos amantes del vino tecnológico y/o puntista se enfocan en lo “poderoso” que les resulta un caldo como descriptor positivo. Usualmente la idea de “poder” va ligada a corpulencia, a densidad, a peso percibido.

En el caso del SP68 pienso en poder de otro tipo, más bien en el sentido de “energía”, de “electricidad”. Estoy hablando de un vino claro, ligero, pero que sin embargo exhibe auténtico élan. Es grácil y seguro en su movimiento. Evoca para mí la tensión en la musculatura de un gimnasta realizando una rutina impecable. El poder queda condicionado por la gracia a la que ha de servir.

Difícil de explicar, pero este tipo de energía y tensión es para mí una de las marcas de identidad más inconfundibles del vino natural, del vino vivo.

Revelado está. Esa primera botella, un flechazo instantáneo, la bebí en mi habitación del Essex House, con comida china. Luego un par más repitieron la maravilla que es el Occhipinti, Nero d’Avola-Frappato “SP68″, Sicilia IGT 2008. Como debieran ser las cosas…

Claro, hay que considerar también que si todo el vino fuera así andaría yo como aquel personaje de la película de Truffaut, L’homme qui aimait les femmes, descocado de uno en otro sin comprometerme jamás y a la vez comprometido con el arte del amor. Que es que puedo imaginármelo.

Pasamos a otro momento musical con uno de los artistas que no pueden hacer nada mal según Camblor. Acústico haciendo lo suyo, que es una mezcla bellamente caprichosa de funk, blues, hip hop, pop y rock, el gran tesoro de Filadelfia, G. Love…

¿Les conté que todo conecta? Santa Claus consideró, habiéndose leido los borradores de los primeros dos segmentos del Botellazo™ 2009, que éste ha sido un año en el que los que nos hemos portado bien, nos hemos portado muy bien. Por eso, debajo del árbol birlado de casa, me ha dejado un regalito muy bonito, que me conecta con G. Love. Es que G. usa una muy parecida cuando decide irse eléctrico, aunque la de él es diseñada específicamente para él por Gretsch. Pero la que me ha alegrado los últimos dos días a mí, comprada por el gordo del traje rojo con mi dinero, es una Electromatic Corvette que no está menos guapa que la del filadelfónico.

(Interrumpimos momentáneamente nuestra transmisión para enterarnos bien de lo que ha pasado con un vuelo de Northwestern de Amsterdam a Detroit… Parece que otro pendejo imbécil con aspiraciones terroristas ha intentado volar un avión, pero felizmente ha fracasado. En cuanto sepa alguito de los pormenores, vuelvo.)

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Tango, hora cero: ¡Los Premios El Botellazo 2009! (2)

Diciembre 26, 2009 · 2 comentarios

Ya estamos de vuelta en la entrega de los Premios El Botellazo™ 2009 de La otra botella. Es el momento perfecto para introducir una nueva categoría a premiar. Es una categoría que quizás debí introducir ya en el 2007, cuando me saqué de la manga la primera entrega de estos premios. Lo digo porque en la cultura y la cultureta del vino vivimos en un momento de grandes cambios. Movimientos tectónicos, me atrevería a llamarlos. Y de grandes revelaciones. Es precisamente el Botellazo™ al Personaje Revelación del Año el que pretendo presentar ahora. Un individuo cuya aparición en el medio fue tan repentina como… Bueno, eso, reveladora. Nos hizo dejar de mirarnos el ombligo y prestar atención. Nos hizo descubrir nuevos registros experienciales, nuevos lenguajes para intercambiar las experiencias de nuestra enochaladura. La academia está convencida unánimemente de que su impacto sobre el mundo del vino, que apenas comienza a sentirse, será profundo y duradero.

El Botellazo™ al Personaje Revelación no podía ser para más nadie. Es deeeee… ¡Sadat X!

Y ahora toca el Botellazo™ a La Canción del Año. Recuerden ustedes que, dada la medalaganaria naturaleza de estos premios, esta es una selección muy personal de Camblor, no sometida a votación alguna y haciendo caso omiso de los consejos de diversos prójimos sobre potenciales nominaciones. Este Botellazo™ lo propino gustoso a un grupo que sigo desde mi adolescencia. Han engendrado hordas de imitadores— particularmente entre las filas del rock alternativo de las últimas dos décadas—y en el 2009 hacen el más triunfal de los retornos después de años de ausencia, para demostrar irrefutablemente que el original es el mejor y enseñarnos como se hacen las cosas.

En escena, amigos y amigas, con “I Think I Need It, Too”, La Canción del Año de La otra botella, ¡Echo & The Bunnymen!

Inmensos, ¿verdad?

Y hablando de cosas grandes, ahora tenemos el Botellazo™  “Héroes del Silencio” al Heroismo Jodedor en el Mundo del Vino. Este premio lo propino con gran sentimiento al último  auténtico periodista que queda en España cubriendo asuntos del vino. Este hombre, ante el silencio cómplice de la vastísima mayoría de su profesión, afrontó con integridad el ya famoso Affaire Campo y la multiplicidad de micro y macroescándalos en torno a Wine Future Rioja 09, en busca de la verdad. En sus labores se topó con grandes impedimentos, censuras e intimidaciones. Temiendo verse desempleado, prefirió—aunque en su momento firmase un par de artículos verdaderamente valiosos en el diario para el que escribe—retomar un forzado “anonimato”. A ese gran defensor de la veracidad en el mundo del vino, un Botellazo™ de amigo solidario. El sabe quien es. Yo aplaudo su labor y la agradezco.

Hablando de periodismo y alejándonos de los pocos que aún son gloria de ese métier, conectemos con el Botellazo™ a la Cita Citable del Año. Este año se lo lleva un fósil de los viejos medios del vino, cuya labor “periodística” ha consistido mayormente en generar infomerciales para el mejor postor en diversas revistas. Anthony Dias Blue escribió lo siguiente sobre “los blogueros”:

…De todas formas, ¿quiénes son estos blogueros y, más importante aún, cuál es su motivación? Sería reconfortante hallar que son enófilos altruistas cuyo propósito es aportar perspectiva y valiosa información a consumidores afines. Pero la imagen que se presenta es de amargados y protestones insectos que, mientras miran las pantallas de sus computadoras y piensan en sus patéticos empleos en la vida real, dejan volar su resentimiento y sentido de fracaso personal en la forma de virulentos ataques contra los medios críticos establecidos (Mi traducción).

Yo no sé para ustedes, pero para mí es que ni pintada para el Botellazo™.

Un momento, por favor, que me vibra el móvil…

Es la academia. Que todavía no llegan a una decisión sobre la categoría Blog de Vino del Año/División España y Latinoamérica. ¡Mira que ha dado trabajo eso!

Pero ná. Procedamos con alguna otra mientras se ponen de acuerdo. El Botellazo™ al Libro de Vino del Año se convierte en el 2009 en un premio al más dudoso de los logros: Convertir un libro excelente en una porquería en menos de dos años.

Ya adivinaron, seguro. Hace dos años el Libro del Año de La otra botella lo fue Le goût et le pouvoir, de Jonathan Nossiter. Este año lo es la patéticamente desfasada y pretenciosa versión inglesa del mismo libro, Liquid Memory: Why Wine Matters. Los que quieran refrescarse en cuanto a mis opiniones sobre cuan birriosa es en realidad esta “traducción revisada” del libro de Nossiter, pueden hacerlo visitando mi entrada sobre él hace apenas un mes.

¡Vaya manera de autocancelarse!

íOtra vez con el móvil de los coj…! ¿Será posible? Perdonen…

Los de la academia. Que lo de ellos va para largo. Parecen estar beodos perdidos. Dicen que siga con lo mío, que me avisan. Que en el peor de los casos va y le votan todos a Vino para principiantes o la sumiller venezolana…

Bueno, pues a proceder con otros premios y listo, hombre, que la noche no será joven por siempre y no podemos hacerle la cirugía plástica.

El Botellazo™ al Suceso del Año dió una lucha muy reñida. Uno de los nominados parecía que iba a ganar de calle, pero al final hubo sorpresas. Es que la reflexión profunda sobre las cosas logra eso. De repente el favorito se ve desplazado por algo menos obvio y ¡zas!, te sorprende que algo parezca aún más importante. Así, aunque todos esperábamos que ese dechado de hipérbole, desencantos, dinerismos y escándalos que fue Wine Future Rioja 09 ganase este Botellazo™ sin tan siquiera despeinarse. Pero no. El Suceso del Año 2009 es… ¡La vertiginosa pérdida de credibilidad y prestigio de la organización de Robert M. Parker Jr., otrora “Emperador del Vino” y excelso gurú incorruptible de la enocultureta!

Denle un poco de mente al asunto… Parker se ha visto muy afectado en el 2009 por diversos asuntillos muy engorrosos. Primero estuvo lo de los empleados suyos que aceptan viajecitos de lujo (y, cuentan las malas lenguas, no necesariamente para “trabajo”) pagados por bodegas o grupos promotores de intereses vinícolas, en clara violación del código de ética establecido por Parker para su publicación, The Wine Advocate. ¿La respuesta de Parker a esto? Que el código ético aplica únicamente a él y no tiene modo de controlar a todos los “contratistas independientes” que colaboran con su publicación.

Buen momento para hacer calistenia con las cejas. Pero que no se cansen mucho, que hay más.

El lío de la ética llevó a muchos miembros de la comunidad de eRobertParker.com a cuestionar a su ídolo seriamente. Hubo episodios de censura, hilos cerrados y todas esas cosas tan bonitas que se dan en los foros cultureteros de discusión cuando algo no huele mal y alguien osa decirlo. Al final, hay rumores de un éxodo masivo de las mejores mentes de eRobertParker.com, desilusionadas, a otro sitio en la inmensidad de la internet del vino.

Pero ahí no acaba la cosa. Luego tuvimos el pintoresco episodio de Jay Miller y el “Sierra Carche” 2005. Resulta que el Dr. Miller puntuó muy alto un enoproducto de Jumilla en el Wine Advocate y el habitual megarrebaño de borregos salió a comprarlo en cantidad. Cuando las impresiones de alguno de esos compradores puntistas no radicalmente de las de Miller, dicho comprador llamó al “crítico” a contar. Pero el “crítico” nada. Por buen tiempo. Se investigó la cosa. El vino que probara Miller era la proverbial hostia. El que probó su lector, una porquería que no podía jamás ni nunca responder al hiperbólico verbaje que el doctorcete le dedicase. Miller nada de dar la cara… Follón internético Y a todas éstas, el más embarrado fue… Parker.

Luego estuvo lo de aquella cata a ciegas de burdeos del 2005 en la que Parker no puso una. Incapacidad de identificar vinos catados antes. Discrepancia radical de apreciaciones de vinos muy alabados anteriormente… Todo eso luce muy mal para alguien cuya fama de “supercatador” ha cautivado a multitudes de mentecatos durante un par de décadas.

Y encima tenemos la participación de Parker en el Wine Future Rioja 09, pese a todos los problemas legales de Pancho Campo MW, creador del evento, y las tremendas controversias en torno a cierta cata que oficiaría el gran gurú como clímax del festín de  marketing y coprofagia culturetista en Logroño.

Escandalito a escandalito, una de las vacas sagradas de la cultureta del vino va desacralizándose. Se trata nada más y nada menos que de la corrosión de una hegemonía, el declive de un imperio.  Y eso es todo un suceso. Estuvimos. Lo vimos ocurrir.

Y ahora, otro momentito musical con un semifinalista para el Disco del Año, Metric…

{Y en seguida volvemos con mucho más de los Premios El Botellazo™ 2009…)

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Tango, hora cero: ¡Los Premios El Botellazo 2009! (1)

Diciembre 26, 2009 · 3 comentarios

Buenas noches, señoras y señores. Desde el Teatro Kodak en Los Angeles, bienvenidos aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa…

¡La tercera entrega anual de los Premios El Botellazo™ de La otra botella! En esta noche reconoceremos todo lo mejor y lo peor de la cultura y la cultureta del vino en este año 2009 que ahora se cierra, finalizando así esta peculiar primera década del s. XXI. Con ustedes nuestro anfitrión para esta noche, ¡Manueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeel Camblooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooorrrrrr!

Bzzzzzzzzzzzzzzzzzzz. ¿Qué? ¿Que no estamos ni en el Kodak, ni en Los Angeles y Camblor está llamando de dóndeeeeeeeee? ¿De Santo Domingo? A ver:  ¿Aló? ¿Aló? ¿Me copia, amigo Camblor?

En off se escucha una voz distante, pero rotunda y calva como su propietario.

¡Manda güevos venir a sacarlo a uno del jacuzzi! ¿Qué quieren ahora?

Ah, ¿que ya comenzamos con lo del Botellazo™? ¡Madre mía! Que no lo dejan a uno ni hacer la digestión tranquilo. Bueno, chicas, pues, a vertirse, que tengo que trabajar.

No, en lo del blog.

Ya, ya. Pero no se pueden quedar, que me desconcentro y esto es importante. ¡Litigioooo! ¡Agapito! Hagan el favor de chequear que la planta tenga suficiente combustible, que no quiero que se me vaya a ir la luz en medio de esto que tengo que hacer.

Y tráiganme algo de beber en lo que me pongo el frac.

Y díganle al atorrante de Los Angeles que no joda más y que ponga una musiquita en lo que yo termino de prepararme.

¿Ya?

Okey…

¡Hola amigos y amigas de La otra botella! Es motivo de gran orgullo para mí darles la bienvenida a esta nueva entrega de los Premios El Botellazo™. No creo que sea necesario que me presente. Si están aquí, seguro que ya saben quien soy.

Los Premios El Botellazo™ son mi oportunidad para destacar cosas que han impactado ese aspecto tan crucial de mi diario existir que es el vino. También se le pega algún premio a la música, pero de eso hablamos después.

Ya hemos tenido, entre el compañero extraviado en Los Angeles que nos inició el sarao antes de tiempo y yo, suficiente preámbulo. A lo que vinimos. Como ven, no pude ponerme el frac. No contaba con lo que he engordado en los últimos quince años y no me sirve. En honor a Javier Krahe he decidido presentarme en este pijama blanco. Guapo, ¿verdad?

Pasemos inmediatamente a propinar nuestro primer Botellazo™ de la noche. Se trata del premio al  Vino Que Más Contribuyó a la Salud Mental de Camblor en el 2009/División Blancos.

Me permito recordarles la naturaleza 100% medalaganaria de esta premiación. Esta categoría es a la vez sumamente fácil y sumamente difícil, considerando que vivo donde vivo. La oferta de vino de verdad en esta isla del Caribe es bastante limitada y el hecho de que aparezca algo no solamente potable, sino digno de reconocimiento y compra (muy) repetida es testamento al lado positivo de la globalización, que permite que los vinos de un elaborador excelente que definitivamente no es parte de un grupo multinacional de enofactorías lleguen aquí.

He de decirles que mi primera impresión del vino que premiaré no fue del todo positiva, aunque viéndola retrospectivamente me doy cuenta de que puede haber tenido mucho más que ver con el entorno y mi disposición en aquella ocasión que con la calidad intrínseca del vino, que es magnífica. Tras aquella primera botella y una segunda, en casa hemos consumido por lo menos media docena más. Todas me han mantenido muy interesado de principio a fin. Y el vino no ha flaqueado en lo absoluto en el año entero, manteniendo su promesa de buena evolución para el próximo lustro.

Y el Botellazo™ 2009 es para el… ¡Foradori, “Myrto” Bianco, Vigneti delle Dolomiti 2006!

Esta cuvée de sauvignon blanc, manzoni y pinot bianco envejecida en roble e inox a partes iguales  me ha resultado verdaderamente deliciosa, especialmente tras un rato de aireación. Bonito color dorado pálido, con tonos cremosos y minerales.  Excelente frutalidad y estructura, con interesantes notas herbáceas que me recuerdan a estragón. La presencia de madera es discreta—no violenta nunca a la fruta y la mineralidad, que tienen un merecido protagonismo. Un vino sabroso a varios niveles, del que probablemente siga comprando, porque anda hereje la oferta local de blancos últimamente.

Continúo inmediatamente con el Botellazo™ al Vino que Más Contribuyó a la Salud Mental de Camblor en el 2009/División Tintos.

No crean, que lo de la salud mental va en serio. A alguien como yo, que llevaba veintitantos años sin residir en la República Dominicana y cuya enochaladura fue forjada en algunas de las capitales mundiales de esas cosas, lo de mudarse a un medio como este no le resulta fácil. Muchas han sido las privaciones y a veces el mono de vino de verdad se me volvía casi intolerable. Pero he perseverado, pues mi nueva vida, aunque tenga frustraciones vínicas por montones, también tiene sus recompensas.

De vez en cuando me encuentro con algún importador haciendo una labor fuera de la común aquí. Si bien nadie se atreve a importar vinos artesanales—no digamos nada de  naturales y biodinámicos—(aún) y la idea de terroir es algo entre incomprensible y urticariosamente molesto para la mayoría del mercado, aparecen excepcioncitas. Tal es el caso de Alberto Albertini y Enológica, la compañía que importa el Myrto del que acabamos de hablar y el vino que se lleva este otro Botellazo™.

Les sorprenderé aún más. El vino también es italiano. De hecho, es de la misma región. Y añada. Y… ¡Es de la misma bodega! Foradori recibe su segundo Botellazo™ de la noche para el Foradori, Teroldego Rotaliano 2006!

Tras un par de docenas de botellas, puedo decir que este vino me gusta. Mucho. Su pureza, su sedosidad, su infinita bebibilidad, su estructura, su versatilidad con distintas comidas y su disponibilidad aquí lo hacen el candidato ideal para este premio. La gente de aquí lo verá en alguna tienda aventurera, o en la carta de algún restaurante osado y se preguntará qué diablos es un teroldego. Los que se atrevan a apostar por él serán recompensados ampliamente con un vino de verdad, verdaderamente rico.

Este año ocurrió algo muy curioso. Decidí que la categoría Generoso del Año. Tomé la decisión de que la ganaría de nuevo el Equipo Navazos, pero no por un vino en particular, sino por su increible labor descubriendo, mercadeando y divulgando maravillosos vinos andaluces que, de otro modo, quizás pasarían desapercibidos por gran parte del público enómano en el mundo mundial. Si algo tengo claro es que, entre las  experiencias memorables que he tenido con generosos andaluces en el último año, las más memorables han llevado por delante el apelativo de “La Bota de…” Eso es grande.

Como en toda buena ceremonia hollywoodeana que se precie, ha llegado el momento de rendir tributo a los que se nos han ido en este año. En el mundo del vino perdimos a uno de los grandes, Teobaldo Capellano. Recordemos las inmortales palabras suyas que por muchos años figuraron en las contraetiquetas de sus tremendos vinos piemonteses:

A LAS GUIAS DE VINO, HABLANDO HUMILDEMENTE: En 1983 le pedí al periodista Sheldon Wasserman que no publicara puntuaciones de mis vinos. No solamente no publicó puntuaciones en su libro Italy’s Noble Red Wines, sino que también escribió que yo le había pedido que no me incluyera en ninguna clasificación en la que la comparación se hace en términos numéricos divisivos, en vez de expresar una labor humana compartida. No he cambiado de parecer. Mi pequeña finca, que produce sólo 20,000 botellas de vino, sólo interesa a un pequeño número de clientes amigos. Creo en la libertad de información, aún cuando se trata de juicios negativos. Pienso en mis colinas como un territorio anárquico, sin inquisidores ni facciones opositoras, cuya riqueza inherente se ve estimulada por crítica pensante y severa. Busco una comunidad que sea capaz de expresar solidaridad aún con aquellos que no hayan sido bien compensados por la Madre Naturaleza.

Y cuando digo “recordemos” ese párrafo de Sre. Capellano, es porque dentro de un rato tendremos muy buen uso para él.

Rememoremos también al otro gran personaje del mundo del vino desaparecido en este año, Buster. Al fiel perro de Joe Dressner y Denyse Louis, compañero de muchos jeebuses neoyorquinos y figura emblemáticas de las “cuvées selección” de mi amigo el importador de vinos, le echaremos de menos por siempre. Además, el mundo del vino de verdad perdió un vino ganador de un Botellazo™ en el 2007, aquel tinto tan bonito de Torroxal. Pena.

En el ámbito musical desapareció Les Paul. También, pensemos lo que pensemos sobre él como persona y sobre el circo mediático causado por las circunstancias de su fallecimiento, perdimos a Michael Jackson. Y del lado hollywoodense lamentamos mucho la muerte de ese ícono de lo sexy para todos aquellos que fuimos chavales en los setentas y primeros ochentas. Llevamos el bañador rojo de Farah Fawcett indeleblemente tatuado en el cerebro.

Demos a estos inimitables personajes un minutito de nuestro silencio y una vida en nuestro recuerdo.

Y disculpen ustedes la cursilería… Otro Botellazo más antes de irnos a una pausa comercial. El Espumante del Año. Este año, porque me da la gana y porque me quedé con unas ganas tremendas de pasarme la noche ponderando una botella entera del vino en cuestión, concedo el galardón a un vino con el que pasé escasamente un par de minutos en una cata multitudinaria. Así de impactante fue su pureza, la electricidad de la que me llenó el cuerpo:

“Otra muestra brillante, vibrante y tonificante del más puro amor mineral”, apunto…. Lo único que sé es que este blanc de blancs está riquísimo. Te acelera el corazón a la vez que te da ganas de saborearlo lentamente. Esta paradoja tiene que joder un poco a los que vienen detrás de mí en la fila.

Esa fue la nota que sobre él publiqué en noviembre. ¿Hay que decir más? El Botellazo™ es para eeeeeeel… ¡Ulysse Collin, Blanc de Blancs Extra Brut, Champagne NV!

(Fade out y suena la orquesta interpretando el tema oficial de los Premios El Botellazo™, que se parece muy sospechosamente a “Should I Stay Or Should I Go?” En breve volvemos…)

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Apuntes desde el montón

Diciembre 22, 2009 · 12 comentarios

Me preocupo bastante por los principiantes. Es que lo de iniciarse en esto del vino en los últimos dos lustros tiene que haber sido y seguir siendo una jodienda.

Lo digo porque a cada rato se me ocurre irme a ver lo que bebe la gente que no tiene idea de que hay algo mejor, o la que sólo tiene acceso a tecnoenoproducto  “básico”.

Una jodienda, sí señor. Y desde que vivo donde vivo las instancias en las que constato eso son cada vez más numerosas. Porque para los que aspiramos a beber vino como parte de nuestra cotidianeidad, en Santo Domingo el caro y malo está que no veas.

Claro, lo de “malo” es a mi entender, aunque algunos defensores del mercado globalista del vino saltarán con el sonsonete de que vivimos en un momento histórico con cantidades fenomenales de marcas de vino de “calidad” inimaginable en el pasado.

Dirán que voy predispuesto cada vez que me decido a probar esos vinos por debajo de los US$20 que debieran ser la dieta diaria del neófito actual, aquellos con los que se va forjando el gusto personal…  Bueno, para los efectos son los vinos “de batalla”—buenos, bonitos y baratos—los que deben mojar el pan nuestro de cada día para aquellos que contamos con cierto volumen de experiencia vínica y opiniones claras, pero que también tenemos un par de hijos que mandar al cole…

Nada, que bienvenidos a otra de mis expediciones hacia “lo básico” en la cultureta actual del vino. Pueden irme cogiendo pena ya. Así de mal se me ha visto bebiendo en algunas noches.

¿Qué puedo decirles del Canepa, Sauvignon Blanc “Classico”, Valle Central, Chile 2008, el Herederos del Marqués de Riscal, Rueda 2008 y el Ruffino, Orvieto Classico 2008? Que salvo quizás ligeras diferencias en concentración y azúcar residual, bien podrían ser el mismo vino sin alma, maquillado de seudotropicalidad, a la vez que esterilizado para su protección, etc., etc. En las inmortales palabras del inmenso Kiko Veneno, “la Coca-Cola siempre es igual”. Y el Seven-Up también. Si fuese un entusiasta recién iniciado y  estos fueran los tres primeros blancos que me encontrara concluiría que el vino es probablemente más aburrido que la cerveza “light”. Y más caro.

Me sorprendió un poco el Norton, Malbec, Mendoza 2009 por su olorcito a pan de pasas tostado. Una manera original de disfrazarte otros tonos virutescos que aparecen más tarde, embarrando la cereza ligeramente desecada. Notas de cereza, pasa y especias en una boca simple. Cuerpo medio, con buena acidez en un posgusto en el que la maderita viene a fastidiar la paciencia un poco. Josie lo cualifica como un tintillo “de quiero y no puedo”. Yo soy un poquito más benévolo. Si se lo echas a una pizza de mejor calidad que la del vino, ni te enteras.

El Errepé del que les hablaba en la entrada anterior me dejó de regalo—ya que no podíamos abrirla decorosamente aquella noche en la trattoria—una botella del Herencia Remondo, “La Montesa” Crianza, Rioja 2005. Pero antes de eviscerar dicho vino, he de contarles una cosita.

En los comentarios de la antedicha entrada, el Errepé me reclamó que se me había olvidado el Palacios Remondo, “La Vendimia” Tinto Joven, Alfaro, Rioja 2008. Antes de probar ese vino, él me había dicho  que estaba seguro que éste sería mi preferido entre los vinos de esa bodega, para la que trabaja.

Fácil eso de ser el preferido cuando los otros dos que probamos en aquella cena me habían gustado muy poco. Pero es cosa de ver el proverbial vaso “medio lleno”, ¿no?

Y para inflar el optimismo, les anuncio que he recuperado mi nota del “La Vendimia”. Dice: Un tinto muy bonito—jugoso y especiado, fresco y alegre. Fruta roja y negra para no pensársela mucho. Buena acidez en un posgusto que no esperaba tan largo. Claro, habrá que ver cuanto piden por esto en el mercado dominicano, porque probablemente de los veinte verdes no baja.

Esta nota queda en marcadísimo contraste con la del crianza 2005, un vinón grande y fláccido, con aromas de galletas Oreo, cuero y sopa de ciruela. Recortado de posgusto y con su 14% de alcohol demasiado en evidencia para mi gusto. Hay su acidez al final, pero como que ni fu ni fa.

Claro, si lo peor que probara fuese este rioja podría existir la posibilidad de estar en paz con el mundo. Pero no. Es que siempre aparece alguien empecinado en demostrarte que se puede hacer algo aún más ofensivo. Y usualmente ese alguien es o del Hemisferio Sur, o de Ribera del Duero.

Comprendan, está uno muy tranquilo en la vida cuando de repente le regalan una botella del Errázuriz, Pinot Noir Reserva, Valle de Casablanca 2008. “A ver si te gusta más que aquel ‘Wild Ferment’ que crucificaste el otro día”, me dijo el regalante.

¿Cuáles eran las probabilidades de que esto fuese buen pinot noir?

Mejor no especular. Mermelada de fresa y gasolina bajo un tufazo mofético de reducción (tomen tapón de rosca, amigos…). Entra ligero en boca e inmediatamente te das cuenta que lo que está es descarnado. Cortito. Su 13.8% de alcohol no te deja la boca sin antes asestarte un piñazo.

Volviendo a aquella formulación que apliqué a los blancos: Si fuese ese infeliz neófito que llega al pinot noir sólo para encontrarse con esto, probablemente le cogería un terror inusitado a esa variedad.

Iba a contarles de media docena más de enoproductos de este orden, reflejos de la “calidad” que vende la megaindustria actual, pero se me han quitado las ganas.

En otro orden de ideas, que viene a ser siempre el mismo si me conozco un poco, el otro día Francisco Bosco (que resulta ser chileno, mire ujté) me dice que le extraña no ver más momentos musicales “punk” en estas páginas.

Es algo que me ha dejado pensando. Porque mi espíritu punk a los casi 42 años no es lo que era a los 20… De hecho, que me muestren a un punk integral cuarentón, por favor, porque no sé que pinta tiene eso.

Mientras sorteo esta nueva crisis existencial Made In La otra botella, les dejo con un videito. Los que son fans de La otra botella en Facebook ya conocen esta genial canción de Wave Machines. Los que no son fans aún deben hacerse. Miren que allá está muy buena la cosa…

Esta es, por cierto, mi última entrega hasta después de Navidad, cuando volveré con toda la intensidad de los Premios El Botellazo™ 2009. Hay una categoría en estos premios que aún no está decidida, la del “Blog del Año, División Espanich”. Les ruego me den sus ideas y sugerencias sobre cual de tantos blogs excelentes que hay merece ser tocado por el vidrio en el 2009.

Y eso era. Muy feliz Navidad a todos. Aquí tienen a Wave Machines con “Punk Spirit”.

Categorías: Bebienda doméstica

Encuentros humanos…

Diciembre 20, 2009 · 18 comentarios

Ocupan un lugar muy especial en mi corazón aquellos viejos contertulios de diversos foros o lectores de este blog que he llegado a conocer “en vivo”, compartiendo alguna que otra botellita y conversando frente a frente en alguna esquinita del mundo. Son los que me convencen que, lejos de inevitablemente deshumanizarnos, la internet del vino puede ser un punto de partida para preciosas amistades con seres de indudable humanidad.

Esto lo digo porque hace un tiempecito tuve en Santo Domingo de visita a una de esas personas—temerarios lectores de La otra botella que dan el paso crucial a través del espejo para adentrarse en la cambloriana realidad.

Nuestro Errepé declara exitosa su colonización de Santo Domingo...

En este caso, el amigo en cuestión no vaciló mucho en declarar que en directo soy más o menos igual a la voz de mi blog.

Que te digan eso es una gran cosa. Sobre todo si tu blog es una bitácora personal que lo único que busca es plasmar honestamente tus vivencias e ideas. No sé si es que soy como me escribo, o me escribo como soy.

La cuestión es que frente a mí en Bengodi, una trattoria donde he sido cliente habitual durante el último año y medio (cocina sorprendentemente consistente para Santo Domingo y una carta de vinos con al menos una docenita de referencias apetecibles; recientemente ha cambiado de nombre, eso sí, y no sé en lo que andan las cosas), a nuestro Errepé, el mismo con quien me había encontrado durante un viaje a Nueva York a finales de verano.

Estaba en Santo Domingo de negocios, pero había sacado una noche para dedicármela, fíjense ustedes. Yo intenté montarle un saraito responsable, pero no encontré mucha gente que se apuntara. Al final éramos solamente Cecilia Gadea—aquella sumiller argentina transplantada en Santo Domingo que conocimos en el Virtualazo—, el Erre, Josie y yo. Con demasiado vino.

A decir verdad, era la primera vez que se me ocurría llevar botellas a Bengodi. Aunque fueron muy benévolos en lo de no cobrarme descorche, yo quise ordenar algo de la carta, por lo de ser considerado. Además, me apetecía volver a probar el Cantina Terlan, Sauvignon “Quarz”, Alto Adige 2005 a un año y medio de la última botella consumida anteriormente.

Una nariz gentilmente pirazínica—o sea, que lleva sus pirazinas con muy buena educación, honestamente presentes, pero mantenidas bajo control en aras del decoro. En los márgenes se alzan notas de piña y limón. En el centro tiene una buena dosis de arena. Se comporta muy bien a lo largo de un par de horas. Muy buen cuerpo y mucho nervio en boca, con un cierto puntito picante en el posgusto.

El segundo blanco sobre la mesa fue el Palacios Remondo, “Plácet”, Rioja 2007, aportación del Erre. Un vino que desde la primera olisqueada parecía tener problemas estructurales. “Demasiado pesado para levantar el vuelo”, fue lo que apunté en la libretita negra. Globular y, al menos para mí, falto de acidez que le diese dirección. Pero quizás es cosa mía. Al final de la nota pongo que “existe en este artefacto vínico una extrañísima armonía de elementos similares, todos cantando en un mismo registro; todo bajos, o algo así…” No es lo mío este tipo de blancos. Y nunca lo será, creo poder afirmar.

Seguimos con algo que trajera Cecilia, el Terrazas de los Andes, Torrontés Reserva “Unoaked”, Salta, Argentina 2008, que trae una de esas contraetiquetas que enfatizan la altura del viñedo, sin que el contenido de la botella tenga necesariamente algún razgo que denote dicha altura. En este caso hablamos de 1,800 m., por si a alguien le picaba la curiosidad.

Simple, floral, con el justo toque de lanilool. Un torrontesito “correcto desde el punto de vista de marketing”, puse. Técnicamente tiene todas las prestaciones que esperaría en un torrontés normal, al menos según el marco referencial que poseo para esa variedad. Está el perfumito de ambientador de taxi ochentero. Y los Froot Loops. Y la golosería. Y acidez presente.

Pero resulta que me entran dudas sobre el marco referencial de marras. porque la verdad es que no creo haber probado nunca un torrontés puro y natural, sin sospecha de tecnointervención. De hecho, poniéndome a pensar, los descriptores que siempre he usado para vinos de torrontés como que son un tanto reminiscentes de artificialidad. No que esto sea suficiente para sospechar spoofulation. Pero me doy cuenta de que, aunque he probado buena cantidad de torrontés, mi experiencia con la variedad puede haberse visto coloreada sin que yo me diese cuenta.

Nebbiolo, two ways...

Las chicas optaron por pasta como plato principal. El Erre y yo, sin embargo, nos fuimos con la excelente tagliata de sirloin de Bengodi. La llegada de la carne indicó el momento para servir mi principal aportación de la noche, el Sella, Lessona DOC 2003.

Siempre he hablado muy bien de esta bodega del norte de Piemonte. Sella trabaja dos viñedos casi como monopoles, Bramaterra y Lessona [El "casi lo he agregado posteriormente, tras una corrección de El Tyrle en los comentarios abajo; tenía incorrecto el dato, pues aparentemente otros elaboradores trabajan esos viñedos; es que uno aprende algo a diario, incluso en Navidad). Cada uno de estos viñedos es su propia denominación de origen. Ya anteriormente he escrito alguito sobre ellos. En ambos se cultiva nebbiolo que da vinos que no se parecen en casi nada a sus primos del Piemonte meridional. Y de entre Bramaterra y Lessona mi favorito tiende a ser siempre el vino de Lessona.

Claro, ya se fijaron en la añada... Yo tenía ciertas reservas con respecto a servir un 2003, sabiendo que probablemente era el primer Lessona que probaran tanto Cecilia como nuestro invitado de honor. Pero aunque la fruta exhibe de plano un cierto carácter rostizado inevitable en su canicular añada, debo decir que mis temores eran infundados. Cereza y ciruela fresca con notas especiadas y mineralidad muy marcada. Lo que sorprende es la transparencia de este vino—tanto a nivel visual como de lo que revela del terruño en nariz y boca. Aunque tiene madurez, cuerpo y esa impresión inicial de fruta ligeramente asada, se expresa con una precisión que no puede menos que emocionar. Encima está delicioso de beber ahora mismo.

Creo que al Erre le gustó. Al menos eso me ha contado.

Como si nos hubiésemos leido las mentes y planeado una comparación entre norte y sur de Piemonte, Erre se había manifestado con un Giuseppe Rinaldi, Brunate "Le Coste", Barolo 2004. Cuero, anís, lavanda seca, alcanfor, ciruela roja y cereza en una nariz sumamente primaria aún. Potentemente tánico en boca y algo recortado de posgusto, pero con muy buena fruta y una deliciosa banda salina subyacente. Otro infanticidio del que somos culpables. Para volver a visitarlo en veinte años.

Se había hecho bastante tarde, entre una cosa y otra. Suele suceder, cuando se encuentran enochalados, que la charla y las copas hacen olvidar el entorno. Pero ya el restaurante se había vaciado. Nuestra mesa era la única ocupada y bordeábamos peligrosamente la medianoche. El propietario del restaurante, que también es importador de quesos, embutidos y "productos gourmet" italianos se nos unió un rato, para probar algunos de los vinos. Nos embarcamos en una discusioncilla sobre vino el terroir y su crucial improtancia para cualquier producto alimentario, sea alcachofas en conserva, queso, salami o vino. Muy para nuestra sorpresa el hombre, que es propietario de un restaurante con una de las pocas cartas de vino interesantes

El Erre, la Cecilia: Uno de los dos tiene una vena de comediante que no veas. O quizás son los dos y estamos ante un show de televisión en potencia.

en esta ciudad, manifestó que “vino es vino, te lo tomas y ya”, sugiriendo que para él hay muchas más consideraciones sobre terruño y calidad envueltas en la selección de un buen pecorino romano… Paradojas con las que me doy de vez en cuando. ¿Acaso era lo mismo para este señor el Lessona que el Brunate? ¿Y no sería mucho más efectivo en términos de costo de operación, si en verdad cree que “vino es vino”, tener solamente un blanco y un tinto de la casa y ya, en vez de un centenar de etiquetas en la lista?

Pero va y nos dijo eso de la misma manera en que muchas veces digo yo las cosas: Pa’ jodé…

La noche la acabamos probando un Palacios Remondo, “La Montesa” Reserva Selección Especial, Rioja 2005 (¿?), también traido por el Erre. Un vinote grande, cremoso, garnachesco, con notas de ciruela pasa. Masticable, con un poquito de calor y aspereza en el posgusto. Un bocado que fue la excusa perfecta para retornar a lo que quedaba en un decantador de aquel “Quarz” con que comenzáramos la noche.

Un encuentro muy simpático, muy disfrutable. Humano. Como la internet del vino.

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Cositas y cosotas: 18.12.2009

Diciembre 18, 2009 · 3 comentarios

Otra semana más sin mucho drama—ni mucha comedia, a decir verdad—en la cultureta actual del vino. ¿Dónde estará nuestro Tiger Woods? ¿O nuestra Suprema Corte de Brasil? ¿O nuestro Senado de los Estados Unidos? Como que se echa en falta el olorcito a escándalo vinero de los últimos meses…

Ante la ausencia de nuevos follones verdaderamente dignos del nombre en esta época navideña, muchos estamos dados a ponderar los acontecimientos de los últimos doce meses. Bueno, yo tengo cierta obligación, porque por ahí vienen ya los Premios El Botellazo™ 2009 y hay que tomar decisiones cruciales  sobre lo mejor y lo peor del año.

Pero como todo conecta en esta interné del vino, les remito a un artículo aparecido en Dr. Vino hará poco más de un par de días. El buen doctor pondera, en su amable modo habitual, las principales tendencias de esta primera década del s. XXI que ahora cerramos. Sus observaciones son interesantísimas y me provocan algunas mías propias. Eso sí, yo que soy más del aquí y del ahora prefiero ver nanotendencias en la última semana o el último trimestre y luego extrapolar hacia lo más grande…

Tomemos, por ejemplo, la noticia en Decanter de un  “nuevo escándalo de adulteración del vino en la Toscana”. Todos conocemos ya el lío del Brunellopoli, con una buena tajada de prestigiosas bodegas de esa zona acusadas de “adulterar” sus brunellos con variedades de uva prohibidas, etc. Pues ahora estas acusaciones se extienden más allá de la DOCG Brunello di Montalcino, a la DOCG Chianti Classico y hasta a vinos de menor pedigrí con la IGT Toscana.

Por más que las entidades oficiales y la industria se esforzaron hace poco en recalcar que lo del Brunellopoli ya se estaba solucionando, etc., ahora emerge esto y resulta que el escándalo tiene patitas, echa a correr.

Lo que me lleva a una tendencia que se ha hecho sumamente notable en estos últimos dos años. Quizás ya no sea tan fácil obrar con impunidad para quienes incurran en conducta ilícita en la industria del vino—o para los colaboradores a la hora de tapar dicha conducta. De repente la blogosfera y su curioso público se convierten en una bestia voraz que pide saber los pormenores de cualquier escándalo, que pregunta, que investiga… Y al final, quien no tenga los calzoncillos limpios habrá de atenerse a las consecuencias.

Otra noticia en Decanter me llama la atención: La chardonnay resulta ahora ser descendiente directa de una antigua y muy despretigiada variedad llamada gouais blanc. Yo, que no tengo ningún ancestro cuyas glorias hayan dependido de orígenes aristocráticos—lo que es más, me enorgullezco de provenir de estirpes para nada nobles, pero con mucho espíritu de aventura, coraje y voluntad de trabajo—como que tiene un poco de morbo el que la variedad “noble” que la industria lleva ya un par de décadas empecinada en convertir en base de los vinos más aburridos del mundo resulte ser tátaranieta de una antepasada más bien cafretona.

¿Justicia poética? O mejor, ¿una invitación a no creernos el linaje y las “credenciales” de nadie?

¿Que a qué voy con todo esto? A que para mí decididamente la más importante tendencia de esta extraña década ha sido el poder que hemos adquirido de repente los que sabemos hacer uso de la red para aprender, para comunicarnos e intercambiar experiencias. De repente ya X número de grandes industrias no pueden hablar en el abstracto del “consumidor” como un ente ciego, sordo y, encima, brutísimo. No, porque de repente surgen tribus enteras de consumidores con ideas muy claras sobre lo que quieren (y lo que no), por no decir nada de la destreza comunicativa para propagar esas ideas.

Interesante momento el que vivimos, sí señor. La centralización del control sobre la información es cosa del pasado. Igual lo de los prescriptores supuestamente “todopoderosos”. Cada día podemos cuestionar más  a las supuestas  “autoridades”. Eso apela mucho a mi espíritu punk, ¿qué quieren que les diga?

Y no sé, pero algo que dijo Gary Vaynerchuk el otro día, también en Decanter, es una ilustración perfecta de como han cambiado los tiempos. Dice el Gary V. que el mercado norteamericano debe abstenerse del guirigay del en primeur de los burdeos 2009 mientras haya crisis económica.

Tenga yo todas las reservas que tenga en cuanto a este personaje (me encuentro su estilo como comunicador bastante abrasivo), semejante pronunciamiento categórico hubiese sido impensable hace sólo diez años. Y encima de un comerciante de la industria… En otra época el negocio bordelés y los mercantes del lujo que de él viven hubiesen puesto el grito en el cielo. Bueno, y probablemente lo pongan ahora… Pero viendo como hemos visto el abandono de Burdeos por parte de Diageo Château and Estate no hace mucho y las señales de que la crisis… Ustedes saben como es. El optimismo todavía no vuelve. Las vacas están bulímicas.

El consejo de Vaynerchuk se puede tomar de muchos modos. Yo prefiero verlo como un comerciante haciendo transparente una de muchas posibles estrategias de negocio con el fin de abrir una discusión de la cual todos—industria y consumidores— podemos aprender lecciones valiosas.

Aunque quizás no sea tan benévolo nada. No sé. Habrá que ver. Pero de que decir eso sobre la campaña de futuros de Burdeos desde dentro de la industria requiere gónadas de hierro colado, las requiere.

Les dejo ahora. Me voy a comprar regalitos para que luego Santa Claus se lleve toda la gloria (mis hijos son aún demasiado jóvenes para entender quien financia ese jodido mito del viejo vestido de rojo). Iba a decir no sé qué de que una de las subtendencias más interesantes de la tendencia a informarnos más y compartir más a través de la red es que ahora descubrimos muchos más vinos interesantes y tenemos muchas más voces de confianza recomendándonos direcciones a explorar, en vez de puntos y estatus a ambicionar.

Pero mejor no entro en eso. Aunque bueno, como estamos en “lo que tiende”, un videito interesantísimo, de uno de los diez álbumes finalistas para “El Disco del Año” en El Botellazo™ 2009. Aquí están DJ Quik y Kurupt, en lo suyo, que es magnífico…

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Los visitantes 6: Una vida de últimas noches

Diciembre 17, 2009 · 2 comentarios

Al final, nos lo terminamos...

Lo bueno de nuestro hotel en este último viaje a Nueva York es que teníamos, aparte del minibar, una neverita en la habitación. Eso me facilitó poder disfrutar de una botella de R. López de Heredia, “Viña Tondonia” Blanco Reserva, Rioja 1990 dosificada en aperitivos a lo largo de cuatro noches. Podía haberme traido esa botella a Santo Domingo también, pero en realidad me urgía probarla en Nueva York para saber cuanto del vino mandar a comprar y guardar en las semanas siguientes.

Decisiones estratégicas para el bienestar futuro, digo yo.

Este Tondonia blanco, ojo, no es cualquier Tondonia blanco. Es el Tondonia blanco que este año apareciera como #90 en el listado de los Top 100 del Wine Spectator. Si uno es de los que cree que esta gente verdaderamente tiene hordas de mentecatos que compran vino solamente por los puntos y los rankinfs, pues, esto es importante. Yo prefiero, tal como creo que hasta un reloj dañado da la hora correcta dos veces al día, prefiero imaginar que los prescriptores del Wine Spectator son capaces, cada X tiempo, de tener un lapsus hacia el buen gusto.

Claro, jodería bastante si crean un “furor del Tondonia” y los precios se disparan aún más de lo que lo han hecho en los últimos años. Yo que el Reserva del 85 lo compraba tan alegremente por menos de US$15 tiemblo pensando en lo que haría a mi presupuesto que estos blancos favoritos míos de siempre se me encaramaban en US$50 ó 60…

En fin, que éste se trae una nariz típica de Tondonia blanco “joven” (o sea, en sus primeros cinco lustros de vida): Coco tostado, crema, cera, especias, nuez de pacana tostada, tomillo y barro cocido—ya, ya, que sólo se perciben tres o cuatro aromas a la vez; pero recuerden que yo fuí probando esto a lo largo de varias noches, acumulando descriptores: La nariz comenzó tímida, aunque obviamente compleja en la primera copa, pero ya al tercer retorno lo mostraba todo sin titubeos.

En boca es carnoso, especiado y bastante accesible ahora mismo. Cremoso, con uan onda de naranja amarguita y gravilla tomando posesión del paladar. Largo y ancho, con un posgusto notablemente limpio y vibrante.

La última noche en Nueva York… Es un pensamiento que siempre me llena de tristeza, pero a la vez también de una voracidad para el disfrute. Salgo a la calle con ganas de impregnarme bien, para tener qué recordar al regreso a Santo Domingo, para tener algo a lo que asirme hasta el próximo regreso a mi verdadera patria, que definitivamente es Manhattan.

Josie y yo habíamos luchado por mantenernos fieles a nuestra idea de probar “cosas nuevas”. Para la última noche dejamos a Aldea (31 W. 17th. St.), un “nuevo portugués” recientemente abierto que nos venía bastante bien recomendado. Y es que la idea de “nuevo portugués” como que da curiosidad, ¿no?

La vista hacia el comedor de abajo y la cocina abierta, desde nuestra mesa en Aldea.

En fin, que Aldea es un local particularmente antialdeano. Decorado en un plan chic minimalista y lleno de gente pulidita y a la moda, “rusticidad” es lo último que te pasa por la mente. Nos sentaron en el mézzanine de arriba, con vista al comedor principal y a la cocina, que es abierta para que se vea el buen hacer—muy nouveau, sí señor.

El menú enfatiza ingredientes de temporada, todos de primerísima calidad y de granjas locales. Las presentaciones son lo que uno espera de todo nouveauista que se precie. Hay las influencias molecularistas, las espumitas y otros toques de frufrú técnico que ya son cliché, las presentaciones miroescas en el plato… Yo ordené, para comenzar, unos calamaritos bebé en su tinta con litchi y mentaiko. La combinación de los ingredientes asiáticos con una preparación sencilla para los calamares es sorprendentemente exitosísima, deliciosa.

Calamaritos en su tinta con litchi en Aldea.

Como plato principal pedí el cordero con pera y apio, también excelente. Tonto que soy, no tomé nota de lo que pidió mi esposa, pero quedó sumamente satisfecha también. Ya intervendrá ella misma y nos lo recordará.

Algo he de decir de la carta de vinos de Aldea. Alguna reseña de revista la recomendaba como muy interesante, pero fue el único desencanto que me llevé en el restaurante. Esperaba que, siendo un “nuevo portugués”, la selección de vinos portugueses fuese mucho más extensa y, sobre todo, muchísimo más provocadora a nivel curatorial. Pero entre blancos y tintos portugueses, pues, apenas una veintena de referencias no particularmente interesantes. Cosas obvias de productores grandes, más bien. Y el vinho verde que pedimos por copa para comenzar era francamente pusilánime. Mejores hubiese podido recomendar yo por lo menos media docena al sumiller, si se hubiese molestado en visitarnos. Pero parece que no estaba. Por lo demás, la carta es muy internacionalista. Toda una ONU del vino moderno. Y está organizada a lo Wine for Dummies, con las variedades de uva por delante para clientes que probablemente las llaman “los varietales”.

Quinta dos Carvalhais Touriga Nacional 2000

Al final ordené un Sogrape, Touriga Nacional “Quinta dos Carvalhais”, Dão 2000, un tinto de cuerpo medio, térreo y masculino, con sutiles notas de cuero. arbusto y especias sobre fruta cálida. Buen paso de boca, con bonita acidez y salinidad.  En buen momento de consumo y  satisfactorio con el cordero, aunque nada para tirar cohetes.

Pese a lo que les cuento sobre la carta de vinos, salimos satisfechos de Aldea. Eso de los vinos se resuelve poniéndole un poquito más de ánimo a los portugueses, que necesitan mejor exposición en Nueva York  y en un restaurante así podrían lograrla muy felizmente. A veces, como dice el dicho, “el que mucho abarca, poco aprieta”. Si uno quiere vino francés, español, argentino, chileno o italiano tiene montones de lugares donde encontrar interesantes selecciones en Manhattan. Pero en tema de vinos portugueses, pues, la cosa es distinta. Al responsable del programa de vinos de Aldea, ojo a la pelota, por favor, que esta buena experiencia gastronómica podría ser aún mejor.

Al otro día nos regresábamos al trajín cotidiano en Santo Domingo. De verdad que no nos hacía ilusión. Pero la vida es lo que es. Uno tiene obligaciones.

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