Archivo diario: diciembre 2, 2009

Cuando éramos “modernos”: La encuesta de la semana

Resulta que leía una interesante intercambio sobre burdeos recientes entre conocidos míos y uno utilizó la frase “la audaz modernidad de este vino”. No interesan los pormenores de la conversación. Solamente salta esa frase, que traslado acá sin nombrar a su autor.

Allá en los noventas del siglo pasado y primeros dos o tres de éste, cuando comenzaba la efervescencia de la internet del vino, “moderno” era un término muy utilizado en una dicotomía en la que el otro término (que siempre tendía, si alguien estaba discutiendo conmigo en un foro español, a incluir alguna mención de Tondonia) tendía a ser severamente denostado. En aquel momento, el parkerismo, el poderío, las capas impenetrables, la madera nueva a raudales y la “perfección técnica” lo eran todo. Ser “moderno” era el sine qua non del vino “in”. Cualquier bodega en la que todo no reluciera de nuevo, en la que apareciese una telaraña o un hongo descarriado, en la que se usasen—¡horreur!—barricas viejas, por más bien mantenidas que estuvieran, era hereje sólo digna de la hoguera.

Los tiempos, como tienden a hacerlo, han cambiado. A finales de la primera década del s. XXI vivimos un momento en el que los ídolos puntistas de antes ven su merecido ocaso. Ya no nos creemos todo el marketing porque los amantes del vino nos hemos hecho, necesariamente, más duritos y sagaces. Hay más diversidad ya que, de repente, los elaboradores redescubren que hay más de una manera de hacer las cosas y hasta va y resulta que como lo hacía el abuelo no estaba mal, dijera lo que dijera Víctor de la Serna alguna vez.

Pues resulta que cada vez que me doy, en un artículo de hace siete u ocho años—o en Liquid Memory, de Jonathan Nossiter—con la frasecilla “vino moderno” la noto desfasada, desinflada, rara. Su referente parece haberse quedado en el pasado. Algunos de los vinos más “modernos” de aquella época me parecen hoy día tan carcadinosúaricos como, digamos, los momentos más excesivos del “rock progresivo” de los setentas. Hasta me pongo a anhelar cuando alguien hará un This Is Spinal Tap del vino. “Moderno” ha dejado de ser un adjetivo atractivo. Al menos por el momento. Quizás es porque muchos de los que amamos el vino hemos sabido descubrir la importancia del pasado, de la memoria histórica, de la comunidad y la comunicación sobre y a través del vino. Eso tiende a atemporizarnos un poco, de manera que algo “antiguo”–digamos aquellos vinos criados en ánforas de barro–resulta ahora ser lo más aventurero, la nueva vanguardia.

La pregunta de la semana es de lo que para uno es ahora “moderno” o no. Deja ver si encuentro alguno de aquellos viejos discos de Yes para ponerlos, o alguna de esas mamarrachosas “óperas rock…”