Resulta que leía una interesante intercambio sobre burdeos recientes entre conocidos míos y uno utilizó la frase “la audaz modernidad de este vino”. No interesan los pormenores de la conversación. Solamente salta esa frase, que traslado acá sin nombrar a su autor.
Allá en los noventas del siglo pasado y primeros dos o tres de éste, cuando comenzaba la efervescencia de la internet del vino, “moderno” era un término muy utilizado en una dicotomía en la que el otro término (que siempre tendía, si alguien estaba discutiendo conmigo en un foro español, a incluir alguna mención de Tondonia) tendía a ser severamente denostado. En aquel momento, el parkerismo, el poderío, las capas impenetrables, la madera nueva a raudales y la “perfección técnica” lo eran todo. Ser “moderno” era el sine qua non del vino “in”. Cualquier bodega en la que todo no reluciera de nuevo, en la que apareciese una telaraña o un hongo descarriado, en la que se usasen—¡horreur!—barricas viejas, por más bien mantenidas que estuvieran, era hereje sólo digna de la hoguera.
Los tiempos, como tienden a hacerlo, han cambiado. A finales de la primera década del s. XXI vivimos un momento en el que los ídolos puntistas de antes ven su merecido ocaso. Ya no nos creemos todo el marketing porque los amantes del vino nos hemos hecho, necesariamente, más duritos y sagaces. Hay más diversidad ya que, de repente, los elaboradores redescubren que hay más de una manera de hacer las cosas y hasta va y resulta que como lo hacía el abuelo no estaba mal, dijera lo que dijera Víctor de la Serna alguna vez.
Pues resulta que cada vez que me doy, en un artículo de hace siete u ocho años—o en Liquid Memory, de Jonathan Nossiter—con la frasecilla “vino moderno” la noto desfasada, desinflada, rara. Su referente parece haberse quedado en el pasado. Algunos de los vinos más “modernos” de aquella época me parecen hoy día tan carcadinosúaricos como, digamos, los momentos más excesivos del “rock progresivo” de los setentas. Hasta me pongo a anhelar cuando alguien hará un This Is Spinal Tap del vino. “Moderno” ha dejado de ser un adjetivo atractivo. Al menos por el momento. Quizás es porque muchos de los que amamos el vino hemos sabido descubrir la importancia del pasado, de la memoria histórica, de la comunidad y la comunicación sobre y a través del vino. Eso tiende a atemporizarnos un poco, de manera que algo “antiguo”–digamos aquellos vinos criados en ánforas de barro–resulta ahora ser lo más aventurero, la nueva vanguardia.
La pregunta de la semana es de lo que para uno es ahora “moderno” o no. Deja ver si encuentro alguno de aquellos viejos discos de Yes para ponerlos, o alguna de esas mamarrachosas “óperas rock…”
Manuel, me he tenido que quedar con el bolero, creo que la opción 1 aún no se cumple. Precisamente el otro dia probé un vino de una bodega nueva de Madrid en la feria del vino de arganda, un vino “moderno” con el ya ¨clásico” coupage de tempranillo, cabernet, merlot y syrah, y muchiiiiisima madera nueva. Con estos vinos siempre me acuerdo de Iñaki Legorburu que dice que son vinos para hacer saltar los empastes.
Sin embargo creo que la opción 2 tampoco se cumple ya al 100 %, estos vinos, aunque siguen apareciendo como vemos, ya no están en el filo de la navaja. Siguiendo con las metáforas, el filo se ha desgastado de tanto afilar la madera. Tienen su público, el consumidor estandar que no le gusta arriesgar, pero cada vez somos más los que arriesgamos y descubrimos que hay otro mundo mas allá, con una amplia gama de matices por descubrir y por disfrutar
Hola Manuel,
pones sobre la mesa un montón de temas que a proposito del vino nos permiten pensar en el contexto sociológico en que se produce. Probablemente por eso la idea de modernos varíe. Tanto en términos históricos como en el correr de la historia de una persona. Por eso lo que hace unos cuantos años te parecía moderno, hoy ya no lo es.
Sobre los vinos, la madera y las barricas, hace unos días visité a los Valenzuela, en las Alpujarras, en donde está su finca y su bodega Barranco Oscuro. Cuado entramos en la bodega propiamente, Lorenzo nos comentaba a cerca de las decisiones sobre qué barricas usar: procedencia y tiempo de uso. Pero sobre todo hubo algo que me importó mucho por haberlo aprendido en ese momento: la barrica no se usa para dar gusto a barrica al vino. No necesariamente y no es un efecto de que deba ser buscado. No me quiero extender más en ello porque no quiero ser infiel a las palabras del vitivinicultor y porque tu y los seguidores de tu blog saben de vinos y por lo tanto podrá extraer algunas conclusiones de estas palabras.
Por otro lado me viene a cuento preguntarte y sugerirte, a ti y a todos, si has leído un librito (por pequeño no por insustancial) de Bruce Sterling que se llama Shaping Things. (no hay traducción al español). Es un ensayo de un diseñador apasionado, que usa como ejemplo de los cambios de los contextos tecnológicos que nos condicionan, las diferencias entre el vino que tomaba Sócrates y el que se toma él hoy en California. Me parece muy interesante como para ejejmplficar las preguntas que hoy y siempre planteas. Es mi recomendación y mi propuesta para una conversación posterior.
va un fuerte abrazo de estas alturas del tecnoimperio
Malena
Mi respuesta es “quizá” porque depende de en qué mercado formules la pregunta. Si tienes acceso al mercado de EEUU, si vives en NY donde hay de todo, puede ser que al respuesta más acertada sea 1. Ahora, aquí en Argentina, donde todo llega más tarde, la cosa “moderna” -adjetivo que se usa muchísimo para los vinos- y “premium” (este es un término mucho peor que “moderno” a mi juicio) sigue siendo el vino frutal, denso, alcohólico y maderoso (si es 100% barrica nueva, mejor).
Y creo que muchos vinos argentinos empiezan a fracasar afuera por seguir ciegamente esta tendencia en un mercado global que empieza a ir hacia otro lado.
Veremos qué pasa.
Saludos
Yo también creo que NYC y Wine Disorder es una cosa y el resto del mundo otra. Ya no te atacan por decir que te gusta un Tondonia… pero España sigue siendo muy “moderna”.
Saludos
Olaf
Perdón, que estuve un poco liado esta mañana con trabajo extrabloguístico. Pero ahora vamos a ver, uno a uno…
Nacho,
Hombre, si pudiésemos hablar en certezas absolutas esta encuesta sería redundante. Más bien, las opciones pretenden sugerir tendencias, por “blandas” que aún sean.
Claro, como todo, esos vinos “modernos” de la época dorada de Parker “tienen su público”. Pero no sé. La cosa parece estar expandiéndose de manera que ese “público” se convierte en un nicho de mercado más en un mercado de muchos nichos. El tiempo de poder generalizar que “lo que pide el mercado” es vino así o asá creo que sí ha pasado.
Malena,
Gracias por la recomendación. No he leido ese libro de Bruce Sterling (aunque sí lo he leido en artículos de revista), pero inmediatamente lo pido.
En realidad mi intención siempre ha sido lanzar cosas que provoquen, pero no meramente por enervar, sino por llevar la discusión cada día un poquito más lejos, por crear nuevas curiosidades y romper con cualquier esquema limitante. No sé, creo que he sido así toda la vida.
En cuanto a la madera como agente saporizante, pues es un tema complicado. Podríamos descartar semejante uso, desaprobando de los vinos que exhiben notas muy marcadas, por ejemplo, de roble nuevo. Pero entonces tenemos que recordar que los aromas impartidos por la madera tienen un rol muy importante en ciertos vinos tradicionales. Por ejemplo, cualquier vino del portafolio de La Rioja Alta S.A. )todos son viejos favoritos míos) viene siempre fuertemente marcado por coco, vainilla y chocolate malteado que le viene de diversos robles en los que envejece.
Claro, si hablamos de problemas texturales causados por la madera (nueva), ahí sí que no te digo…
Ignacio, Olaf,
Recuerden, por favor, que ya no vivo en Nueva York. Mi domicilio actual es bastante “modernero” aún y sospecho que seguirá siéndolo por buen rato. Eso me hace extrañar a mi adorada Nueva York como no se imaginan. Y estar tremendamente deprimido cada vez que salgo a comprar vino en Santo Domingo.
Pero eso es tema aparte. Digo mi depresion…
Creo que la “modernería” obstinada más bien obedece a que mercados alejados de las metrópolis tardan mucho en repensar la manera de vender el vino. Apenas ahora se sienten a gusto con la pendejada de los puntos Parker y con una modalidad vínica y, de repente, hay que adaptarse a una diversificación de demanda. Puedo imaginar como es difícil tener que repensarse el negocio constantemente.
En cuanto a que “te ataquen” por gustar de X o Y tipo de vino tradicional o “peculiar”, pues ni tanto ya, fíjense… En Nueva York aparece Tondonia en tiendas donde jamás lo hubieses esperado antes. Y en las cartas de restaurantes “in” ya es raro que no te encuentres por lo menos uno. De hecho, en una buena cantidad de sitios te encuentras una impresionante oferta multiañadas. Considerando que ya esos vinos no son necesariamente “económicos” en EEUU, creo que es señal de una cierta popularidad.
Pero vamos, que puede que lo de los “vinos modernos” eventualmente sea tan audaz como nos lo parecían los Tondonias y su tradicionalismo a prueba de todo hace diez años. Va y pronto, si se pone muy de moda el vino de verdad, lo de hacer tecnoenovino sea un atrevimiento del orden de andar por ahí mondo y lirondo con uno de aquellos peinados de los ochentas, ya saben, cortito arriba y a los lados y con tremenda teja detrás…
M.
y digo yo, no será que quizás es ésta palabra la que se está pasando de moda más que aquello a lo que se refiere?
no se yo si cuando digo, ahí va ese que moderno, me parece que ya no era lo que antes quería decir…
el arte moderno que nace como un arte fuera de lo académico, algo creativo experimental, puede que ahora se corresponda con lo biodinámico, lo natural y las tinajas…
y es posible que a la vez que digamos que es moderno, queramos decir que es demodé, porque como digo, esa palabra, empieza a parecerme una horterada…
la palabra moderno está sustituida en todos los campos por: ” de ultima generación”
imagínate que ahora sacas un nuevo “powerbellyburner” nadie diría que es un aparato muy moderno.. no?
Otra muy acertada, Erre. La palabra en sí está desfasada, desconectada por su propia naturaleza de un referente claro. Flora en la historia de “modernidad” en “modernidad”.
M.
¿Moderno viene etimológicamente de “moda”? Pues eso…
. Sin caer en la nostalgia, y no necesariamente cualquier tiempo pasado creo que fuera mejor.
Quizá lo “moderno” venga a referirse como nuevos modelos, bandazos que da el sector de un lado a otro por la propia indefinición de un estilo propio.
No sé si López de Heredia (en sus Grandes Reservas) es de última generación, moderno, clásico o cualquier otro adjetivo. Pero es su estilo.
Si el estilo de, por ejemplo, Spring Mountain Vineyards es otro…pues bien, independientemente de que sea diferente. Pero si lo tiene definido, pues no será ni moderno ni clásico, si no el suyo
Warhol es moderno o clásico? Velazquez es más moderno que las pinturas de Altamira, no?
Creo que el debate está agotado en lo de moderno vs clásico
Vamos, que no sé si se me entiende jajajaja.
Un saludo
¡Que no te me pongas tan Verema circa 2002, Iñaki!
Ya alguna vez hablamos de que “moderno” es un adjetivo que fluye, lo mismo designando la invención del ferrocarril que Le Corbusier que Jackson Pollock que un Tondonia. Porque hacia finales del XIX los Tondonias eran vinos “modernos” a rabiar: Hechos posibles por saber enológico internacional de la época y comercialmente viables por ese emblema de modernidad, el ferrocarril.
Es un término fluido, un significante obviamente sin ataduras ni relleno preestablecido, al que algunos en los últimos veinte años pretendieron adjudicar un solo significado, dándonos así cientos de horas de sano debate circular en la interné der vino.
M.
No quisiera entrar a debatir moderno, o clasico, en un momento historico determinado, y la conseguiente evolucion de las cosas.
Lo que si creó es que la evolucion de las cosas deben tener unas raices profundas en la sociedad, no creo que sea bueno una catarsis total y romper con todo lo anterior, ademas me parece que a mi que los movimiientos artisticos y culturales, no han hecho esta rotura tajante a lo largo de la historia.
A mi me parece mala cosa, que se llame “vino moderno”, a uno que este de espaldas a su tierra y su clima, en definitiva que vaya en contra. Si a esto le llaman vino moderno, no se, pienso que el vino debe ser un reflejo de esto, y aqui creo que no entra moderno o clasico, eso si habra variaciones, pero no para llamarlo asi.
Gabriel
Es que yo en esa época iba con biberón, solamente os leía y decía…estos están locos
Qué bribón eres!
“Bribón” no creo que sea la mejor palabra para definirme. Usualmente la expresión favorita especula sobre la profesión y rango de mi madre. Pero bueno…
Y no se vale quitarse la edad ahora…
M.
Pues que viva la “moernez”. Que se beba lo “moerno”. Y la vanguardia. Y el futuro.
Que de lo bueno no hay “pa tos”.
Me habéis jodido la idea entre tods
vaya pandilla de ‘reflexionantes’. Hoy, cogiendo aceitunas he pensado en esto y me ha aparecido una máxima, o al revés. El vino moderno no existe, el vino es antiguo.
Bueno, comentez et discutez.
Salut.
Algo moderno es algo relativo a una época, todo deja de ser moderno algún dia. Está claro que el estilo de hace unos años ya no es moderno aunque no por eso haya pasado a ser minoritario.
Como todo en la vida: están los que van a la vanguardia, los que viven de la publicidad, los borregos, etc, …
Podría ser que algo que hace cuatro dias era clásico se convierta en moderno, esperemos que ocurra por la capacidad crítica de los que aman el vino y no por la capacidad de los críticos que aman la pasta que da el vino.
Laureano,
E vino es antiguo, de eso no cabe duda. Lo “moderno” son los mamarrachos antivínicos.
A tu máxima, pues, para expandirla en direcciones aún más lúdicas, decía un sabio viejo profesor mío: “El vino es las tetas de la humanidad, muchacho. Pasa desapercibido con sus bondades hasta que a la muy idiota le da por ir al cirujano plástico y hacérselas.”
Ahora sí, commentez et discutez.
Lorenzo,
¡Ah, los críticos que aman la pasta que da el vino, ah, la humanidad!
M.
Pues comentando y discutiendo, lo del cirujano tiene cojones, como lo del forense…triste pero es así, estamos a punto de perder , no todo el vino, pero sí buena parte. Quizás siemprea ha sido así y no nos dábamos cuenta, pero lo de ahora es…de miedo(por poner algo simple). No se pueden crear tetas de donde no están, se puede poner silicona, pero carne auténtica de teta, no.
Entonces, no nos interesa la silicona, sí va y nos la follamos una noche porque vamos borrachos de sulfuroso, pero eso no dura y la verdad flota en el agua, sale y nos desilusiona. ¿Cuánto vale la desilusión? Si vale más que el placer momentáneo y equivocado, mal negocio.
Salut.