Archivo diario: diciembre 9, 2009

Que apetezca leer…

Es miércoles hoy, pero no hay encuesta. No sé, me levanté sin que me viniera a la mente una pregunta clara. Lo que sí tenía muy claro era que solamente Felipe Méndez había hecho caso a una petición mía del viernes pasado, cosa que… Buen, que manda gónadas, carajo. Reitero lo solicitado, a ver:

[F]altan escasamente dos semanas para el inicio de la transmisión de los Premios El Botellazo™ 2009 de La otra botella. En estos momentos mi mente va a mil pensando en los candidatos que yo mismo he ido seleccionando. Algunos son obvios, otros no tanto. Este año quiero hacer algo diferente, eso sí. Me gustaría que ustedes me sugiriesen candidatos en las categorías de “Personaje del año”, “Suceso del año” y “Blog del año”. Estos premios en plan People’s Choice tendrán su propio metaprograma en la ceremonia. Espero que no se corten y comiencen a lanzar ideas pronto.

O sea que a no dormirse…

Ahora, a lo que de verdad iba. Ayer publiqué mi reseña de The Vintage Caper, la pésima nueva novela detectivesca de Peter Mayle en que el vino desempeña un papel central.

Inmediatamente se suscitaron en la sección de comentarios inquietudes sobre la ausencia de buena literatura de vino en la actualidad. Casi todo lo que sale al mercado parece permeado por la vacuidad, frivolidad esnobismo y babosería  de la cultureta. La noción se me cristalizó en la mente anoche, viendo en DVD la película chilena El brindis. Encasquetado forzosamente en una historia sentimentalona  de como una joven redescubre a su padre y su judaismo en Valparaiso hay una ridícula subtrama de “pasión por el vino”, con todo y caminata por viñedos. Pero al final este parece un mero “accesorio narrativo”, artificial y completamente carente de gracia. Acaba uno preguntándose: ¿Y eso qué diablos fue? La “pasión por el vino” de la protagonista no se traduce en nada que matice la historia, o la mueva en alguna dirección interesante. Es un adorno, nada más.

Que es lo que parece ocurrir en la mayoría de la ficción donde aparece vino hoy día. Sospecha uno gran torpeza de parte de los autores que le entran al asunto. O alguna motivación ulterior. Como quiera, deja mal sabor de boca. Sabe a aprovechamiento mercenario de la moda.

¿Ha sido de otro modo en otras épocas? ¿Puede uno hablar honestamente de literatura del vino escrita con naturalidad—de una literatura del vino que en verdad merezca el nombre?

Los que me conocen un poquito saben que, en paralelo con mi gran amor por el vino y la gastronomía, siento gran amor por las literaturas del vino y la gastronomía. O sea que pienso que, de existir, seguro que existen. Los que, aparte de conocerme un poquito, han estado en mi casa, saben que mi biblioteca sobre vino y gastronomía es más bien sustancial. Y cada día crece. Raro es el mes en la que no pongo pujas en subastas de libros antiguos. Me reconfortan mis libros qua objetos. Y si los textos que contienen me mueven, pues mucho mejor.

Pensando en compartir la experiencia de mis mejores lecturas, lo primero que se me ocurre es antologizar. El problema es que vivimos un momento en que mi bibliofilia parece casi un anacronismo. Además, muchos de mis libros favoritos son inobtenibles ya. Encima, no sé exactamente por qué—aunque sospecho de mi preparación académica en literatura inglesa y francesa como principal culpable—mi haber de buenos libros con temática de vino que estén en castellano es pequeñito. Pero de que podría armar una excelente antología, pues, podría…

La cosa es que, para cualquier antología hace falta un comienzo conceptual. Uno puede empezar a ponderar autores a incluir. Y pronto se van las cosas de las manos. Además, en un mundo en el que uno nunca deja de tener algo que hacer, lo de convertirse en antologista requiere un compromiso impensablemente firme.

Pero uno puede soñar despierto un poquito. Autores. Grandes novelistas o ensayistas que escribieron textos maravillosos en los que el vino aparece prominentemente. Quizás no lo hace del modo fetichista que se lleva hoy día en la literatura de la cultureta, sino como parte de la cotidianeidad social de los personajes. Quizás denota proclividades en el autor. Quizás perpetúa mitos de forma exquisita.

Y ahí es donde llego a lo que bien podría dejarnos con un sondeo freestyle, si no con nuestra habitual encuestilla de media semana.

Autores. Grandes autores. Vino. A ver… Desde la antigüedad hay mucho de obvio—Aristófanes, Eurípides y una docena más que seguro Joan Gómez Pallarès nos recuerda en breve. Y si nos acercamos a tiempos más modernos también. Claro que Omar Kháyyam. Y François Villon. Y Rabelais. Y el mismo Cervantes. El propio Rochester cuya famosa frasecita da nombre a mi blog. Y Benjamin Franklin y Thomas Jefferson. Y Boswell y Byron. Keats. Y Defoe, Stendahl, Dickens, Baudelaire, Henry James, Verne, Daudet, Zola, Mauriac… Robert Louis Stevenson, Chekhov; luego nos pasamos al s. XX y pare la cosa: Evelyn Waugh, el Hemingway de siempre, Colette, Isak Dinesen, Truman Capote, Kingsley Amis, Roald Dahl, Ian Fleming,  Boris Vian… Al final, cualquier novela en la que un narrador habla de vino consumido, objeta al consumo de vino, caracteriza un vino, hace que algún personaje muera ahogado en un tonel, etc. Y luego tenemos la infinidad de tratados sobre vitivinicultura que se han escrito a lo largo de los últimos cinco mil años.

¿Ven como se complica? Tiras de un hilo y te salen cincuenta textos más que recomendar bienintencionadamente a tus amigos, creándoles una complicación mayúscula. Y encima te recomiendan cincuenta textos que no has leido tú (justamente hoy, en nuestra página de Facebook, Josefa Concannon me recomienda el Elogio del vino escrito por su abuelo, Jesús Guisa, y allá voy a buscarlo en libreros anticuarios donde quiera. Quien tenga señas, por favor, envíeme un e-mail para adquirir una copia…)

Está también el asunto de los idiomas que te quedan por cubrir, en los que de seguro se ha escrito de y en torno al vino. ¿Alemán? ¿Italiano? ¿Portugués? Textos que cuentan, que los verdaderos apasionados quisiéramos conocer, aunque sólo sea “de oidas”.

Les propongo iniciar un proyecto bibliográfico que quizás pueda recoger lo mejor de la literatura del vino—lo que sí es cultura y no cultureta. En las próximas semanas yo brindaré los títulos de cincuenta volúmenes que considero absolutamente esenciales. Ustedes, amplien, recomienden, chismeen, critiquen. Así va y logramos algo útil.