La otra botella

Dime, ombligo…

Enero 12, 2010 · Dejar un comentario

Perdonen ustedes si hago un poco de autoanálisis en público. La temática de mi última entrega me ha dejado pensando sobre opciones de lenguaje para intercambiar mis experiencias como amante del vino. No que éste sea un problema nuevo, ni mucho menos. Más bien es un viejo némesis que saca su cabeza y se burla de mí cada par de meses, creándome unas crisis existenciales de no te menees…

Lo del autoanálisis viene de los comentarios de esa anterior entrada. Hablábamos de encontrar términos comprensibles en los que expresar lo que nos emociona o no de cada vino que probamos. Joan Gómez Pallarès, que aparte de muy buena gente es muy sabio, tocó en lo mucho que me sirve a mí la música para dilucidar otras cosas. A base de música—es verdad—pueden explicarse muchas de mis actitudes, incluso algunas de las más contradictorias.

Mientras trabajo, suelo tener música puesta en mi computadora. Confío en iTunes para elegir bien entre la tremenda cantidad de canciones que poseo. Desconozco los criterios del Genius de iTunes para elegir la música, pero una canción que me encanta sale con bastante frecuencia. Como hace unos minutos. Les he encontrado el video, que es, para más señas, de la versión exacta de la que les hablo, en directo en el Royal Albert Hall…

“Jealous of Youth” es un underground classic de The The, una “banda” bastante enigmática que gira en torno a un solo hombre, el genial Matt Johnson, o que no gira en lo absoluto, pues hace años que no sale nada bajo esa firma. Las comillas en torno a “banda” son porque en realidad la mayor parte del tiempo The The ha sido Johnson solito, aunque a veces ha hecho cosas mágicas con un elenco rotativo de músicos geniales.

Tal es el caso de esta canción, dramática, cómica, pegajosa y funky al mismo tiempo. Si ya han visto el video de arriba, saben que hay muchos elementos exquisitos ahí. Principal entre ellos es la presencia de Johnny Marr. Intrigante es que en una entrevista Marr declaró que pasó más tiempo como guitarrista de The The que con The Smiths, la banda que hizo su fama originalmente.

La interpretación de Marr aquí es plurivalente, a la vez textural y de “gancho”. Esos tintineos agudos que repiten y repiten bien podrían ser el estribillo de la canción, sin hacer falta más nada.  Hipnóticos. Y sumamente de Johnny Marr. No sé, pero se me hacen inmediatamente identificables. Por el tono de la stratocaster y el fraseo. Por parecer una especie de alter ego, más angular y de mayor economía sonora (todo suena claro y preciso en la guitarra) que aquel “The Draize Train” instrumental de The Smiths, también en vivo en Rank.

¿Repetiré con gusto tantas veces “Jealous of Youth” por mera familiaridad? ¿Por mi admiradísimo Johnny Marr y como la canción conecta dos etapas de su carrera de forma absolutamente clara para mí? ¿Es Johnny Marr la marca de terroir de esta canción?

Posiblemente. Pero no podemos dejar de considerar a Matt Johnson. Su voz siempre ha tenido para mí veta de madera quemada por colillas de cigarrillo en algún bar que frecuenté alguna vez. Y líneas como “Quiero vivir, pero no soy un hombre lo suficientemente grande como para hacer algo más que pensar” lo hacen candidato ideal para bloguero del vino, me parece.

Sardónico, pero con un genuino eco de amargura resulta el momento en que, a media pieza, Matt habla a una antigua enamorada. “Pensamos que nunca nos dejaríamos ir. ¿Ah no?” Es uno de los espejos por donde entro. Y vuelvo a entrar.

Me da por acordarme de un vino del cual he consumido un par de cajas ya en los dos años que llevo viviendo en Santo Domingo, el Viña Ardanza 2000 de La Rioja Alta S.A.

Creo haber dejado abundantemente claro que en el mercado local de aquí no hay muchos vinos que me cautiven. Los que logran satisfacerme lo hacen, estoy seguro, por no tener mucha competencia. Los riojas de esa histórica bodega de Haro están entre esos pocos a los que vuelvo constantemente.

No sé si les conté que poseo toda la obra discográfica de The The. No me he perdido un solo disco, en vinilo, cassette o CD. Igual más o menos me ha pasado con los vinos de La Rioja Alta de los últimos veinte años. ¿Podré trazar un patrón entre la fidelidad a Matt Johnson y las diversas encarnaciones de su “banda” y la fidelidad a los vinos de una bodega? No sé… Quizás sea estirar demasiado la cosa. El Ardanza 2000 no es el mejor de esa marca que he probado. Puede que con tiempo en botella dé más de sí y supere a otros, pero mis favoritos los tengo claros.

¿Por qué me recuerda “Jealous of Youth” a un Ardanza 2000?  ¿Una cierta angularidad en el vino (cosas de la añada) tiene el mismo efecto del fraseo angular de Johnny Marr en la guitarra? ¿El tono de la fruta y el nervio acídico del vino me hace pensar en las ironías que le salen por la boca a Matt Johnson? ¿La manera en que los elementos de madera, de fruta, y los elementos secundarios en el Ardanza parecen querer presentarse a la vez independiente y conjuntamente me recuerda la independencia y cohesión de los instrumentalistas en el directo de The The? ¿O será que tanto la “banda” como el rioja me refieren a como se hacían las cosas en otra época?

Esto es una educación sentimental cada día, señoras y señores. Que no les quepa la menor duda.

Les prometo que la semana que viene retomo el ritmo regular de La otra botella. Por el momento, sírvanme de terapia, a ver si logro figurarme el epistema éste en el que quiero habitar.

Categorías: Reflexiones
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