Podría decirse que el mundo del vino no ha estado muy en las de brindarnos historias interesantes para este primer “Cositas y cosotas” del nuevo año y la nueva década. Es más, podría decirse que me lo han puesto bien cuesta arriba…
Pero el show ha de continuar, que la continuidad es importante. Y noticias de fin y principio de año las hubo.
Les propongo lo que me atrevería a llamar una edición pelicular de “Cositas y cosotas”. Es más, lo llamaría, para ser más Camblor, una edición peliculera.
Resulta que en las semanas transcurridas desde que publiqué es último “Cositas y cosotas” surgieron un par de historias que me parecen pintadas para convertirlas en películas. Sólo se requiere imaginación y presupuesto.
Por ejemplo, leíamos en Decanter.com a finales de diciembre que la escuela privada para señoritas Malvern St. Ja,es. en Worcestershire, ha introducido cursos de “Apreciación del vino” para sus alumnas. Aunque yo considero esto una iniciativa a celebrar y una idea a fomentar en todos los sistemas escolares del mundo, claro está que habrá imbéciles por ahí que considerarán la introducción de adolescentes al vino como algo controversial (sí, los llamé imbéciles; podía haber utilizado otro vocablo, pero ése me pareció le mot juste). Es por el tipo de moralismo tonto que confunde inmediatamente “apreciación” con “exceso” que la humanidad no progresa.
Pero no era eso a lo que iba. Se me ocurre a Mischa Barton como protagonista de un film basado en las experiencias catatorias de las pupilas de Malvern St. James. Podría, dada la controversia que generasen los cursos, ser un híbrido de Footloose con Dead Poet’s Society, My Fair Lady, Harry Potter y Heathers. Pero con vino. Podría incluir a la “chica mala” de todas esas películas de adolescencia, que descubre tener una nariz de oro. Números musicales. Hay un potencial narrativo ahí que solamente se me ocurriría llamar… ¡Prioratesco! Incluso, por lo de honrar a avatares del género, podría haber una partecita en el guión para Britney Spears. Basándonos en ciertas fotos que pululan por esta internet del vino, Pancho Campo podría hacer su debut cinematográfico en el papel del instructor seductor que resulta ser un fugitivo de la justicia. Un papel bastante fácil para él.
Otro momento peliculero en las noticias de la cultureta del vino es el reportaje sobre un berrinche que pilló Steven Spurrier con sus colegas del panel de cata de Decanter a causa de sus apreciaciones de los crus bourgeois 2007 de Burdeos. Aparentemente, la mayoría de los miembros del panel se propusieron, a lo Monty Python, “mirar el lado positivo” y dijeron no sé qué chorradas vindicatorias de la añada. La opinión de Spurrier fue altamente negativa. Calificó los vinos de “verdes”, “ampulosos” y un par de cosas más.
Un parrafito en particular me llamó la atención en la pieza de Decanter.com: “[Spurrier] acusó a sus copanelistas de conceder a Burdeos el beneficio de la duda, preguntando: ‘¿Por qué excusamos a Burdeos? Esa gente es inmensamente rica y debiera estar haciendo mejores vinos’” (Mi traducción).
No habiendo catado más que un par de burdeos del 2007 que definitivamente no eran crus bourgeois, no opinaré con respecto a la calidad de los vinos de ese género en esa región y en esa añada. No puedo determinar ni con un mínimo de certeza a qué se refería Spurrier.
Lo que sí puedo imaginarme es una trama: El veterano muevevino sufre una crisis de conciencia e, indignado ante un sistema en el que ya no hay más que hipocresía y ósculos infames para con anunciantes y poderosos de la industria, grita estortóreamente “¡Estoy furioso y no voy a aguantar más! Visualicen ustedes, amigos y amigas, un cruce entre Network, Dos viejos cascarrabias y, sobre todo, Gran Torino. Permitimos a Alan Rickman hacer de Steven Spurrier de nuevo, para redimirse por aquel mamarracho de Bottle Shock. Es un excelente actor. Pero necesita un buen libreto. Ah, y en ésta debe haber un papel para Stephen Fry. Otro para Jean Réno. Debe acabar en tiros. Y el narrador deberá ser Gary Vaynerchuk en la visión que tengo, que sería dirigida por Quentin Tarantino. Aunque… ¡Espérense! Si el tema es el vengador geriátrico, creo que tengo al narrador perfecto para una dirigida por Clint Eastwood. Por su acento y la solera de su voz, el narrador en off ideal para esta peli sería… ¡Gerry Dawes!
No sé. Las noticias de la cultureta del vino siempre me dan algo, por más seca que venga la semana.
Me voy a la oficina ahora y les dejo con un videito de un duo que estoy escuchando mucho en estos días en los que busco inspiración para optimizar el disfrute de mi regalo de navidad, una bella guitarrita roja y gruñona. Aquí están The Black Keys, que no tienen miedo a morir en los primeros veinte segundos de su clip…
Mi comienzo de año y década ha sido lento, mórbidamente meditativo. Curiosamente, pocas ganas he tenido de sentarme a escribir nada, cargado de malaise como lo he estado.
Porque démosle la cara: Como que resulta hasta un pelín cursi ya lo de hacer vino de gran guarda, que quizás no podamos bebérnoslo tú o yo en nuestras vidas, pero que dejaremos en la bodega familiar para el disfrute de nuestros hijos o nietos cuando hayamos desaparecido ya nosotros.Es una cursilería de la que participo activamente. Por ello puedo llamarla lo que es, considerando los tiempos que corren. Cuando abro una de esas botellas de vino elaborado varias generaciones antes del aquí y ahora—de vino más viejo que mi padre, mi abuelo o bisabuelo, y resulta maravillosamente vital—es como un milagrito que me deja entrever e idealizar el pasado. Y tiende a enmierdarme el presente, fíjense, pues volver a lo duro, prosaico y digital tiende a ser bastante cruel después de un buen momento de sentimentalismo ocasionado, digamos, por un emocionante Ausone del 28 o Riscal del 34…