Toda la angloenoblogosfera anda muy feliz con un ensayo de Cory Cartwright en su magnífico blog, Saignée sobre la diversidad en el mundo del vino y lo tremendamente fácil que es cargársela. Me uno a los que celebran esta genuinamente excelente meditación de Cory e invito a los angloleyentes entre ustedes a leerla con atención, si no lo han hecho ya. Para los que no le pegan al inglés, traduciré un párrafo que encapsula el mensaje primario del artículo:
Mientras ponderaba esta entrada, pensé en el gran E.O. Wilson y su The Diversity of Life. Este libro es uno que puedo razonablemente decir, junto con algunos otros, que cambió mi vida para mejor. En el libro, el doctor Wilson, que es un profesor especialista en mirmecología, o sea, en el estudio de las hormigas (“mirmecología” es una palabra que cmparte la raíz de esa palabra favorita mía, “mirmidón”), presenta un elegante argumento a favor de la protección de la biodiversidad en nuestro planeta de cara a la creciente modernización. Se trata de una obra apasionada y elocuente que se balancea perfectamente entre la ciencia y la literatura. El argumento de Wilson, replanteado a mi nada wilsonesco modo, es que la belleza y salud de nuestro mundo dependen de la continuada diversidad de la vida y que las cosas comenzarán a desmoronarse mientras más piezas vayamos eliminando.
Hay que ver que se deja leer este Cory, ¿no?
Echo esto en el caldo por una conversación que tuve con un nuevo amigo aquí en Santo Domingo la semana pasada. Le explicaba que el reduccionismo de eso que yo llamo la cultureta actual del vino (que no es ni cultura, ni va de vino) llevaba a una mentecatización (gracias siempre a Joan Gómez Pallarès por este palabro tan gustoso) del interesado por el vino y un implícito “tranque mental” por el cual no se puede atacar al putativo consumidor de vino con mucho más de un par de conceptejos familiares. O sea: #1 “Esto es vino”; #2 “Es blanco”; #3 (Que ya es temerario, ante la asumida estrechez cerebral del destinatario) “Es de X variedad de uva que te es familiar”; después de lo cual no se puede el empujavinos arriesgar mucho y quizás sólo zumba un “Ganó 92 puntos” que amarre la cosa con airecito de legitimidad. La diversidad es enemiga de la cultureta actual del vino, hipersimplificante e idiotizante como es esta última. Háblale de diversidad verdadera (no de “diversidad” de SKUs) a un trajeado empujavinos corporativo de esos que tanto abundan y saca la pistola. O sale corriendo.
El artículo en Saignée hace mención de un caso que ha estado en boca de todo el mundo recientemente: El timo masivo al gigante vínico E. & J. Gallo por parte de un número de avispados cosecheros, bodegueros y negociantes en Languedoc que vendieron como “pinot noir” a Gallo—para su marca Red Bicyclette—3.57 millones de galones de vino de uvas—por así decirlo—mucho menos nobles. La historia ha sido ampliamente cubierta. Si no la han visto, pueden hacerlo aquí.
Este tremendo fraude me hace volver a lo que les decía hace un minuto. Lo del consumidor mentecatizado y la industria que aspira a perpetuar su mentecatez manteniendo la experiencia del vino limitada a bien poco. La localización del deseo en un atributo o seña específico, en vez de en la totalidad de lo deseado, tiene un nombrecillo académico que me gusta recordar de vez en cuando: Fetichismo. Este caso del “pinot noir” fraudulento vendido a E. & J. Gallo—la cantidad de vino llenaría unos 460 buques tanque petroleros, para que se hagan una idea; a ese nivel la cosa es definitivamente juego de mayores—tiene su origen en una visión fetichista del vino. Piénsenlo. Ya verán que tengo razón.
Pero claro, hay otras historias en la cultureta del vino que te dejan
rascándote la cabeza por la forma en que rizan el rizo. Leo esta mañana que se ha descubierto la presencia en el mercado chino de unas 400,000 botellas de vino etiquetado como “Fitou” de la cooperativa de Mont Tauch en Languedoc. Aparentemente lo que hay dentro de esas botellas fraudulentas es “vino” chino de dudosa virtud. Los de Mont Tauch están indignadísimos. Y yo aquí preguntándome: ¿Por qué diablos va a ocurrírsele a alguien falsificar un tinto baratito del Languedoc? Probablemente las botellas, etiquetas y otra parafernalia para la falsificación salió más cara que ir y comprar un Fitou granelero en bodega.
¿No les parece un tanto perverso? Pongo los dos casos, que coincidencialmente tienen que ver con el Languedoc, para yuxtaponerlos y analizarlos como representativos de la cultureta reduccionisto-fetichista del vino. Commentez et discutez.
Por otro lado, ya que al final la responsabilidad de tanta porquería va a ser de los trajeados empujavinos corporativos, les dejo con unas interesantísimas declaraciones del icónico bodeguero australiano Brian Croser a Decanter. Trajeados que no tienen ni puta idea… Es que parece el nacimiento de un movimiento punitivo, la verdad.
Alguna vez, un gran poeta nos dijo que “la revolución no será televisada”. 460 tanqueros de vino falso y un litro de ironía para ustedes, amigos y amigas, junto a este fenomenal video del último trabajo de Gil Scott-Heron…
ahi ahi, tu repartiendo estopa a diestro y siniestro, jejejejejeje
Destrangis in the night, me da la vena…
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Paré que NYC de veras te nutrió. Llegaste con la vena bloguera bien afilada.
Buenos links. Ideas interesantes.
Ahora estoy leyendo Liquid Memory (harto menos malo que lo que contaste, en mi opinión), y me parece que pasar de las reflexiones de Cartwright a las de Nossiter es no más que un continuo.
Keep it up
Felipe,
La ciudad siempre me nutre.
Liquid Memory es problemático para mí por lo que dije hace unos meses: Se trata de una chapuza bastante desvergonzada por parte de Nossiter, que debió al menos actualizar sus argumentos para ajustarlos a una realidad que definitivamente ha cambiado. A nivel de eslogans, pues, sigue funcionando en la medida en que piensa básicamente como uno sobre la cultura del vino, pero sometido a un escrutinio más severo se le notan tremendas fisuras intelectuales y no poco de autobombo.
El original en francés fue una cosa. Ese burdo refrito en inglés, otra enteramente.
M.
Manuel,
Ma prestaron Le Goût et le Pouvoir y lo voy a leer pronto… ¿Habrá realmente cambiado tanto el mundo del vino en unos pocos años? ¿No será que tu visión ha cambiado más rápido, y por esto lo que ayer te pareció interesante hoy te aburre? Enfin, tengo que leerlo primero…
Saludos, Gerhard
Gerhard,
No sé. Si bien mi perspectiva está en constante evolución, no creo que la casi total omisión por parte de Nossiter de blogs y foros como entes subversivos de la cultureta haya favorecido sus argumentos. Es muy conveniente demonizar a Parker continuando el cliché del “todopoderoso” sin reconocer los problemas de confluctos de interés que tanta credibilidad han restado a Parker y que sslieron a la luz… ¡Eb un blog!
M.
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Manuel:
Muy interesante el artículo de Decanter con respecto a Gallo. Sabe Dios cuantos mas de esas estafas estan corriendo por ahí.
Con respecto a las cifras ofrecidas por Decanter, 135,000 hectolitros es equivalente a 18 millones de botellas y no 16 millones.
Lo de la cantidad de 460 buques tanques petroleros es una exageración.
Asumiendo que la densidad del vino es casi igual a la densidad del agua, 3.57 millones de galones de vino (135,000 hectolitros de vino) son esquivalente a mas ó menos 13,500 toneladas métricas.
Un buque tanque petrolero pequeño tiene una capacidad entre 10,000 a 24,999 toneladas métricas. Los mas grandes pueden llevar sobre medio millón de toneladas métricas.
En el caso de Gallo, un buque pequeño era mas que suficiente para llevar todo el vino.
José
con oil tankers creo que se quieren referir a camioncitos, no barcos.
Y sobre el fetichismo del que toma Red Bicyclette, no sé si es tal cosa y tan simplificado, o complejo, según se lo mire. Para mucha gente que toma vino de $5, un vino es un vino, se abre y se bebe. Y mañana lo mismo, y al día siguiente también. Y es probable que no reconozca absolutamente nada del vino a la hora de comprarlo, solamente que es una botella y es tinto. Y pega. Se puede argumentar mentecatez, tal vez, pero no sé si fetichismo. O tal vez yo le estoy restando importancia o desconozco el efectivo marketing de Gallo y su bicicleta.
José,
La verdad es que lo de los tanqueros lo repetí aquí tal cual por resultarme surrealísticamente probable, ergo infinitamente cómica la noción. Lo mío nunca ha sido las matemáticas, o sea que confío en tu análisis. Debías mandarlo a los fact-checkers de Decanter, si es que tienen…
Javier,
Si. El cliente del Red Bicyclette meramente busca “tinto y barato”, ¿por qué mercadear el vino varietalmente? ¿No daría lo mismo la uva, si tu razonamiento aplica? Mi idea sobre fetichismo va directamente a la pretención de vender el vino en base al pitativo cachet de la variedad de uva, pero desasociado de terruño, corcunstancias históricas, etc.
M.
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Buena pregunta, para los marketineros de Gallo. Obviamente pienso que ofrecer una buena variedad de “gustos”, aumenta las ventas. De hecho en una gran cantidad de restaurantes (la mayoría?) los vinos por copa se venden (y se compran) así. Pero es todo fetiche?
Tangencialmente, recordé este video del controversial Malcolm Gladwell
http://www.ted.com/talks/lang/eng/malcolm_gladwell_on_spaghetti_sauce.html
En el estricto sentido marxiano, aplicado al fraude contra Gallo, creo que “pinot noir” se convierte en un emblema de valor fetichista, por degradadamente inofensivo que se haya vuelto el fetiche.
M.
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Javier:
“Oil tankers” es el término utilizado para los buques/barcos. “Fuel tanker”, “tank truck” ó “road tanker” (término utilizado por los británicos) son utilizados para los camiones.
En cuestión de capacidad, lo de los camiones si que hace lógica. Según wikipedia las capacidades para camiones de combustible varian entre 20,800 y 34,000 litros. En el caso de los 460, la capacidad de cada uno sería de casi 30,000 litros (~40,000 botellas).
José