¡Hic! 3: La venganza de los quince…

Tal parecería que hay temas destinados a volver, volver, vooooolveeeeeer en la cultureta del vino. Esta mañana me llegó el habitual e-mail con los resúmenes “noticiosos” de Decanter.com y me estuve riendo un poquito con cierto peculiar intento de reanimar el debate sobre el grado alcohólico del vino.

¿Es posible hacer un vino fino por encima de 14% de alcohol por volumen? Esa es la pregunta de Decanter.com. Mi respuesta deben bien saberla los que me conocen un poquito. Para los que no me conocen, recapitularé: No.

No quiere decir esto que descarte yo la inmensa cantidad de vinos mediterráneos, por ejemplo (o californiano) de determinadas variedades de uva. Sencillamente los reconozco como iteraciones de un paradigma que para mí no se corresponde con “vino fino”, o “vino elegante”. Lo digo porque, aunque puedo reconocer la nobleza específica de algo masivo y aparatoso, pero que cumple cabalmente con una función, esa nobleza requiere un ajuste de ética y estética para mí. En otras palabras, no se me ocurriría pensar en un vinazo que sobrepase por mucho los 14 grados como “elegante” de la misma forma en que es elegante, digamos, un riesling alemán de 8% o un rioja clásico de 12. Que mole es otra cosa. Que esté sabroso también. Pero mis estándares son mis estándares y me gusta diferenciar qué es que.

Allá los demás con los de ellos. Por ejemplo, tenemos esa extraña cita de David Schildknecht en la que declara que “Elegir 14% de alcohol como un límite significa cuestionar una quinta parte del vino elaborado por los más renombrados productores de Burdeos y Borgoña y el 90% de lo que sale de productores de élite en el sur de Francia, España, California o Australia. “

A lo que yo digo: Anjá, ¿y?

Que el límite que imponemos—basado en nuestros propios prejuicios estéticos y tolerancias fisiológicas—sea subjetivo y arbitrario no invalida, en la ausencia de un estándar “objetivo” de juicio estético-fisiológico, nuestros cuestionamientos.

¿O tenemos que regirnos bajo una idea atrápalotodo de lo que nos es estéticamente aceptable como “vino fino”, en la que cabe lo mismo un Châteauneuf-du-Pape de esos de ahora con 16% que uno de los ochentas o primeros noventas con 12.8%, por echar un número? ¿Un megacabernet californiano de fetiche y culto de 15% y aquel de Sonoma Vineyards del 74 que traía una apologética etiqueta en el cuello sobre su 13 y pico porciento?

No saber diferenciar antes de juzgar puede ser perjudicial para la salud mental, digo. No es lo mismo “vino grande” que “gran vino”.

Y es que todo esto me hace pensar en un episodio hace un par de semanas. Nos fuimos Josie y yo con nuestros nuevos amigos César Castro y su novia Mary Ann a una cata-cena con vinos de un importador local. Para mayores señas, lo que probamos fue un trebbiano di lugana, un rosso di montalcino, un brunello y un dulce de trebbiano di lugana. Antes de ir al restaurante, nos tomamos un aperitivito en casa: Una copita de alvarinho 2007 de Marcial Dorado.

El trebbiano di lugana seco andaría por 13 y pico porciento. El rosso di montalcino y el brunello definitivamente sobrepasaban los 14, quizás por bastante—aunque en realidad es difícil determinarlo con exactitud, pues el vino nos lo sirvieron a temperatura de ambiente dominicano, que no es nada amigable a los tintos grandes.

Ninguno de nosotros se terminó las porciones de vino que nos sirvieron en la cena. Eran vinos modernos que quizás lograban un cierto equilibrio y—al menos los tintos—quizás también se hubieran beneficiado de una temperatura de servicio más amigable a ellos. No creo que llegásemos, con todo y todo, a consumir más del equivalente de dos copas en esa cena. Con la del alvarinho de Dorado hacían tres. Como mucho.

Y, sin embargo, a la mañana siguiente Josie y yo amanecimos con un amago de resaca bastante convincente.

¿Que a qué viene todo esto? Pues a que dicho amago de resaca afecta el juicio estético sobre los vinos pasaditos de alcohol que nos sirvieron. Al alvarinho de Dorado no se me ocurriría culparlo, pues me he tomado en algunas ocasiones una botella yo solito sin mayores repercusiones físicas. Los sospechosos, lamentablemente, son los subiditos de alcohol. Y la sospecha mancha.

Fin de perorata de hoy. Lo que sí, ahora no puedo sacarme de la mente aquel himno/anuncio de servicio público de The Dead Kennedys. Les dejo con una interpretación maravillosa de esa canción, a cargo de la siempre genial Camille (dos videos de ella ya han aparecido en este espacio, o sea que debe gustarme bastante lo que hace la chica):

13 Respuestas a ¡Hic! 3: La venganza de los quince…

  1. lamentablemente o no, no coincidimos en nada de lo que planteas…

    los vinos más auténticos son los que dejan menos resaca independientemente de su grado alcohólico… hay vinos de bastante grado (y hablo de más de 15) que no dan resaca y hay vinos de menos de 13 que te matan…

    creo que el grado de resaca es directamente proporcional al grado de intervencionismo, adulteración y manipulación del vino…

    también he probado algún gran vino de 14 graditos alguna vez… pocas, ciertamente, pero hay magia, equilibrio, profundidad y elegancia en la garnacha con 14 grados y 3,2 de ph..

    ser meridional es lo que tiene, que naces adaptado al medio y puedes disfrutar de él…

  2. Donde haya un buen balance o equilibrio entre azúcar (alcohol) y acidez + amargor por otro lado…El dato del grado en frío tampoco creo que deba ir más allá. Hay vinos de 12% alc.vol que pueden resultar alcohólicos y pastosos.

    Manuel, comprendo que algunos PX no te gusten por otros motivos :-) O incluso amontillados, olorosos, finos, palos, manzanillas…y ya si te pones hasta algún Amarone por ejemplo :-)

    Un saludo

  3. Algún laboratorio farmaceútico, probablemente estará trabajando en la fórmula para combatir las resacas. Menudo negocio. Aunque de momento, no parece que tengan muy claro lo que exactamente contibuye a provocar ese malestar.
    Sea lo que fuere, parece que está en (o es) el alcohol, porque la proporcionalidad alcohol resaca es directa.
    En el caso del vino, cuyo contenido principal es el agua (más del 80%) el alcohol queda, o debería de quedar en segundo plano y muchas veces compensado o disfrazado por otros componentes que conforman una bebida más o menos agradable y apetecible. Aunque claro, cuanto más apetecible, más riesgo existe de ingerir.
    Así nos podríamos encontrar con un vino con el 11 % o el 15% de alcohol que deleite nuestros sentidos, pero al llegar al cerebro los vapores etílicos, éste nos sugiera la cantidad que hemos de admitir para poder seguir disfrutando con la bebida. Pero claro, nuestro cerebro que no es una máquina perfecta y está sujeto a otros muchos factores físicos y emocionales, y sobre todo si no le damos tiempo para reaccionar con una bebida pausada, que muchas veces no se lo damos, puede que no avise de que si seguimos bebiendo vino, nos espera un resacón de aupa.
    Por eso es conveniente hacerse cargo de que todos los vinos no son lo mismo y que conviene entretenerse en buscar el porcentaje orientativo de alcohol que indica la etiqueta. Y es que entre los 15 ó 16 y pico de una botella de pasto y los 11 ó 12,5 de una de fino hay otra de cerveza.

  4. Integrado o equilibrado puede llegar a estar el alcohol, vale. Pero eso no quita que esté ahi. Y el efecto es el mismo, esté o no esté equilibrado.
    Yo no descarto los vinos de mas de 14… pero tiendo a beber mas de los que tienen menos, simplemente porque me gustan mas.
    Y que os parecen los vinos de Joly? 15 voltios que llevan. Los probamos el otro día y realmente la quemazón que dejan en la garganta es algo seria. A mi personalmente no me gustaron, quizás el básico un poco mas, pero probamos muchas cosas mucho mas interesantes por la zona.
    Saludos
    Olaf

  5. Y sin olvidarnos de esos “vinos grandes” que allí y allá se elogian y como parte del idem se incluye el: Vino para beber solo.
    Así, sin alimento… Nos ha jodío mayo con las flores… que hay algunos de estos vinos que no hay alimento que acompañe…

    Saludos,

    Jose

  6. Manuel Camblor

    ¡Caramba, Iñaki! De quien menos me esperaba que saliera con la especiosa “vuelta” de los finos, olorosos, amontillados, etc. era de ti. Creo que debe quedar claro que me refería a la categoría fiscal “vino de mesa”, excluyendo generosos, fortificados, etc. de mi diatribita. Porque claro, no vamos a pretender que un oloroso, un madeira o un oporto caen en la misma categoría que, digamos, un vino fino, tinto o blanco, de Burdeos, Rioja, Borgoña o donde sea.

    Me gusta eso que dice Juan Carlos, que entre una graduación y otra de vinos clásicos a “vinos grandes” hay una cerveza.

    Olaf, Savennières en general es un campo minado donde te encuentras cada bombazo alcohólico que no veas. Y para mi Joly no es particularmente ejemplo de manejar eso con gracia. Si me dices las de Jessey, okey, pero de todas formas la zona me cuesta trabajo.

    Otra cosa: Esto del alcohol va directito a la también muy especiosa manera en la que todos los climas vinícolas del mundo de repente pueden y tienen el sagrado derecho de sacar megavinos de 14, 15 o lo que sea porciento. Lo siento, pero no. Debemos contemplar cada vino por lo que es y no engañarnos.

    Y ahora, si me disculpan, les dejo un rato, que estoy frito. Anoche me pasé la noche en vela atendiendo a mi hijo, que está malito.

    M.

  7. Manuel, es que no especificas colega!!!, o es que he leído rápido!!!!….Vinos finos…vinos tranquilos, vinos generosos, vinos espumosos, es que hay tanta nomenclatura que en fin….

    De todas formas, de cara a categorías fiscales en códigos arancelarios, el límite no es 14 grados :-)

    Es por tocar un poquito las…

  8. Pingback: El grado NO es lo que importa | Viticultura y Enología. Siglo XXI

  9. Manuel Camblor

    Un poquito más de 14, okey, perp no mucho, Iñaki. En cualquier caso, estpy un poco hipersensible por la falta de sueño…

    M.

    Sent from my iPhone

  10. punto vino nos acaba de demostrar como hacer un vino de 13 grados que sin lugar a duda dejará más resaca que otro de 14 o 15… ” los polvos mágicos” manoproteinas, encimas seleccionadas, acido cítrico, tartárico, cuando no sulfúrico junto con taninos y demás… me dan mucho más miedo que el alcoholo…

    amigos, ni está relacionada directamente el alcohol con la resaca ni creo que el efecto sea el mismo con o sin equilibrio… en la naturalidad está el equilibrio casi siempre…

    ejemplo sencillo… 3 gintonics en los bares de Logroño, matan, 6 gintonics en mi casa con una buena ginebra recién desprecintada, no matan… en el segundo caso casi siempre estás borracho en el primero, ni si quiera te da tiempo….

    alcohol es directamente proporcional a borrachera… manipulación es directamente proporcional a resaca….

    por otra parte, el hábito hace al paladar… pese al cambio climático, los vinos de calatayud, toro, priorat y rioja baja, han bajado en muchos casos dos graditos de alcohol… antes no era raro encontrar vinos de hasta 17 y 18 grados en esos lugares… en estas zonas, es casi seguro que la tolerancia al alcohol es diferente que la que tendrán los habitantes del loira o de alemania… no?

    animo m…

  11. Manuel Camblor

    Hombre, Erre, aunque estoy parcialmente de acuerdo con el correlato aditivos=resaca, no puedo descartar lo directo de la secuencia alcohol de más-tranca espectacular-resacón. Te lo dice alguien proveniente de por lo menos tres culturas caribeñas en las cuales la noción de tolerancia alcohólica se adquiere a base de ron.

    También te aclararé que el más natural pitorro consumido en casa de mi suegro en Cidra, Puerto Rico, te deja un resacón catatonizante que no veas y es, a cada paso de su prpceso, hipernatural.

    O sea que estas teorías requieren mejor elucidación y evidencia.

    En cuanto esos prioratos, toros, calatayudes, etc. cuyas graduaciones “han bajado”, pues ver para creer y comienza a mencionar nombres y apellidos, please.

    M.

    Sent from my iPhone

  12. Álvaro Girón Sierra

    A mí, como a otros como Paco del Castillo, no nos acaba de satisfacer mucho la categoría de vinos generosos, pero me imagino que para mantener cierto nivel de comunicación con el resto de los mortales, habrá que seguir utilizando esta -para mí- bastante confusa etiqueta. Lo digo porque un fino de Montilla, por ejemplo, no es un vino “fortificado”, sino más bien un vino blanco de crianza biológica sin más. Y un amontillado montillano suele alcanzar sus respetables 19º o 20º sin adición alguna de alcohol vínico. Sabemos que en el caso de Jerez no, pero ahí dejo el apunte para la reflexión. Por otro lado, y ése es un debate distinto, para mí los vinos de crianza biológica (independientemente de que estén fortificados o no), son animales completamente distintos a su derivado oxidativo (el amontillado), o a sus primos totalmente oxidativos (palos cortados y olorosos). Ni que decir tiene que un PX se parece a una manzanilla lo que un huevo a una castaña, con lo que todavía no acabo de explicarme cómo seguimos rutinariamente metiéndolos a todos en el mismo cajón de sastre.

    Volviendo al tema del alcohol: la clave es la integración de éste. He probado muchas manzanillas directamente de la bota que tenían el alcohol mejor integrado que multitud de tintos que dicen tener 14º (aquí entramos en otro asunto interesante, porque la legislación europea obliga a poner 15º en las étiquetas de finos y manzanillas cuando su graduación real puede estar perfectamente por debajo de los 14,8º). En cuanto al tema moñas y resacas no poco tiene que ver con una saludable dosis de sentido común. Yo estoy harto de ver a gente que se queja de manera absurda de la supuesta cabezonería de los finos: cuando uno ve a esos mismos individuos cepillarse una botella de fino sin más adorno comestible que un trozo de pan y una lasca enana de jamón, uno empieza a explicarse determinadas cosas.

    Lo que sí es verdad es que, desgraciadamente, alcoholes altos en tintos y blancos suelen ser síntomas de alguna cosa que no funciona muy bien: a algún iluminado se la ha ido la mano, una añada cálida (2003) que produce vinos desequilibrados que mezclan verdores con rotundidades glicéricas y alcohólicas, un terruño difícil en que hay que aplicarse para que el vino alcance a ser medianamente armonioso. Ahora bien, aquí ya no hablamos tanto del alcohol, como de la música que le suele acompañar.

  13. Manuel Camblor

    Hola Alvaro y bienvenido. Es un privilegio tenerte por acá. Por cierto, que tremenda entrada has hecho, porque tus comentarios no tienen desperdicio.

    No sé si mi minirreproche a Iñaki más arriba deja entender tan bien como quisiera yo que tengo problemas con la categorización de finos, manzanillas, olorosos, amontillados, etc. bajo la rúbrica “fenerosos”. De ahí mis esbozos de enumeración y mis “etc.” al referirme a ellos.

    Pero me pasa lo mismo, si vamos a llevar las cosas un poco más lejos, con la categoría “table wine” tal cual se (ab)usa hoy día. Por diferencias no solamente de grado, sino de proceso y aditivos hay muchos enoproductos de factura reciente que no deben pertenecer ni de lejitos a la misma categoría que, digamos, un vino natural a 12.5% de alcohol.

    En cuanto a las cogorzas, resacones, etc., vale notar que en la cena-cata que menciono arriba se consumieron cuatro platos bastante contundentes, que iban “acompañando” a cada uno de los vinos. Falta de zapata no fue. Algo más siniestro operaba. Pero llevas mucha razón en lo de quienes beben alcoholazos vínicos y comen nada. Riesgosa proposición.

    Tu párrafo final: Pues no te extrañe que lo cite en una entrada futura, porque las verdades que contiene son, digamos, inmensas…

    M.

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