Esta entrada va dedicada a mi apreciadísimo Juan Carlos Somalo, que la inspiró con uno de esos cuestionamientos lacerantemente mordaces que a ratos le salen. Preguntaba el ganador del Botellazo™ al “Blog del Año” in Spanish lo siguiente:
¿Quedará alguien que no venda vino?
Eso me ha dejado pensando todo el día. Porque mira que hay gente vendiendo vino hoy día. De hecho, no sería tan molesta la cosa si cada uno de los vendevinos se limitara a vender un solo vino. Pero no. Quien más y quien menos ostenta un portafolio multimarcas con una docena—mínimo—de SKUs. Y claro, la justificación es que “el mercado pide”.
La cosa es que yo nunca he oido a ese mercado tan pedigüeño. Pero si ellos lo dicen…
Parecerá non sequitur, pero no he estado bebiendo particularmente bien últimamente. Quizás por eso—y por una cantidad desmoderada del trabajo que paga los vicios—que estiré como lo hice las crónicas del último viaje a Nueva York.
No por falta de variedad, al menos en términos de marcas, eso de “no he estado bebiendo particularmente bien”. Se sorprenderían los primermundistas que me leen, pero en esta capital caribeña en la que vivo yo hoy por hoy hay una cantidad de arcas de vino disponible que resulta acojonante.
Particularmente por la cantidad de ellas que parecen pertenecer a los portafolios de megabodegas chilenas, españolas, etc. Digo yo que cuando te puedes llenar un par de cajas de enoproducto con etiquetas diferentes que todas son fabricadas por la misma compañía, eso merece cierto análisis.
¿Cómo hemos llegado al punto de esta marketorrea? Porque no puede llamársele de otra manera. Cuando un mismo conglomerado bodeguero produce ocho sauvignons blancs no especialmente distinguibles el uno del otro como no sea por la etiqueta, algo no tiene mucho sentido. Aunque la plata al final vaya al mismo sitio, ¿funciona lo de crear tantas marcas que compitan una con la otra?
De verdad, que alguien me lo explique. Yo he presenciado una auténtica estampida de nuevos bodegueros, vendevinos, buscones del vino, putones verbeneros del vino y otras criaturas que conforman la cultureta de la que tanto les hablo—muchísimos de ellos con los antedichos portafolios plurietiqueteros-nadavalentes.
Y de verdad parece que, como sugieriese Somalo, Raymundoytóelmundo aspira a vender vino hoy por hoy. No consta que en realidad venda, pero al menos aspira.
¿Qué extraña fantasía habrá concebido que existe tanto espacio en el mercado para tan desmadrada oferta? ¿De verdad necesitamos los consumidores tantas marcas—que no es lo mismo ni se escribe igual que “tantos vinos”?
Una buena para comentar y discutir, ¿no? Les dejo un videito con una canción muy bonita de Citizen Cope. Un titulito un tanto irónico aquí, considerando que estamos hablando de marketing del vino…
Hola Manuel,
!!!!!canibalismo entre los enoproductos de un mismo “grupo”, ojalá asi se autoregule un poco toda esta aburrida abundancia que satura hasta formatear los `paladares de los neofitos y no tan neofitos tb!
salut!
Manuel:
Hace varios años me invitó un amigo a vender vino chileno. Él ya tenía los contactos, se trataba de Isla Negra, Tocornal y no recuerdo la otra marca, todas de Concha y Toro. Cuando las mostramos a un distribuidor muy grande aquí en México, nos dijo que le habían gustado, pero que había un grave problema. De un portafolio de 25 vinos (blancos y tintos) todos costaban más o menos lo mismo. Una lección de mercadotécnia que nunca olvidaré, ya que nos explicaba que el precio juega un papel muy importante a la hora de que el cliente elige una botella. Las de 5 dólares para beber diario, las de 15 para los fines de semana y las de 35 para una ocasión especial… Al no haber mucha diferencia de precios, el cliente puede confundirse. Tal vez esto explique la gran cantidad de vinos parecidos, diferentes etiquetas y sobre todo precios. Por cierto nunca entré al negocio, sigo en el lado romántico.
Saludos
Cada vez se bebe menos vino, peeeero se beben más marcas y etiquetas… Se van a estrangular ellos solos y sin darse cuenta.
Jose
Vaya por Dios… Y yo vendiendo vino… Ya estoy condenado
)
Tener una marca y la de la competencia es una muy buena estrategia de marketing, así tienes menos posibilidades que un tercero intente competir.
Y no olvidemos que esa estrategía (no solo en el vino) de meter una 2ª y 3ª marca puede ser nada mas para potenciar la primera.
Por suerte siempre habrá quien haga, venda y compre vino y se lo tome y lo comente and so on. Van cambiando todos en la rueda y eso es al fin y al cabo lo que hace que este bisnes exista desde hace miles de años y ni señales de aburrimiento!! Pero resulta que nos empezamos a aburrir de los vinos que nos ofrecen y entonces decidimos vender los vinos que nos gustan. Si este fuera el motor del que decide meterse a vender vino sería una buena señal; aplicar técnicas de diversificación de producto creando una abundancia artificial no tiene nada que ver con vino!! Siempre harán falta viñerón creativos, dealers cojonudos y amantes apasionados!
Salut:)
Manuel, Citizen Cope es lo más.
Y, por cierto, acaba de publicar nuevo disco.
Hace unos días recibí el “Rainwater LP”, Nada, y está muy requetebueno. Uno Cope más directo y sin afeites, más él…
M.