(Siempre habrá) Cositas y cosotas…

Hasta que me diese por lo de mi reciente hiato, cada viernes me esforzaba por publicar aquí un compendio de curiosidades de la cultureta actual del vino encontradas por esta internet tan pródiga en chismes, marketing fantasioso,  idioteces proclamadas como dogmas de fe, politiquería cogebobos, trapicheos, chorizadas de cuello y corbata, paquetazos, etc., etc. Unos viernes resultaban, por ley de vida, más divertidos y edificantes que otros. Yo, por mi parte, aunque esas entradas de “Cositas y cosotas” suscitaron animados y muy saludables debates, me ví buscando algo menos, que a la vez era algo más. Necesité cambiar un poco el formato, quizás abarcar menos cosas y profundizar más en el tema seleccionado. O, por lo menos, ceñir el potencial debate a un tema nada más.

O sea que ahora “Cositas y cosotas” viene new and improved, pero intentando preservar su esencia lúdico-jodedor-analítica. Un tema por viernes. Y listo. Al asunto.

El Wall Street Journal nunca se ha distinguido por la brillante sagacidad y profunda erudición de sus críticos de vinos. Nada más hay que recordar a la parejita aquella que tenían hasta hace poco… O mejor no recordarla. Total, si los cambiaron. Hace un tiempecito anunciaron que uno de los dos puestos de crítica de vinos para el periódica iría a Jay McInerney, autor de una novela brillante en los ochentas (Bright Lights, Big City) y de un montón de columnas de vino bastante tontas para la difunta revista del hogar House & Garden. Poco después, el Journal anunció una contraparte femenina para McInerney: Nada más y nada menos que Lettie Teague, autora de otra buena cantidad de columnas tontas para la revista Food & Wine. Hasta donde sé, la Sra. Teague no ha escrito ninguna novela brillante aún, o sea…

Caso es que en la última semana  del antedicho hiato bloguero que me traía me llega el debut de la Sra. Teague en el Wall Street Journal, una columna de tonito un tanto tocagónadas sobre el tema de los vinos de alto grado alcohólico. No deja la más mínima duda de que la Sra. Teague es una defensora de los mismos, y los sumilleres, tenderos y consumidores que rechazan rutinariamente vinos de 14% de alcohol por volumen o más son esnobs insufribles que ponen sus preferencias personales por encima de las oportunidades que putativamente merecen esos vinos “grandes”.

Para los sumilleres de restaurantes que pasan de vinos con más de 14% de alcohol en nombre de servir vinos “equilibrados” y “compatibles con la comida”, la Teague tiene la siguiente cápsula de sabiduría:

[Cuando los sumilleres] hablan de “equilibrio, ¿qué están diciendo en realidad?” ¿No será en verdad lenguaje codificado para excluir los vinos que no les gustan, o los estilos de vino que no se ajustan a sus gustos personales? ¿Es esto la próxima forma de esnobismo vínico, similar al movimiento anti-chardonnay? (Mi traducción)

La prosa tortuosa no es por mi traducción, que conste. Y es un extraño concepto de la labor de un sumiller el que parece poseer la Teague. Toda la vida he visto en el oficio de un sumiller de verdad—los de carrera, los chapados a la antigua, que de verdad entienden el vino y su servicio en contexto, sea este contexto histórico, sociológico, o meramente de la cena que va a ordenar la mesa 8—como una mezcla entre trabajo curatorial, didáctico y de ventas. Tal como lo haría el curador de un museo, el sumiller monta su lista de vinos como una exhibición, diseñada para dar máximo deleite y máxima información al visitante. Se encarga el curador de elegir las obras en exhibición según criterios coherentes y velar su posicionamiento para comunicar claramente el mensaje o mensajes que busca comunicar. Así mismo el sumiller. No se trata de “dar oportunidades a todo quisque”, ni de ser un empujador de lo que le dé la gana a X segmento de la industria del vino. Se trata de crear una carta de vinos coherente, consistente consigo misma y con la cocina del restaurante.

Lo que, si mi experiencia vale de algo, pone en desventaja a los megavinotes esteroidales que defiende Lettie Teague, esos que te dan “la patada extra”.

Claro, yo soy de los que aman los vinos ligeros, gráciles, enfocados, con excelente acidez y mucha frescura, los que dejan poco estrago a su paso, los que no te imposibilitan alcohólicamente después de dos copas, los que te invitan a abrir esa otra botella… Tiendo, como esos sumilleres que condena la Teague, a respetar fronteras de graduación alcohólica y a sentir seria aprehensión ante vinos que las sobrepasan. Por más que lo intento, no puedo enterarme de como es que un jumilla con 15% de alcohol trae “más sabor” que un complejísimo trousseau del Arbois con 12.5%.

Otra cita, con metacita incluida:

Descubrí que un buen número de los vinos que había disfrutado en el pasado con mis amigos, y alegremente maridado con comidas, sobrepasaban por bastante el 14% de alcohol. Tenían sabor e intensidad y eran inmensamente placenteros…. Eso es algo que los que odian el alcohol dejan fuera. El alcohol acarrea sabores. “Es como la grasa en la carne”, como me dijera una vez Aldo Sohm, director de vinos de Le Bernardin, en Nueva York (no estaba seguro de que lo dijera de forma positiva, pero decidí tomármelo así).

Para más discusión sobre el (ab)uso interpretativo de esa línea atribuida a uno de los sumilleres más respetados de Nueva York, les refiero a mi amigo el Dr. Vino, quien también trató recientemente sobre el debut de Lettie Teague en el Wall Street Journal.

Lo que nunca dejará de sorprenderme es como, en la cultureta, los debates siempre han de enmarcarse de forma tan polarista. Obviamente, la Teague se planta en una esquina como defensora de los vinos-bomba. En la otra pone a los  “esnobs” proponentes de vinos menos aparatosos y de impacto más sutil. Claro, nunca falta denostar al otro bando, designarlo como “elitista”, “antidemocrático” y tonterías así. Blanco versus negro. Amor u odio.

Yo siempre diré que puedo comprender a los que gustan de las tumbacocos, los amplificadores de guitarra que llegan al “11” y las tetas de silicona como pelotas de playa. Recordemos lo mucho que disfruto de Sadat X y su “fucked-up factor”:

¡Ah, Lettie Teague! ¡Ah, la humanidad! Todo esto me ha puesto a pensar en el vendedor de una tienda local. Cuando le pregunté—hará como un año—por qué eran tan pocos los vinos por debajo de 14% de alcohol que ofrecía la tienda, me dijo que “es que por debajo de eso la gente no los quiere. Hay gente que solo compra de 14.5% para arriba”.

También pienso en un amigo que se refirió a un priorat con 15% de alcohol con adjetivos como “elegante”, “fresco” y “equilibrado”, aunque luego me admitió que beber eso muy frecuentemente le estaba dejando estropeadillo.

Vamos, que debe existir espacio en el mundo del vino para todo tipo de prioridades…

About these ads

5 Respuestas a “(Siempre habrá) Cositas y cosotas…

  1. Benjamín Berjón

    Hola Manuel:

    Hace muchos años, cuando era bebedor de destilados además de vino y cerveza, nunca me dejaban buen sabor de boca los tequilas ni los mezcales (con o sin gusano), pongo de ejemplo estas bebidas porque son originarias de esta tierra. Otros destilados mezclados con agua mineral pasaban mucho mejor. El caso es que el octanaje alto no ha sido nunca de mi agrado, mucho menos en el vino. Aunque debo reconocer que hay vinos que integran más su alcohol. He probado borgoñas tintos de 13,5 (ninguna rareza hoy en día) que lo disimulan muy bien, es decir el alcohol en la eqtiqueta no me asusta tanto como en el paladar.

    Saludos

  2. Estoy con Benjamín. Es mas importante como esté integrado el alcohol que el propio voltaje que indica la botella. Veanse los vinos generosos de crianzas biológicas y alcohol vínico añadido. Aunque no levantan cabeza, sigo pensando que son grandiosos, aunque depende de con que lo acompañes incluso quien te acompañe.

    Por otra parte, hace tiempo leí que en Australia habían hecho un estudio que relacionaba el alcohol con el sabor siendo inversamente proporcional el voltaje con el sabor. Es decir, cuanto menos alcohol, mas sabor. No es que me crea el estudio, sólo lo comento.

    El aumento del voltaje el las vinificaciones de tintos modernos nacen de las propias escuelas de enología. Se relaciona la calidad de la uva con la maduración tanto en grado de azucar (mayor grado de alcohol en el proceso de vinificación) como en maduración fenólica (antocianos, taninos, resumiendo, polifenoles varios). Los perjudicados son aquellos consumidores que gustan mas de vinos frescos (mayor acidez= menor maduración fenólica y alcoholica) y todos aquellos que piensan que hay pèqueños defectos que marcan el caracter y la personalidad de un vino.

    Ahí es donde está toda la madre del cordero. El concepto de calidad puede cambiar mucho entre unos consumidores a otros. Los atributos que debe tener un vino pàra que guste a alguien pueden ser tanto sensitivos como imaginarios. El marketing es una gran herramienta que puede ser utilizada bien o mal, de forma honesta o torticera. Pero al final, lo interesante para el marketing es conquistar la mente del consumidor. Ahí es donde están todas las guerras, tanto reales como inventadas.

    Me viene a la cabeza un anónimo peñafielense que una vez me confesó que a él le gustaba el vino que estaba mas allá que acá, es decir, algo marchado, ido. Le seducía el acetato de etilo en nariz y algo de acidez acética en la boca. Me dijo que es algo que no podía ir contando por ahí porque le tacharían de chalado. A mi me pareció una opinión respetable, la de un consumidor honesto que sabe lo que le gusta. Y ante esos consumidores ya pueden venir los críticos y prescriptores a contarle lo contrario, que siempre serán fieles a su propio criterio aunque tengan siempre la callada como respuesta.

  3. Manuel Camblor

    HOmbre, Benjamín, que 13.5% en los tiempos que corren ya es “modesto” en cuanto a alcohol.

    Estoy de acuerdo yo también en que existen vinos que integran mejor un alto grado alcohólico que otros. ¡Pero hay que ver que esos (y estoy hablando de vinos de mesa sin refuerzo de alcohol añadido, etc., por favor, o sea que dejemos los andaluces, los oportos, etc. fuera de la mesa por el momento) que integran el alto octanaje son los menos!

    Tomando yo una región favorita del prescriptor gringo en jefe, no puedo imaginarme la “integración” de una de esas desgraciadas cuvées modernas de Châteauneuf du Pape a 16%. O al menos no puedo imaginármela conociendo la integración de un Vieux Donjon o algún otro de los de antes a 12.5-13%. Igual no puedo imaginarme la “integración” de un zinfandel californiano de los monstruosos de ahora—los he visto a 17%—en el mismo plano de la integración de uno de los ochentas o noventas. con 13%.

    Disculpen, pero no puedo evitar comparaciones históricas.

    Y Rubén, de acuerdo completamente en que el problema parte de la formación enológica y los conceptos de “calidad” de la fruta imperantes en la cultureta actual.

    M.

  4. Manuel Camblor

    Es domingo en la mañana y me encuentro con el e-mail de un buen amigo que prefiere preservar el anonimato. Me envía enlace a un video que considera muy pertinente a la proclividad entre tanta hente hacia los vinos de “alto octanaje”. Ya, que sé que esto, en estos tiempos de corrección política es cosa de meterse en tremendo lío. Pero no puedo resistir. Me lo han mandado con referencia a la anécdota de los tipos que no compran vino por debajo de 14.5% de alcohol y es que me quiebro entre la risa y la tos:

    M.

  5. Que bien viene el tema de la Orquesta Mondagon de fondo, jejeje.
    Sin duda hay tonos grises entre el blanco y el negro. Pero una cosa esta clara, hay vinos que te bebes la botella entre dos, se hace corta y sigues con la mente lúcida. Otros es imposible, dos copas y ya estás frito. Y ni te cuento de maridar con la comida, esos mastodontes se lo comen todo y a ti no te dejan ni las migajas.
    La entrada y comentarios en Dr.V también muy interesantes.
    Saludos
    Olaf

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s