El fútbol y yo. Par de cositas…

Ayer confesé en Facebook que no soy muy futbolero, la verdad. Lo del Mundial a mí, ni fu ni fa. Bueno, a menos que se ponga la cosa muy interesante y, de repente, comience a no poder evitar acercarme a la tele.

No sé. Me estoy convenciendo de que, en efecto, soy un tipo raro. Mis amigos están todos en festejar este evento y yo aquí, declarando que me voy a hacerle compañía a las chicas (las no interesadas por el deporte en cuestión, claro).

Caso es que durante el Mundial probablemente abra los mismos vinos que hubiese abierto en tiempo normal. O nada, porque ahora mismo me ocupa un gripazo selvático de órdago. Ah, también es muy probable que siga sin poder soportar la voz de Shakira.

Hasta aquí el momento de autorrevelación.

Ahora, un par de vainas que me saltaron a la vista en los boletines publinoticiosos de Decanter.com, porque es muy difícil cambiar totalmente de onda y a veces la cultureta te la pone a huevo.

La primera llegó ayer, con el rimbombantemente hilarante titular  ”El viagra es la mayor competencia para la champaña“. Aparentemente, tal es la opinión de Pierre-Emmanuel Taittinger, ejecutivo en jefe de la epónima marca de Champagne. Esto lo dijo en la Cumbre Global del Lujo Reuters (existe semejante cosa…) a manera de demarcar nuevas fronteras para la competencia. ¡Porque si la recesión mundial no era suficiente, ahora las pastillitas para singar! La champaña, como se dice aquí en la tierra en la que ahora habito, “‘tá fea pa’ la foto”.

Aparentemente, la estrategia de Taittinger (el individuo y la casa que dirige, que, por cierto, perdió un 10% de ventas en el 2009) parece ser presentar la champaña como un ente relajante y civilizante frente al estrés del deprimido mundo actual. Santos y buenos hasta ahí. Lo que no alcanzo a comprender es como va a respaldar el reclamo de que es un remedio igualmente eficaz para la disfunción eréctil que las pastillitas azules. Si bien no discuto yo que una botella de champaña, con la compañía adecuada, tiende a agilizar un poco cualquier intención erótica, también considero que hay que meterle ganas e imaginación al asunto.

Nada, sólo llamando la atención de los dos o tres que no estén ahora mismo borrachos de fútbol a las tonterías que surgen de prominentes personalidades de la cultureta. Podríamos tomar esto y emprender unas variaciones sobre el tema. Ayer mi querido amigo Iñaki Gómez Legorburu puso una cita de un renombrado oncólogo brasileño al efecto de que las industrias farmacéuticas invierten más en medicamentos para la disfunción eréctil y silicona para cirugía de pechos que en una cura para el alzheimer’s. Por ello vaticina que pronto se verá una inmensa comunidad geriátrica de penes duros y tetas globulares que, dementes perdidos, no recordarán para que sirven dichos aparatos. ¿Qué champaña beberán? ¿Recordarán para qué sirve la bebida de las burbujitas?

Lo otro es, francamente, algo que se cae de la mata desde hace tiempo, que unos empresarios ingleses han venido a institucionalizar. Resulta que ahora hay un “Club Trae-tu-propia-botella” en el Reino Unido. Ideado por Khadine y Christopher Rose en asociación con la cadena de tiendas de vino Nicolas, el club permite a sus miembros, por el pago de una cuota anual, poder llevar sus propias botellas a un gran número de restaurantes británicos sin tener que pagar tarifa de descorche.

Una bonita idea. Hasta que te enteras que la cuota anual es de entre £75 y £100. Eso, en un mundo de tarifas de descorche racionales habría que comer mucho fuera para amortizarlo. Pero claro, las tarifas de descorche en muchos lugares de este mundo en que nos ha tocado jodernos no son nada racionales. De hecho, en algunos lugares son de extorsión. Dice la pieza de Decanter. com que el promedio en Gran Bretaña es de unas £40, porque los restauradores no estaban muy en eso de dejar a sus clientes traer sus proias botellas a los restaurantes, fuesen lo especiales que fuesen dichas botellas.

Con el club, pues, los británicos ahora tienen aprobación automática para sacar a pasear el contenido de sus bodegas domésticas. Habrá que ver como les funciona esto.

Bueno, disfruten ustedes el Mundial. Yo me largo a la playa, que me hace falta descansar. Les dejo con un poquitico de música playera de la buena. Disfruten a ALO, la Animal Liberation Orchestra…

5 Respuestas a El fútbol y yo. Par de cositas…

  1. A mi me gusta mucho el futbol pero el de verdad. Normalmente se torna aburrido y un mundial, aunque es buena noticia no me seduce hasta la parte final, y depende quien llegue. Vamos que no tengo ambiente de futbol.
    Menuda risa he pasado, a la par que grima imaginándome la escena de abueletes “duros” y abulelitas “firmes” entre pellejos acosados por la gravedad.
    Lo de las farmaceuticas, como son un negocio privado solo hacen eso, un negocio, una pena.

  2. 40 libras por el descorche!!! Yo acabo de enterarme de un lugar en Düsseldorf que cobran 10€, no que no esta mal. Además tienen una curiosa iniciativa los lunes, cada uno lleva su botella y la compartes en barra con los demás. A ver si un día me paso… aunque conociendo el gusto de los alemanes, reconozco que me da un poco de miedo.
    Aqui en Alemania, como en casi cualquier sitio, el fúbtol va mas unido a la cerveza que al vino.
    Saludos
    Olaf

  3. Benjamín Berjón

    El tema del descorche para mí es relevante, cada vez encuentro menos cosas interesnates en las listas de restaurantes locales, además de que son cada vez más caros. Hace una semana llevé una botellita a un restaurante, de manera muy discreta, en su bolsita negra de neopreno. Primero pregunte si había descorche, pero me frenaron en seco con un rotundo NO. Como comentario, reconozco que un poco agrio, le dije al mesero que más valía que hubiera cosas buenas en su carta de vinos… a lo que después de unos minutos volvió a la mesa y me dijo que la podía descorchar gratis. Noooo, no se trata de eso, le contesté. Se trata de comer sabroso y descorchar una buena botella, que no tengan en su lista ( nada raro) y pagar una tarifa razonable por el descorche. El caso es que fue un “sólo por esta ocasión”. Otro ” incidente” fue pedir un borgoña de $200 (unos 15 dólares), bastante barato para ser precio de restaurante, pero no quise quedarme con la duda. Resultado un vinito que más bien era mosto con algo de alcohol. La segunda botella, Miguel 2008 del Valle de Guadalupe a $60 dólares… no sé cuanto cuesta en tienda pero me parece que no pasa de $25. Así que la gran lección de ir por volúmenes grandes y satisfacer al cliente con un plus a la comida, no ha sido asimilado por los restauradores.

    Saludos

  4. Me gusta que se permita descorche, eso mismo comentaba referente a mis últimas visitas a Bilbao.

    Por lo demás…fútbol es fútbol que diría aquél. Y se puede ver acompañado de un buen champagne (así evitas viagras y siliconas)
    :-)

    Un saludito

  5. Bueno, pues ya puestos, cuanto consideramos “razonable” que nos cobren en un restaurante por descorche?.
    Yo creo que esta tendencia está mas relacionada con los “palos” que pegan algunos por el vino que con el interés del comensal de llevar una botella.

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