Esta mini-reflexión les viene cortesía de un comentario al vuelo que realizara mi mujer el sábado pasado, mientras bebíamos una botella de riesling alsaciano de copete medio-alto. Nos gustaba. Yo lo había llevado a nuestra casa de playa para celebrar el final de un ciclo de antibióticos intravenosos que me tenía ya muy jodido. Una bronquitis tirando a pulmonía, si necesitan saber. Ya estoy mucho mejor… El caso es que la botella caía bajo la categoría de “celebratoria” por haberme costado más de US$40, habiendo sido para mí el marcador sicológico de entrada a dicha categoría los US$30. Vamos, una botella de más de eso ha sido siempre un lujito.
¿Lo que comentó Josie? Pues dijo así, no más, antes de emitir juicio estético: “¿Cuánto cuesta?”
Le dije.
“Ah, no, pues entonces no. Me hubiera parecido excelente por US$20 ó 25.”
Tajante. Real. El precio del vino, al final, importa. It’s the economy, stupid, etc.
O quizás no es solamente la economía actual, sino un cierto principio moral que entra en operación.
Me explico: De un tiempo a esta parte, parecería que el mínimo a pagar en las tiendas de mi lado del Atlántico por una botella de vino interesante (bueno, a veces ni eso) es de unos US$12. Esas son las botellitas “de batalla”, bebibles, simpáticas, para la faena diaria.
Las que, cuando yo comencé en esto del vino, pagaba a US$4. Las que hace quince años pagaba a US$7 o algo así.
Si uno quiere entrar en vinos un poquito más sustanciales para el diario beber, más intelectual y sensualmente estimulantes, de producción menos masiva, la tarifa de admisión no parecería bajar de los US$20-25 en la mayoría de los casos (las excepciones son nobles y las hacen casi todas Marc Ollivier, Jean-Paul Brun y Clos Roche Blanche…)
Meterse en los US$30, 40, 50 y hasta 60 se hace extremadamente fácil. Horriblemente fácil.
Se ha puesto caro esto del vino. Al punto de que no puedo imaginarme educarse en el vino como lo hice yo, bebiendo grandes riojas, burdeos, napas, borgoñas, etc., por una fracción mínima de lo que pagaría ese muchacho que yo fui si le entrara a las versiones actuales de los mismos vinos.
Porque aprender de vino se ha convertido en un juego para millonarios.
Bueno, “aprender” es relativo, porque si la gente aprende de verdad, el chanchullo de cobrarle US$30 por cualquier tontería se pone viejo muy, muy rápido.
Y por lo que me cuentan algunos amigos, no es cosa de que yo viva en un mercado de exportación. Que a los españoles y los franceses y los alemanes y los belgas y los ingleses se los clavan igual.
De verdad, que a mi no me va mal económicamente en esta vida. Pero cuando considero, por ejemplo, que me han anunciado que el precio de lanzamiento en Londres de una caja de La Mission-Haut Brion 2009 es de £6,200. Y así, como si nada, Decanter.com anunciaba hoy que el precio ex-cellar del Château Lafite 2009 es de £450… ¡La botella! ¡Sin pasar aún por la recua de intermediarios/especuladores por la que tiene que pasar antes de llegar a su putativo consumidor!
¡Ñó!
No sé como voy a explicarles a mis hijos, cuando me toque educarlos de vino, por qué no les compré Lafite. Si es que yo no tengo el estómago para entrarle a una quinta parte de ese precio…
Claro, habrá que decirles también que papá dejó de comprar burdeos más o menos con la campaña en primeur de 1998, después de la cual todo se volvió aceleradamente ridículo.
Y habrá que contarles como la mayor parte de los vinos de los que papá escribía en aquello que llamaba “mi blog” comenzaron a pellizcarle demasiado la billetera. Que para beberse un vino cuya calidad andaba en el rango emocional de los US$20 había que pagar en el 2010 US$45 y eso ya jodía demasiado.
“Un juego para millonarios. En tiempos de vacas flacas. En eso se convirtió el vino”, dirá papá a sus vástagos.
Y ellos le responderán: “Papá, ¿qué es eso de US$ que tanto mencionas?”
Manuel,
Hay muchas cosas que hacen que los vinos lleguen a esos precios. Me parece que los ex-cellar de hoy no son lo que eran hace una década, por no hablar mas tiempo atrás. Si además le agregas la clavada que te dan en aduanas por impuestos, electricidad, almacenaje y no se que historias más se inventan (IVA, selectivos al alcohol…) y empiezas a ver que la gran mayoría de esa pasta no va para el importador/distribuidor, sino para el fisco/extorcionador.
No creo que los margenes del intermediario sean mucho mas grandes hoy de lo que eran hace una década, pero cada vez el gobierno mete más la mano en la intermediación de bebidas alcohólicas….
Francamente, César, a estas alturas la distribución de la tarifa que pago como consumidor ya me importa poco. Analizo lo que pago yo, como consumidor, al final, y me parece una barbaridad casi a todos los niveles. La idea de una buena relación calidad-precio en el vino se ha venido desvirtuando desde hace buen tiempo ya. Y la verdad es que pronto podríamos ver el momento en que el vino en general se convierta en un lujo. Lo de la “democratización” como que se ha ido a la porra.
M.
Espero que te recuperes por completo; ya sabes que estos procesos requieren unas cuantas semanas para un total restablecimiento. Paciencia.
Me ha encantado el concepto de “rango emocional” referido al precio; podría hacerse una interesante tabla relacionando precio emocional y precio real!.
Te vuelvo a anotar un comentario que añadí a una entrega ya pasada, pero es que ya sabes que sólo dispongo de tiempo de vez en cuando:
( Manuel, he conocido recientemente a Olivier Riviere en una cata de sus vinos a la que quise asistir. Coincido con tus impresiones; son vinos expresivos, limpios, francos, sin nada que ocultar y que evocan el terruño. El blanco, a base de viura, me resultó sublime y su manejo de la madera para hacernos pensar.
Recuerdos desde La Rioja.
P. S.: Envíame un correo, que no te tengo localizado por mail.)
Pedro,
¿No te contesté ese mensaje antes? Si no lo hice, perdona, en el ajetreo quizás imaginé hacerlo y lo dí por hecho.
Olivier Rivière, trayéndonos al tema de esta entrega, al menos con su Rayos Uva da una relación calidad-precio impecable. Ahí sí que no hay daño emocional alguno.
Aparte de los il´øgicos precios en los renglones grand cru de la cosa, lo que me alarma es que, entre ínfulas y excusas, también en los renglones de diario la cosa se ha puesto carísima. En casi todos los mercados, si no estás resignado a beber potingues industriales, se hace casi imposible ver el vino como una bebida para consumo diario. Hay aún productores dando vinos muy buenos e interesantes, dignos representantes de su terruño, por debajo de los US$12, pero desgraciadamente son los muy, muy menos. Y la tarifa promedio para beber vinos dignos con el pan nuestro de cada día se hace cada vez más alta, pese a que nosotros, los clientes de siempre y de a pie, no ganamos más.
En cuanto a la bronquitis, los antibióticos fueron potentes. Chapear el monte con una bomba atómica, digo yo. Me han aclarado mucho. Ahora me tocan análisis a ver si hay aún infección.
Te mando un e-mail ahora mismo.
N,
Ayer nomás hablaba con Javier Márquez acerca del precio de cierto Renato Ratti ’95 que me había volado los sesos, y yo le decía que pagar US$ 60 por ese vino me parecía razonable dado el placer dispensado (de hecho yo recuerdo haber pagado algo más), pero que para él, viviendo en un lugar donde el acceso al buen vino es muchísimo más amplio que el mío, ese dinero debía justificarse muchísimo.
Y claro que es cierto. Yo en su lugar pensaría lo mismo, y actuaría en consecuencia. Pero para mí, viviendo en el paroxismo del vino industrial que se llama Chile, gastar un poco más por ciertos placeres se justifica completamente. De hecho, hace sólo un par de días me llegó una cajita desde la Cave Augé en Paris (un templo del vino natural), llena de vinos de precio razonable (digamos €15 a 30), y casi el 50% del precio total lo pagué en transporte. Otras veces la cuenta se ha prácticamente duplicado por ese solo item.
O sea que caro o barato, como todo, es bastante relativo.
Manuel:
Un saludo a la distancia, sabes cuando leo tu comentario sobre los precios me sonrio y sonrojo pues la situacion en Ecuador !!!! esta terrible, tu me hablas de rangos de $ 20 a $ 25 por un vino “medianamente decente” y que despierte algo mas que conversacionm diaria sino un poco mas de emocion intelectual.
Aca en Ecuador estamos hasta el cogote de vino Chileno y Argentino, haciendo una seleccion muy especial puedes encontrar cosas decentes (porque no hay mayor oferta de vinos de otros lados, pues despues de Argentina y Chile, hay algo de Espana pero carisimo) – crianzas de hasta $30 ,te puedes imaginar !!!! y bueno con solo decirte como ejemplo que un casillero del diablo (practicamente intomable) cuesta $15 (es una herejia al vino), ahora … los ultrapremiums de Chile y Argentina (esos vinos hijos de los marketeros…) estan por los $ 60 – $ 80 – $100 y hasta $200, o sea por favor , hasta cuando, pero como siempre hay un riquillo que pide esos vinos y muestra su vinera con esos caldos pensando que ha comprado el cielo, entonces hay un segmento que compra esos vinos!!!.
Adicional que aquien mi pais les han gravado a los licores y vinos recargos arancelarios, hace que los vinos sean impagables.
En fin Manuel, lo que si te puedo decir es que en algunos paises (como el mio) la filosofia del vino se la ve de diferente optica y muchos no podrian entender tu filosofia o forma de pensar y bloguear…
Un abrazo
Hay distribuidores a los que se les va la pinza. Tengo un amigo bodeguero y en cierta ocasión me comentó que tenía dos distribuidores en cierta zona. Uno vendía el vino joven más caro que el crianza que compraba el otro, y el transporte, impuestos y demás para los dos era igual. Y por lo menos si pagas y el vino lo vale pues está bien, pero a veces no ocurre así. Saludos y que te recuperes del todo.