Lo que hice este verano, 1

¿Cómo decirles, cómo contarles?

No pienso seguir un orden cronológico en mi narración de los hechos camblorianos durante el verano de este 2010. Si quieren, pueden tomarse mis próximas seis o siete entradas medio en plan Rayuela y entrarles por donde les convenga.

En este momento, breguemos rapidito con algo que me da, como diría mi mujer, “un poco de pachó”, o sea, vergüencilla. No quiero que se convierta en algo como cuando mamá descubre la colección de porno de su hijo monaguillo, o sea que me pongo alante. Y así…

Llegó a mí esta comiquísima serie de RTVE en unos discos aparentemente grabados en el DVR de alguien. Alguien que quería compartir. El primer episodio lo ví por puro morbo, no pensando llegar muy lejos. Pero resultó que me enganché, viendo cantinflada tras cantinflada, esperpénticas actuaciones,  tremebundos giros culebrónicos y chapuzas de Deus ex machina dignos de… Bueno, no entremos en comparaciones. Por puro vicio, fornicio y las inmensas carcajadas que me produjo ver un personaje principal amnésico antes de concluir el primer capítulo, un malévolo patriarca que no dejó de recordarme ni por un momento a Pepe Peñín,  el TCA utilizado puntualmente como arma de destrucción instantánea de una bodega,  cuernos por doquier, cadáveres en la viña, trapicheos bodegueros varios: Por todo esto ahora no me perderé lo que viene en Gran reserva. Esta ludicomedia que tanto abusa del vino como tema seguro que se lleva un Botellazo™ a final de año. Y si no tengo una categoría donde quepa, tendré que inventármela. Algo del orden de “Enoesperpento mediático del año” o alguna otra cosa más alusiva al bastardeo descarado de la (ya bastante chipojeada)  “moda del vino” y la expansión multimediática de la cultureta.

Bueno, a menos que el reality show de Pancho Campo esté aún más cachondo y le robe el premio.

Todo esto me recuerda a alguien que objetó a cierta frase mía, emitida en el recuento de una velada de impresionantes vinos que, considerando el clima actual y todo lo que anda por ahí, bien podían ser sublimes falsificaciones. Escribí: “Si alguno de los vinos más sublimes de esta velada era falso, pues su autor tiene todo el derecho de considerarse un artista.” Y lo decía de corazón. Hoy día, en el vino y en tantas otras cosas, ya vivimos a base de puro simulacro y facsímil, de naturaleza moldeada al marketing, de posturitas y vacío. He llegado a pensar que quizás, en vez de sufrir tanto por lo real y lo natural y lo honesto que se ha perdido, quizás debamos decidir jodernos y sencillamente operar en una escala que premia al que nos ponga el mejor camelo. Sea en la botella, sea en la página, sea en la pantalla, sea en el disco.

Hablando de otra cosa, algo que se ha burlado las barreras temporales es el conjunto de cajitas de vino que me han mandado queridos amigos como Laureano Serres, Alfredo Arribas y Pepe Herrero para ayudarme a mantener la cordura en este enoerial que es Santo Domingo. Gracias a ellos, cada vez que me apesta la selección de vinos disponibles localmente (que ya de por sí apesta menos, pero de eso hablamos luego) tengo algo interesante a que echar mano.

Les mencioné ayer que me la he pasado también haciendo una extensa exégesis de Marquee Moon. Otra cosa que he estado escuchando mucho es a The Delgados. Una banda a la que no había prestado suficiente atención, aunque habían hecho apariciones pasajeras en mi conciencia. Pues me regalaron un álbum de todas sus Peel Sessions y me los he estado gozando enanísticamente. Por ejemplo:

El desgano que le tenía a bloguear, junto con el mono que me entró al terminárseme los DVDs de la primera temporada de Gran reserva, me motivaron a dedicar muchas horas a practicar la guitarra. También hice algunos acercamientos a ver si formaba aquella banda punk de cuarentones de la que alguna vez les hablé. No mucho éxito de ese lado. Me faltan dos para el trio.

Pero mi promiscuidad youtubera ha conseguido que me tope con una posible solución al problema. The Black Keys lo hacen. También The White Stripes. Y, sobre todo, The Kills…

Sé por lo menos de un purista bilbaino al que le dará algo, pero les digo que me veo con una cajita de ritmos y una chica de rabioso atractivo gruñéndole al micro. Si le metemos un poquito de sandunga y radiomalanguismo, va y salimos con algo chulo.

Ya ven. Aún no les hablo nada de los vinos que me he tomado, las comidas que me he y no me he comido. Eso queda para otro momento. Es que no acabo de ver como cabe una nota de cata en mi nueva onda. Pero me lo figuraré. Les dejo con una imagen, de esas que valen más que las 796 palabras que preceden a esta oración. Es un retrato de ambición alimenticia. Mi paz en un plato.

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9 Respuestas a Lo que hice este verano, 1

  1. La enonovela se ve interesante. Ya le buscaré mientras espero los próximos capitulos calentando un Te de Mate.

  2. Es tan terriblemente abismal y completamente farfullera que uno acaba riéndose muchísimo. No creo que la consigas allá en Detroit. Va y tengo que mandarte copia de los DVDs que tengo.

    ¿Y qué es eso del mate? ¿ Sos argentino ahora, che?

    M.

  3. Por unir un poco la música a la que has dado cancha y las telenovelas mencionadas…si necesitas algún antiguo promotor musical para tus conciertos futuros en el Madison o en el estadio de los Giants, házmelo saber. Creo que ahora, además de culebrones, también participa de la industria vínica.
    Igual le interesa retomar la actividad musical.
    Un abrazo

  4. ¿Y no pretenderá ponerme de telonero en un concierto de Enrique Iglesias? :-P

  5. En esa serie queda claro que el vino se hace en la viña y que además ¡se hace solo! Con todo el tiempo que invierten en el fornicio y en asesinar en ratos impares no hay quien tenga tiempo para nada más }:-)

    Jose

  6. Uyyy, no sé…si paga bien yo hago hasta de telonero tuyo :-) . Saldré con un organillo a tocar Paquito El Chocolatero.
    Pero bueno, también está por aqui el promotor Gay Mercader, aunque no sé cómo anda tras el Rock in Rio…

  7. Asumí que esta prolongada ausencia se debía a asueto veraniego y no a males del cuerpo. Espero que éstos amainen, por supuesto. Y espero que eso de ir por la vida comiendo paisaje tenga de vez en cuando mora.
    Un saludo, y quedamos en espera de los reportes venideros.

  8. Conozco a un purista bilbaíno que dice que si suenas la mitad que los black keys, que te lo compra todo (que no paran de sonar en su ipod). Guitarra y batería, pero muchacho, precisamente son unos freak de los aparatos analógicos, por eso tienen ese sonido tan verdadero (http://www.youtube.com/watch?v=umBp7zULyvI)

    Pero vamos, que no veo mal tener de apoyo una maquinita que te rellene huecos, y para divertirse en casa va muy bien. Pero una pedalera de esas con “tooodos” los efectos es como beber sólo de una sola bodega y encima comercialota.

    De todas formas, realmente no necesitas ni instrumentos… vale con tararear bien (esta le gustará a Iñaki Legorburu):

    Por cierto, veo en las fotos que tienes una tele deluxe 72, yo pensaba que la que tenías era una tele custom (con single en el puente en vez de las 2 wide-range) ¿la has cambiado o me he liado yo?

  9. Norjito,

    Te has liado. Es la misma “Blackout” que viste hace dos años y unos meses, en aquella foto que colgué. Aparte, detrás ves la Gretsch Corvette, que no sé si me la conocías ya. Es un sueño de tocar. No necesita casi nada de pedales.

    Y hablando de electrónica: Fíjate que ha resultado ser que para la guitarra soy como para los vinos. Podría tocar el repertorio entero solamente con distortion y a paseo lo demás. He descubierto que aquel multiefectos Digitech con el que comencé a experimentar tiene una cantidad horrible de redundancias y pendejadas.

    Desde que vivo en Santo Domingo he tenido cuatro instructores de guitarra. Los primeros dos fueron descartados porque, francamente, no rockeaban en lo más mínimo. Uno incluso osó vulnerar mi mandamiento de que no toco nada de ningún grupo con nombre de ciudades o estados norteamericanos. No veas la que formé cuando me propuso “Dust In The Wind”. Aparte, que eso a mi edad…

    Otro se autoeliminó al decirme que no sabía quienes eran The Clash. Te dejo imaginarte mi reacción.

    Los últimos dos han sido buenos. Uno, no te lo pierdas, me inició precisamente con “I’ll Be Your Man” de The Black Keys, que suena cojonuda en la Gretsch casi en cueros. Pero ese emigró del país a Miami. Ahora estoy con uno nuevo que me tiene haciendo muchas escalas. Eso lo aprecio, porque la verdad es que para esas cosas soy bastante vago y necesito un poquito de disciplina.

    Dicho todo esto, me veo con la maquinita y, sobre todo, con la chica amenazante cantando. Incluso, ayer estaba tocando esto:

    No tengo el App del Voice Band, pero si tengo tremendo drum machine en el iPhone y se me ocurrió jugar un poco con los efectos sobre un sonido “clásico” de Roland 808. Independientemente de que ahora Iggy es mi modelo a seguir en cuanto a musculación, oía mi versión con guitarra, 808 y sólo me faltaba otra voz para rellenar. Incluso, la probé con una acústica “embarrada” de overdrive y queda hasta mejor. Por allá arriba en este hilo anda el Sr. tecladista. Ya veré donde lo meto en todo esto.

    Uno no duerme nunca.

    M.

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