Lo que hice este verano, 2

Me está costando lo suyo esto de sacar tiempo para bloguear. Muchas cosas demandan mi atención y, si voy a serles honesto, el vino se ha vuelto meramente una bebida con la que lubricar la cena. Cosa que puede ser, cuando se llega a ciertos cruces de caminos en la vida, muy positiva.

Llevaba yo ya demasiados años en una posición que bien podría describirse como “militante” en cuanto a vino se refiere. No tenía reparos en entrarle a cualquier debate y creo que se me daba bien la defensa de mis ideas. Incluso hasta he vivido para ver algunas, otrora tildadas de disparates talibanescos, convertirse en la nueva postura “in” para aquellos que de la postura viven.

Por mi parte, acabo los días tan extenuado y harto de todo que sólo me apetece una copa buena, honesta, sin pretensiones ni pendejadas. Si hay buena compañía con que compartirla, mejor. Pero tampoco me está mal consumirla solito con mis pensamientos.

Abriendo una de las tantas ventanitas y [uertecitas que tiene esta vida que me ha tocado, me doy cuenta de que la militancia se me habrá marchitado, pero quedan sus sedimentos. En esos momentos en que, copa delante, me pongo a analizar restos de ideas, a veces me acontecen iluminaciones.

La banda sonora de muchos de esos momentos es Arab Strap:

Son decisiones sobre lo que me importa y lo que no. A veces la línea entre una categoría y la otra es finísima e incolora.

Pensaba yo, una buena tarde de ésas, en tanta gente que se proclama “amante del vino” y, sin embargo, sólo compra y bebe un tipo de vino. Tiende a ser tinto y aburridísimo. Mucho roble. Poca acidez. Mucho alcohol. Poca chicha verdadera. Usualmente se trata de seres humanos a los que les encanta la frase “Ribera del Duero”.

La iluminación viene cuando reconozco que me moriría del asco si mi vinivida transcurriera así.

Limitar la experiencia del vino según color, corpulencia y amueblamiento del caldo me parece una de esas cosas imperdonables. No me la perdonaría a mí mismo y no veo por que perdonársela a otros. Lo del de gustibus vaya a la porra. Una vida excitante y profunda puede contagiar todo aquello que uno consume. Y si aquello que uno consume trae en sí diversidad de colores, matices y profundidades, ¡maravilla!

No viene al caso. O sí. Aquí creo que tengo ganas de The Beta Band:

El clip me lleva a un curioso momento de julio. Estaba yo en Chambers Street Wines y ví algo que… Bueno, mejor compartir la foto y dejar que cada quien reaccione como mejor le parezca.

A aquella botella de Viña Tondonia Rosado 2000 le habían endilgado un anillo de papel rojo que proclamaba sus virtudes con una cita de Eric Asimov. La tipografía titular del New York Times añadía gravitas al conjunto.

Y yo pensé inmediatamente que si un vino no necesita ese tipo de tonterías es el Tondonia Rosado. ¿Porque qué diablos pueden pretender comunicar los que idearon esa bobería que los adeptos de ese vino no conozcamos y creamos fielmente ya? ¿Es un “gancho” para atraer a consumidores casuales?

El Camblor de hace un par de años hubiese embarcado en una meditación sociopolíticoeconómicocultural sobre el por qué de esta horterada gringoide que definitivamente no concordaba en lo absoluto con el estilo de sus amigas las hermanas López de Heredia—o al menos con la idea que Camblor siempre se ha hecho de estas admirables damas del vino. Pero al de julio de este año, que es mal que bien el mismo que ahora escribe estas líneas, ya eso de meditar tanto sobre los fenomenetes de la cultureta del vino no le va. Shit happens. Y uno bebe para olvidarlo, sea a cantazo alcohólico o por la experiencia sublime de un vino extraordinario.

Ya, ya, no los voy a dejar sin mi descripción de este más nuevo Tondonia Rosado.Lo de tener un iPad es cojonudo. Ya ni siquiera tengo que molestarme en comprar libretitas negras. Voy a “Notes” y tengo un bloc de lo más mono del que luego copiar y pegar todo lo que apunte. Haraganística y ecológicamente es un palo. Lo que apunté en aquella noche, en la que por casualidad había fuegos artificiales sobre Manhattan, pues se celebraba la independencia de Estados Unidos…

R. López de Heredia, “Viña Tondonia” Rosado Gran Reserva, Rioja 2000: Todavía me tripea eso de “Gran Reserva”. Yo a esto siempre lo recordaré por su antigua designación de “Crianza”, den las reglas de la DOCa para lo que den. Y francamente está demasiado cerrado ahora mismo. Esta será una nota terriblemente injusta si es la única que tomo y publico. Queda pendiente otra botella en unos meses. Y otras en unos años.  Mucha barrica vieja por delante en nariz ahora mismo, con notas de comino, cardamomo y calabaza. También fresa y azahar. Un tanto delgado y difuso en boca. No hay mucho de que comentar más allá de la enérgica acidez y los tonos de frutas secas y especias. Buen largo. Necesita reposar, encontrarse a sí mismo y estirar el cuerpo.

Me pone esto en ánimo de rosado. Cosa que sólo conducirá a frustración, pues a esta isla del Caribe donde decidí habitar no se importa mucho que no sea como esos tintos del tedio que describí arriba, aquellos que les gustan a los que “sólo beben tinto”. Aquí son pocos los rosados que me traen. Y casi ninguno a la altura de mis deseos.

O sea que hay que largarse a otro lado a buscar rosado. Quizás por eso es que, cuando viajo a puntos más mentiabiertos del planeta, mis apuntes vienen tan llenos de… Eso. Rosados.

Hay vinos que considero viejos amigos. No me defraudan. Podré saltarme una añada y cuando vuelvo a ellos lo que encuentro me es perfectamente familiar, reconfortante, una muestra de que, por más que  jodamos los seres humanos, el mundo puede mantener constantes estéticas.

Eso, amigos y amigas, da paz.

El apaciguante que me motiva a así expresarme es el rosado de Domaine du Bagnol.

La tarde en que llegamos a Nueva York los camblores yo me dirigí inmediatamente a Whole Foods para comprar vituallas con que hacer la cena (¿les conté lo maravilloso que es alquilar un apartamentico con cocina en Manhattan, en vez de un cuarto de hotel?) y a Columbus Circle Wines para adquirir lo de beber. Ambas tiendas quedaban al apenas cruzar la calle del apartamento. Dos pluses de los grandes.

Al chico del mostrador le hizo mucha gracia que todos los vinos que elegí eran importados por Neal Rosenthal. “¿O sea que usted es un hombre de Rosenthal?”, me preguntó risueño. Yo repliqué: “Eso es porque no veo aquí nada de Dressner o José Pastor, amigo”. Para que no se me atribuyese demasiada fidelidad a Rosenthal, agarré una botella de Huet seco también.

En Whole Foods había comprado algo de pescado. Pero lo que me tenía ilusionado era una preciosa rúcola silvestre con la que preparar una ensalada de verdad, orgánica, fresca y revitalizante. No recuerdo muy bien lo que hice, entre una cosa y otra. Pero la foto de la izquierda es de aquellos verdes—algo que sería imposible de encontrar en Santo Domingo. Otra cosa para la que he de viajar.

¿Qué hay que decir del vino? Pues… Domaine du Bagnol, Rosé, Cassis 2009: Voluptuoso. Una funeraria llena de flores. Fresas bonbonescas. un toquecito de alcanfor. Más amplio y menos delicado que otras añadas. Pero atractivo en su suculencia e inmediatez. Lo que hace, lo hace sin perder nada de elegancia. Melón alegre y facilón. Amarguito posgustero. Agradable. Puestos a elegir, diría que prefiero las manifestaciones más lineales de este vino, en añadas quizás más frescas. Pero tal como es este 2009, es una gozada.

BUeno, es sábado por la tarde y ya les he molestado bastante. Recordando los rosados potados alegremente en mi añorada Nueva York (tengo más de los que contar), me viene a la mente el título de una canción de un grupito que descubrí durante ese viaje de julio. “Technicolor Health” es precisamente mi actitud actual hacia los colores que tiene y da a mi vida el vino.

4 Respuestas a Lo que hice este verano, 2

  1. Hace poco compré alguna botella del rosado de Tondonia y cuando el dependiente se refirió a él como Gran Reserva me extrañó bastante. Tenía yo en mente que era Crianza, pero como suelo tener las sinapsis un poco resbaladizas pues me callé (gano mucho callado). Me quede un poco más extrañado cuando dijo que cada vez hacen menos de este vino :-/

    Jose

  2. ¿De dónde habrá sacado ese muchacho esa información?

    Porque rarísimo me estaría que si están produciendo menos del rosado el importador americano esté invirtiendo en chorradas publicitarias del orden de esas anillas de papel con lo de Asimov.

    Lo de “Gran Reserva” es un cambio reciente.

    Y eso de “Gano mucho callado” también se ha convertido en una especie de mantra para mí… :-)

    M.

  3. Le noto un tanto resignado y pizca depresivo… es por el descriptor que usa sobre las flores…”Una funeraria llena de flores” para el Domaine du Bagnol…

  4. Mi depresión, Jesús, es del dominio público. “Descubrirla” y anunciarla ahora es más o menos como pregonar el descubrimiento del agua tibia. Los descriptores utilizados aquí lo son por puro capricho de asociación senso-semántica. Así, lirios y otro montón de flores blancas me hacen pensar en una funeraria. Quizás tenga que ver, si vamos a sicoanalizarme un poquito, con que mi abuelo fue propietario de una funeraria y un cementerio en Puerto Rico hace muchos años. Guardo recuerdos asociados a eso que pueden colorear mi lenguaje en los más oportunos o inoportunos momentos. En el caso del Bagnol, la funeraria era positiva.

    En cuanto a estar “resignado”, si lo dices porque tal parece que ya las chorradas de la cultureta del vino han dejado de importarme, pues okey.

    M.

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