Lo que hice este verano, 3

Hoy es el último día del verano y yo apenas comienzo a contarles lo que he hecho y no he hecho en dicha estación. La verdad es que me he vuelto imperdonablemente negligente con este blog, si comparamos lo que escribo ahora con lo que escribo antes.

Pero bueno, aquí estoy otra vez.

Anoche puse en nuestra paginita de Facebook una pregunta sincera: “Si un vino te resulta demasiado denso y pesado, ¿consideras diluirlo con un chorrito de agua?” Me encontraba ante un tintazo mediterráneo que rayaba el 15% de alcohol y decidí darle un poquitín de ayuda para que no cayera tan… Bueno, eso, pesado. Un poquito de agua mineral hizo maravillas. No solamente adquirió el vino facetas aromáticas y de sabor, sino que el volumen—tanto del vino en su estado original como de alcohol total— ingerido se redujo. En vez de dos copas de aquella cosa tan potente, me tomé dos copas de algo mucho más amable y bonito, de las cuales una parte era agüita agregada.

Anoche era verano, o sea que esa vaina la hice en verano. Pero iba a otra cosa. Hace ya unas siete semanas inicié con un prestigioso gordólogo local una dieta radical para bajar de peso. Mi salud peligraba a causa del barrigón que había echado. Pesaba 244 libras (110.67 kilos, para el contingente europeo). Mi metabolismo de diabético insulinodependiente veteranísimo estaba casi anulado. Había caido en dosis masivas de insulina y tan sólo respirar me engordaba.

Tenía que perder entre 40 y 50 libras y era ya.

La buena noticia es que llevo ya veintialgo. La dieta funciona y mi metabolismo está de nuevo funcionando, lo que en sí es un gran logro. Incluso puedo beber vino con la cena, o sea que mi calidad de vida no es que se haya afectado tanto. Como ustedes saben, soy más bien de un comer saludable, orgánico y puro.

Pues contemplaba yo los casi 15 de alcohol de aquel tintón y recordé un artículo que me había llegado hace unos días, pegado a uno de esos necios e-mails publicitarios de alguna compañía a la que compré un decantador, o un sacacorchos, o algún protector para llevar botellas en la maleta cuando viajo. El artículo, de la nutrióloga y autora norteamericana Susan Yager, trataba sobre las calorías del vino, particularmente las calorías vacías que se traga la gente que bebe vinos de alto grado alcohólico. Traduzco el párrafo clave, para los no angloparlantes y para que no se nos olvide ni por un nanosegundo:

Aunque raras veces es mencionada, la cantidad de alcohol en un vino es más significativa que el número de onzas de vino en la copa. Primero que nada, es el alcohol el que tiene las calorías. Un gramo de proteina o hidratos de carbono tiene 4 calorías y un gramo de grasa, 9. Un gramo de alcohol tiene 7.

5 onzas de vino al 8% de alcohol por volumen tienen, según Yager, 64 calorías. La misma cantidad al 15% de alcohol tiene 120 calorías.

Lo que le jode la dieta a cualquiera, amigos y amigas. No digo yo que vayamos a beber rieslingcitos al 8%. Pero la verdad es que si una copa de vino al 12.5% de alcohol tiene un 24% menos calorías que el vinón aquel del 15%, el argumento para exigir menores graduaciones se pinta solito.

Porque después miren que adelgazar cuesta trabajo…

Pienso en la cantidad de historias que he leido sobre el alza de la obesidad en diversas poblaciones. Conecto con ese nefasto regalo norteamericano al mundo que es la “comida chatarra”, rica en calorías vacías y poco más. Luego conecto con la crisis de las altas graduaciones alcohólicas en el vino. Muchos le echan la culpa al calentamiento global. Alguno que otro en España ha excusado a vinos desde Cataluña hasta Castilla por ser “mediterráneos”, justificando así alcoholes de 15% para arriba—claro, no conciben que en Sicilia, tan mediterránea como quien más, existan tintos felices con 12.5%. Claro, a nadie se le ocurre ver una agencia humana detrás de todo esto, un “mono ve, mono hace” que ha llevado a que la “nueva normalidad” ya sea 14% de alcohol por volumen en vez de 12.5%.

Y ahí está, el vino de alto grado, rico en calorías vacías. ¿A qué y quién se lo deberemos? El que tenga, a nivel de fondo y de forma, tanto en común con la comida-basura de cualquier fast food debiera resultarnos alarmante. Y debiéramos acabar de rechazarlo de una buena vez. Nos sentiremos mejor. Y nos veremos mejor.

Ya sé. Tendrán mucha curiosidad en cuanto a la pinta que tengo después de dos meses de dieta, con esta mentalidad tan cortacalorías que me gasto ahora. Pues la verdad es que se me caen los pantalones, pero aún no colgaré fotos. Eso lo dejo para el triunfal momento en el que entre cómodamente en aquella camiseta de AC/DC talla “M” que tengo por ahí guardada, la que me ponía hace un cuarto de siglo.

Les dejo con este garabato de una idea. Y con una música ligera, baja en calorías, pero vitalizante. Lo último del genial Of Montreal…

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6 Respuestas a Lo que hice este verano, 3

  1. Y yo, como talibán convencido de arquear la ceja con todo aquello que supere los 13,5%, aun diría más…

    Y es que no solo hay que tener en cuenta las calorías que uno ingiere, sino las que no gasta después. Me explico. Cualquiera que se haya tomado un par de copas de Riberazas o Jumillones bien armados de sus 15% (y eso es lo que pone en la botella, yo en España le pongo un grado más a todo lo que sea 2009) está tan hastiado y camastrón, que es incapaz de mover el trasero ni tan siquiera para ir al baño a evacuar la parte proporcional de agua.

    Sin embargo, o al menos a un servidor le ocurre, despues de masticar con gusto un Sancerre de Crochet o un Albariño de Rodri (Forjas del Salnés), le entra como nervio en el cuerpo, y no solo tiene capacidad para no quedarse dormido, al contrario, como que le entran ganas de liarse la manta a la cabeza y hacer el cambio de temporada en los armarios… y, cuidado, eso quema mucha caloría.

    Por cierto, ¿alguien te ha hecho el chiste de “sé lo que hiciste el último verano?…

    Un abrazo, y suerte con esa dieta (por cierto, nada como el spinning)

  2. No dije nada sobre el apelmazamiento letárgico porque me pareció que quedaba implícito en la parte de las resacas del artículo de Susan Yager, Mariano, pero en efecto, es otro efecto indeseable más.

    El spinning es tremendo. Lástima que en el gimnasio al que voy las clases están repletas y es muy difícil pillar bici. Aparte, la música que ponen es verdaderamente atroz, por lo que prefiero buscar bici, elíptica o remadora en otro lado y ponerme los audífonos para disfrutar de algo un poquito más conducente al pirocalorismo. Para hoy tengo un set buenísimo con The Kabeedies, Maximo Park, Bloc Party, Sid Vicious, The Ramones, Violent Femmes y unas cuantas cositas inspiracionales más.

    Ah, ¿y cómo podría no haber un chiste detrás del título de esta serie de entradas, que probablemente llegue comoa 50 si sigo como voy?

    M.

  3. Hola Manuel, que bueno que vienes a refrescar tu página, por mi parte silencioso habitualmente vengo a darme una vuelta por acá seguido (pensando que a lo mejor no me llegó la suscripción al correo, etc..). Pero ya que estamos acá, se me producen varios sentimientos encontrados con el grado alcohólico acá en Chile, por un lado, algo que parece casi casualidad (cuevazo, en buen chileno) el Señor nos pone en el camino un syrah de Casa Marin de lo Abarca en San Antonio (2006 creo que es) cosechado un poco antes de la receta que aqui impera y nos da un vino realmente rico de 12.5º.
    Por otro lado algunos vinos naturales de país y/o carignan excelentes que oscilan en los 14º también están muy rebuenos, hay que enfriarlos un poco eso si, pero para ambos casos queda el sabor que por un tema de estilo, voluntad o casualidad no podemos contar con más vinos así. Sinceramente no me creo mucho el cuento del cambio climático, actualmente me he encontrado con Morgon y Occhipinti de 12 o 12,5º y es para pensar que “si” se puede.
    Y saber que el año pasado al principe Carlos le regalaron por acá un par de cajas de un Tintorrón orgánico de 15º……….. lo que es tener sangre real anti-diabetes!!
    Muy atinado tu post..
    Venga más seguido a su casa
    Saludos desde Santiago

  4. Hola Manuel, toda su vida mi madre bautizó con un poco de agua el vino tinto que mi padre servía. En sus tiempos el problema creo que no era tanto el grado alcohólico sino la (mala) calidad general del vino. “Rasposo” lo llamaba ella.
    Por otro lado se lee por ahí que algunos productores, incluso reputados wainmeikers lo hacen por tí hoy en día, usando un tal cono. Tú ya no debes preocuparte por esto. Lo quieres 13.5, pues 13.5 será…
    A propósito, tus últimas disquisiciones suenan a punk semi-reformado. Andas buscando a tus mescaleros para formar banda?
    Saludos, y cuenta qué has cocinado de bueno.

  5. Hola M, ya me alegro de tus avances dietéticos…
    yo trabajaba en una bodega donde como dice javier se bautizaba a menudo. vinos que acababan las fermentaciones con 16 o 17º de alcohol se rebajaban a 14 o 15 según el caso… es eso una actividad fraudulenta?? se pierde algo sobremadurando y aligerando??, se gana algo??

    yo he probado vinos que como tu dices, ganaban bastante bautizandolos antes de sacarlos al mercado, pueden ser aguas de fuentes minerales de las mismas viñas de donde se vendimia así que la cosa puede ser incluso biodinamica, no??

    el lunes tenemos cata de vinos naturales en logroño… aportaré un thierry allemand 2004 sans souffre y un marcel lapierre morgon 2009… no los he probado además… ya te contaré…

    la semana pasada un frappatto 2006 (me gusto menos que las otras 3 o4 veces que lo había probado) cannubi rinaldi 2001 (infanticio injustificable) y condrieu 2004 rene rostaig (agradable pero un poco blando y pesado)…

    saludos

  6. Vinos meditarreneos o de las Castillas a 14º y 15º ha habido siempre , por las características de terroir, zona, horas de sol , variedades autóctonas etc , y veo dificil que algunos bodegueros cambien sus hábitos para producir caldos mas “asequibles” o “fáciles” por lo que respecta al tema alcohol. Australia , ya desde tiempos mas recientes , si consideramos tiempos recientes como décadas, tambien produce caldos que rondan o sobrepasan los 15º, y no voy a citar marcas.
    Creo que el problema radica en saber elaborar vinos de esa graduación en los que el alcohol no moleste, es decir, que la fruta esté siempre por encima de la sensación de pesadez que puede producir ese alcohol, es decir (bis) que ese grado alcohólico natural quede bien ensamblado en el vino y no molteste aun pecando de tomar este vino a cierta temperatura, digamos algo elevada en graduación, no alcohólica sinó térmica, que podriamos considerar a partir de los 20º.
    El problema esta , queridos amigos, en saber elaborar este tipo de vinos, (vendimia madura peró no sobremadurada,control en la fermentación a nivel de temperatura, tiempo de fermentación, trasiegos…) cuantos enólogos tienen la sapienza de poder elaborar en toda la costa mediterranea o australiana un vino que roce o supere los 15º sin que el alcohol “sobresalga o moleste”???? pues, sencillamente, creo que podriamos contarlos con los dedos de una sola mano. Pero ahí ya entraríamos en otro dilema que seria estudiar si las calorias fundidas en una buena fruta fermentada se metabolizan mejor o peor.. y ahí ya se me escapa un poco el mensaje de mi breve comentario.
    saludos

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