Todos los días pienso en abrir el editor y escribir una entradita. De verdad no quiero que se me marchite el blog. Pero interfiere el trabajo, que no perdona y me requiere mucho. Muchísimo. Al punto de dejarme muy poco tiempo y energías.
E interfieren otras cosas. Como, por ejemplo, el libro de Terry Theise. No estaba yo muy en las de leer libros de importadores americanos de vino después del leñazo de Neal Rosenthal. Pero el tomito de Terry venía bien recomendado y sé que el tipo escribe fenomenalmente, o sea que me lo bajé al iPad en cuanto salió.
No me extrañó para nada que Theise y yo coincidiéramos en muchas ideas. Lo que sí me tomó por sorpresa fue que leerle me sumiera en una especie de crisis existencial en cuanto a mi acercamiento al vino y a mis textos sobre vino. De repente me encontré valorando la complejidad y la simplicidad por igual, encarando alegremente lo inefable y, sobre todo, considerando inútiles un par de libretas que tengo llenas de notas de cata pendientes de publicación.
Para hacerles el cuento corto, me encuentro mis notas de cata no solamente inútiles, sino aburridísimas. Incluso como ayudas a la memoria a mí mismo me sirven de poco, pues redundan. En los casos de vinos buenos, no me recuerdan nada que haya yo tenido yo ocasión de olvidar, pues ese tipo de vinos se te mete y no sale.
Quizás haga un reporte sobre Reading Between the Wines, que así se llama este potentísimo libro de Terry Theise, o quizás no. Quizás extienda mis comentarios sobre él a varias entradas, en la medida en que sienta su influencia cuando me siente a escribirlas. O no sé. Vamos a ver lo que pasa.
El asunto es que estoy escribiendo ahora. Y eso es bueno.
Me había quedado al principio de contarles lo que hice en aquel viaje a Nueva York a principios de julio. Desde que vivo en Santo Domingo, Nueva York me late como el fantasma de un miembro amputado. Extraño aquello tremenda, dolorosa y constantemente, pues no me acostumbro a este entorno al que decidí mudarme. Pasarme doce días en Manhattan, en un apartamento alquilado con su cocina (que aunque no óptimamente equipada, bregó) fue un bálsamo mientras estuve allá. Volví a la buena vida, con excelentes vinos y cocinando cada noche con ingredientes orgánicos de impecable calidad—el tipo de materia prima cuya ausencia de los mercados en Santo Domingo más me duele, ya saben, vegetales cuidadosamente cultivados, sin abonos químicos, pesticidas, etc., o carnes sin hormonas,
antibióticos y otras porquerías nefastas, o ¡pescado fresco!. No me faltaron esas cosas en Nueva York. Estuve feliz un rato.
No me cansaré de repetirlo: Uno no sabe lo crucial que resulta en una cocina civilizada algo tan sencillo como papitas bebés frescas hasta que va a buscarlas en el mercado y se harta de buscarlas sin encontrarlas.
Mirando mis apuntes ahora, en Santo Domingo y a unos meses—demasiados meses—de distancia, pues me pongo a comparar y busco la manera de reconciliarme con mi ya-no-tan-nueva existencia. Aquí no hay muchas de las cosas que me otrora me daban confort y dirección: Las recompensas que justifican el durísimo trabajo de cada día. He de transarme por otro orden de compensación. El truco está en llegar a conformarme. ¿Lo lograré algún día?
Disculpen si parezco divagar sin sentido. La culpa es de las ausencias, que me desorientan. Y la culpa también es de Terry Theise, porque su libro acaba de echarme a perder cualquier esperanza que aún albergase yo para la supervivencia de la nota de cata como modo de comunicar algo.
Las listicas de supermercado o inventarios de despensa haciéndose pasar como descripciones. La hipérbole onanística. La más que cuestionable motivación detrás de seguir colgando esos parrafillos cuya conexión con algún vino alguna vez ingerido o escupido es… Bueno, eso, más que cuestionable.
Pero en mis libretas existen los parrafillos de marras, prolijamente redactados en mi letrica. Cagüenellos. Hasta vergüenza me dan. No sé que hacer con ellos. Me da cosa tirar las libretas en el cajón del reciclaje (particularmente porque no estoy muy seguro de que aquí en Santo Domingo los encargados del reciclaje reciclen nada), quizás por alguna bíblica culpita que me dice que desperdiciar la semilla es pecado mortal. Y esas notas se suponía que fuesen la semilla de algo, por estériles que ahora me parezcan.
No lo pienso más. Aquí les endilgo una decena de estas vainas, con todo y fotos de las correspondientes botellas. A ver si a alguien le sirven de algo y me lo dice. Así me sentiré mejor.
Guy Bossard-Domaine de l’Écu, “Expression d’Orthogneiss”, Muscadet de Sèvre et Maine Sur Lie 2007: Amplio, con mucha fruta amarilla y naranja sobre flores blancas. Cítrico y salino, con muy buena garra. Excelente aperitivo para una tarde perfecta en Manhattan. De esos vinos que, cuando tus sentidos están en atención, los llevan al siguiente nivel de feliz alerta.
Edmunds St. John, “Bone Jolly” Gamay Noir Rosé, Witters Vnyd., Eldorado Cty., California 2009: Purísima cerefresa con un deje de cardamomo. Un aroma rico, sencillo y sencillamente atractivísimo. Muy transparente, completamente seco y masticable en boca. Largo y sabroso. Cada sorbo genera sed del próximo. Delicioso.
Insertemos algo en el espíritu del libro de Terry Theise: El bueno de Steve Edmunds se refirió a este vino en Facebook (le tengo entre mis amigos) como “el más sexy Bone Jolly” de su historia. Puede que lo sea. Puede que no. Es innegable que sexy sí que lo es. El “>” o “<” me resulta absolutamente irrelevante si quiero escaparme de la obsesión cuantificatoria/comparatista que ha sobreocupado a la cultureta del vino en los últimos dos decenios.
¡Que cada vino exista en función de cada botella en su interacción conmigo! Y listo. Esta botella de Bone Jolly
Bernard Baudry, Rosé, Chinon 2009: Un color delicado, de rosa inglesa con destellos coralinos. Hermoso. Nariz frutal, simpática, de fresas, melón de Castilla, anís y arena. Lo mismo en boca. Redondo y rico. Nítido golpe de toronja y un deje sutil de papaya madura en un posgusto largo y bastante menos tenso que las dos añadas anteriores.
Occhipinti, “SP68″, Sicilia IGT 2008: Heno, cuero, barro cocido y alcanfor adornan fruta de incredible pureza. Limpio, fresco y brillante a la vista, la nariz y el paladar. Largo, especiado, con una irresistible jugosidad. Algo me sugiere zarzaparrilla.
Fuera de la libretica, algo que añadir. Existe una razón de peso por la que la imagen de la botella de este SP68 es más grande que todas las otras. Es para llamar atención a un importantísimo detalle en ella. Quisiera hacer copias de la etiqueta para regalarlas a todos los bodegueros y enólogos de zonas mediterráneas que alegan que las rutinarias graduaciones de 14 y 15% en sus vinos son “inevitables”. El 12.5% de alcohol que con tan conspicua elegancia lleva este precioso tinto de la Srta. Occhipinti—vino, dicho sea de paso, que podría beber todas las noches del resto de mi vida natural sin cansarme de él—es la más fehaciente prueba de que es hora de dejarse de esos bullshiteos.
Pena das Donas, “Alma Larga” Godello, Ribeira Sacra 2008: Un
godello distinto. nada de exuberancias florales de jaboncito de olor, ni coqueteos golosos. Huele cítrico y mineral, seco y austero. Me gusta. Ese tipo de linearidad estoica tirando a minerales oscuros me atrae. Jugoso en boca, toronjoso y con un deje de pera, pero seco y con un centro firmd que no tiene nada que envidiar a un buen chablis. Largo, con fuerte nervio. Loiresco. Su severidad me es irresistible.
Lucien Crochet, Pinot Rosé, Sancerre 2009: Otro rosado de Crochet que se tambalea en la frontera de los Buenos modale y la anodinidad. Bonito color asalmonado. Manzana, melon y cereza en la nariz con la justa mineralidad de fondo. Jugoso, agradable, con notas de violetas y rosas secas adornando el retronasamen. Pero el todo resulta un tanto aburrido.
Para que no vaya a contagiarse lo aburrido de ese rosado de Sancerre a esta página, démonos una pausa. Ya en otras ocasiones les he contado sobre Rouge Tomate y como se ha convertido en uno de mis restaurantes favoritos en Manhattan, sobre todo a la hora del almuerzo. Su Business Menu es un chollazo. Tres platos por US$29, de una cocina esmerada, con exquisitos
ingredientes orgánicos, bellamente presentados. ¿Qué más puede uno pedir.
Nada, que quería darles mi habitual mención y saludo, porque allí he estado ya unas cuantas veces este año y pienso repetir muchas más. La foto a la derecha es de un divino filetito lubina a la plancha sobre caldo de azafrán. Platos que me inspiran…
Y ahora, a vueltas con las notas. Las fotos de las botellas todas las tomé en la esquina de aquella cocinita en el apartamento que alquilamos.
Barrère Viticulteurs, Clos de la Vierge, Jurançon Sec 2009: La nariz comienza en un juego de manzana y mineralizad, surgiendo luego una tercera corriente de guanábana en el medio que hace el juego mucho más interesante. Amplio y con excelente fruta en la boca. Mucho agarre también. Largo, cítrico y especiado de posgusto, con una textura ligeramente granulosa.
Bernard Moreau, Chardonnay, Bourgogne 2008: Un borgoñita muy dugno por debajo de los US$20. Nariz levemente oxidativa de manzana asada, azahar y potente mineralidad, con vainilla tangencial, muy controlada. Excelente boca, viva, concentrada, con un potente nervio acídico-mineral. Posgusto en capas, muy rico.
Kiralyudvar, Tokaji Sec, Hungría
2006: Adquirido por como US$15 a insistencia del dependiente de Columbus Circle Wines, resulta ser una ganga extraordinaria. Y de ésas la verdad es que no hay tantas hoy por hoy… Color dorado medio, luminoso. Huele a algo mucho más dulce: Mirabelle, albaricoque desecado, algo de piña, cardamomo, humo , oxidación y un deje de botritis, quizás. En boca es abocado, amplio y vivísimo. Muchas capas de sabor, cada una con un vapor salino-dulce. Muy intenso e interesante.
Domaine Rollin, “Hautes Côtes de Beaune”, Bougogne 2007: Nariz bella, pero tímida. Frambuesa y cereza, rosas y bulbos de anís, junto con una sutil nota prosciuttesca y roca triturada. En boca más o menos lo mismo, con excelente acidez y buenos taninos. Se deja beber muy bien en el proceso de cerrarse.
Josef Leitz, “Eins, Zwei, Dry” Riesling
Trocken, Rheingau 2009: Limón y toronja blanca con buena mineralidad. Limpio,seco y refrescante. Para beberlo sin pensárselo en absoluto. Te bajas la botella solito/a sin darte cuenta.
Se me antoja que el placer que me dió este rieslingcito seco de Leitz es muy parecido al placer que me dan las jícamas. No sé si les he contado alguna vez, pero la jícama es uno de mis vegetales favoritos. Adoro su textura, su frescura y su jugosidad. Y más
que nada adoro el hecho de que esas cualidades vienen en un empaque que, a decir verdad, no es lo más estéticamente agraciado de exterior.
Una delicia, la jícama. Le rindo homenaje ahora desde Santo Domingo, donde la jícama ni crece, ni es importada. Una lástima, la verdad, porque sospecho que gustaría. Su sabor es el de un eterno verano, como el que hay aquí.
¿Habré escrito demasiado ya? Me parece que sí. Como no había colgado una entrada desde hace tanto, he perdido un poco el sentido de la proporción. Me quedan algunas notas de bebienda más. Las pondré en una segunda parte, que ya estoy un poco cansado y ustedes deben estarlo también. Les dejo con un videito. Peter Mulvey es un cantautor a quien he estado oyendo mucho últimamente. Me gustan su estilo en la guitarra, su voz y sus letras. “Some People” es una canción de su último álbum que para mí dice mucho de lo que es buena vida. A ver…
Anoche mismo comencé a leer yo el ‘Reading between the wines’.
Por empezar por algo, la godello me ha resultado hasta ahora algo anodina, pero hace unos meses bebí una botella del godello de Luna Beberide y cambió mi punto de vista. Un trago realmente estimulante y de los que sí apetece beber más.
Apartado durante semanas de esto del beber ando en casi todo a salto de mata. Ayer, y porque no es plan comer algo sin lubricarlo, abrí una botella del tinto básico de Baudry, del 2006. Me lo has re-recordado con la referencia a su rosado. Me recordó enormemente al tinto de Gorrondona, por su comienzo animelasco, rusticidad y aparición encubierta de las fresas.
Saludos,
Jose
Llevo esperando la reseña del libro desde que escribiste en facebook que la escribirías!
Al final tendré que pedirmelo en amazon. Respecto a las notas de cata, yo no recuerdo ni conservo ninguna. Me aburren y de tus post son lo que menos leo (problema mio). Conservo fotos de botellas o las mismas botellas y recuerdo más o menos cómo eran y si me gustaron o transmitieron algo. Pero sí recuerdo, de las que me gustaron, con quién las tomé, a cuento de qué abrí aquella botella, si visité sus viñedos, si me abrieron la bodega, si conocí al winemaker y éste tenía un perro…
Hola Manuel, bueno verte en acción y con tu acostumbrada diarrea literaria que, como sabes, yo aprecio. Una pregunta. Desde dónde bajaste el libro de Theise? Soy nuevo en IPad y, por más que busco, no lo he podido encontrar. Me das una mano? Así que Rosenthal malo, ah? Mala cosa. Lo tengo ahí, entre los pendientes.
Jose,
¿Luna Beberide? Solamente pensarlo me pone los pelos de punta. Digamos que cuando me alejé de la galaxia de los García fue porque ya los estilos de vinos que hacían no ejercían ninguna atracción para mí. A menos que les haya dado por la pureza y la transparencia…
Los vinos de Baudry son excelentes en toda la gama. Y en algunas instancias pueden ser maaaravillosamente estimulantes y profundos.
Tao,
Una reseña mía no deberá servir jamás para sustituir este libro de Theise. Escribiré bastante sobre él, pues muchos son los aspectos paralelos, secantes y tangentes con mi actitud en este blog. No ser’a un artícullo y ya, sino una larga serie de entradas en lllas que Reading Between The Wines aparecerá interpolado.
Patricio,
Bajas Kindle para el iPad y buscas el libro en la Kindle Store de Amazon. US$9.99 o algo por el estilo. Desde que tengo el iPad ya casi nunca leo libros “a la antigua”. Con mis problemas de la vista, el aparatico ayuda mucho al poder variar tipografía, iluminación, color, contraste, etc. Y la verdad es que el software de Kindle es bueno: Para tomar apuntes que luego puedes copiar y pegar en cualquier editor, para hacer todo tipo de marcas y señales dentro del libro, para citar, etc.
Oye, y la imagennnn de la “diarrea” (prefiero “logorrea”, ya que lo otro,,,, pues, me tira el blog literalmennnte a mierda), pues, entenderás que tras tanto tiempo de extreñimiento bloguero…
M.
Pues amartillé el Colt cuando vi lo de Luna Beberide… recuerdos del perfume para coche que me supuso el último intento que hice con su Gewürztraminer. Se me debió notar en la cara, porque me lo dieron a probar en la tienda y parecía que tenía algo más. La botella que me bebí de su godello me gustó y me la recomiendo
Intenso, vivo y con un toque ¿salino?
Saludos,
Jose
Gracias Manuel. Qué buena la selección que tienen. Yo con la del Ibook estaba medio desesperado. Luego comentamos el libro. Vengo llegando de NYC. La selección de Chambers estaba impresionante. Cuenta cuando vayas a ver si nos volvemos a encontrar. Y sólo como dato, la última semana de febrero tenemos nuestra revisión de Jerez en W&S. La mejor cata del año, por bien lejos. Mil gracias por el dato!!!
A propósito del libro de Thiese, del que he disfrutado antes sus catálogos descargados de la red, y que figura ya en mi Wish List de Amazon (sigo prefiriendo el papel), te pregunto: ¿es una recopilación de escritos previos o es una obra de novo?
Salud(os)
Es un libro enteramente nuevo. Y muy bueno.
Sent from my iPad
¡Claro que sirven tus notas! Y tus reflexiones todavía más…Además, el existencialismo – ni vinícola ni de ningún tipo – no conduce a nada bueno.
El pasado sábado estuvimos comiendo en la antigua bodega donde guardo mis vinos y, además de cocinar unas patatas a la riojana y asar unas chuletillas de cordero de leche al sarmiento de garnacha , abrimos unas cuantas botellas, desde viejos blancos de Tondonia hasta viejos y nuevos tintos y un sauternes; nadie hizo catas descriptivas, pero en el buen ambiente de la reunión todos los vinos tuvieron su protagonismo y armonizaron adecuadamente en cada momento de la larga reunión. El recuerdo del largo y bonito día que pasamos está jalonado por cada uno de esos vinos y sus sensaciones; pero con un grupo diferente de personas tal vez hubiera profundizado un poco más en una valoración más “técnica”; el recuerdo sería también delicioso pero te lo podría transmitir en un código más fiel los aspectos reseñables de cada uno de ellos.
Un abrazo,
Pedro.