Ciertamente es verdad que nos llega buen vino de regiones que nos eran desconocidas e indisponibles hace sólo veinte años. Pero para mi paladar eso significa muy poco, pues muchos de estos vinos se unen a una aglomeración internacional de vinos de clima caliente cuyo efecto trae a la mente aquella vieja frase británica: “Mucho de una muchedad”. ¿Que hay otra fuente más de los mismos vinos de los que ya tenemos tantos? No estoy seguro de que eso deba importarme.
- Terry Theise, Reading Between the Wines
Ya les dije. Vuelvo al libro de Terry Theise. Me satisfizo tanto su lectura que quisiera prolongarla, sacando pedacitos de la sabiduría de Theise y aplicándolos a mis próximas entradas. No sé para cuantas valga esto, pero por lo pronto al menos media docenita se me ocurren.
“Mucho de una muchedad”. Genialmente, Theise da en el clavo sobre el extraño malestar que vive la cultureta del vino actualmente. Demasiado de lo mismo. Y esto aplica al vino mismo, pero también a sus diversos discursos. Encarémoslo: Los tres o cuatro registros que tiene la enochaladura a principios del s. XXI se han vuelto harto repetitivos. Sea cual sea la temática a la que nos aferramos, tendemos a demasiado de lo mismo. Como cantantes de repertorio limitado, no sólo damos el coñazo al prójimo, sino que acabamos por aburrirnos a nosotros mismos con nuestro cantar. Aquel primer centenar de notas de cata que publicamos en la red, o aquel primer centenar de airados debates que tuvimos en torno a igual número de botellas, no saben a lo mismo después de que hemos repetido lo mismo dos, tres, cuatro o cien centenares de veces.
Demasiado de lo mismo. La cantidad de vinos idénticos que tenemos a nuestra disposición. La cantidad de “noticias” de onanismo comunal en la cultureta del vino: Fulano recibió tal premio, un chino se gastó una cantidad obscena en una subasta de burdeos de copete, fulano es el primer Master of Wine de Paraguay, siete vinos del Priorat ganan 100 puntos Parker… Pasa uno de meramente blasé a muerto de asco en un abrir y cerrar de ojos.
La cita de Theise y toda esta perorata viene a que pretendo seguir entediándolos con las notas de bebienda tomadas en Nueva York en julio. Esto antes de pasar a contarles de ciertas excursiones vínicas más recientes. No es dar el coñazo por dar el coñazo, ojo. Veo esos apuntes en el iPad y me parecen dignos de un poquito de análisis. No importan en sí los “descriptores” con los que salgo si no consideramos por qué salgo con ellos—qué proceso me lleva no solamente a reconocer una conexión nemómica, sino a exponerla de esta manera tan peculiar.
Con suerte llegaré a una explicación de por qué actualmente me da vergüenza tomar notas cuando pruebo un vino. ¿Será porque temo eventualmente sentir necesidad de compartir mis apuntes y, por consiguiente, aburrirnos a mi prójimo y a mí mismo? ¿O será algo más?
Media docena de notas completas tengo en la pantalla. Lo más obvio es que reflejan mi deseo de evadirme de ese “mucho de una muchedad”. Según puedo observar, opera en mí una promiscuidad que no obedece a ansias de acumular referencias, sino a un legítimo deseo de sentirme estimulado—sensual e intelectualmente—en diferentes maneras por diferentes vinos. Me dejo atraer por una infinidad de vinos. Doy oportunidades incluso cuando creo que no son merecidas. Me dejo llevar, sabiendo que el vino valida todo lo mejor de mi existencia. Pero, ¿necesito tomar notas?
Me recuerda todo esto a alguien:
Y él escribe. O sea que la necesidad de anotar… Bueno, no sé. Pero quizás es precisamente para poder marcar esos fenómenos—vinos, mujeres, canciones, películas, libros, cuadros, zapatos, páginas web, platos—que rompen con la “muchedad”.
La media docena que les decía…
Gilbert Picq, “Vosgros”, Chablis 1er Cru 2000: Un claro ejemplo de oxidación prematura.
Fuera de la nota les comentaré brevemente lo mucho que me joden estas botellas chafadas de borgoña. Vinos con los cuales pretendí formar una relación a mediano o largo plazo, de los cuales compré botellas para probar a los dos, tres, diez, veinte años. Vinos con los que quería, para abusar de un cliché, crecer. Y sin embargo, toda expectativa queda traicionada por un fenómeno para el que hay cien explicaciones y no hay ninguna.
J. & H. A. Strub, Riesling Spätlese “Niersteiner Delberg”, Rheinhessen 2002: Siguiendo con la liquidación de inventario de dudosa longevidad, adquirido cuando creía que tendría todas las semanas del mundo en Nueva York para irlo liquidando eficientemente, nos tiramos a otra región que no sea Borgoña. Aquí me sorprendo con un riesling ligero y de dulzor moderado. Limpio, brillante y aún primario. Un vino no muy complejo, que se deja beber muy mansamente, igual hoy que cuando lo compré.
Que no pase desapercibido: En esa mansedumbre es precisamente donde radica su encanto, su valor para mí. Un vino que se acopla a mi vida, que no pretende grandezas. Que está feliz siendo bebido. Un punto sobre el que recalca mucho Terry Theise en su libro es ése: Nunca despreciemos los vinos que sólo aspiran a ser consumidos sin complicación, en la tranquila cotidianeidad.
Ah, por cierto, creo que el importador a EEUU de este vino lo fue… Terry Theise.
A. J. Adam, Riesling Kabinett “Hofberg”, Mosel 2009: Una nariz de potpourri, comino tostado, arena y toronjamelocotón sobre mineralidades discretas, pero decididamente presentes. Un poco más dulce de lo que esperaba. Bien primario y, aunque trae mucho, desorganizado. Fruta amplia en un paso de boca grácil, con notas de jengibre en el paladar medio. Largo, rico. Un tanto sulfúrico. Le falta tiempo para ganar precisión y decidir lo que quiere hacer con sus atributos.
Joseph Matrot, “Les Chalumeaux”, Puligny-Montrachet 2002: Otra del haber cambloriano abierta por miedo a oxidación prematura. Está muy bien. Salino. turrón de Alicante, pera y limón con mineralidad fina, muy presente. Completamente seco, pero cremoso de textura. Primario. apretado. Excelente acidez en un posgusto largo con notas de cardamomo y canela. Buen puligny, que me costó barato en su momento. Lo que lo hace doblemente meritorio.
Alberto Tedeschi, “Spungola Bellaria”, Monteveglio IGT 2007: Botella comprada en Chambers Street Wines, a recomendación de Jamie Wolf. Andaba yo naturalero ese día y… Muy bonito color dorado intermedio Sidresco en boca, con notas de piel de pera y perifollo, comino en grano, piedras calientes y madreselva. Lo mismo en boca. Salino, con textura granulosa, muy buena acidez y buen largo. Suculento cítrico de toronja rosada. Muy especiado. Carne ahumada. Un vino complejo, completo, con muchísimo carácter.
Interrumpo la progresión en este momento de vinos tan deliciosos para recordarles la principal razón por la que me encanta Nueva York: Allá me acuerdo de lo mucho que me gusta cocinar. Salgo a la calle y me encuentro con ingredientes que me inspiran con su frescura e impecable calidad, que me piden que me ponga creativo. Copiar y comentar todas estas notas de vinos y recordar los platos con los que fueron acompañados me hace pensar que desde ahora pasaré un mes de cada año en Nueva York, preferiblemente en primavera u otoño y con mis hijos. Me costará lo suyo alquilar un apartamento con cocina, pero creo que valdrá la pena. Es algo que me debo a mí mismo y que le debo a mi familia.
Bueno, volviendo a la materia…
Thomas-Labaille, “Cuvée Buster” Monts Damnés, Chavignol, Sancerre 2008: Mineral de una forma sorprendentemente poderosa, este Buster póstumo, considerando que las últimas dos o tres añadas brillaron más bien por frutalidad. Limpio, con aromas de perifollo, yerbabuena y limón sobre notas calizas. Muy vivo, con vibrante acidez y mineralidad granular en boca. Excelente vino para crudi. O sashimi. Largo. Compacto. Ultracrujiente. No he probado mucho sancerre del 2008, pero si esta muestra de economía frutal traducida en esbeltez y mineralidad es seña, va a ser una añada que me proporcione bastante placer.
Domaine Philippe Gilbert, Rosé, Menetou-Salon 2009: Luminoso color de fresa coralina, o coral afresado, no sé… Mineralidad finamente salina es la primera impresión nasal. Luego fruta roja fresquísima y jengibre. Lo mismo en boca. Completamente seco, con un delicado amargor en el paladar medio. Largo y etéreo. De este vino me hubiese bebido un par de cajas en el transcurso del verano, de haber tenido acceso regular a él. Lástima que ya no vivo en Manhattan.
Domaine Ostertag, Muscat “Fronholz”, Alsacia 2007: Botella consumida la noche en que llegamos de nuevo a Santo Domingo tras aquellos felices días en Nueva York. El vino lo importa mi amigo César Castro, de Terroir Santo Domingo y uno de los encargados de mantenerme provisto de bebestibles en estas tierras, donde “mucho de una muchedad” nunca parece ser suficiente. Añado esta nota aquí porque me aparece en la misma página que la de ese rosadito de Menetou-Salon. Vaya usted a saber.
Nariz bullanguera y putonga de toronja, litchi, agua de rosas, melón y azúcar pastelera. Sí, gewurzesca… Pero también trae una muy admirable carga mineral—el lado serio detrás se su sandunga, por así decirlo. Toquecito de detergente en el conjunto. Lo mismo en boca. Seco, pero muy, muy frutal. Aunque muy disfrutable, me quedo esperando un poquito más en el posgusto y no me lo da.
Hasta aquí estos apuntes, que no sé ya si están o no están en contexto. Es la vaina de intentar compartir experiencias. Siempre faltará algo. Siempre te quedarás corto.
Bueno, he blogueado por hoy. Ya me dirán si esto ha servido para algo. Les dejo con un videito de un artista que recién he descubierto. Se trata de Peter Mulvey, con cuyas letras me identifico tremendamente y cuya destreza guitarrística envidio desmoderadamente. Si me sentara a escribir canciones ahora, a mis cuarenta y tantos, desearía que fuesen una millonésima parte de lo gustosas que…
Una crisis existencial con un buen poso, tanto que se puede leer en él.
Para nosotros, los neófitos en vinos, aburridas puede que sean pero nos salvan de caer en errores imperdonables más de una vez, tanto a la hora de elegir un vino como en la de decidir cuál será el más adecuado para el comensal que tienes delante, mientras se esfuerza por darte pistas sobre sus gustos.
Estas notas que deberían acompañar a todos los vinos obligatoriamente, acaban siendo la puerta para más de un acierto o, la de que el error termine por ser un descubrimiento para aquellos que suelen tener las cosas, dicen, muy claras.
Un saludo y sigo aprendiendo.
Manuel:
Tanto tiempo sin saber de ti.
Blog cerrado o sólo una pausa?
Que te pareció Montsecano?
Saludos
buena critica de vinos, llevo un tiempo ojeando blogs de este tipo y no habia leido una critica tan buena, mas alla del vino
un saludo
http://www.turismodepalencia.wordpress.com