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Cositas y cosotas: 19.03.2010

He tenido unas semanitas intensas últimamente. Quizás se ha notado un poco por la repentina semisequía de entradas nuevas en La otra botella. O por lo que me tardo en responder a algunos comentarios.

Estoy sumemente atareado en otras cosas, la verdad. Nunca pensé que nada podría usurpar la porción de tiempo y ganas que tenía para este blog, pero está ocurriendo. Las responsabilidades que me reclaman parecen crecer a diario y yo sigo siendo uno solo. Además, me veo poseido por una fuerte desilusión en cuanto al vino, esa puñetera malaise que me hace verlo todo del gris sucio de los trajes baratos de los trajeados vendevinos a los que tanto… Bueno, nada, eso. Que está un poco cuesta arriba lo de ser bloguero ahora mismo. Pero lo seguiré intentando.

Entre las más interesantes cositas de la semana estuvo esta entrada en el blog de Tom Maresca sobre una semana catando barberas en Piemonte con un grupo de periodistas y blogueros del vino. Aparentemente, un contingente norteamericano de blogueros protestó ante los barberas internacionalistas y superenrroblados que les ponían enfrente, prefiriendo por distancias vinos más “básicos” (léase puros, sin o con poco roble evidente, jugosos, directos y honestos). Ante las negativas opiniones sobre sus vinos “top”, más de un elaborador se crispó y declaró que eso es “lo que pide el mercado”.

¿No te jode?

¡Porque mira que venir a cantar esa canción es más o menos como pedirse la “Macarena” en el karaoke!

Pero la cuestión es que muchos en la industria aún parecen quererla cantar. Maresca habla de la clara desconexión entre ese tipo de rebuz—er, perdón, ese tipo de pronunciamiento y la realidad, particularmente cuando se pronuncia la frase delante de blogueros que son, a la vez, consumidores, ergo, parte de algún segmento de mercado al que el pronunciante debiese estar prestando un poco más de atención.

Pero bueno, hablando de realidades alternativas en las que “el mercado” pide cada vaina que no veas, simultáneamente cuatro amigos me hicieron llegar este enlace anoche. Aparentemente, el Dr. Jay Miller ahora catará una buena tajada de los vinos españoles que reseña para el Wine Advocate de Robert Parker in situ en las regiones de origen. Dos viajes al año. La idea, según el comunicado al que lleva el enlace en cuestión, cuajó en… ¡WineFuture Rioja 09! Y aparentemente Jay contará con un conocido cicerone… Pero no les digo más nada. Lo dejo todo al análisis de ustedesm como he hecho siempre.

Pasando a otra cosa, que es igual que volver a lo mismo, resulta difícil de creer el tiempo que llevo ya haciendo este blog y que hace un par de años tenía una pinta completamente distinta. De hecho, busco una de mis entradas viejas porque algo me la recordó esta semana y me sorprendo por lo torpe de aquel formato que tenía La otra botella antes y lo nítida que se ve ahora.

En la que Camblor intenta respirar a través de una copa de las de "cristal respirable", sin mucho éxito...

La entrada vieja de la que les hablo era una sobre la cristalería y las mil maneras que tenemos de hacer el primo los enochalados en cuanto a élla se refiere. Pues resulta que esta semana el gigante cristalero austriaco Riedel ganó una demanda que había interpuesto contra la firma alemana Eisch Glaskultur, mercadeadora de aquellas copas de “cristal respirable” de las que les hablaba en el 2007. Aparentemente, Riedel demandó para que se retiraran alegados reclamos especiosos sobre las copas de “cristal respirable” y sus efectos mejorantes sobre el vino. Y la corte adjudicó a favor del demandante. Eisch ahora tendrá que vender sus copas bajo otra premisa. Del artículo de Decanter.com sobre el fallo de la corte alemana, una cita muy interesante del portavoz de Eisch, que traduzco para beneficio de los no angloleyentes:

Para retirar esta molestia de nuestro camino en el negocio, hemos acordado cambiar la terminología que utilizamos para describir los beneficios que proveen miestras copas, cuyo nombre hemos cambiado a “Sensis-plus”. En el ambiente técnico y legal de las cortes de ley alemanas no podemos demostrar como un hecho técnicamente confirmado que estas copas, en efecto, respiran.”

¿Soy yo solo, o esta última sentencia suena como una retorcidamente irónica apropiación de ciertas célebres palabras de Galileo? Nada más faltaría que, tras susurrar “Y sin embargo, respiran”, este portavoz dijera: “Además, es lo que pide el mercado, coño…” Luego, en cue la canción tema de Aquí no hay quien viva y nos vamos a una pausa comercial. Pensé en escribir alguito sobre monos babuinos y crítica de vinos a continuación, pero no, que después dicen que soy demasiado cruel.

Por cierto, aquello que contaba de que iba a ir a la tienda donde compré la copa de Eisch no resultó. Se me perdió el recibo y al final la copa se vino conmigo a Santo Domingo, donde aún no ha mejorado la primera porción de vino, jugo de frutas o agua mineral… La foto que aparece arriba es de hoy mismo.

Les dejo ahora con el más nuevo video de Babybird, Ex-Maniac, un álbum potentísimo, dramático, pero a la vez repleto de humor del tonito de negro que a mí más me gusta. El clip es de “Unloveable” y lo dirigió nada más y nada menos que Johnny Depp. Y, ya que hemos estado hablando de desasociaciones entre la realidad y la ilusión, entre lo que se piensa o dice y luego lo que pasa, me parece muy, pero que muy requetemuy à propos.

And Now, For Something Completely Different…

Ha sido un comienzo de año terrible, el del 2010. Les confieso que no solamente me eluden las ganas de escribir sobre vino, música, libros, etc. Lo que es más, mi ritmo de producción del 2009 ahora se me hace impensable. La catástrofe en Haití ha realineado mis prioridades. He ayudado económicamente todo lo que he podido y, sintiéndome que no es suficiente, he comprometido mi tiempo y energía a crear conciencia, a movilizar a amigos… He visto excelentes iniciativas que están dando buenos resultados, como la Subasta de Vinos Extraordinarios. Y estoy seguro de que otras iniciativas igualmente buenas surgirán. La crisis en Haití es a largo plazo. La necesidad no desaparecerá en mucho tiempo. O sea que todo lo que imaginemos será útil.

Intento despejarme un poco de las preocupaciones, zafarme de los hilos noticiosos, zafarme de los intentos de telemaratón, porque estoy consciente de una vaga necesidad de escribir sobre algo más. Pero, francamente, no tengo muy claro sobre que. Anoche abrí una botella que me vino regalada. Era del Argiolas, “Costera”, Cannonau di Sardegna DOC 2006. No hace mucho leí u oí algo sobre una tragedia en la familia que regentea esta bodega grande de Cerdeña. Me falla la memoria. Otra seña más de lo malo que ha sido el inicio de año y década, ¿qué puedo decirles? Recordaba vinos de Argiolas consumidos en cierto restaurantico italiano de la Calle Fortaleza en el Viejo San Juan, cuando Josie y yo vivíamos en Puerto Rico hace una docena de años. El restaurantico desapareció ya. Y los vinos, si este Costera es el ejemplo, no se parecen a los tintos rusticones, pero elocuentes, que recuerdo. La desganada nota de cnsumición que le dediqué anoche en mi libreta negra pone lo siguiente: Un tinto aparatosamente licoroso, fofo, pesado, en el que es ineludible la desagradable memoria del jugp de ciruela pasa. A  13.5% de alcohol no acaba de quemar, pero su peso resulta abrasivo en boca. Cosa rara en un vino completamente liso. Te hiere por puro tamaño.

Sobró más de la mitad de la botella. En la mañana, antes de decidir lo que haría con los restos, olí lo que quedaba en una de las copas. Jugo de ciruela pasa.

¿Les he contado que nozco a nadie que haya nacido en Paraguay? Pues tampoco conozco a nadie a quien le guste el jugo de ciruela pasa.  Son limitaciones serias que tengo. O quizás no.

El jugo de ciruela pasa es recomendado por nutricionistas y médicos como promotor de la regularidad intestinal. No que yo tenga necesidad de esas cosas, pues en ese aspecto funciono excelentemente, gracias. Pero son cosas que he oido por ahí. Algunos toman batiditos de fibra. Otros le pegan al jugo de ciruela para aliviar el extreñímiento.

¿Les conté también que estoy viendo mucho CNN últimamente? Pues me salió un anuncio curioso el otro día. Aparentemente, la marca de endulcorante dietético norteamericana Splenda® ha lanzado una nueva variante de su producto “enriquecida con fibra”, para ayudar a ya ustedes saben que. Como diabético insulinodependiente, consumo bastante Splenda, pero del “regular”. Es con lo que endulzo los múltiples cafés que me tomo al día. Es un producto que te lo venden como supuestamente obtenido de azúcar natural, pero sin la carga de hidratos de carbono y las calorías del azúcar. Y la verdad es que endulza aceptablemente.

Lo de la fibra añadida me da una idea.

Pensando yo en ese Cannonau di Sardegna de Argiolas, que me parece un vino bastante tratadito, se me ocurre que, ya que tiene tanto olor y sabor a jugo de ciruela pasa, quizás una adición de fibra sería un tremendo golpe comercial. Ya saben, te das un cantazo de vino y te ayuda a la hora de ir al baño. Podía ser un éxito. Añadir más beneficios de salud al vino tinto… Imagínenselo.

Hablando de salud, me acabo de hacer fan de una página en Facebook que promete.  Digo que promete porque profesa el odio a las puntuaciones de vinos en su título, porque hay muchos amigos míos que son fans y porque lo primero que ves si entras hoy es un chismecito muy gustoso. ¿Será cierto el rumor sobre el despido de Jay Miller del Wine Advocate?

Una para que se la piensen. Uno aquí hablando de ayudas para evacuar y resulta que puede que al pobre Dr. Jay lo hayan evacuado. Es que todo conecta. Este servidor de ustedes ahora se va a descansar un ratito. Quizás en Nueva York.

¿Por qué importa? La encuesta de la semana

Me quedé yo pensando después de colocar aquí un enlace al artículo de Charlie Hamilton acerca del “Affaire Campo” en The National, un periódico de Dubai. La espinita que tenía pinchándome eran  las dos líneas que cierran el reportaje. Traduzco:

[Amna Jallaf, abogada de Jackie Wartanian, la ex-socia de Pancho Campo] dijo estar en contacto con los abogados de Campo, quienes “buscaban resolver asuntos en conexión con el caso”.

El lenguaje me sugiere que puede estarse cociendo una solución a este caso fuera de los tribunales, quizás. Pero noten que digo quizás. Pura especulación de mi parte en torno a un fragmento citado por un periodista. Plausible, sí, pero no debe tomarse ni remotamente como certeza. Sólo es una idea.  Seria lo más práctico para evitar el escándalo, etc. Ya veremos si me equivoco.

He estado siguiendo las tribulaciones de Pancho Campo más de cerca de lo que hubiese deseado, la verdad. Tengo una mente muy inquisitiva y cuando algo me despierta curiosidad tiendo a investigar e investigar hasta llegar lo más cerca posible de alguna verdad. Creo que no soy el único al que le ha pasado esto ante este nuevo follón de la cultureta del vino. Ahora mismo puedo imaginar el extremadamente plurivalente curriculum vitae de Pancho Campo MW siendo sometido a un escrutinio profundo y riguroso. Incómodo debe ser eso para el Sr. Campo. Porque, como les gusta decir a los americanos, “el diablo está en los detalles”.

Y nada que decir sobre los múltiples linchamientos públicos a los que ha sido sometido este señor desde que surgió lo de la notificación roja de Interpol. Yo insisto en mantener la ecuanimidad en mi búsqueda de respuestas, aunque a decir verdad me desespero un poco ante la continuada falta de argumentos sólidos por parte de acusado y acusadores.

Vuelvo sobre mis pasos, releo noticias y opiniones. En el blog de Subhash Arora, presidente de la Indian Wine Academy, veo un airado ataque a la revista Decanter por supuestamente “apurar” la noticia sobre la orden internacional de arresto contra Pancho Campo. Jim Budd, co-autor de la pieza original en Decanter, responde lúcida y elocuentemente al Se. Arora. Traduzco:

Dices que “los alegatos [contra Campo] no tienen nada que ver con vino”. Es verdad que el tema es distinto, pero el alegado fraude también concierne la organización de un evento—probablemente un concierto del cantante Enrique Iglesias en el Aviation Club de Dubai, el domingo 1ro de octubre del 2000—no muy diferente de la organización de una conferencia internacional en la Rioja.

Luego responde el veterano crítico de vinos Robert Joseph, un autoproclamado apoyador de Pancho Campo en todo esto. Escribe:

…Como otros ponentes en el evento WineFuture de Pancho Campo, he decidido brindarle a él todo mi apoyo. No obstante, diferiría fuertemente de Subhash en cuanto a su creencia en que la reputación de una persona debe justificar el no publicar un artículo noticioso sobre una alegada falta por parte de dicha persona. Han habido demasiadas caidas en desgracia muy dramáticas como para permitirnos tal reticencia.

“Dramáticas caidas en desgracia”. Eso es, concretamente, lo que más me provoca. ¿Qué más se puede decir de las megaestafas en el ámbito de las finanzas? Difícil que no se le calienten a uno las orejas ante nombres como Madoff y Stanford.

Y la cultureta del vino no se queda corta en cuanto a estrepitosas caidas en desgracia. ¿Se acuerdan del Wine Spectator y su premio a la Osteria l’Intrepido, un restaurante inexistente? ¿O de Hardy Rodenstock (no su verdadero nombre) y la trama de The Billionaire’s Vinegar? ¿O de los conspicuos conflictos de interés de “empleados” de Robert M. Parker Jr. (concretamente Jay Miller y Mark Squires), ese tan cacareado baluarte de ética en la crítica de vinos? ¿Y de lo de Sierra Carche? ¿Y de Rudy Kurniawan? Y ahra tenemos este asunto con Pancho Campo. Su pasado viene e irrumpe en su presente. Fea palabra, “fraude”. Aunque algunos pretenden aislarla en una pretérita burbuja que “nada tiene que ver con vino”, se las arregla para ponernos a todos en duda sobre las actividades actuales de alguien que se ha constituido meteóricamente en una “autoridad” del vino español. Hay que recordar, reitero, que todo individuo en nuestras sociedades occidentales es inocente en un caso judicial hasta no ser demostrada su culpabilidad. Eso aplica tanto a Campo como a los demás de la cultureta que aún tienen alegatos sin demostrar en su contra.

Pero, aún en este intento de ecuanimidad, ¿podemos olvidar el mal sabor de boca que nos deja tanta sospecha y tanto alegato (abierto o velado) de tráfico de influencias, conflicto de intereses, por-debajo-de-la-mesismos, choriceos y estafas? Lo que me lleva a nuestra encuestica de la semana…

¿Gatos? ¿Liebres? Anótenle otra a Dr. Vino…

Esta entrega de La otra botella va dedicada al Sr. Anthony Dias Blue, cuya reciente diatriba antiblogueril ha causado una cierta hilaridad indignadilla al autor de estas líneas.

Tyler Colman, mejor conocido como Dr. Vino, hace el tipo de blog que quisiera hacer yo cuando sea mayor. Se hace preguntas inteligentes en torno a fenómenos de la cultureta del vino, investiga, transmite sus preguntas a otros, investiga más y publica artículos que dan mucho que pensar y hablar. Su blog, Dr. Vino, es un modelo a seguir. Si hay alguien a quien pudiese yo calificar de “periodista ciudadano” en esta cultureta del vino, es él.

Quienes sospechen que los ataques del Sr. Dias Blue iban dirigidos primariamente a Dr. Vino están en lo correcto. Hoy Tyler ha publicado una entrada que es, a mi juicio, verdaderamente fascinante. Narra la “saga” de un enoproducto de Jumilla muy altamente puntuado por Jay Miller en el Wine Advocate. Este vino fue importado a Estados Unidos y ofrecido al público, mucho del cual lo compró en base a la puntuación de 96 adjudicada por Miller. Algunos consumidores, al probar el vino, se quejaron de que no se parecía en lo absoluto a lo descrito por el Dr. Miller y era, además, un producto de una mediocridad conspicua, inmerecedor de la puntuación adjudicada, etc.

Estos consumidores, lectores asiduos de Miller, le llamaron a contar. Uno de ellos, incluso, envió una de las botellas que había adquirido a Miller para que este último la catase de nuevo y confirmara o desmintiera la opinión del hombre. Miller eventualmente cató el vino y quedó consternado al comprobar que se trataba de un vinajo muy distante de la muestra que catara originalmente para el Wine Advocate.

Dimes y diretes varios. Otras llamadas a contar. Tiendas ofreciendo devolver el dinero a clientes inconformes. En fin, tremendo follón, que espero les merezca un ratico de su tiempo a los angloleyentes entre ustedes.

¿El enoproducto en cuestión? Pues se llama Sierra Carche, Jumilla 2005, supuestamente una cuvée de monastrell, petit verdot y malbec. La marca es propiedad de Guy Anderson Wines, firma que se autodescribe como “una de las principales creadoras de marcas en el Reino Unido”. Se sabe muy poco sobre los detalles de viñedo de este producto, que, según la investigación subsecuente por parte de diversos personajes del universo parkeriano, resulta ser “Bodegas y Viñedos de Murcia, brazo comercial del Grupo Casa de la Ermita” (mi traducción de una cita de Víctor de la Serna en el artículo de Dr. Vino).

En realidad, aunque los pormenores del caso me parecen sumamente interesantes, lo más importante son las preguntas que nos deja Dr. Vino al final de su pieza. Dice: “Una de las preguntas más grandes (en un caso como éste) es qué protecciones tienen los consumidores. Ha sido usted alguna vez como Robert Kenney (el señor que llamó la atención de Jay Miller a la discrepancia entre el vino que compró y lo que Miller dijera de la muestra puntuada) y comprado mucho de un vino basado solo en una puntuación, sin probarlo? ¿Piensa usted que las tiendas deberán aceptar devoluciones de vinos así?”

Los derechos del consumidor, particularmente en esta cultureta que vive tan pendiente de las opiniones de críticos poderosísimos, debieran preocuparnos. Claro, también hay que ver que la gente es como es… Porque a estas alturas yo siempre digo que sólo al caballo regalado no se le mira la dentadura. Todos los otros me tienen que abrir la boca y someterse a examen. O sea, “cuidado antes de soltar la plata, chicos y chicas…”

Commentez et discutez, amigos. Y a Dr. Vino mis felicitaciones por uan de las mejores lecturas vínicas que me han llegado en semanas.

Cositas y cosotas: 16.04.2009

¡Es que la cosa está que arde! Llego a casa después de un brevísimo descanso en Semana Santa y me cae encima un diluvio de temas candentes… Tanto es así que adelanto la edición de “Cositas y cosotas” de este viernes a hoy jueves. Ya veremos lo que cuelgo mañana.

Aparte de mi cumpleaños, una entrevista que dí a otra revista en Chile y el artículo de Víctor de la Serna que estamos discutiendo en los comentarios a mi entrega anterior,  un reventón en la cultureta del vino me ha ocupado bastante en los últimos dos días. Me enteré de él gracias a Dr. Vino.

Resulta que Mike Steinberger, columnista de Slate.com, publicó un artículo recientemente sobre el abruptísimo declive en ventas de vinos australianos “premium”. El artículo, que no dice nada particularmente nuevo o explosivo, suscitó cierta controversia en el foro de debate de eRobertParker.com. La controversia, al parecer, cayó rápidamente en ataques personales y cuestionamientos sobre la labor profesional del Sr. Steinberger, viniendo los más notables entre estos ataques del propio moderador del foro, Mark Squires. Al parecer, Steinberger llamó a contar a Squires, pidiéndole que explicara acusaciones de “conflicto de interés” y “parcialización” que había hecho éste. Squires, por su parte, en vez de continuar la discusión civilizadamente, eliminó el hilo en el foro.

Aparentemente, es práctica habitual la eliminación del foro de eRobertParker.com de hilos que de alguna manera contengan críticas de Robert Parker o algún cuestionamiento “difçil” de  las posiciones de quienes controlan dicho foro. Bueno, tanto “parece” y “aparentemente” es porque yo tiendo a evitar esos predios. Nunca he sido suscriptor ni participado ahí. En realidad no conozco bien las políticas o la praxis del sitio. Lo que sí conozco son los chismes que me cuentan…

La eliminación del hilo sobre Steinberger  suscitó tremendo follón, que desembocó en la publicación en el blog de Dr. Vino  de un airado y muy pintoresco intercambio de correo electrónico entre Steinberger y Squires. Steinberger es muy correcto al protestar por un acto de clara censura  y exige explicaciones que parecería tener todo el derecho a exigir. Squires, por su parte… Bueno, léanlo ustedes mismos y saquen sus propias conclusiones. Es comiquísimo.  Se entera uno de que, aparte de ser un diplomado “summa cum laude” en periodismo, este personaje es también un autoproclamado as del arte de debatir y de la máquina elíptica.

La cuestión es que más allá de un guirigay entre foreros y moderadores, cosa bastante común, surgen en ese intercambio de e-mails ciertas serias preguntas  sobre la organización Parker  que no deben pasar desapercibidas, comenzando por la de hasta donde es justificable la censura si es medalaganaria. También, por ejemplo, escribe Stenberger a Squires:

No pude evitar observar que, mientras usted impugnaba mi integridad y la de los detallistas de vino citados en mi artículo, había [en el foro de eRobertParker.com] un hilo activo sobre una visita a Bern’s [restaurante de carnes en la Florida con un legendario programa de vinos] que incluía a Eric Solomon, Patrick Mata, José Pastor y un tal Jay Miller. ¿Era éste el mismo Jay Miller anteriormente mencionado, que cubre los vinos de España para el Wine Advocate? Por la foto que acompaña al escrito, parecería que sí, lo que me deja perplejo, pues Eric, Patrick y José son todos importadores de vinos españoles. Siempre me he tomado al pie de la letra la política de Bob [Parker] de evitar escrupulosamente  cualquier potencial conflicto de interés para el Wine Advocate. ¿Cómo cuadra este fin de semana en Bern’s de Jay con esa política? (Mi traducción)

Me limito aquí a reportar lo aparecido en otros sitios. Y les invito a considerarlo cuidadosamente, sacando ustedes sus propias conclusiones al respecto. Un influyente crítico de vinos, de juerga vínica con tres importadores especializados precisamente en una de las regiones cubiertas por dicho influyente  crítico. El cuadro está incompleto, no hay que decirlo. Pero lo que se ve, como que lo deja a uno pensando y no con el mejor sabor de boca.

Dr. Vino ha iniciado hoy la lógica pesquisa que motivaría en cualquier alma inquisitiva este asunto de Miller y los importadores. Publicó una nueva entrada que incluye otra correspondencia reveladora, en este caso más por lo que se rehusa a comentar una de las partes que por lo que comenta.

Podrá alguien declarar que hay problemas éticos en lo de publicar correspondencia privada entre individuos. Mi opinión sobre eso está un tanto conflictuada y no sé si yo haría lo mismo. Pero  el valor de esta exposé me hace pensar que quizás el fin sí justifica los medios. De todas formas, en este barrio vínobloguístico hay superhéroes. Cuando yo sea grande quiero ser Dr. Vino…

¿Que qué más pasó en el mundo del vino esta semana?

Pues se estableció definitivamente que la mayoría de lo que  los australianos tenían como albariño en sus tierras resultó no ser albariño, sino savagnin. Si es que a algún elaborador gallego le quitaba el sueño la idea de tener que competir contra una oleada de albariños australianos, ya puede dormir tranquilo.

¡Vaya semanita! ¡Y no se ha terminado aún! Por el momento, un videito que captura bastante bien el sentimiento que me posee: