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Tango, hora cero: ¡Los Premios El Botellazo 2009! (2)

Ya estamos de vuelta en la entrega de los Premios El Botellazo™ 2009 de La otra botella. Es el momento perfecto para introducir una nueva categoría a premiar. Es una categoría que quizás debí introducir ya en el 2007, cuando me saqué de la manga la primera entrega de estos premios. Lo digo porque en la cultura y la cultureta del vino vivimos en un momento de grandes cambios. Movimientos tectónicos, me atrevería a llamarlos. Y de grandes revelaciones. Es precisamente el Botellazo™ al Personaje Revelación del Año el que pretendo presentar ahora. Un individuo cuya aparición en el medio fue tan repentina como… Bueno, eso, reveladora. Nos hizo dejar de mirarnos el ombligo y prestar atención. Nos hizo descubrir nuevos registros experienciales, nuevos lenguajes para intercambiar las experiencias de nuestra enochaladura. La academia está convencida unánimemente de que su impacto sobre el mundo del vino, que apenas comienza a sentirse, será profundo y duradero.

El Botellazo™ al Personaje Revelación no podía ser para más nadie. Es deeeee… ¡Sadat X!

Y ahora toca el Botellazo™ a La Canción del Año. Recuerden ustedes que, dada la medalaganaria naturaleza de estos premios, esta es una selección muy personal de Camblor, no sometida a votación alguna y haciendo caso omiso de los consejos de diversos prójimos sobre potenciales nominaciones. Este Botellazo™ lo propino gustoso a un grupo que sigo desde mi adolescencia. Han engendrado hordas de imitadores— particularmente entre las filas del rock alternativo de las últimas dos décadas—y en el 2009 hacen el más triunfal de los retornos después de años de ausencia, para demostrar irrefutablemente que el original es el mejor y enseñarnos como se hacen las cosas.

En escena, amigos y amigas, con “I Think I Need It, Too”, La Canción del Año de La otra botella, ¡Echo & The Bunnymen!

Inmensos, ¿verdad?

Y hablando de cosas grandes, ahora tenemos el Botellazo™  “Héroes del Silencio” al Heroismo Jodedor en el Mundo del Vino. Este premio lo propino con gran sentimiento al último  auténtico periodista que queda en España cubriendo asuntos del vino. Este hombre, ante el silencio cómplice de la vastísima mayoría de su profesión, afrontó con integridad el ya famoso Affaire Campo y la multiplicidad de micro y macroescándalos en torno a Wine Future Rioja 09, en busca de la verdad. En sus labores se topó con grandes impedimentos, censuras e intimidaciones. Temiendo verse desempleado, prefirió—aunque en su momento firmase un par de artículos verdaderamente valiosos en el diario para el que escribe—retomar un forzado “anonimato”. A ese gran defensor de la veracidad en el mundo del vino, un Botellazo™ de amigo solidario. El sabe quien es. Yo aplaudo su labor y la agradezco.

Hablando de periodismo y alejándonos de los pocos que aún son gloria de ese métier, conectemos con el Botellazo™ a la Cita Citable del Año. Este año se lo lleva un fósil de los viejos medios del vino, cuya labor “periodística” ha consistido mayormente en generar infomerciales para el mejor postor en diversas revistas. Anthony Dias Blue escribió lo siguiente sobre “los blogueros”:

…De todas formas, ¿quiénes son estos blogueros y, más importante aún, cuál es su motivación? Sería reconfortante hallar que son enófilos altruistas cuyo propósito es aportar perspectiva y valiosa información a consumidores afines. Pero la imagen que se presenta es de amargados y protestones insectos que, mientras miran las pantallas de sus computadoras y piensan en sus patéticos empleos en la vida real, dejan volar su resentimiento y sentido de fracaso personal en la forma de virulentos ataques contra los medios críticos establecidos (Mi traducción).

Yo no sé para ustedes, pero para mí es que ni pintada para el Botellazo™.

Un momento, por favor, que me vibra el móvil…

Es la academia. Que todavía no llegan a una decisión sobre la categoría Blog de Vino del Año/División España y Latinoamérica. ¡Mira que ha dado trabajo eso!

Pero ná. Procedamos con alguna otra mientras se ponen de acuerdo. El Botellazo™ al Libro de Vino del Año se convierte en el 2009 en un premio al más dudoso de los logros: Convertir un libro excelente en una porquería en menos de dos años.

Ya adivinaron, seguro. Hace dos años el Libro del Año de La otra botella lo fue Le goût et le pouvoir, de Jonathan Nossiter. Este año lo es la patéticamente desfasada y pretenciosa versión inglesa del mismo libro, Liquid Memory: Why Wine Matters. Los que quieran refrescarse en cuanto a mis opiniones sobre cuan birriosa es en realidad esta “traducción revisada” del libro de Nossiter, pueden hacerlo visitando mi entrada sobre él hace apenas un mes.

¡Vaya manera de autocancelarse!

íOtra vez con el móvil de los coj…! ¿Será posible? Perdonen…

Los de la academia. Que lo de ellos va para largo. Parecen estar beodos perdidos. Dicen que siga con lo mío, que me avisan. Que en el peor de los casos va y le votan todos a Vino para principiantes o la sumiller venezolana…

Bueno, pues a proceder con otros premios y listo, hombre, que la noche no será joven por siempre y no podemos hacerle la cirugía plástica.

El Botellazo™ al Suceso del Año dió una lucha muy reñida. Uno de los nominados parecía que iba a ganar de calle, pero al final hubo sorpresas. Es que la reflexión profunda sobre las cosas logra eso. De repente el favorito se ve desplazado por algo menos obvio y ¡zas!, te sorprende que algo parezca aún más importante. Así, aunque todos esperábamos que ese dechado de hipérbole, desencantos, dinerismos y escándalos que fue Wine Future Rioja 09 ganase este Botellazo™ sin tan siquiera despeinarse. Pero no. El Suceso del Año 2009 es… ¡La vertiginosa pérdida de credibilidad y prestigio de la organización de Robert M. Parker Jr., otrora “Emperador del Vino” y excelso gurú incorruptible de la enocultureta!

Denle un poco de mente al asunto… Parker se ha visto muy afectado en el 2009 por diversos asuntillos muy engorrosos. Primero estuvo lo de los empleados suyos que aceptan viajecitos de lujo (y, cuentan las malas lenguas, no necesariamente para “trabajo”) pagados por bodegas o grupos promotores de intereses vinícolas, en clara violación del código de ética establecido por Parker para su publicación, The Wine Advocate. ¿La respuesta de Parker a esto? Que el código ético aplica únicamente a él y no tiene modo de controlar a todos los “contratistas independientes” que colaboran con su publicación.

Buen momento para hacer calistenia con las cejas. Pero que no se cansen mucho, que hay más.

El lío de la ética llevó a muchos miembros de la comunidad de eRobertParker.com a cuestionar a su ídolo seriamente. Hubo episodios de censura, hilos cerrados y todas esas cosas tan bonitas que se dan en los foros cultureteros de discusión cuando algo no huele mal y alguien osa decirlo. Al final, hay rumores de un éxodo masivo de las mejores mentes de eRobertParker.com, desilusionadas, a otro sitio en la inmensidad de la internet del vino.

Pero ahí no acaba la cosa. Luego tuvimos el pintoresco episodio de Jay Miller y el “Sierra Carche” 2005. Resulta que el Dr. Miller puntuó muy alto un enoproducto de Jumilla en el Wine Advocate y el habitual megarrebaño de borregos salió a comprarlo en cantidad. Cuando las impresiones de alguno de esos compradores puntistas no radicalmente de las de Miller, dicho comprador llamó al “crítico” a contar. Pero el “crítico” nada. Por buen tiempo. Se investigó la cosa. El vino que probara Miller era la proverbial hostia. El que probó su lector, una porquería que no podía jamás ni nunca responder al hiperbólico verbaje que el doctorcete le dedicase. Miller nada de dar la cara… Follón internético Y a todas éstas, el más embarrado fue… Parker.

Luego estuvo lo de aquella cata a ciegas de burdeos del 2005 en la que Parker no puso una. Incapacidad de identificar vinos catados antes. Discrepancia radical de apreciaciones de vinos muy alabados anteriormente… Todo eso luce muy mal para alguien cuya fama de “supercatador” ha cautivado a multitudes de mentecatos durante un par de décadas.

Y encima tenemos la participación de Parker en el Wine Future Rioja 09, pese a todos los problemas legales de Pancho Campo MW, creador del evento, y las tremendas controversias en torno a cierta cata que oficiaría el gran gurú como clímax del festín de  marketing y coprofagia culturetista en Logroño.

Escandalito a escandalito, una de las vacas sagradas de la cultureta del vino va desacralizándose. Se trata nada más y nada menos que de la corrosión de una hegemonía, el declive de un imperio.  Y eso es todo un suceso. Estuvimos. Lo vimos ocurrir.

Y ahora, otro momentito musical con un semifinalista para el Disco del Año, Metric…

{Y en seguida volvemos con mucho más de los Premios El Botellazo™ 2009…)

Citas citables: “Si un árbol cae en el bosque…”

Les traduzco parte de un comentario colgado por “DaleW” en la más reciente entrega de Dr. Vino, sobre una cata a ciegas de burdeos 2005 con Robert M. Parker, Jr. Dale (si es en efecto quien creo que es) es un veterano de la internet del vino, muy conocedor de su historia y recovecos, con quien habré tenido el placer de compartir algunas copas, alguna vez. Aborda en esta ocasión  uno de los episodios en su momento más comentados en cuanto a las destrezas del gran gurú norteamericano en la cata a ciegas:

Claro, está la historia de la tele francesa, que ha sido repetida muchas veces como “evidencia” de la memoria gustatoria de Parker. Hace más o menos una docena de años, Parker colgó un mensaje en el foro estadounidense Prodigy (cuyos participantes eran básicamente todos norteamericanos; recuerden los tiempos cuando todavía no estaba todo el mundo en la red). Decía que fue tomado por sorpresa por una superestrella televisiva francesa con audiencia de 16 millones, sin ninguna advertencia, y puesto a catar doce burdeos a doble-ciega. Identificó con bodega y añada cada uno de los vinos que había catado en ocasiones anteriores (todos los burdeos, e incluso hasta el “infiltrado”, un Montus), calificándolos más o menos a un punto de la nota que les diera en sus reportajes publicados. Esto ha sido publicado periódicamente como “prueba” de la gran habilidad de Parker como catador a ciegas (y, de hecho, sería la mayor hazaña que  en una cata a ciegas que haya oido yo).

El problema estaba en que siempre era el mismo post. Y hay muchos problemas con ese artículo. Ningún francés al que haya yo preguntado ha oido jamás del presentador “superestrella” de la tele Bruno de la Palme (obtuve un resultado en Google, sin datos biográficos). Ningún programa de la televisión francesa tiene una audiencia de 16 millones, excepto quizás el Mundial de fútbol, etc. Tras ser cuestionado unas cuantas veces sobre el episodio, el moderador del foro de internet de Parker declaró que “el programa nunca salió al aire” (algo nunca antes mencionado en la docena de años que lleva circulando la anécdota), implicando que  los pérfidos franceses pensaron que ponía a Parker en una luz muy positiva.  Luego Parker declaró que tenía una cinta [del programa en cuestión], pero que era de un formato no compatible. Ah, y que quizás se le extravió en alguna mudanza de oficinas. Pero esperaba encontrarla para “vivir de nuevo la gloria”. Solamente hagan una búsqueda de “Bruno de la Palme” en eRobertParker.com. Podrán formarse su propia opinión sobre esta anécdota tan frecuentemente repetida.

Cosas que leo por ahí. ¿No les suena esto a algo que hemos estado conversando mucho últimamente?

Commentez et discutez

Posdata: A propósito de la cata a ciegas de Burdeos 2005 con Robert M. Parker Jr., ver también este artículo de Felix Salmon en su blog de Reuters. Todos los días se me amplía un poquito más la blogosfera y me encuentro una nueva página excelente, cuando no dos o tres.

$$, ó $$$, ¿pero por qué no “$”?

El ejercicio de especular en torno al “Misterio Pancho Campo” (sólo así puede llamársele, pues en realidad los datos, las aclaraciones y las defensas o acusaciones  respaldadas por evidencia inequívoca son casi nada) es divertido, hay que decirlo. También divierte lo de especular sobre el intelecto y las motivaciones de las entidades riojanas que tanta fe tienen en la primera visita oficial a España de Robert M. Parker Jr. como solución del declive de ventas de vino…

Pero soy como soy y no me satisface únicamente divertirme. Me va más el cervantino “deleitar edificando”. Si mis diversiones especulatorias llevan a lecciones utilizables con respecto a los frijoles de la vida material, pues, soy más feliz.

Y no, antes de que me protesten, lo que sigue no es non sequitur. Resulta que soy dado a ciertos ejercicios académicos que bien pudiesen ser calificados como “masocas” por quienes me leen. Por alguna razón se me metió en la mente la temática de una entrada de hace mes y pico en La otra botella, titulada “Economía doméstica”, En ella daba notas de cata y ponderaba lo que cuesta esto de ser aficionado del vino hoy día, sobre todo si uno encima es bloguero… Pues decía que se me metió en la mente el asunto y estaba yo anoche en el supermercado, buscando material para un fatoush, que era lo que me apetecía cenar.

Llena la canasta me dí a ver vinos. La selección no estaba en mucho. El mismo enotedio de siempre. Pero se me antojó, por lo de mantenerme al día, mirar los rangos más baratex de lo disponible.

En los ochentas, cuando yo me inicié en esto del vino, te comprabas vinitos muy decentes de diversos rincones del mundo por tres o cuatro dólares. Aunque mucho se ha cacareado sobre los avances viticulturales y enológicos de ese tiempo a esta parte, que supuestamente hacen de la actualidad un “gran momento para ser entusiasta del vino”, etc., yo añoro aquellos tiempos pretéritos, particularmente por lo pequeño que tenía que ser mi presupuesto para beber bien cada noche.

Ví en el anaquel del supermercado una botella cuya etiqueta desconocía: Trapiche, “Astica” Sauvignon Blanc-Semillón, Cuyo, Argentina 2008. Costaba 302.50 pesos dominicanos, el equivalente a US$8 más o menos. Ese parece ser el “fondo” en cuanto a vino aceptable aquí en Santo Domingo. Imaginé—suelo hacerlo—a una persona joven, entusiasmada por la idea de ser “enófila”, pero sin los US$20-30 que parecen ser la tarifa mandatoria para cualquier vino remotamente interesante aquí. ¿Qué le queda a esta persona para cultivar su “enofilia”?

Compré el Astica de marras, entre otras cosas porque me hacía gracia lo de “semillón” en la etiqueta. Una hispanificación diacrítica del nombre de la variedad que probablemente muchos no advirtieran. Pero a mí me daba risa. Gran semilla.

¿El vino? Pues no mucho más allá de néctar de piña Goya™ en cuanto a aroma y sabor. Perfectamente pulido, con acidez refrescante y un dejecito de azúcar residual impartiendo golosería. Técnicamente es una bebida muy bien hecha. Se supone que pulse ciertos botones básicos en el consumidor y cumple.

Pero si de esto consistiera mi dieta vínica diaria creo que me moriría del aburrimiento.

¿Que ya he dicho esto antes? Pues sí, en muchas ocasiones. Que este tipo de producto industrial ultrasaneado y sin tan siquiera la más mínima huella de carácter sea lo que el “enófilo” que no tiene la treintena dolarera para soltar cada vez que le apetece una botella la verdad que parte el alma, sobre todo si uno compara con aquel pasado. Quizás idealizo aquellos tiempos, pero por lo menos había vino que beber a precios asequibles para casi cualquiera, en vez de tanto producto de puntos y marketing orientado a bolsillos de rico.

No hay quien me diga a mí que la influencia de Parker y los demás creadores de opinióncomo él—propulsadores del reclamo mercadológico “prestigista” tan popular actualmente—no tienen culpa en cuanto a incrementar el
“valor-fetiche” de una inmensa cantidad de vinos
, al punto en que casi todo hoy por hoy en el vino es “valor-fetiche”. No hablemos de costos de producción, ni de inflación, ni de tasas de cambio: Básicamente el encarecimiento rampante del vino en los últimos quince años se lo debemos a fetichismo desenfrenado.

Y ahora los riojanos buscan la respuesta a sus problemas precisamente en el responsable de haber promovido el vino hacia la impagabilidad. ¡No joooooodaaaaaaaaaaan!

Una mejor estrategia de la industria riojana—y española en general—para capear la crisis bien podría ser concentrarse en dar al mundo vinos de verdadero carácter a precios verdaderamente asequibles. Olvidarse del fetichismo, la pijería, el lujismo y todo lo otro de terrible engendrado por estos años tontos sería lo más lógico. Revisar la estrategia comercial, bajar los precios elevando la bebibilidad…

Pero vamos, como que no lo veo tan factible, dada la actitud de la industria.

S;olo una reflexioncilla de tarde de sábado, antes de irme a comer.

Götzen-Dämmerung: La encuesta de la semana

Podríamos explorar el potencial nietzscheano de mi pregunta de esta semana y probablemente sacaríamos mucho en cuanto a valoradores y valores. Pero pretendo quedarme más cerca de lo real y prosaico en la cultureta del vino.

Allá a finales de los ochenta, cuando yo me iniciaba como enómano, todavía los nombres de Robert M. Parker Jr., el Wine Spectator, etc. no estaban en boca de toda la industria del vino. Se tomaba en cuenta a los críticos, pero los puntos distaban de serlo todo y en realidad a pocos se les ocurría deificar a algún crítico en específico. Uno recopilaba la información que la pasión le motivase a recopilar, oyendo y leyendo distintas opiniones, probando vino y estableciendo su propio gusto. Parker, pues, ocurría de vez en cuando en el discurso. Pero no se le confería la autoridad absoluta y el poder de sanación que algunos en la industria le han venido atribuyendo en los últimos años.

En los últimos diez años hemos vivido el apogeo del guruismo en cuanto a vino se refiere. Así de sencillo.

Pero como todo intento de divinizar seres humanos en nuestro mundo de quimeras y fetiches, siempre llega el momento de reconocer las cosas por lo que son. En los últimos tiempos hemos visto la seriedad del Wine Spectator seriamente cuestionada. El mismo Robert Parker no la ha tenido muy fácil últimamente, cuestionándose el código ético de su Wine Advocate en cuanto a la forma en que no lo obedecen algunos de los “empleados” parkerianos. Igualmente, cuestionamientos han surgido en cuanto a las valoraciones de vinos por parte de al menos uno de los colaboradores del Wine Advocate (Sierra Carche, anyone?). Incluso ha ocurrido que el otrora activísimo foro de erobertparker.com ha perdido a muchos de sus más apasionados participantes, ocurriendo un éxodo masivo hacia el nuevo sitio wineberserkers.com, todo a causa de los antedichos cuestionamientos (al menos eso es lo que me han dicho unos cuantos amigos, ex-parkeristas de factura reciente que han lapsado en su fe).

Incluso si uno se suscribía a gurús de menos poderío que los norteamericanos puede haberse encontrado problemas serios. Por ejemplo, yo que tanta admiración sentía hacia Michael Broadbent no puedo menos que lamentar el desprestigio que ha supuesto para él el asunto de las “botellas Jefferson” falsas y Hardy Rodenstock. Igualmente, ahora está lo de la orden de busca y captura de Interpol contra Pancho Campo, director de la Spanish Wine Academy y organizador de una conferencia que muchos miran como tabla de salvación para la Rioja (aunque otros, como yo, la vemos como un empujón más de lo que Juan Carlos Somalo brillantemente designase como “marketing onanista”).

Entonces, llego a mi pregunta. La ilusión de infalibilidad y rectitud a toda prueba se desvanece. Comenzamos a ver a los gurús de los últimos años como los grandes autopromotores que son, como fuerzas represivas y estupidizantes de la cultura del vino, o meramente como herramientas de una industria que considera a los consumidores que la mantienen como punto menos que idiotas perdidos. El lustre de los grandes creadores de opinión se pierde rápidamente y la propagación de información y opinión sobre vino comienza a discurrir por canales en los que el guruismo encuentra severos obstáculos. Entonces…

Otra cosita, que se me olvidaba: Ahora La otra botella tiene su propio grupo en Facebook. Les invito a unirse y seguir allí mucho material adicional que iré colgando frecuentemente. Además, el grupo tiene su propio foro de debate en el que podemos ventilar cositas que no se estén ventilando aquí. Responderé a preguntas más básicas, daré tips a nivel local, etc. Les espero…

Y a la historia le salieron patitas…

Y a la historia de los cuestionamientos sobre la ética periodística en el Wine Advocate de Robert M. Parker, Jr. le salieron patitas. Y emprendió la carrera, quizás imparable.

Hoy a las seis de la mañana me levanté y ví esto en la sección de “Media” del Wall Street Journal. Aparentemente, la trama adquiere sustancia y comienzan a surgir nuevas evidencias de inconsistencia tremenda chez Parker en cuanto a aceptar viajes, comelatas,  etc. pagados por productores cuyos vinos se reseñan en el Wine Advocate.

La verdad es que eso de andarse proclamando el más recto, incorruptible e irreprochable de todos va a acabar por ser la peor idea en toda la carrera de Parker. Bueno, junto con lo de rodearse de esos “contratistas independientes”, que también…

Muy significativamente, hasta Joe Dressner ha sonado de nuevo sobre el asunto, esta vez con una nota diferente.

Satisfacción me da no haberme fiado nunca de ninguno de esos prescriptores y gurús ni haber hecho su buen nombre parte de ningún edificio ideológico por mí habitable. Ahora puedo dedicarme a ese delicioso deporte de espectador de los pedos éticos de vociferantes moralistas. La verdad es que esto parece cosa de políticos gringos. No sé por qué, pero hasta me recuerda a cierto líder del Congreso norteamericano que fue sumamente vocal cuando la residenciación de Bill Clinton, sólo para ser pillado en una adúltera relación con una asistente congresional.

De que hay que jodeerse, hay que joderse… Les dejo con un videito, a propósito de nada en particular, pero que creo que sería bueno para la banda sonora de todo esto. Pop como debe ser, por Scissors for Lefty: